Lo qué el viento no se llevó - Capítulo 21
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Capítulo 21: Capítulo 21
Mónica me había recibido en su hogar, no me negó la entrada a pesar de saber lo que había sucedido con Vera y Noémi. Pero el silencio había reinado en el apartamento.
—Leí una carta que me dejó Thomas. —dije de repente.
Ella me miró con sorpresa, sus ojos se cristalizaron un momento, pero solo respiró.
—Pensé que Sofía no te la daría. —dijo Mónica.
—¿Por qué no? —pregunté.
—Sonará un poco estúpido, pero no necesitamos que nos cuides, Noah. —respondió con una sonrisa. —Somos lo suficientemente fuerte para estar la una a la otra.
—No está de más una ayuda, ¿no?
—Lo has dicho, una ayuda, no alguien que nos proteja. Sino alguien que comparta su tiempo con nosotras y lo disfrute, pero porque quiera hacerlo, no porque Thomas lo pida.
—Mónica, yo quiero hacerlo. —le dije con seriedad, buscando que entendiera el peso de mis palabras. —Quiero estar para ustedes.
En ese momento la puerta se abrió de repente, la risa de Emma inundó el apartamento, se movía muy deprisa en los brazos de Sofía, ella la dejó en el piso y casi corriendo se lanzó sobre mí, con sus pequeños brazos rodeó mi cuello en un brazo, en ese momento estaba más seguro de mi decisión.
—Oh, vaya. —dije cuando lo sentí. —Creo que alguien necesita un cambio de pañal.
—Yo me encargo. —dijo Sofía levantándola y quitándole la pañalera a Vera, que se había quedado de pie en la puerta al verme.
—Iré por café y pan. —dijo Mónica levantándose del sofá, así que nos quedamos solos.
—¿Cómo estás, Noah? ¿Cómo está Noémi? —preguntó Vera.
Cuando estaba molesta se le podía notar en su tono de voz, si normalmente era dulce y gentil cuando hablaba, estando molesta su voz se sentía igual a una lija, áspera y sin ganas.
—Supongo que estará bien. —respondí.
—¿Supones?
—Vera, Noémi y yo terminamos.
—Oh, lamento mucho escuchar eso. Si me disculpas, iré a ver que Sofía no le coloque el pañal en la cabeza a Emma.
—¡Eso solo pasó una sola vez! —gritó Sofía desde la habitación.
—Vera, quiero hablar contigo. —le dije.
—No tengo de hablar, Noah. Creo que hemos hablado lo suficiente.
—Necesito que me escuches, por favor. Si es necesario, te suplicaré hasta que aceptes escucharme, ¿quieres que me arrodille?
—¿Qué? No, por Dios, no exageres. —dijo ella dejando su bolso en la mesita de centro y sentándose en el sofá. —Te escucho.
—Terminé con Noémi porque estoy enamorado de alguien más.
—¿Y quién es la persona?
—¿En serio no lo sabes? —pregunté irónico, pero ella lo sabía, o por lo menos eso creí porque sus mejillas se sonrojaban.
—¿Debería saberlo?
—Tú, Vera, tú eres la persona de la quién estoy enamorado.
—¡Por fin! —escuché gritar a Sofía, por lo que Vera río.
—Escucha, no estoy pidiendo que me perdones, porque sé que te mentí. —dije un poco más bajo para que solo ella pudiera escucharme. —Haré todo lo que este a mi alcance para ganarme de nuevo tu confianza.
—Pero, Noah, no tengo todo lo que Noémi puede ofrecerte, es linda, tiene una libertad para viajar por el mundo, una libertad que yo no puedo ofrecerte.
—Pero ella no eres tú. —respondí. —Y no quiero seguir viajando por el mundo, quiero quedarme aquí y formar parte de tu mundo, Vera. Y eso incluye a Emma. No sé si haya un lugar para mí en tu vida, pero aún si no lo hay, me quedaré a tu lado, para asegurarme que ambas sean felices.
—¿Cómo estás seguro de que no te arrepentirás de tu decisión? ¿Estás seguro de que quieres formar una familia con una hija que no es tuya?
—Alguien una vez me dijo, que no puedo arrepentirme por una decisión, porque si la tomé en ese momento, era porque así lo quería. —respondí con una sonrisa. —Es cierto que Emma no es mi hija, pero es una parte de ti y si yo te amo, la amaré también a ella.
—Es muy hermoso escuchar eso, Noah. —dijo Vera conmovida. —Te perdono por haberme mentido, pero aun tiene mucho que recorrer para ganar nuestra confianza de nuevo, cuando te la vayas ganado, hablaremos de nosotros.
—Me parece un trato justo.
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