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Lo Que Nadie Ve - Capítulo 30

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30: Capítulo 29 30: Capítulo 29 NEFERTARY Between obsession and rage.

¿Cómo podía hacerme enojar y luego querer que le mostrara mi vulnerabilidad?

Ni Osoclu lo hacía, solo esperaba a que me sintiera lista para hacerlo y ya.

Con él, simplemente las cosas eran diferentes.

Justo como ahora, que estamos en la zona de recreación del colegio, donde más bien la usamos para socializar.

Mathias se había hecho amigo de un tal Jason, quien estaba siempre acompañado de su novia pelirroja.

Al parecer, era su compañero de habitación y así se habían conocido.

—¿Saben las nuevas novedades?

—dijo la chica.

—¿Qué novedades?

—hablé por primera vez.

—El tío de Kellyn está en el caso de las muertes de los alumnos del instituto —se acercó más a nosotros para que solo oyéramos—.

El amigo de los gemelos es el principal sospechoso de todas las desapariciones del instituto —aquello lo mencionó en un susurro—.

No se lo digan a nadie, solo es para prevenirlos.

—Exacto, ustedes eran amigos de él y pues…

—No éramos ni fuimos sus amigos —intervino Ludwig—.

Solo estábamos con el tipo y sus amigos porque nuestros padres estaban cerrando negocios familiares.

Por otro lado, como somos sus progenitores, tenemos que estar; no nos podían excluir —dijo con una neutralidad que me sorprendió en él.

—¿O sea que solo era por conveniencia?

—preguntó el rubio.

—Claro —afirmé—.

El chico es odioso e insoportable, aparte no daba buena espina.

Ni siquiera podía creer lo que les pasó a los Mendes, si siempre se veían tan amigos —bajé mi tono al decir esto último.

—Menos mal se alejaron a tiempo —anunció Jason.

—Sí, menos mal —afirmó Mathias, para luego depositarme un beso en la mejilla.

—Y yo que pensé que los tórtolos eran Kellyn y Jason —interrumpió un chico pelirrojo con ojos color miel, de quien desconocía su nombre.

—No seas idiota, Brambilla —soltó Ludwig en forma de gracia mientras este tomaba asiento.

—Hoy hay fiesta y ustedes, amigos míos, van a asistir —cuando estaba a punto de decir algo, este hizo un gesto de alto con la mano—.

Sin objeciones.

Un poco de diversión no te haría daño con tanta perfección.

Pude sentir cómo mi cuerpo se tensó por completo al escuchar aquel comentario de ese imbécil.

‘¿Quién se creía que era para hablarme así con tanta confianza el muy insolente?’.

Sentí un ligero apretón en la mano mientras dirigía mi atención a esta.

Ni siquiera me había dado cuenta de que le había agarrado la mano a Mathias, la cual estaba tomando con fuerza.

Deshice el agarre; por su parte, él volvió a agarrarla para luego llevársela a los labios y depositar un beso en ella.

—Tenemos cena familiar en casa de Nefertary.

No prometeré nada, tal vez después de eso podríamos venir.

—Te tomas demasiado en serio el papel de novio, ¿eh?

—puso una cara de horror.

—Es lo que nos toca, Joshua: complacer a nuestra novia —al terminar de decir la oración, Jason le da un beso en la frente a Kellyn.

—Patéticos —puso los ojos en blanco—.

Por eso es mejor la libertad: te coges a quien quieras y listo, no tienes que darle explicaciones a nadie.

—¡Joshua!

—gritaron dos chicas al unísono que venían en nuestra dirección, cuyas expresiones se veían muy enojadas.

Este se giró para verlas al mismo tiempo que se ponía de pie para irse.

—Los veo luego, chicos —sin más se fue y tomó la dirección contraria de las chicas.

Al ver esa acción, empezaron a correr hacia él, pero este ya se les había adelantado.

—Decía…

—comentó Kellyn, mientras todos los que estábamos en el lugar presenciábamos la escena.

—Y pensar que eras así, dos años atrás —le susurré a Mathias, quien formuló una sonrisa en sus labios mientras seguía con la mirada al frente.

Aquel recuerdo llegó a mi mente.

<<Alemania, dos años antes Quién diría que el olor de un buen mokaccino en una cafetería de Berlín sería tan satisfactorio.

Cuando mi padre me propuso pasar las vacaciones acá, fue lo más irrelevante y abrumador que escuché.

Tenía planes para irme a Moscú, pero él se negó a dejarme ir sola.

Por más que le dijera que estaría con la familia de Demir, no quiso.

Así que tampoco me dejó quedarme en la mansión… ah, pero sí dejarme ir a un café sola, siempre y cuando estuviera puntual en sus eventos de trabajo.

Eso sí estaba bien.

Esto era más bien un asunto laboral, ya que estaba ocupado la mayoría del tiempo en eso.

Aunque, cuando no, los viajes siempre eran por eso.

Solté un suspiro ante aquello.

Me dispuse a tomar mi último sorbo de cafeína, para luego salir de aquel lugar.

Al poner un pie afuera, la brisa del atardecer inundó mis pulmones con su frío aire de otoño reciente.

Ignorando eso, seguí caminando sin rumbo fijo.

Eso podría ser algo egoísta… aunque buscaba el peligro.

Al visualizar mi alrededor, pude notar que ya no estaba en la zona lujosa de Berlín; estaba en una más ordinaria y realista.

También había notado que alguien me seguía, así que doblé a la izquierda.

Esperé a que llegara para emboscarlo.

Tomándolo por sorpresa, logré hacerle una llave con facilidad, sometiéndolo contra la pared mientras una de mis manos ejercía un poco de presión en su cabeza para mantenerla pegada a la pared, y la otra en uno de sus brazos.

Este soltaba unos quejidos.

—¿Por qué me sigues?

—pregunté en alemán.

—Ich bin dir doch gar nicht gefolgt.

(No te seguía) —aquella voz sonó agitada.

Esta vez le presté un poco de atención al chico pelinegro que me llevaba una cabeza y media, o dos.

—Dann hast du also dreiundzwanzig Minuten de deinem erbärmlichen Leben verschwendet?

(¿Entonces desperdiciabas veintitrés minutos de tu miserable vida?) —Ich war nur auf dem Weg hierher, und es kam mir seltsam vor, dass ein Mädchen wie du sich in dieser Gegend herumtreibt.

(Solo venía de camino y pareció raro que una chica como tú andara por estos lares.) —Seltsam?

(¿Raro?) —Deine Kleidung, deine Art zu gehen – es ist offensichtlich, dass du aus der Oberschicht kommst.

Und du läufst hier in einem Viertel mit schlechtem Ruf herum.

Es ist nicht sicher, allein unterwegs zu sein, vor allem nicht um diese Uhrzeit.

Ich habe deine Frage beantwortet, also… kannst du mich jetzt loslassen?

(Tu ropa, tu forma de caminar…

es evidente que eres de la alta sociedad, y andas por un barrio de poca reputación.

No es seguro estar sola, y menos a esta hora.

Ya respondí tu pregunta, ahora ¿puedes soltarme?) Lo pensé dos veces antes de hacerlo.

Sé cómo defenderme, aparte se nota que este no tiene nada de cerebro, así que nada podía perder.

Al soltarlo, este soltó un quejido de alivio y dolor al mismo tiempo mientras se sobaba el brazo.

Le eché un vistazo.

Aquellos ojos azules resaltaban entre toda su ropa negra.

‘Podría tener mi misma edad’ —Creo que no soy la única hija de papi en un barrio de muerte, claro que con un estúpido al lado —murmuré en mi idioma.

Este me volvió a mirar.

—¿Disculpa?

No soy ningún estúpido, más bien yo diría que es al revés —admito la fluidez con la que hablaba, con ese pequeño acento alemán.

—¿Ah no?

¿Te parece bien venir vestido con un abrigo estilo chaqueta de cuero Prada, valorado en más de dos mil dólares?

—Y tú con Rolex, ¿o acaso es imitación, linda?

Aunque no sabría quién sería más estúpido, si tú o yo —este tipo me estaba provocando y vería de lo que en verdad soy capaz.

—Yo al menos sí sabría cómo defenderme.

—Es porque no me has visto en acción, cariño.

Si no, te sorprenderías —aquello me hizo soltar una carcajada.

—¿Qué tanto te ríes?

—De lo patético que eres, ni siquiera eres capaz de dar un golpe preciso —este me miró con cara de ofensa.

—No digas gilipolleces que no son ciertas.

—A ver…

—finjo pensar— si es real, te reto a que me des un golpe aquí —señalé mi mejilla derecha con el dedo índice.

Este me miró confundido ante mi petición.

—No.

No le pego a las chicas, está en contra de mis normas.

—Es lo más absurdo que he escuchado en mi corta vida.

No será que tú eres un cobarde que ni siquiera puede defenderse, demostrando que eres un mimado hijo de papi —aquel se llenó de ira y se abalanzó hacia mí, pegándome contra la pared, agarrando mi cuello con fuerza con sus dos manos—.

Que ni sabe controlar sus impulsos, aparte —dije mientras intentaba respirar.

Él apretó más fuerte mi cuello.

Pude sentir cómo mis ojos se nublaban por aquella humedad que se asomaba entre sus pupilas.

Ciertamente podía revertirlo, solo quería sentir lo que sienten ellos al momento en que les arrebato la vida.

‘Su último suspiro…’.

Así que cerré mis ojos para centrarme más en esas sensaciones, hasta que sentí cómo su agarre se hacía más débil, cuando ya no tenía sus manos alrededor de mi cuello.

Maldije mentalmente.

—Lo siento, no… —Por… qué no…

seguiste… imbécil —dije apenas, intentando recuperar mi voz y la respiración al mismo tiempo.

—¿¡Qué?!

¿Te oyes a ti misma o ya estás delirando?

—simplemente me dispuse a mirarlo fijamente.

Necesitaba que los efectos secundarios pasaran.

Este tardó un segundo en reaccionar para tomar rumbo por donde habíamos venido, así que lo seguí.

—Si sigues avanzando, te denunciaré por intento de asesinato y agresión física —el chico pelinegro se volteó al escuchar aquello.

—¿Acaso estás demente?

¡Tú me provocaste, y al soltarte pedías más!

—caminé hacia él para quedar frente a frente.

—Es tu palabra contra la mía.

—No te atreverías —dijo en un tono cortante.

—¿Me estás retando?

Se tomó un momento para procesar todo lo ocurrido, mis palabras…

las dudas bailaban por sus ojos.

—¿Qué quieres a cambio?

—preguntó.

—Te espero en el Café Krone a las cinco de la tarde.

—¿Quién te asegura que iré?

—Si tienes cerebro, lo harás.

Sin más, me di media vuelta para seguir mi camino en dirección opuesta.

*** Había estado sobrepensando todo el día si ir o no.

‘¿Qué quería de él?

¿Qué necesito de él?’ Al no encontrar una respuesta, simplemente no entré.

En cambio, aquel chico ya había llegado, una hora allí adentro, hasta que salió, y pude verlo de lejos.

Su semblante estaba todo serio; era evidente que estaba molesto.

El ruido de mi móvil me sacó de mis pensamientos.

Era mi padre.

Sabiendo para qué era, me tomé el atrevimiento de no contestar.

Paré un taxi para ir al hotel y arreglarme para el evento que habría en él.

El tiempo pasó como aquella brisa que solo viene a darte un escalofrío por el cuerpo, tomándote desprevenida.

Me había puesto un vestido rojo vino, con escote en forma de V y la espalda completamente descubierta, quedando perfectamente ajustado con un largo por debajo de mis rodillas.

Era un poco provocativo para que una chica de mi edad lo usara.

Aquel tono me fascinaba.

De igual manera, ni a mi padre ni a mi madre les dirían algo.

Aunque faltaba algo: aquel cabello recogido dejaba al descubierto las huellas de aquel chico.

Busqué aquella bufanda negra que había comprado hace un par de días, siendo el detonante perfecto.

Al salir de la habitación, ya se encontraban mis padres en la sala.

Al verme, se levantaron de aquel sofá.

Mi madre me echó una mirada de abajo a arriba, dándome la aprobación con una ligera sonrisa.

—Es hora de irnos.

Al salir, nos esperaba el auto que nos llevó a las afueras de Berlín.

Al llegar a ese lugar, pude contemplar ese sitio que pintaba que su dueño es un fanático de la mitología griega solo por su decoración a las afueras de la mansión, causándome intriga.

Llegamos a la entrada, donde estaba un seguridad con una lista.

Mi padre anunció nuestros nombres y el tipo nos dejó pasar.

Al estar allí, tal como lo imaginaba, era un total paraíso.

No había ninguna pieza que no encajara.

Saludamos al anfitrión, quien nos presentaba con otras personas.

Al parecer, no era la única adolescente en una fiesta de adultos.

Lo que había escuchado de mi padre era que a ese tipo le importaba mucho la imagen familiar en los eventos.

Pasé técnicamente dos horas debatiéndome en si explorar o no la mansión.

Aprovechando un descuido de estos, me fui adentrando por los pasillos.

Cada uno me llevaba a un lugar distinto, siempre conteniendo habitaciones.

Imaginaba que podrían ser para los huéspedes.

Era la propiedad más grande que había visto en mi vida.

Al seguir avanzando, uno de estos llamó mi atención, ya que provenían ruidos de él.

Entré, siendo más evidente: era una biblioteca que contenía dos niveles.

Por un momento olvidé el escándalo que estaba allá arriba, distrayéndome en los libros, siendo la preciosidad más grande que había visto hasta el momento.

Entonces, el sonido de una cachetada hizo eco por toda la habitación, al momento que no tardó otra más.

—Du bist ein Idiot, Ludwig!

(¡Eres un imbécil, Ludwig!) Homofónicamente se escucharon aquellas palabras, seguidas de unos pasos apresurados.

No tardaron en aparecer dos chicas —’una rubia y la otra castaña, de mi edad tal vez’— que ni siquiera prestaron atención a mi presencia.

Salieron dando un portazo que retumbó en cada rincón.

El silencio volvió a reinar por unos minutos, ya que aquella persona que estaba en el segundo nivel decidió caminar, cuyas pisadas volvieron a retumbar por la habitación.

Al momento en que aquel chico bajaba las escaleras, lo reconocí al instante: era el mismo con el que me había topado ayer.

Tenía el cabello algo alborotado, sus labios estaban manchados de lipstick, ni hablar de sus mejillas que anunciaban un color carmesí.

Me imaginé la escena: era demasiado estúpido y patético.

Sin querer, me reí de ello, llamando así su atención.

Este miró hacia mi dirección con algo de confusión, que luego se esfumó por asombro.

—Mira a quién tenemos aquí —dijo.

—Al imbécil más grande, claro está —respondí con ironía.

—Siempre tan angelical, linda —fingió una sonrisa mientras se acercaba a mí—.

Te esperé y no llegaste.

—Cambié de opinión y fue la mejor decisión que tomé.

Hubiera perdido mi tiempo con un tal Ludwig —este puso cara de fastidio.

—Como sea, ¿qué haces aquí?

—preguntó, sentándose en uno de los sofás.

—Por las mismas razones que tú estás aquí —respondí, volviendo mi atención a los libros.

—Vaya…

—soltó un suspiro—.

Cómo es que puedes terminar tan fascinante y fastidiante al mismo tiempo —lo miré; este me observaba detenidamente.

—Lástima que no opine lo mismo —murmuré.

El silencio anunció su presencia por unos segundos.

—¿Cuál es tu nombre?

—¿Para qué quieres saber?

—Tú conoces el mío, es justo que yo sepa el tuyo.

—Sé tu apellido, no tu nombre.

No lo conocí por ti —le aclaré—.

Aparte, eres tan insignificante para decirte mi nombre, al igual que lo son los restos de labial que aún tienes en la comisura de tus labios —al oír eso, por instinto, se llevó la mano al labio para limpiárselo.

Dejé el libro en su lugar y me dispuse a salir de allí.

Un “espera” le escuché decir.

Simplemente decidí ignorarlo para seguir por el pasillo.

Aquel chico, que aparte de imbécil era insoportable, me siguió.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, me agarró de la muñeca para luego atraerme hacia su cuerpo y pegarme contra lo que supuse que era una puerta de una de las habitaciones.

—¿Cuándo dejarás de irte dramáticamente?

—estábamos demasiado cerca, que hasta podía sentir su respiración algo agitada.

—¿Cuándo dejas de entrometerte en mi camino?

—Quiero respuestas y no un contraataque de preguntas —lo observé, al igual que él a mí.

Sin duda, aquel azul en sus ojos era más hipnotizante de lo que aparentaba esa noche.

Bajó la mirada hacia mis labios, y antes de que pudiera reaccionar, me besó.

Me quedé en trance por unos segundos, aturdida por el impacto, hasta que terminé correspondiendo el beso.

El roce de sus labios provocó un cosquilleo eléctrico que recorrió todo mi cuerpo.

Soltó mi muñeca solo para llevar esa mano hasta mi cadera, y yo, como si fuera instinto, enredé los dedos en su cabello mientras mis brazos se aferraban a sus hombros.

El beso se volvió más intenso, más profundo, más peligroso.

Con su mano libre deshizo lentamente mi bufanda, dejándola deslizarse por mi piel hasta exponerla por completo.

Rompió el beso, solo para comenzar a dejar una hilera de besos por mi clavícula, bajando hasta mi cuello, el cual incliné hacia un lado para darle más acceso.

Cada una de esas caricias, cada roce de sus labios, me hizo pensar en otros ojos… no azules, sino negros.

Profundos como la oscuridad misma.

La comparación me hizo parpadear, confundida.

Su mano se deslizó hasta mi glúteo, apretándolo con firmeza, y un suspiro se escapó de mis labios sin permiso.

—Perdón… Esa palabra, su voz… me sacó del trance de inmediato.

Lo aparté de un empujón y, sin pensarlo, le solté una cachetada que resonó más que mis propios pensamientos.

Él se quedó quieto, con la sorpresa tatuada en el rostro.

Y ahí fue cuando me di cuenta: esos ojos no eran negros.

Eran azules.

Azules como el hielo.

Azules como los de Ludwig.

‘¿Por qué no pagarle con la misma moneda al ruso que me tiene loca?’, pensé con una mezcla de rabia y deseo.

Me acerqué de nuevo a Ludwig, y esta vez fui yo quien lo besó.

Él tardó unos segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo, me atrajo con fuerza contra su cuerpo.

Pude sentir su erección rozando mi entrepierna, encendiendo todo dentro de mí.

Retrocedimos unos pasos, tambaleándonos entre la excitación y la tensión, hasta que el sonido de la puerta abriéndose nos sacó del momento.

Sin dudarlo, entré a esa habitación, dejando atrás la poca cordura que me quedaba.>> Y así fue como conocí al chico por el cual podría acabar con el mundo con tal de que él esté a mi lado.

—Nefertary —dijo alguien, mientras pasaba una mano por delante de mi cara, sacándome del trance—.

¿Estás bien?

—miré a la chica pelirroja, quien me observaba preocupada.

—Sí.

—¿Segura?

Porque parecías estar en otro planeta —intervino su novio.

—Sí, solo me distraje un momento, es todo —me crucé de hombros.

—Distraerte…

no eres ese tipo de persona, Senere —me susurró Mathias al oído para después dejar unos mechones tras mi oreja.

—Bueno, si tú lo dices.

Estábamos comentando la situación en la que se encuentra Brambilla.

—Más bien el problema en el que se encuentra, dirás —dije; aquello les provocó gracia.

—Bueno, sí, eso —concordó Kellyn, quien intentaba contener su risa.

Cuando terminó nuestra hora libre, regresamos a clases.

Si antes veía a Michael como un estorbo, ahora lo veo como un parásito que debe ser exterminado lo más rápido posible.

En un abrir y cerrar de ojos, la noche reemplazó al día.

Hay temporadas donde el tiempo pareciera volar; esta es una de ellas.

Aprovecharlo al máximo es algo difícil, pero no imposible.

—¿Estás seguro de que quieres venir?

—pregunté por segunda vez.

—Estoy más que seguro, Nefertary —aquella neutralidad me hizo detenerme a verlo.

¿Estaría viendo una nueva versión o solo una fachada que intenta ocultar sus miedos?

—Bien, como tú digas.

Ambos subimos al auto, serían varios minutos en carretera.

Doy un respiro y recuesto mi cabeza en el hombro de Mathias.

Él entrelaza nuestras manos para después depositarme un beso en la frente.

Aquel gesto tan simple me reconforta, me tranquiliza.

Aún no le encuentro la lógica de que aquello tenga un poder así sobre alguien.

Mi mente está hecha un caos interno.

Aunque tengo nuevos indicios del asesino de mi padre, no puedo pasar por alto que me siento perdida en ocasiones.

Si por mí fuera, acabaría con todos sin hacer las mismas preguntas una y otra vez.

Cada nuevo nombre es para hacer un vínculo increíble del cual te querrán ver muerta los amiguitos de aquel parásito inservible.

Hoy pasaré por alto aquello y me concentraré en algo que realmente podría despejar mi mente.

Mis pensamientos son interrumpidos al escuchar a Mathias tararear una canción de Shawn Mendes que justo estaba sonando en la radio.

No puedo evitar pensar en el parecido de ciertas cosas que tiene con Osoclu.

Tal vez si no estuviera en el medio…

se llevarían bien.

Aquella imagen pasa por mi mente y no puedo evitar una leve sonrisa ante esa idea.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Sin darme cuenta, me había quedado dormida, ya que Ludwig estaba despertándome, susurrándome que ya habíamos llegado.

Me quejé ante ello, pero me dispuse a separarme de él y salir del auto.

Aquella brisa nocturna fue una bofetada que recorrió mi cuerpo entero, poniéndome en alerta.

Seguimos hasta estar en el ascensor.

Uno de mis hombres está poniéndome al día de las novedades mientras avanzamos hasta la oficina principal, en la cual nos estaban esperando Michael y Steven.

—Hasta que al fin llegan —pongo los ojos en blanco al escuchar su nefasta voz.

—Quiero a Vladi Hildebrandt lo antes posible.

—Pero, señorita…

—Pero nada, Steven.

El tipo debió pensar en las consecuencias antes.

—Y nosotros también debemos pensar en las nuestras, Nefertary.

Apenas y se están calmando las aguas con los Razetti, ¿ahora quieres a Hildebrandt?

¿Sí estás consciente de que él está en las grandes ligas del poder?

¿Y que, aparte, está en Dubái, territorio que no gobiernas?

—una carcajada resuena en la habitación.

Todos nos quedamos mirando a Ludwig.

—¿Sí estás consciente de lo patético que te oyes, Lorenz?

Hasta pareciera que temes por tu vida.

Por otro lado, eso a Ibagon le importa lo más mínimo.

Además, no deberías darle mucha importancia, ya que muy pronto estará aquí.

—¿A qué se refiere?

—pregunta Steven.

—A que un amigo de mi padre lo ha invitado a una reunión élite de negocios, aunque más bien es de “caridad”.

Todos los Tops de los Tops van a estar allí, ya que a esos imbéciles lo único que les importa es cómo aumentar su patrimonio.

—Solo es tener un buen plan, Lorenz.

—Diría que están cuerdos, pero nadie en esta sala lo está.

¿Cómo piensan burlar su seguridad?

—¿Por qué no el mismo día del evento?

¿Por qué hacerlo antes?

—¿enserio este es Mathias Ludwig?

¿O un clon de él más oscuro?

—Explícate, Ludwig.

—Lo que digo es que es más fácil atrapar a un pez gordo en una fiesta donde todos están disfrutando relajadamente, que en una habitación de hotel.

—La seguridad es la misma.

—No si nos infiltramos.

No si la mayoría son mis hombres.

¿Cuándo será esa reunión?

—En un mes —’tiempo suficiente’.

—Steven, quiero planes para mañana.

Se nos acerca una fiesta y no queremos llegar tarde.

—Como ordene —se retira del lugar.

—¿Ves, Mich?

Para todo hay una solución.

—O un plan suicida, dirás.

—¿Desde cuándo le temes a la muerte?

—le pregunta Mathias.

—Él solo trata con personas indefensas, Ludwig.

Como lo ha hecho estas semanas con Miller.

—Fue petición tuya que no la matara de una vez.

—Sí, aunque no te sugerí tener juegos sexuales con ella.

—No pasa de hoy.

No tomaré otra de sus “sugerencias” —su voz refleja algo de molestia, lo cual no me sorprende ni un poco.

—Ni siquiera lo pensaba hacer.

Al fin y al cabo, vine para ver el espectáculo.

—Te espero allá entonces —sale del lugar.

—Si quieres, puedes esperar aquí.

—¿Por qué?

—este me agarra de la cintura.

—Porque un pastor no puede jugar a ser un carnicero —digo mientras dejo pequeños mordiscos en su cuello.

—¿Quién te ha dicho que estoy jugando?

¿Cómo sabes que el pastor no está harto de lo mismo y quiera probar a ser un carnicero?

—¿Seguro que eres Mathias Ludwig?

—Si tienes dudas —susurra en mi oído— podríamos arreglarlo con una buena dosis de sexo —dejando un pequeño mordisco en mi oreja, despertando aquel deseo de que me haga suya y yo le recuerde que él es solo mío.

—Eso suena muy tentador —atraigo su rostro para poder besar aquellos labios carnosos que me vuelven loca, y luego separarlos sintiendo su necesidad en mi piel—.

Pero tenemos un espectáculo que ver.

Este me da un último beso para luego salir de la oficina.

Nos dirigimos a la habitación donde está hospedada nuestra querida Valentina.

Al llegar al lugar vemos a Lorenz ya adentro, haciéndole pequeños cortes en la piel con un bisturí a Miller, quien se encuentra desnuda y atada en la camilla.

Le hago una señal al guardia para que nos deje entrar; este entiende, abriendo la puerta de inmediato.

Nuestras miradas se topan: ese miedo, terror… es todo tan patético, agregando el drama.

—¡Miller!

Al fin te encuentro.

Dios, nos tenías tan preocupados.

¿Cómo te encuentras?

—digo con una ironía única.

Esta solo me mira con miedo…—.

¿No me digas que Michael te cortó la lengua?

—Déjame ir.

—Claro que lo haré.

Digo, lo haremos.

No somos tan malos como crees.

De hecho…

creo que la broma se nos ha ido de las manos…

solo queríamos un sustito —finjo tristeza—.

¿Nos perdonas?

—Sí —susurra con dificultad.

—¿No nos delatarás?

—No.

—¿Lo prometes?

—mi tono sale con algo de preocupación.

—Lo pro…

prometo —aquello sonó más como una súplica.

—Ahora sí me crees que yo no tengo nada que ver con la desaparición de Martina y Lucía —silencio es lo que reina.

Esta esquiva mi mirada—.

Miller, ¿me crees?

—S…

sí.

—¿Por qué no me miras entonces?

—Duda, tarda, pero accede—.

¿Me crees?

—Te creo, Nefertary —toda esa tristeza que fingía es reemplazada por la ira.

—Yo también sé mentir mirando a los putos ojos de una persona estúpida, perra —suelto sin más—.

Puedes seguir, Lorenz, pero sigue con clavos y un martillo.

Este los toma y se acerca a ella, quien suelta gritos de súplica.

Mientras Mich acomoda uno en su antebrazo, luego lo martilla, inundando la habitación de ruido que proviene de sus cuerdas vocales, siendo como el coro de una canción cero afinada.

—¡Por favor, nooo!

¡Para, por favor!

¡No diré nada…

lo…

lo prometo!

—justo cuando Lorenz iba a martillar el segundo en su pierna, Mathias lo detiene.

—Quiero hacerlo yo.

Sorprendiendo a todos los presentes, Michael me mira para aprobación, así que acepto.

Le entrega el martillo y el clavo a Ludwig, quien lo toma sin dudar e imita la acción de Lorenz.

—Por favor, por…

favor…

tú…

tú no eres como…

Antes de que terminara la frase, él ya había dado el primer golpe, seguido del segundo, tercero, hasta unirse por completo en su piel.

El miedo en Miller es tan evidente, sorprendente.

—No soy igual a ellos, ibas a decir —su voz no dejaba ningún rastro de emoción—.

Yo diría que soy aún peor que ellos —coge otro y esta vez lo inserta en la rodilla—.

Siempre creen que soy el débil del grupo.

¿Acaso no ven lo harto que estoy de serlo?

¿En serio este es mi Mathias Ludwig?

Lo puedo estar viendo y no creerlo aún.

‘Es tu creación, Nefertary’.

Acabo de crear un monstruo…

‘aunque hay un precio por ello.’ Lorenz se le une, incrementándole el dolor a Valentina, quien quiere explotar mis tímpanos con sus gritos, que se desvanecen poco a poco.

‘Les contaría una historia donde un cazador buscaba acabar con un monstruo y liberar al pueblo del miedo.

Pero aquel hombre se convirtió en lo que un día prometió destruir y exponer al mundo.

Al final, resultó ser que él contenía a su ser interno, quien liberó al abrir los ojos.

El cazador no podía cazar al monstruo porque eso era acabar con su propia vida.

Claro está que el monstruo siempre fue él.’ REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns ¿Se esperaban ese flashback?

¿Creen que Nefertary y Mathias solo juegan o que realmente están armando un espectáculo que nadie quiere perderse?

¿Será que el misterio y el peligro se disfrutan más cuando se mezclan con un poco de provocación y un par de besos inesperados?

¿Y ustedes, qué harían si alguien con ojos azules hipnotizantes les robara el aliento y, de paso, les podria complicar la vida?

Me gustaría saber sus teorías o sus locas ideas ^^, los leo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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