Lo Que Nadie Ve - Capítulo 17
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: Capítulo 16 17: Capítulo 16 NEFERTARY May hypocrisy reign!
Pasaron dos días, en los cuales Mathias estaba sumergido en sus pensamientos la mayoría del tiempo, atormentándose a sí mismo, ya que eso era lo que hacía al querer vivir en ellos, estando tan inestable que era irreconocible el chico que conocía.
‘¿Eso no era lo que querías?’ —¿Nefertary?
—Sí, está todo listo para hoy.
—le respondo a Vanessa.
—¿Nat, irás tú o tienes otros planes?
—No iré, tía.
Creo que esta noche me quedaré en mi habitación.
—Eso sí que es inesperado.
—¿Podría retirarme?
—Pero si no has comido nada, Nefertary.
—Comeré en el colegio, en el receso para ser exacta.
—Dudo que lo hagas.
—Yo podría asegurarme de eso, tía.
Tengo algunos contactos que me podrían avisar si a…
—¡DEJA DE METERTE EN MIS ASUNTOS!
—¡NEFERTARY!
—la reto con la mirada, quien pone los ojos en blanco y se va de allí.
¿Quién se cree esta idiota?
Aunque sea mi…
no significa que tenga que ser tan entrometida.
No existe ser más falso y aborrecible que ella.
Al salir de la mansión me sorprende ver a Steven esperando en el auto.
—Espero que sea algo bueno para que me tengas que dejar al colegio.
—le digo al entrar.
—Buen día, señorita Nefertary.
Ya estamos ejecutando el plan.
Todo se llevará a cabo este lunes —Doy un suspiro; al fin algo positivo — ¿Le informará de esto?
—’Has caído tan bajo para informarle sobre tu vida’.
No tenía otra opción, necesito a mis enemigos cerca como en cualquier guerra, a mi alcance.
—Sabes bien que si no lo hago estaría cavando mi tumba.
Igual en algo estamos de acuerdo: lo queremos muerto.
Después de eso, no hay más alianzas.
El plan es simple para acabar con el asesino de mi padre.
Ahora que tengo todas las piezas del juego a mi favor, la cacería puede empezar, y empezaré por sus personas de confianza, esos bastardos que fueron cómplices.
La bestia mayor será la cereza del pastel.
—¿Usted es consciente de que es…?
—Yo jamás la he conocido.
Esa serpiente puede creer que lo tiene todo calculado y haré exactamente eso: que piense que tiene el control.
Al final quedará igual que todos.
—Pero su padre…
—Steven, mi padre es otro asunto aparte.
—’Finges ser algo que no eres’, y lo seguiré haciendo, padre.
El resto del camino no tocamos el tema, aunque Steven sabe muy bien cómo es mi paciencia y últimamente no le ha tocado la mejor parte de ella.
No siento remordimiento por mis actos, por otro lado estoy cerca de sobrepasar mis propios límites.
‘Y seguramente me perderé en ella’.
—Ya está todo listo para esta noche.
Que tenga un excelente día, señorita Nefertary.
Salgo del auto sin responderle.
¿Qué tan complicado puede ser retener a tu monstruo interno?
Me dirijo al lugar donde nadie quiere estar a esta hora de la mañana: la biblioteca.
Estando en ella, voy a mi esquina favorita, aquel lugar con esa vista.
Jamás me cansaré de contemplarla como si fuera la primera vez que la veo.
—El monstruo comenzó a atormentar tan temprano.
—Me encuentro con esos ojos azules que estoy empezando a adorar ver.
—Para tu suerte, solo…
—Dejo las palabras en el aire; simplemente no tengo ánimo para discutir o llevarle la contraria a alguien.
—¿Sólo?
—Se sienta frente a mí.
—Nada, sólo nada.
—Eso es raro en ti, ¿”sólo nada”?
Creo que tengo una farsante.
¿Realmente eres la “gran Nefertary Ibagon”?
—Eso me hace reír.
—Has conocido solo un poco de mí y ya crees que puedes conocerme por completo.
Qué patético eres, Mathias.
—Ya nada que venga de ti me sorprende.
—Es lo que tú piensas.
Si tan solo te dejara, estarías ya en un psiquiátrico.
—¿Desde cuándo vienes a la biblioteca?
No eres ese tipo de chico que suele leer un libro.
—He descubierto este lugar, que al parecer es uno de tus preferidos.
—Deja de mirar el paisaje.— El Mathias Ludwig que creías haber conocido está muerto.
Tú lo has matado y no sabes cuánto…
—¿Me odias?
¿Por qué estás conmigo en estos momentos?
—¿Me queda otra opción?
¿Tengo otra opción?
—No te he obligado a estar conmigo en estos momentos.
Te has quedado por tu propia cuenta.
Pudiste haberte dado la vuelta e irte.
No soy solo yo quien te tiene atado a mí.
—¿Crees que yo quería estar cerca de ti?
Sabiendo lo que haces…
—Qué gran error en querer desafiarme.
Recorto nuestra distancia y lo miro directamente a los ojos.
—Sí, porque aún me sigues teniendo curiosidad, como aquella vez que me viste.
Aún te faltan piezas del porqué tengo una mente tan retorcida.
Quieres comprender mi forma de ser.
—Puedes seguir engañado con eso, tú solo me das…
Al demonio.
Estampo mis labios con los suyos.
Él tarda unos segundos en reaccionar para seguirme el beso, el cual es agresivo en cada movimiento, llevando consigo deseo, ese que no puede negar.
Esa es la razón por la que dice odiarme; no le gusta la idea de desear a alguien como yo.
Este me atrae más hacia él, haciendo que quede sentada encima de sus piernas.
Elevo mis brazos para dejarlos caer sobre sus hombros.
Él desliza una de sus manos hasta uno de mis glúteos, haciendo que le dé un pequeño mordisco en su labio inferior.
Paro el beso, juraría que eso le disgustó un poco.
—¿Te sigo dando asco?
¿Te doy asco, Mathias?
—Sí.
—Toma unos minutos para recuperar el aliento.— Y no sabes cuánto asco me das.
—Con eso volvemos a estampar nuestros labios.
Puedo sentir cómo su miembro se empieza a poner duro, provocando que una de mis manos se escabulla hasta su cinturón, llegando con éxito hasta él.
Comienzo a masajearlo hacia arriba y hacia abajo, dándole cada vez más fricción, aumentando la velocidad, hasta que no tarda mucho en que se le escapen gemidos, transportándome a Alemania por unos instantes.
Él escabulle una de sus manos por debajo de mi falda para tocar aquel punto sensible, torturándome con sus movimientos, acomoda mi braga hacia un lado, mientras que yo me acomodo para dejar entrar su miembro dentro de mí.
—Si hubiera sabido que estarías así de mojada, te hubiera fallado aquella noche en el jardín.
Procedo a dejarlo entrar hasta el fondo.
Mi intento por evitar que salgan mis gemidos es imposible, ya que llegan hasta los oídos de Mathias, que reacciona dándome unos apretones en mis glúteos, produciendo más sonidos.
Él acelera más el ritmo, haciendo que me aferre más a él, que deje enterradas mis uñas en su espalda.
Los segundos siguen pasando en ese vaivén de sensaciones tan adictivas e insaciables, de sentirlo dentro sin nada, arriesgándome.
—Nefertary.
—dice en un susurro.
—¿Sí?
—Mi voz sale más grave de lo que pensaba.
—No voy a poder…
—No importa.
—Lo interrumpo.— Puedes hacerlo.
Con eso se corre dentro de mí.
La sensación me hace recostar mi cabeza sobre su hombro.
Al cabo de unos segundos empiezo a dejarle pequeños besos por su cuello.
—Si sigues así, créeme que no llegaremos a tiempo a las primeras dos horas de clases.
—¿Y cuándo he dicho yo que quiera darlas?
—Alguien nos puede ver.
—Oh no, cariño, usted comenzó, ahora soportas.
—Eso no te importaba hace unos minutos, Mathias.
—Sonríe burlonamente.
—Solo no te quejes cuando no puedas caminar bien —Eso me hace reír sarcásticamente y vuelve a estampar nuestros labios.
✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ —Señorita Nefertary, llega 20 minutos tarde.
—Si no fuera porque tuve que tomar una ducha antes.
—Una disculpa, profesora.
—Me acerco más a ella para que los demás no escuchen.— Tuve una urgencia femenina.
—La entiendo, señorita.
—Quien capta mi “urgencia” —Ahora puede tomar asiento.
Me dirijo a mi puesto al lado de Michael, pero antes de llegar a él, Mathias me detiene.
—Hoy te sientas acá.
—Tomo una bocanada de aire y me siento a su lado, no sin antes mirar en la dirección donde se encuentra Lorenz, que al parecer no le agradó nada mi decisión.
Tengo que recalcar que no soy propiedad de nadie y hago lo que quiera con quien quiera.
Al cabo de unas horas se terminaron las clases.
Estando en el receso, me topé con Lucía y Martina, a quienes ignoré por completo, y me dirigí hacia el patio, lugar donde me encontraré con Aida, Aitor y las dos M., en el cual solo está Mendes.
—Tu mañana ha comenzado bien, Nefertary.
—Me dice con una sonrisa pícara.
—¿Por qué lo dices?
—La biblioteca.
—Se le refleja una sonrisa torcida en su rostro, haciéndome entender que fue ella quien cerró la puerta.
—¿Le has salvado la vida a alguien, Aida?
—Tal vez.
—Se encoge de hombros.— Aunque no diría lo mismo de Michael.
—Explícate.
—Si no llegaba en ese momento, tal vez tu día no hubiera empezado también.
—Ahora entiendo el mal humor que tiene.
—¿Qué tanto vieron?
—Eh, se puede decir…
¿antes de que comenzara la acción?
En ese instante llegan Michael y Mathias, quien trae una bolsa llena de comida.
—Al fin alguien que es caballeroso.
—Lorenz le pone los ojos en blanco, entendiendo la indirecta.
—¿Dónde está Aitor?
—Tiene un problema que resolver.
—¿Qué tipo de problema?
—Le pregunto a Mich.
—Muy seguramente de mujeres, así que no le metas mente a eso, Nefertary.
Mathias empieza a repartir lo que ha comprado, el cual solo escogí el jugo de uva.
—¿Segura que no quieres algo más?
—Tienes que retomar fuerzas después de lo de esta mañana.
—Quieres morir, ¿por qué les encanta acabar con mi paciencia?
—¿Qué carajos te pasa?
—Le pregunta Ludwig.
—¡Basta!
Dejen sus chiquilinadas para otro día.
—Intervengo antes de que Michael le respondiera.— Deben estar listos todos para esta noche.
—Lo estaremos.
—Con eso se retiran.
—Iré con él.
—Aida se fue tras de él dejando solos.
—¿Qué le pasa?
—Tú qué crees, Aida fue la que le puso seguro a la puerta y no estaba solo.
—Entonces…
¿no le harás daño a nadie?
—La pregunta la hace con algo de nerviosismo.
—No.
—¿Por qué eres tan empático?
—¿Cuántas horas duermes?
—Cambio el tema.
—Como unas 4 horas o menos.
¿A qué se debe la pregunta?
—Cansado, aunque un poco relajado…
—Digo más para mí misma.
—No estoy entendiendo, Nef…
—Pediré un permiso para que te quedes en mi mansión.
—¿Qué pasa con mi padre?
—De eso no te preocupes.
Es evidente que no estás durmiendo bien por ciertas cosas.
Lo de esta mañana…
te ayudó en algo, aunque no estaba planeado.
—¿Esa será tu excusa?
Te…
—He dicho que no estaba planeado, no que ha sido un error.
—Lo interrumpo — ¿O lo es para ti?
¿Te confundí?
—Se me hace difícil entenderte, confiar en ti.
A veces pienso que tienes algo de bondad, pero luego derrumbas esa idea.
—No tienes que entenderme, tienes que aceptar lo que soy y así podrás dejar que tus pensamientos te atormenten.
Le doy un beso en la mejilla y me retiro del lugar.
Quién diría que el sexo es un buen aliado para quitar el estrés, para despejar un poco los pensamientos que nos atormentan.
‘Lo peor de todo: no pensé que yo también lo necesitaba’.
✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ A veces pienso que la vida es aburrida, que la mía lo fuera totalmente, si no tuviera una secreta.
Al terminar de arreglarme y mirar mi reflejo en el espejo, el cual simplemente da a reflejar a una chica linda e inofensiva, así es como todos me ven.
—Adelante.
—Digo al escuchar dos toques a la puerta.
—Creo que no debiste estar arreglada tan pronto.
—Michael menciona al echarme una mirada muy descarada de abajo hacia arriba.
—¿Y por qué no?
Éste se pone atrás de mí, el cual veo su reflejo en el espejo acercándose más y pasando una de sus manos por mi cintura.
—Ahora es mi turno.
—Empieza a darme besos en el cuello.
—Ni creas que lo haremos.
—Tú ni creas que voy a dejarte salir de esta habitación sin antes haberte fallado.
—Aquello sale con un poco de rencor.
—¿Y si yo no quiero?
¿Piensas obligarme?
—Sus labios llegan hasta mis oídos dándoles pequeños mordiscos.
—En estos momentos puedes conocer lo poco caballero que he llegado a ser.
Solo en cuestión de segundos me tiene acorralada contra la pared, con el vestido a mis caderas dejando al descubierto mi ropa interior, sujetándome con fuerza para que no pueda escaparme.
—Ahora es mi turno, Nefertary.
Una de sus manos corre a un lado de mi ropa interior para entonces introducir su miembro, dejo salir un gemido por lo duro que está; éste la introduce lentamente hasta llegar a su máximo, repitiendo los movimientos con un poco más de velocidad y fuerza, pegándose más a mí, al mismo tiempo en que sus dos manos aprietan mis pechos con fuerza.
Obviamente podría oponerme si lo quiero hacer; realmente no, porque al fondo sé que mi puto ego también lo desea.
—Admítelo, admite que te encanta.
—Al decir eso lo introduce con más fuerza, solo asiento, se me sale un grito, el cual lo excita más.
Baja una de sus manos hasta llegar a mi zona sensible, el cual empieza a tocar con desesperación.
—Mierda.
—Digo al no poder controlarme más, es increíble lo que le está haciendo a mi cuerpo, sabiendo encontrar mis puntos débiles haciéndome perder el control.
Justo en ese momento se separa de mí, haciéndome odiarlo por querer más.
—Arrodíllate.
—Le obedezco, sin objeción alguna, en estos momentos no necesito ni quiero tener educación alguna.— Abre la boca, Nefertary.
—Hago justamente eso y su miembro está a toda mi disposición, dándome una vista espectacular de lo grande que es.
A este se le escapan gemidos apenas mi lengua toca su miembro, el cual me excita más.
Debo, debo de estar cuerda por desear a dos hombres, ya que ambos tienen el poder de quererlos tener cerca, de estar así todo el puto tiempo que quiera, pero jamás he dicho que yo…
esté completamente bien.
✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Al cabo de tres horas llegamos a la bendita fiesta, con dos horas de retraso y no hace falta explicar la razón.
—Han llegado tarde.
—Grita Aida al vernos entrar, ya que la música está a todo volumen.
—Alguien le dio por quererse cambiar el vestido.
—Le pongo los ojos en blanco, ya que si no fuera por él, yo estaría con aquel vestido rojo.
—Bueno, tengan.
—Nos da dos copas que agarra del mesero que pasaba en esos momentos por nuestro lado.— Diviértanse, idiotas.
—Con eso se pierde de nuestra vista.
—Tengo que admitir que este segundo vestido te queda mejor que el primero, parece que no traes nada puesto.
—Lo fulmino con la mirada y éste se ríe descaradamente.
A medio camino nos encontramos con Aitor, el cual se lleva a Lorenz al jardín donde está una gran concentración de personas animando a unas dos que están en el medio haciendo unas estupideces.
Aprovecho para ir a la zona VIP, en la cual me encuentro a Lucía en medio de las escaleras quejándose del guardia de seguridad.
—Debe de ser un error, yo tengo…
que tengo que estar en esa lista.
—Lo siento, señorita, pero su nombre no aparece aquí.
Paso por su lado, ignorando el show que está haciendo y entrando al VIP, ni siquiera la volteo a mirar; ante su llamado es igual de hipócritas que el resto.
Al llegar, empiezo a buscar a Mathias, el cual está en una de las esquinas.
Dejo mi copa en una de las mesas antes de llegar a él.
—Sentarte en mis piernas ya lo estás tomando como una nueva costumbre, ¿no lo crees?
—Yo diría que ya es mi hobby.
—Pone una mueca.— Es la única forma en la que vuelves al mundo real, aunque no puedes negar que te gusta.
—El mundo real fuera mucho mejor si tan solo pudiera emborracharme, sin que me estuvieran vigilando las 24 horas del día, aunque me has dado dos horas de libertad.
—¿Cuánto has bebido?
—Digo mientras le quito su trago para ponerlo en la mesita de al lado.
—Ese vestido te queda de puta ostia, ¿lo sabías?
—Doy un suspiro para no perder los papeles.
—Ludwig.
—Éste pone los ojos en blanco.
—Como unos 7 o 37 tragos.
—Se echa a reír, lo que faltaba, ser la niñera de alguien.— Deja de ser amargada y ríete un poco.
—No es gracioso, sabes el riesgo que corres al estar así.
—Solo sé que corro más peligro estando cerca de ti.
—Es mejor que descanses un poco.
—¿Por qué?
Si estoy perfecto.
—Mathias —Me planta un beso el cual no dudo en corresponderle.
Este se vuelve más agresivo al pasar los segundos y corta el beso dejando con ganas de más.
—Haz tardado mucho en llegar, Nefertary, al igual que Lorenz.
—Escupe con rencor.
—Mathias, no…
—No soy estúpido, sé que pasa algo entre…
Lo corto y le vuelvo a besar, pero esta vez un poco más lento que los que nos hemos dado antes.
—Solo…
sólo enfócate en el ahora, estoy contigo ahora, ¿vale?
—No, hoy no quiero una escena y menos con ese estado.
—No sabes cuánto te odio, Nefertary Ibagon.
—Da un suspiro, vuelve a unir nuestros labios con la misma agresividad que antes, haciendo que nuestros ritmos cardíacos se aceleren al punto de quedarnos sin aire nuevamente.
—Al odiarme, igual estoy en tu cabeza y créeme, Mathias, que yo no descansaré hasta ser tu maldita necesidad…
tu maldito fantasma…
sobre todo tu maldita obsesión.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Gracias por seguir aquí, por llegar a este capítulo lleno de excesos, obsesiones y decisiones moralmente cuestionables.
Nefertary no es un personaje para querer, es para temer y, quizá, admirar en su caos.
Si este capítulo te dejó sin aliento… prepárate, porque esta noche, la verdadera cacería apenas está comenzando.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com