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Lo Que Nadie Ve - Capítulo 20

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20: Capítulo 19 20: Capítulo 19 MICHAEL Are we losing our minds?

Había pasado un mes en el cual todo parecía enfurecerla.

No tener pista del asesino de su padre la consumía.

Su ira se iba a lo mínimo que hicieras o dijeras.

¿Estaba perdiendo la cabeza?

Pero ¿cuándo la ha tenido…

cuerda?

Está desesperada, aunque lo muestra de una forma totalmente distinta.

Eso era lo que sentía, y a la vez luchaba consigo misma para no perderse.

Eso la hacía inestable.

Nefertary Ibagon estaba totalmente inestable.

—¿Qué te había dicho de Lucia?

—le reclama a Aitor.

—Pero si la chica es la que me busca, tu puta amiguita…

—en ese instante, Ibagon se levanta de su asiento bruscamente, da dos pasos hacia donde está Mendes, le agarra el pelo y le apunta con su arma en la sien.

Eso provoca que Aida centre su atención en la escena, al igual que Mathias.

—Esa putita amiguita mía es hija de una de las familias más ricas y prestigiosas de Suiza.

¿Acaso tú, imbécil, sabes el caos que puede ocasionar su muerte?

—al ver la cara de Aitor, que se pone más pálida de lo normal tras escuchar el clic del seguro al quitarse, su hermana da un paso al frente y yo le hago una seña para que se detenga.

—Nefertary, deberías calmarte…

—al instante que esas absurdas palabras salieron de mi boca supe que la cagué a lo grande.

Al segundo se estaba burlando.

Por lo menos, había soltado a Aitor, quien ahora trataba de respirar para calmar su pánico.

—Michael…

—arrastra cada letra de mi nombre—.

¿Quién te crees tú para sugerirme algo?

¿Crees que porque he dejado que tu puta polla esté en mi vagina por unos segundos te haría caso?

¿Crees que por eso te haría caso?

—pude sentir cómo la sangre se me subía al rostro.

Jamás había sentido tanta ira en años, solo por un puto comentario— Ni Cansu te hizo caso.

¿Por qué yo sí?

—Cállate —le grité, causando un eco en toda la habitación, sobresaltando a Aida.

—¿Que me calle?

—Nefertary, por favor…

por…

—No, Aida.

Odias no tener el control, por eso…

—hace una pausa mientras me evalúa— Por eso acabaste con ella aquella tarde.

Envidiabas la atención que tus padres le daban…

siempre queriendo ser el preferido, y para tu suerte, justo unos ladrones entraron esa misma tarde.

—¡Cállate!

—mis manos estaban cerradas en puños y mi mandíbula tan tensa.

Estando cara a cara, sus ojos me estaban provocando para caer en su estúpido juego, sabiendo que solo necesitaba una frase más para perder la cordura y querer acabar con el mundo entero.

—Y le echas la culpa a los ladrones que ni le tocaron un pelo…

pero qué puto animal eres.

—Eso fue suficiente para romper mi cordura.

Planté mi puño en su cara.

Ella tambaleó un poco, escupió sangre en el piso, volvió a mirarme con una sonrisa tan cínica que hizo que me levantara con intención de golpearla nuevamente.

Justo cuando iba a darle el segundo golpe, Mathias se interpuso sujetándome el brazo.

—¡Basta!

—¿¡Basta!?

Pero si apenas está comenzando lo divertido —me solté del agarre de Mathias y di dos pasos hacia atrás.

Él se dio media vuelta para quedar frente a Nefertary.

—Que tú no tengas ni una puta pista del asesino de tu padre no te da el derecho de desquitarte con los demás, y menos si esas personas son tus estúpidos aliados.

Lidia con tu puto dolor con esos muñequitos, o mejor, como tú los llamas: esas “ratas de laboratorio”.

—Con eso salió del despacho y yo le seguí sin ni siquiera voltearla a ver.

No necesitaba quedarme allí.

Sabía que si lo hacía, no me iba.

No me responsabilizaría de lo que sucediera, y sé que eso no terminaría bien.

Conozco muy bien el monstruo que soy, ese que siempre he tratado de tener calmado.

Al salir de aquella mansión, estaba Ludwig de frente, recostado sobre uno de los autos de Ibagon, mirando un cigarrillo que aún no había encendido, como si tuviera una lucha interna sobre si hacerlo o no.

Me acerqué hasta él y se lo quité de las manos, acción que lo tomó por sorpresa.

—No tenías intención de fumarlo.

¿Encendedor?

—sacó uno de sus bolsillos y llevé el cigarrillo hasta la llama, para luego llevarlo a mi boca e inhalarlo.

—¿Desde cuándo fumas?

—Desde los doce.

Aunque ya no lo hago tan seguido como antes.

¿Y tú?

—fijé la mirada hacia el frente mientras le daba otra calada.

—Jamás lo he hecho.

—Entonces no te obligues a hacerlo.

—Lo dice el experto —eso me hizo reír un poco.

—Exactamente.

No dejes que este mundo de mierda te consuma, Mathias —volteó a verme a los ojos— No dejes de ser quien eras antes.

No seas su títere.

No vale la pena darlo todo por alguien así.

—Tengo una perspectiva de ella muy diferente a la que tú tienes.

—¿Se podría saber cuál?

—volví la mirada al frente.

—Es una persona que finge ser alguien que no es porque simplemente no sabe lidiar con sus traumas, porque no entiende cómo funcionan nuestras emociones y sentimientos.

Eso la asusta…

—Quisiera creerte, pero ella es una psicópata y tú ya has desarrollado el síndrome de Estocolmo.

¿Acaso no ves eso?

—¿Tú no ves que ella sufre a su manera?

¿Acaso tú no lo haces?

Ella no es…

eso que dices.

Puede tener otros desórdenes mentales, pero un psicópata no puede desarrollar sentimientos hacia otras personas o que siquiera le importe alguien.

Esa no es su naturaleza.

—Lo que Nefertary padezca que no te destruya, Ludwig —tiro el cigarrillo al piso para luego aplastarlo y apagar su llama.

—Sabes…

todos somos iguales.

Solo lidiamos con nuestros problemas de diferentes maneras.

—Tenemos clase de filosofía.

No llegamos tarde —dije, ignorando lo último que dijo.

—Entonces sube.

Ambos subimos al auto para ir a una puta clase a las tres de la tarde, ya que no la pudimos dar en la mañana.

Aquí, sí o sí la das.

El trayecto fue callado, solo se escuchaba la radio, la cual transmitía música de los 90.

Al llegar, fuimos directamente al aula de clases.

Cada quien tomó su respectivo lugar.

A decir verdad, pensé llevarme bien con él, aunque también he llegado a la conclusión de que nuestros conflictos solo se deben a una persona: ‘Nefertary Ibagon’.

No podía soportar la idea de que la tuviera tan cerca y que eso me hiciera comportarme totalmente distinto.

Lo terminé de confirmar hoy: si hubiera sido yo…

ambos necesitaríamos a alguien que nos separara, tal como lo hizo hoy Mathias.

Cuando pensé que no se presentaría a clases, entra por esa bendita puerta, y lo más descabellado fue que, en vez de tomar asiento al lado de Ludwig, se sentó justo junto a mí.

La observé por unos instantes, hasta que entró la profesora.

—Buenas tardes, jóvenes.

Una disculpa por haber cambiado el horario de la clase.

Sé que algunos ya tenían planes para esta hora, pero hoy retomaremos la clase anterior, aquella en la que les pedí que escribieran cualquier cosa: lo que sienten, lo que piensan, algo que quieran decir.

—Aún no entiendo qué tiene que ver esto con filosofía —suelta un compañero.

—Tiene mucho que ver, ya que la filosofía es ese conjunto de reflexiones sobre la esencia, las propiedades, las causas y los efectos de las cosas naturales.

Especialmente sobre el hombre y el universo.

Eso nos lleva al arte de filosofar.

En sí, lo usamos cada día, aunque no lo crean.

Así que… ¿alguien quiere leer lo que escribió?

—nadie respondió—.

A falta de voluntarios, los llamaré yo.

Joven Willns, lea lo que tiene escrito —este se pone de pie desde su asiento.

—“Los sentimientos son complicados y difíciles de entender.” —Muy bien.

Un simple pensamiento puede sacar varias preguntas, haciendo que nuestro cerebro reflexione o busque respuestas.

Siguiente…

joven Mathias —este toma sus apuntes.

—Lo mío es más largo que lo de él.

—No importa.

Dije que podía ser un pensamiento corto, una síntesis, poesía, poema… pero que fuera algo que nos hiciera filosofar, buscar más respuestas.

Así que puede proceder —se toma unos segundos, no sin antes echarle una mirada a Nefertary.

—Okey…

“Debí de haber perdido la cordura cuando te conocí Debo estar loco para querer tu amor retorcido ¿Qué puedo hacer?

Eres perfectamente imperfecta para mí Me enamoré de un monstruo Que me hunde al infierno en cada paso que da Quiero tu amor retorcido Quiero tus besos que queman como el infierno ¿Perdí la cordura?

Debo estar loco para querer tu amor ¿Qué me hiciste?

¿Por qué pienso de manera irrazonable?

Un monstruo…

eso eres tú Una presa que finge ser un cazador…

eso, eso soy yo Me manipulas tan fácil…

¡Qué patético soy!

Quiero tus besos, monstruo Quiero tu amor retorcido, monstruo ¿¡Ambos estamos cuerdos!?

Nos importa un carajo nuestra toxicidad porque somos perfectamente imperfectos juntos Ámame con tu amor retorcido Ya que he perdido la cordura, llévame al infierno estando vivo Me gusta tu manera de amarme ¿Es mejor que algo sano…?

Eres mi pesadilla favorita Eres mi monstruo favorito Definitivamente he perdido la cordura.” En ese momento en el que todos aplaudían lo que había leído Mathias, volteé a ver a Ibagon, y pude ver su semblante… era evidente la tristeza, el miedo…

ese que siempre escondía la chica fuerte que no le teme a nadie.

Ahora entendí que no estaba del todo loco, solo él podía derrumbar esos muros, solo él podía ver su vulnerabilidad, algo que yo jamás lograré sacar de ella, porque Ludwig es la paz que ella necesita… aunque lo destruya al mismo tiempo a él.

—Eso es increíble —dice la profesora—.

¿Tiene algún título?

—No…

no había pensado en ello.

—‘Toxicidad’ —hablo, captando la atención de todos— Debe llamarse así, ya que habla de una relación tóxica y adictiva para ambos, en la cual ninguno de los dos quiere soltar, aunque uno salga más lastimado que el otro.

—Buen punto, joven Lorenz.

Como pueden ver, aquí no solo hay palabras o preguntas, se escribió algo basado en nuestra vida o en nuestro entorno, que nos ha hecho reflexionar o preguntarnos más sobre ello…—ella siguió hablando hasta que su hora culminó.

Yo me dirigía al campus, ciertamente necesitaba ordenar mis pensamientos y mantener la compostura antes de regresar a la mansión.

—Mich —volteo a ver a Aida.

—Ahora no.

—Ahora sí.

Esto no puede esperar, Michael.

—Bien, pero en el campus me aclaras todo.

—¿No hay entrenamiento?

—No, se ha cancelado.

Así no habrá muchas personas.

Seguimos avanzando hasta llegar a las gradas.

Tanto ella como yo echamos un vistazo, asegurándonos de que no hubiera nadie alrededor.

—¿Ahora me vas a explicar cómo es que se enteró?

Porque dudo que Aitor le hubiera contado —hubo un poco de rencor en mi voz.

—Sabes que yo no lo haría, pero…

—su cara era de preocupación.

—¿Pero…?

—Aitor…

él la ha cagado —baja el tono de voz.

—¿A qué te refieres exactamente, Aida?

—Gil…

esa chica llevaba dos días desaparecida.

Él no estaba en sí.

Fue uno de sus ataques repentinos…

sabes muy bien, Michael, que sabe controlarse y es sumamente cauteloso.

—¿Ella te chantajeó con eso?

—sabía muy bien la respuesta.

—No solo eso…

sabes muy bien cómo trabajan mis padres —ese era otro punto: los padres de Aida y Aitor son unos estafadores, durante años han hecho lavado de dinero y siempre han salido ilesos—.

Tiene todas las putas pruebas para hundirnos.

Yo…

yooo…

—una lágrima empieza a deslizarse por su mejilla.

La última vez que la vi llorar fue cuando Cansu murió, cuando sintió tanto miedo que casi pierde la compostura.

La atraigo hacia mi pecho para poder tranquilizarla—.

Te juro que ya no sé qué hacer.

—Yo te ayudaré, te lo juro —todo esto es mi culpa.

Yo los traje aquí.

Yo caí en la trampa de ese hombre, el cual solo quería un juguete más al lado de ella—.

Te lo prometo, Aida.

Luego de calmarse un poco, me detalló más sobre lo que Aitor le había hecho a Shanty.

Al parecer, ambos se toparon en una de esas fiestas clandestinas afuera de la ciudad.

Aitor se ofreció a llevarla a la residencia y ella aceptó, aunque obviamente él estaba pasado de copas y quería algo más.

La quería en su puto juego, y le ofreció llevarla a una de las cabañas donde hace sus cosas sádicas.

La tipa no aceptó, ya que sexualmente no se sentía atraída; además, era homosexual.

Y como muy gilipollas no aceptó un ‘no’ como respuesta: la secuestró, encima de eso abusó de ella para luego acabar con su vida, ignorando su propia regla que es ‘jamás mataría a alguien que no quiera ser follada por mí’.

‘Idiota.

Un par de copas para ignorar sus propias palabras.’ Le marqué a Steven, su chófer o lo que sea que ese tipo tenga que ver con ella, para que me llevara a su puto nido.

Pero antes de eso, tuve que ir a la mansión de mi padre para cambiarme de ropa y cenar con ellos.

Todo avanzó bien…

charlas aburridas.

Tengo que admitir que casi no estuve prestando atención en lo que decían, estuve técnicamente preparándome mentalmente para no cometer una locura cuando esté frente a ella.

Una puta aficionada que le gusta tener el control sobre todos, saber cada detalle de tu miserable vida para usarlo a su beneficio cuando le dé la gana.

Una zorra controladora, eso era.

El trayecto allá fue largo, en silencio y a oscuras, ya que por más que estemos en plan “aliados”, no sabemos con certeza en dónde está la cabaña.

Al estar allí, uno de sus hombres me quitó la capucha y nos adentramos en la casa hasta llegar al ascensor que conducía al subsuelo.

—Tanto me extrañas, que no tardaste nada en venir a pedirme perdón —qué opinión de mierda escucho al llegar.

—No saques conclusiones estúpidas.

Solo te lo diré una vez: deja a Aida en paz.

—Ahh, era eso.

Sabes, pensé que era de carácter más fuerte…

fue una completa decepción.

—¿¡Decepción!?

Tú eres quien busca los puntos débiles de todos y aparte los chantajeas.

Dime, ¿tanto te costaba esperar a que yo te lo contara?

—esta se ríe.

—¿Tú, contármelo a mí?

¿Cuándo?

¿En un año, tal vez cinco?

¿Diez?

¿O mejor cien?

No mostrabas la mínima intención de hacerlo, Michael.

—Respóndeme una cosa, Nefertary: ¿acaso tú vas por la vida contándole a cada persona que se cruza en tu camino que eres una maldita psicópata de mierda?

—esta se levanta del asiento, mostrando indignación.

‘Más falsa no puede ser.’ —¿Entonces eso es lo que soy para ti?

¿Una persona más que se cruzó en tu camino?

—finge tristeza.

—Me refiero…

—Sé exactamente a lo que te refieres —me corta—.

Ya sea mi propio aliado o mi puto enemigo, siempre sabré cada movimiento, cada pensamiento, cada nefasto tormento de mierda…

todo —me causa risa aquello.

—Solo te advierto: deja a los Mendes en paz.

—¿Y si no qué?

¿Qué harás?

—Todos tenemos un punto débil, Nefertary.

—Temo decirte que no tengo ninguno.

—Yo no estaría tan seguro de eso, en especial de tu trofeo preferido…

tu querido…

—finjo pensar— Sí, sí, ya me acordé: Mathias —ella da unos pasos más hasta quedar frente a mí.

—Solo tócalo y acabaré con tu miserable linaje familiar…

e incluyendo el de los Mendes —Sus palabras, en especial en el tono que lo dijo, tan frío y helado, causaron un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo —Estás completamente loca.

—¿Y cuándo he estado en mis cabales, Lorenz?

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Y hasta aquí el capítulo de hoy… pero antes de que se vayan, quiero saber de ustedes: ¿Qué opinan de la pelea entre Michael y Nefertary?

¿Cuál fue su parte favorita del capítulo?

Y la pregunta más importante… ¿ustedes creen que Nefertary de verdad no tiene un punto débil?

Los leo en los comentarios ^^

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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