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Lo Que Nadie Ve - Capítulo 16

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16: Capítulo 15 16: Capítulo 15 MICHAEL Why die now?

Entre más tiempo pasaba con Nefertary, más entendía sus comportamientos, tanto que en este preciso momento sabía el huracán en el que estaban sometidos sus pensamientos.

Habían pasado dos semanas en las que no obtuvo información precisa sobre el asesino de su padre.

—¿Se podría saber cuál es el motivo de esta reunión?

—le pregunta Aitor, quien llega acompañado de Mathias.

—Lo más probable es que sean más amenazas de muerte.

—Ludwig está insoportable desde lo sucedido, en cada oportunidad que tiene no dudaba en ocultar su desagrado.

—Estás en lo correcto, tanto que voy a llevarte al lugar en donde enterraré tu nefasto cuerpo, después, claro, de haberlo mutilado y haber vendido tus órganos al mercado negro.

—Aquellas palabras lo dejan pálido—.

Si ya no hay más preguntas estúpidas, pueden subir al auto.

Después de 40 minutos de recorrido, llegamos a lo que parecía ser como una ¿mansión?

Al entrar, tenía una gran sala más grande que la de una mansión común.

—Esta mansión está diseñada con un solo fin.

Como pudieron notar, hay dos recorridos: el lado derecho lleva a 6 habitaciones y 2 baños; el izquierdo, al jardín.

En cambio, la sala es más como el centro de un antro —claro que sí, en una esquina tenía un bar—.

Como todos, uno tiene su propia zona VIP.

—Al subir a ella, se dio vista a lo que era el jardín, el cual tenía una piscina.

—Pues tengo que decir que es la puta ostia, se puede ver todo —suelta Aitor con asombro.

—Aquí solo entran 25 personas cuyos nombres están en la lista.

Si no están en ella, solo entrarían con la invitación de una de las personas que está en ella.

El lugar, como lo han notado, tiene una capacidad para 800, a los cuales se les invitan unas 550 personas tanto del colegio como algunos otros.

—¿Especificate más?

—Aida.

—En nuestro año, solo está la lista de los 11° y 12°.

Cualquiera de ese nivel puede entrar.

En cambio, los de otros colegios tienen una lista más restringida, por conocidos o amigos de la zona VIP, que son como anfitriones secundarios.

—¿Hay universitarios?

—¿Tú mezclarías Louis Vuitton con Nike, Aida?

—Por supuesto que no —responde ofendida, cosa que nos hace reír a mí y a Aitor.

—Fiesta de preparatoria es una cosa.

Estas solo las hago para aumentar mi popularidad.

Hago un total de 18 fiestas, 9 iguales a las de este viernes y las otras restantes más exclusivas con universitarios y de preparatoria.

—En conclusión, este viernes puede entrar cualquiera.

—Exacto, Mathias.

—Quiero saber más sobre las otras fiestas.

—Bueno, la zona VIP es más exigente, solo que con 5 cupos más.

Aquí solo están los hijos más ricos de todo Suiza, los top de los top.

En el resto están unas 400 personas con el mismo rango social, claro, y con edad específica de 17 a 25 años, con una entrada de un solo acompañante.

De las cuales, solo unas 150 personas que no aparecen en la lista son el máximo que pueden entrar.

—Empiezas a caerme bien.

—Permiso —anuncia una muchacha que trae algunos bocadillos y refrescos.

Los deja en la mesa para luego retirarse.

—Ahora vas a arrepentirte de lo que habías dicho, Aitor, de juguetitos.

Estas fiestas no son para eso —este pone los ojos en blanco—.

Nada de juegos sádicos.

—¿¡Sádicos!?

—Escuchaste bien, Ludwig —le respondo— Nada de lo que rodea a Nefertary es sano.

¿Por qué crees que estos dos están aquí?

—Señaló a Aida y Aitor— Son algo parecido a ella.

—Somos —interviene Mendes— Tú también entras, Michael —quien me dedica una sonrisa torcida.

—Iré al baño.

—Asustaste al nene, imbécil —Aida le da un golpe en la cabeza a su hermano, quien se queja.

—Me echas la culpa a mí y quien inició fue Lorenz.

—Es cierto, Aida, tu hermano solo, pues…

—se ríe Nefertary.

—Ya era tiempo de que Mathias conozca más de nosotros —comentó.

—Si ustedes lo dicen…

yo conoceré más el jardín, con permiso —Aitor sale de nuestra vista no sin antes agarrar algunos bocadillos.

—Iré con ese idiota.

—Si por ti fuera, no hicieras este tipo de cosas.

—Es una pérdida de tiempo —me levanto de mi lugar para ir a la esquina en donde está ella.

—Quisiera saber qué otra cosa más es una pérdida de tiempo para ti —ella solo sonríe ante mi comentario.

—Sé lo que estás intentando hacer —acorto la distancia que hay entre los dos.

—Entonces no te importaría si…

—le deposito unos cuantos besos en el cuello.

Debo admitir que su aroma me vuelve loco.

—¿Y si estás buscando tu muerte así?

—lleva sus brazos hasta mis hombros.

—Créeme que no me importaría —con eso la beso.

El deseo es tan evidente en ella, y tan agresivo como aquella tarde en el acantilado.

Ambos deseamos esto, nuestras bocas moviéndose a un ritmo violento, con nuestras respiraciones hechas un desastre total.

—Es muy mal volverse adicto a algo tan inestable.

—Ya sabes lo que pienso sobre eso —vuelvo a sellar nuestros labios, la apego más a mí y una de mis manos se dirige hacia su glúteo para darle un pequeño apretón que hace que un pequeño gemido se le escape.

—Quiero hacerte tantas cosas en este instante —dirijo mi atención nuevamente a su cuello, al cual succiono un poco su piel para dejarle pequeños mordiscos.

—Espero no interrumpir —aquella voz me hace detenerme.

Me estaba cayendo tan bien.

—Para nada —aclara Nefertary, quien pone distancia entre los dos—.

Estamos hablando de economía.

—Era más que obvio —irónico Mathias, mientras tomaba asiento.

—Cambiando el tema, hoy tengo un pequeño regalo para ti.

—¿En serio lo harás?

—la interrumpo.

—Por supuesto —esta se sienta sobre las piernas de Ludwig— Ya es hora de que estés oficialmente en mi mundo —le dice mientras lo observa solo a él y deposita un beso en la mejilla.

Pongo los ojos en blanco de tanta ridiculez.

Este chico apenas y está vivo para sobrevivir a otra prueba de Nefertary, una de tantas que habrá en su camino.

Me dispongo a ir al jardín, en el cual se hace visible la silueta de Aitor y Aida, quienes disfrutan de la vista en silencio.

—¿Dónde…

—En el segundo piso.

—¿Solos?

—le saco el dedo del medio a Aitor como respuesta; este ríe ampliamente.

—¿Le va a dar la sorpresa hoy?

—Se lo acaba de decir.

¿Tú crees, Aida, que lo soporte?

—Lo sabremos en un par de horas.

—Ahora entiendo por qué está de tan…

ya saben, menos insoportable que otros días.

Nos quedamos platicando un par de minutos más, hasta que llegó la hora de irnos.

Algunos hombres de Nefertary habían llegado a recogernos.

El transcurso del viaje hacia la cabaña fue tranquilo, hasta cierto punto donde Aitor comenzó a quejarse de cosas sin sentido.

Aida tuvo que callarlo a la fuerza.

Al estar dentro del mundo fantástico de Nefertary, esta ordena que le quiten la venda a Mathias, quien ve por primera vez la instalación.

—Habitación “M”, señorita Ibagon.

—Yo me quedaré en la habitación principal.

Me cuentan los detalles.

—Nefertary hace una señal a uno de sus secuaces para que acompañe a Aitor.

A medida que avanzábamos, se podían ver algunos cuartos cubiertos de sangre; unos dos tenían cadáveres en ellos, cosa que hizo que a Ludwig se le fuera el color del rostro.

El nerviosismo y el miedo eran obvios en él.

—Abre —ordenó Nefertary.

Su orden fue ejecutada de inmediato.

Aida y yo nos quedamos fuera, observando desde la ventana.

—La persona que ves aquí no vale nada, Mathias, no sientas compasión.

Este hombre no fue bueno, así que…

—No haré lo que sea que estés pensando —le dice entre dientes.

—Eso piensas tú —ella agarra uno de los cuchillos de la mesa y se lo extiende—.

Si no lo haces, ten por seguro que hoy no llegarás a tu puta mansión sin que antes yo acabe con tu patética vida.

—Le da una sonrisa torcida.

A él no le queda otra opción que agarrar la daga—.

Tendrás menos de media hora para acabar con su vida.

—No sabes cuánto te odio.

—Yo no te traje a la fuerza —finge tristeza—.

Me gustaría saber qué tanto dolor puedes provocar.

—Sale de la habitación dejándolo solo.

Tener a las personas semidesnudas y amarradas a las camillas se ha vuelto más que un hábito para Nefertary.

—¿En serio lo matarás si no lo hace?

—aunque ya era obvia la respuesta, se me hizo inevitable preguntarle.

—Él buscó el infierno, tendrá que aprender a vivir en él.

Aunque me odie con toda su alma, siempre estaré a su lado, ya sea en esta vida o en la otra.

No lo dejaré en paz.

Ludwig, sumergido en sus pensamientos, busca cómo salir de dicha situación, teniendo muy en claro que sus opciones son más que claras: matar o morir.

Al darse cuenta, su rostro, que refleja el odio y el enfado que lleva acumulado en su interior, lo hace iniciar con su primer movimiento: apuñala al hombre en el abdomen.

Este da un grito de dolor, siendo un ruido insoportable para los oídos de Mathias, quien saca la daga para clavársela nuevamente, repitiendo la acción una y otra vez, dejándose llevar por la ira hasta acabar con su vida.

Su rostro pálido es manchado por ese color carmesí que tanto le fascina a Ibagon, quien tiene una cara de satisfacción, mientras que aquel chico se aleja bruscamente del cadáver aún con la respiración entrecortada.

Sus ojos son inundados por la culpa, esa que no lo dejará vivir en paz de ahora en adelante.

No todos somos hechos para lidiar con la muerte de alguien en nuestra conciencia.

No todos somos capaces de asesinar y fingir que solo fue un juego excitante.

Porque no todos tenemos esa obsesión de hacerle daño a las personas solo por placer propio…

Algunos sí sentimos compasión.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Algunos nacen para matar… otros para sobrevivir.

Y luego está Mathias, que aún no sabe en qué bando está.

Lo único claro es que el infierno tiene más caras que fuego… y Nefertary Ibagon es, sin duda, la favorita de Lucifer

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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