Lo Que Nadie Ve - Capítulo 27
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
27: Capítulo 26 27: Capítulo 26 MICHAEL What’s wrong with killing your friends?
Hace seis meses atrás jamás me habría imaginado que estaría en Suiza, que habría conocido a una chica de una mafia con trastornos mentales y, mucho menos, que justo en este momento estaría formando parte de un puto secuestro.
Aunque eso no es nada en comparación con asesinar.
‘¿Remordimiento?’ Para nada.
Ya estoy acostumbrado a esto.
A mi alrededor simplemente está la muerte…
‘¿qué más da si ahora es en mayor cantidad?’ —En cinco salimos —anuncia Aitor por la radio.
Él y Aida están encargándose del tipo en el antro, mientras yo esperaba en el auto con dos hombres de Nefertary.
Tuvimos una semana para estudiar al Razetti, confirmar la información que nos dio Ibagon y, de paso, descubrir una nueva obsesión de Brayan.
Nos facilitó el trabajo.
Quién diría que los tríos con gemelos serían su perdición.
A veces pienso que la vida de un millonario es muy loca, nunca somos normales.
A la distancia puedo observar cómo salen por la puerta trasera, viniendo en nuestra dirección.
Los tipos no tardan en bajar para ir por él.
La borrachera se puede quitar con un gran susto.
La cara de horror es tan predecible…
Al poner resistencia, hace que Mendes le dé un golpe para aturdirlo.
Siguen avanzando hasta que, al fin, suben al auto, y este no tarda en ponerse en marcha.
—Átenlo.
También cúbranle el rostro —los hermanos acatan la orden—.
¿Qué hay de los guaruras?
—Inconscientes.
Totalmente incompetentes —’una de las razones por las que yo no gastaría mi dinero’.
—¿Qué hay del padre?
—pregunta Aida.
—Steven se está encargando de eso justo ahora.
Lo más probable es que tenga un poco más de acción que nosotros.
—¡Claro!
—ironiza Aitor—.
Como si este imbécil fuera de lo más fácil.
Ciertamente Aida no habría podido sola, el chico ni siquiera la miraba.
—Resultó al final, y eso es lo que importa.
Aparte, ya nos habían informado que estábamos en las grandes ligas.
Esto debería ser excitante para ti, no estresante —le dice a su hermano.
—¿¡Excitante?!
Para ti, ya que le tiras a todo lo que se mueve.
Yo no le veo nada de emocionante ligarme con un tío, ehhh.
—Exagerado.
Bien que estabas disfrutando de sus besos —esta le tira uno y Mendes le pone los ojos en blanco para luego mirarme a mí.
—La próxima serás tú el objeto sexual.
—No tengo inconveniente, a menos que prefiera un par de clones de distintos géneros —me cruzo de brazos.
—¡Qué chistoso eres, ehh!
No le digo nada, ya que estaría provocándolo.
Perdería la cordura, y todo se iría a la mierda.
Lo de ser un maldito compulsivo y mimado no se lo quita nadie.
Saco mi móvil para enviarle un mens a Ibagon diciéndole que ya estamos en camino.
La comunicación entre nosotros se está volviendo más tensa de lo que era.
El voto de confianza que ambos nos habíamos dado ya no existe.
“Siempre es mejor unirse al enemigo”, según yo, así podré saber todo lo que planea y si intenta deshacerse de nosotros.
Ambos somos un peligro para el otro.
Desde follármela unos meses atrás…
hasta estar acatando órdenes como uno de sus empleados ineptos que tiene.
‘La vida sí que da vueltas inesperadas.’ ✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ La trayectoria hasta la cabaña fue larga y aburrida, en el concepto de que alguien no paraba de lloriquear en todo el camino.
Aunque para los Mendes fue de lo mejor, ya que no paraban de aumentar su miedo con comentarios que muy probablemente harían si no fuera un juguete de Nefertary.
En la entrada del lugar nos recibió Ibagon, lo cual me sorprendió.
Su estilo es más de esperar a que estén en las habitaciones.
Uno de los hombres que está a su lado se dirige con los otros que llevan al pedazo de italiano barato al elevador, y al fin puedo dejar de escuchar sus quejas.
—Cada día me sorprende su eficacia.
Serían perfectos aunque a veces pierden la cordura, y eso les quita mérito —sí fue exactamente para Aitor.
Claro que tiene razón, no es que esté de acuerdo con ella, pero cuando conoces lo suficiente a alguien y otra persona dice algo con lo cual ya sabías…
es difícil negarlo.
—Para lo que importa tu opinión…
—Mi opinión siempre importa —esta se acerca a él hasta quedar frente a frente, como si estuvieran por darse un beso—.
Es que, ¿aún no te has dado cuenta de eso, cariño?
—¿Acaso me tomas por uno de tus títeres?
—Los segundos parecían horas.
Estos dos solo se miran con furia.
Jamás he entendido por qué Aitor no puede verla ni en pintura.
‘¿Lo de Lucia qué?’ Fuera de eso, al principio se llevaban bien…
o eso parecía.
Estaba a punto de decir algo cuando Ibagon le dedica una sonrisa de boca cerrada para darse media vuelta y dirigirse al elevador.
—¿Van a venir o prefieren perderse de la diversión?
—puedo sentir la mirada de los hermanos esperando una respuesta de mi parte.
Pongo los ojos en blanco y tomo la misma dirección que ella.
Subimos al ascensor.
El pequeño espacio tiene un ambiente tenso, aparte de que la estúpida música de fondo de esta lo pone aún peor.
‘¿Por qué poner la típica melodía de espera cuando llamas a alguna empresa y tardan horas en resolver tu problema?’ Aunque esto parece no molestarle ni un poco a Ibagon.
El sonido de las puertas al abrirse es libertad para mis oídos.
Todos nos dirigimos a la habitación principal.
—Siéntanse libres de tomar y comer lo que les plazca.
Aitor, sin más, va por la botella de vodka, mientras Aida y yo nos sentamos en uno de los sofás que hay, mientras que Nefertary camina hacia un armario que está al fondo de la sala.
Saca dos trajes parecidos a los que usan los de criminalística cuando van a levantar un cadáver o embalar evidencia, solo que su textura es más a los que usaban los protagonistas de La casa de papel.
Uno de ellos se lo entrega a Mendes, que la mira con cara de “qué mierda con esto”.
—¿Conoces la flagelación, Aitor?
—le pregunta en tono divertido.
—Un famoso castigo corporal —responde de lo más casual.
—Exacto.
Así que necesito a alguien en el látigo, así que usa ese para que no te manches.
—Pero es blanco —dice Aida, metiéndose a la conversación—.
La sangre se reflejará en él.
—Si no quieres que te vean sangrar, usa rojo o negro.
Ahora, si quieres que tu oponente vea su sangre en ti…
—El blanco es la mejor opción —ella le muestra una sonrisa de satisfacción a Aitor.
—Y más aún cuando la sangre que verás es de tu propio hijo.
Lo imaginaba.
En ocasiones, sus acciones son tan predecibles.
Pero ‘¿será porque ella lo desea así?
¿O confía en nosotros?’ Es algo que no he llegado a concluir o hallar una respuesta sostenible.
—¿Dónde se supone que me cambie?
—Al salir de aquí, uno de mis hombres te llevará a un cuarto para que cambies.
En media hora empieza el juego, así que no te tardes mucho —sin más, este se levanta llevándose consigo su botella de vodka, saliendo sin mirar atrás para dejarnos solos.
—Entonces Aida y yo nos retiramos —anuncio.
—¿Cuál es la prisa?
—Ninguna.
Solo que no me interesa ver morir a alguien, es de lo más insignificante para mí.
—¿Entonces deseas participar?
—No —se echa a reír como si le hubiera dicho el chiste más gracioso del mundo.
—Eres tan adorable, Michael —su sonrisa es tan cínica que provoca mi ira.
—Vamos, Aida -anuncio mientras me pongo de pie.
—Mich…
yo sí quiero quedarme —’¿Enojado?’ Claro, mi mejor amiga decide quedarse con esta.
Lo cual no la culpo, ella sí disfruta del sufrimiento de los demás, disfruta verlo y hacerlo.
Tampoco puedo ser egoísta en eso.
—Como desees, entonces —justo cuando estaba por abrir la puerta…
—Like Frankie said, “I did it my way” I just want to live while I’m alive It’s my life Termina de recitar, quedo perpetuo, como en shock, convenciéndome de no haber escuchado aquello que llevo enterrando hace años, pero que aún me sigue consumiendo y atormentándome como si fuera la primera vez.
<<—¿En serio quieres hacerlo?
—llevaba preguntándome por quinta vez en el día.
—Aida, vas a ver que será lo mismo.
—Molestar a matar es algo totalmente distinto —menciona Aitor con tanta tranquilidad.
—Es a darle un susto a la idiota de mi hermana, no a matarla.
¿Te encargaste de la niñera, Aitor?
—Claro, esa pastilla para dormir ya le está haciendo efecto.
—¿No te vio?
—le pregunta la hermana.
—No, fui totalmente como una pulga —menciona orgullo dejando ver sus dientes pequeños en la cual le falta uno de sus colmillos —Ahora es tu turno, Aida.
Engáñala como siempre lo haces —con una gran sonrisa juguetona, se fue corriendo hasta la casa.
Pasaron unos once minutos, y a la distancia ya podía ver los rizos castaños de Cansú, quien sonríe al verme.
Dejé de tener toda la atención de mis padres cuando ella llegó a este mundo.
Así que la volvería a tener.
Esa nenita no va a arrebatarme eso.
Estábamos todos ya en la pequeña colina que mi madre siempre nos había prohibido visitar, ya que nos podríamos caer al lago o tener algún tipo de accidente que nos podría lastimar.
—¿Quieres jugar conmigo, Cansú?
—esta duda un poco al mirar el lugar—.
Nada va a pasar, y si pasara, te voy a proteger.
¿Sí?
—esta asiente con la cabeza.
—Tienes que cerrar los ojos y los abres justo cuando Michael haya terminado de cantar, ¿vale?
—para tener dos años no es muy estúpida…
que le hace caso a Aida.
—Te voy a guiar, solo no abras los ojos, si no, perderás.
Aitor la toma del brazo para llevarla hasta el borde, mientras que yo empiezo a cantar unas estrofas de It’s My Life – Bon Jovi.
Me coloco detrás de ella, preparándome para pronunciar la última palabra, la cual solo tarda segundos en salir de mi boca.
Mis manos solo tardan milisegundos en realizar ese pequeño, pero fuerte empujón que la lanza por el acantilado, pudiendo ver cómo cae al lago, luchando por mantenerse a flote.
Pequeños gritos que se ahogan…
son ella.
‘Ahora sí volveré a tener a mis padres.’ —¿La ayudamos?
—quien sonríe al no verla más.
Debería estar asustada, deberíamos estar asustados…
pero solo estábamos como unos nenes viendo caricaturas animadas.
—No, los niños malos no merecen ayuda.
Los Mendes se fueron a su casa como habíamos acordado.
Estarían listos para cuando sus padres llegaran y se fueran de viaje.
Jamás habían estado conmigo ese día.
En ese momento agradecí que viviéramos al lado, aparte de que cada una de nuestras mansiones tuviera una vegetación tan densa, muy privada como decían mis padres.
A mí me tocaba el resto.
Regresé a la casa, me dirigí hacia la sala, en la cual se encontraba la nana tirada en el sillón en el que siempre tomaba su té.
Agarré la taza para después tirar el restante en el fregadero, lavarla y servirle uno nuevo.
Siempre hacía un poco de más por si se le antojaba tomar otra vez.
Tonta vieja.
Después de eso, comencé a llorar, a llamarla, pero esta no despertaba por los efectos de la pastilla.
Así me la pasé por una hora y media, hasta que llegaron mis padres.
>> Para tener cuatro años sabíamos que no éramos normales, que éramos diferentes.
Nunca dijimos nada, era nuestro secreto, y la muerte de Cansú solo fue un descuido de la niñera.
Estábamos fuera de ser los sospechosos.
Y más cuando la suerte está de nuestro lado, ya que unas horas más tarde hubo un robo.
—¿¡Dónde…
dónde escuchaste eso?!
—salen apenas con dificultad mientras me doy vuelta para verle la cara a Nefertary.
—¿Acaso importa?
—¿Ya lo sabes…
todo?
—pregunto, sintiéndome totalmente estresado.
Furioso, por el hecho de que se suponía que iba a ser un puto secreto.
—Te dije que mi paciencia tiene un límite, Mich.
—¿Cómo lo sabes?
—su rostro se ilumina con una sonrisa cínica.
—¿Qué pensarían si tus padres se enteraran?
Si alguien tan solo les diera el beneficio de la duda…
tan solo…
Aquello no tarda en sacarme de mis casillas.
Camino hasta ella y envuelvo mis manos en su cuello, mientras se sigue riendo como una desquiciada.
—Michael, detente —dice Aida, tratando de apartarme de ella mientras la estrangulo con más fuerza—.
Por favor, Mich.
—Por favor, Mich —esta repite las palabras de Mendes con dificultad, sin dejar de reírse—.
¡Qué hipócrita es tu “amiga”!
La suelto de mala gana, cayendo en cuenta de esto último que dijo.
Mi mirada se dirige hacia Aida.
¿No pudo hacerme esto o sí?, ¿no pudo tirar años de amistad a la basura?
—Lorenz, yo…
—¿Yo?
—repito.
Mi voz no trata de esconder la ira que tengo en estos momentos—.
¿Tú qué, Aida?
—Camino hacia ella para estar lo más cerca posible, aunque da un paso atrás hasta chocar con la pared, dándome la oportunidad de acorralarla.
—No tenía otra opción —el miedo era evidente en sus palabras, mientras que sus ojos no tardaban en ser inundados de lágrimas.
—¿No tenías otra opción?
—la agarro del pelo con fuerza.
Se queja de ello, pero aparta la mirada—.
¿Era tu secreto o la vida de Aitor?
—Claro, y por cubrir los estúpidos errores que ese imbécil hace, tuviste que hablar.
—Michael, por favor —su estúpida súplica hace que la sujete con más fuerza.
—Si me lo dijo a mí para salvar a su hermano —habla Nefertary mientras da pasos lentos hacia mi dirección—, imagínate lo fácil que sería para tus enemigos.
Tu mundo se vendría abajo.
—No la escuches, Mich.
—Mich, si habló ahora, ¿quién te asegura que no lo hará nuevamente?
Y si…
si en esa ocasión da con las personas equivocadas…
—sintiendo sus manos en mi espalda, su respiración rozando mi oído—.
¿Quién te salvará a ti?
‘¿Quién me salvará a mí?, ¿quién podría hacerlo?, ¿quién?’ Solo yo puedo salvarme, solo yo puedo mantener mi vida como siempre lo he llevado.
¿Solo son daños colaterales, no?
Siempre los hay.
Puedo sentir cómo algo en mi interior se despierta, esa misma sensación que sentí al ver cómo Cansú se ahogaba en el lago.
Esa bestia que…
—Michael, por favor.
Mendes me saca de mis pensamientos, despertando con tanta ira que mis manos cobran vida por sí solas, estrellando su cabeza contra la pared con tanta fuerza, una y otra vez, hasta que aquel líquido carmesí mancha la pared.
Puedo escuchar el sonido de la puerta abrirse, aunque no le tomo importancia hasta que me canso y la suelto.
Su cuerpo cae rendido al suelo, sus ojos medio abiertos sin dar alguna señal.
Doy unos pasos hacia atrás tratando de recuperar el aire, mientras alguien me pasa por un lado y va hacia ella para tomarle el pulso.
La mirada de Osoclu se encuentra con la mía.
—Su pulso es débil —dice mientras se incorpora.
—¿Qué vas a hacer, Lorenz?
¿La dejarás vivir o acabarás con ella?
Ibagon me extiende una daga.
Yo solo me la quedo mirando por unos segundos, procesando lo que acabo de hacer, hasta que mi mano temblorosa la toma en un gesto inconsciente.
Me dirijo hacia ella para agacharme.
Tomo una bocanada de aire y, sin pensarlo más, realizo el corte en su garganta.
La sangre mancha su pálida piel mientras que sus últimos respiros se ahogan con ella.
Me incorporo.
Mi mente está solo en blanco.
Mi cuerpo debería estar tenso, pero solo está aliviado.
Aunque noto que mis mejillas están mojadas.
¿Acaso…
acaso estoy llorando?
—¿Qué harás con Aitor?
—esta vez es Demir quien habla—.
¿Es él o tú?
—¿Acaso tengo otra opción?
—digo mientras miro el cuerpo de Aida.
Me limpio las lágrimas para después darme media vuelta y ver a Nefertary—.
¿Dónde está?
—En la habitación “R” —su voz suena más fría de lo que ya he escuchado antes.
Empiezo a reírme como loco, como antes lo hacía Ibagon.
Siempre hay que buscar lo divertido de la vida, ¿no?
¿Por qué no burlarme de mí mismo?
Llevo años reprimiéndome y al fin puedo probar la libertad.
¿Por qué me controlé todo este tiempo?, ¿cuál era el propósito?
Al final, la perra que tengo al frente es más libre que yo.
Dejo de reírme mientras solo la observo, perdiéndome en aquellos ojos con una mezcla de gris y azul, siendo igual de fríos que el invierno.
‘Gracias…
gracias por salvarme.
No sabía que lo necesitaba hasta ahora.’ —Entonces…
¿qué hacemos aquí?
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns ¿Hasta qué punto podemos fingir que nada nos duele cuando por dentro ya todo se rompió?
Este capítulo está tan tenso que parece a punto de estallar en cualquier momento.
¿Será que estamos descubriendo un nuevo Michael, una versión que jamás habíamos visto?
¿Quién está realmente perdiendo el control?
¿Y si lo que parece un descuido es, en realidad, un movimiento calculado?
Presta atención, porque aquí hasta los silencios cuentan.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com