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Lo Que Nadie Ve - Capítulo 31

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31: Capítulo 30 31: Capítulo 30 MATHIAS Why not hunt monsters worse than yourself?

Había pasado un mes.

Faltaban menos de cuatro horas para ejecutar el plan.

Las posibilidades de que ocurriera un error eran mínimas.

Cada detalle, cada paso, ya estaba listo; hasta los mínimos inconvenientes estaban estudiados.

—¿Sí saben lo sospechoso que es ir con unos críos a un evento así de aburrido?

—comenta Mich.

Jamás lo había visto tan alterado.

Es un poco gracioso, ya que así debería estar yo, y no él-.

¿No vas a decir nada, Ludwig?

—No, no es para nada sospechoso, ya que soy el primogénito de mi padre.

O sea que estoy obligado a seguir sus pasos si quiero “seguir” con mi estilo de vida.

¿Ahora estoy diciendo algo incoherente?

—pone los ojos en blanco.

—Los veo en el evento.

—Baja del auto.

Minutos antes, habíamos estado reunidos con Brambilla, Kellyn y Jason, cuando se nos acercó Lorenz.

Al principio el ambiente era un poco tenso, pero nada como el pendejeo de Joshua para disolver las tensiones con sus ocurrencias.

Es como si estuviera viendo a mi antiguo yo.

—¿En qué piensas?

—En Lorenz y Brambilla.

—Volteé para mirarla, y al toparme con aquellos ojos tan penetrantes como para intimidarte, aunque a mí me hacen el efecto contrario, me atraen a ella.

Me llena de curiosidad todo lo que esconden.

Me vuelve loco…

pero en el sentido de que he experimentado todos los jodidos tipos de locura que puede haber en el mundo.

—¿Por qué?

—se limita a decir.

—Yo debería estar cuestionando todo esto, y no Michael.

El otro me recuerda a mi pasado, es…

solo eso.

—Yo, Mathias, me he abierto contigo de una manera que es el 0000.1 %.

—Y vaya que sí.

—Ambos nos reímos levemente de ello.

—Conoces lo que puedo sentir y lo que no.

Ahora yo quiero saber: ¿qué sientes ante aquellos pensamientos?

—Mi vista se dirige a sus manos, las cuales no dudo en agarrar.

Ese simple e insignificante tacto…

para mí lo es todo.

Cómo reacciona mi cuerpo ante ello…

simplemente no lo puedo describir.

—Tristeza por algo que fui, que después es reemplazado por un vacío…

y luego apareces tú —vuelvo a levantar la mirada.

Al hacerlo, ella ya me miraba con una curiosidad que muy pocas veces he visto en sus ojos—.

En quien veo mi propósito.

Tú me haces sentir vivo, Nefertary.

Desde que murió mi madre, solo he sentido cosas pasajeras.

Tú me haces sentir cosas eternas.

Tú provocas un huracán de sentimientos que me vuelve a la vida.

Esto jamás lo he sentido con nadie más.

Jamás había experimentado el odio, la reproducción, la satisfacción y el amor al mismo tiempo.

—¿Aún me odias?

—Podría jurar que vi algo de miedo en sus ojos ante aquella pregunta.

—Tal vez sí cuestionaba tus razones antes…

puede que en algún momento lo haya sentido.

Pero jamás lo hice por completo.

¿Cómo podía hacerlo…

cuando siempre has estado conmigo?

Le tomo del mentón y la beso.

El tacto de nuestros labios tiene una sincronía perfecta, como si siempre hubieran estado hechos el uno para el otro.

Esa lluvia de emociones que solo el roce de su boca provoca en mí…

mi adicción, una de la cual jamás me cansaría de consumir.

Al sentir cómo se aleja por centímetros de mí por aquella falta de aire, ‘que siempre he odiado en mi vida’ —¿Jamás me abandonarás?

-con una voz entrecortada.

—¿Cómo podría hacerlo, mi reina?

¿Cómo podría ser capaz de vivir sin ti?

—Una sonrisa genuina por parte de esta chica…

eso ya es ganarse la lotería.

—Te dejaré en la mansión y luego iré a la mía.

Es mejor que vayamos por separado.

—Vale, me parece.

Puse el auto en marcha, mientras Nefertary ponía una playlist de una banda italiana, cuyas canciones, a medida que se reproducían, iba tarareando.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Hogar dulce hogar.

Tenía un mes que no venía.

Solo me había topado con mi padre en restaurantes porque así lo ameritó el psicólogo, y a la vez, porque su tiempo para llegar a casa al almuerzo era imposible.

Por el momento, la relación era estable.

Algo incómoda en ocasiones, pero estable.

Aparto el vehículo, dispuesto a salir de él, aunque antes tomo una bocanada de aire.

Es estúpido, es mi propiedad, la conozco mejor que nadie…

aun así, me asfixian sus paredes.

Tal vez por el hecho de que siempre he sido solo yo, de que siempre estén vacías.

—Alguien vive aquí —digo apenas entro.

Enseguida se escuchan unos pasos provenientes de la cocina.

—¡Hijo mío, has vuelto!

—Aquella cara arrugada, pero tan conocida, me contagia su alegría.

—¿Cómo que he vuelto?

No sabía que me había ido de viaje, Lala —la abrazo y le deposito un beso en la frente.

—No, pero así parecía, Mathias.

—Bueno, ahora tengo una razón para venir aquí.

—Tu padre también debería ser una razón —fuerzo una sonrisa al escuchar eso.

—A él lo veo siempre en la hora del almuerzo, siempre y cuando no tenga algún tipo de negocio que tratar.

—Pero no es lo mismo que quedarte aquí, vivir con él.

—Como si él estuviera aquí.

Aparte, me siento muy bien con la familia Ibagon.

—Sí, ya me lo había comentado tu padre.

Me dijo en una llamada que te informara que no tardaría en llegar.

—Bien, entonces subiré a mi habitación para estar listo cuando llegue —le dedico una sonrisa.

—¿Te apetece algo para comer?

—Un licuado verde no estaría mal —esta pone una cara rara al escuchar mi respuesta.

—”Un licuado verde no estaría mal”.

Por lo general, me esperaba un sándwich, una hamburguesa o cualquier otra cosa, pero no un licuado verde —me cruzo de hombros.

Los gustos de Serene se me están volviendo un hábito.

—¿Qué puedo decirte?

Es lo que me apetece.

Ella solo se ríe y niega con la cabeza para luego desaparecer por donde apareció, mientras yo tomo camino hacia mi recámara.

Al entrar en aquella, está todo como lo dejé, a excepción de aquel traje que está sobre la cama.

Ignoro todo eso, dirigiéndome al baño.

Estoy dispuesto a tomar una ducha larga.

Reproduzco Spotify mientras se llena la bañera.

Toma algo de tiempo, en los cuales me quedo algo hipnotizado con el sonido del agua y el chorro de esta al caer.

Pareciera que no estaba el sonido de la música, o que simplemente jamás di play.

‘Podría pasar horas así, con solo pensar en una cosa y olvidar el resto’.

El toque a dos golpes sobre la puerta me saca de mi trance.

—¿Sí?

—Cierro el grifo y me dirijo a abrir la puerta.

—Tu licuado, cariño.

Aparte, te hice una ensalada de frutas para acompañarlo.

—Gracias, Lala —tomo la bandeja.

—Si necesitas algo más, no dudes en pedirme.

—Vale, lo tomaré en cuenta.

Vuelvo a entrar al baño con todo y bandeja, dejándola al lado de la tina.

Me despojo de mi ropa para entrar en ella.

El contacto de mi piel con el agua provoca una profunda calma en todo mi cuerpo.

Al cabo de unos minutos estoy disfrutando del ambiente, de la dichosa bebida que, sinceramente, no sé cómo me puede gustar esto…

o mejor dicho, cómo me acostumbré a esto.

Tal vez por ver a Natasha furiosa porque le he robado su último sorbo de su bebida preferida.

No logro entender el fanatismo que tiene toda la familia Ibagon por tomarlo, aunque ahora lo entiendo.

‘Esta cosa hace milagros en la piel’, especialmente con los benditos granitos de la frente.

‘Siempre había unos dos que les gustaba fastidiar mi existencia, pero ni rastro de ellos’.

Justo suena Like That de Corbyn Besson.

La simple letra me recuerda a ella, así que me dispongo a enviarle el link para que la escuche.

*Tal vez te guste El sonido de la notificación en mi teléfono aparece a los cinco minutos.

*Me gusta, pero tal vez me encante más si tú la cantaras -no puedo evitar sonreír ante aquel comentario.

*Puede que algún día la cante 🙂 *Esperaré ese día con ansias, entonces 😉 Me quedé mirando el móvil como un imbécil, sonriendo a aquel mensaje.

Es increíble cómo me tiene, literalmente a sus pies.

—Nefertary —susurro.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Al cabo de un tiempo me decido a salir de la bañera para vestirme.

No es mi estilo la vestimenta que llevo en estos momentos, aunque debo admitir que el negro grisáceo del blazer, con aquel chaleco gris, me luce muy bien.

Aunque no resalta mis ojos como lo hace el esmoquin negro.

Me dispongo a salir de la habitación para ir a la sala y esperar a mi padre allí.

Al llegar, me quedo de pie al lado de una de las ventanas que da vista al jardín.

‘¿Para qué un lugar tan grande, si siempre va a estar vacío?’ —Puedo estar viéndote, pero me cuesta creerlo —la voz de mi padre capta mi atención.

—¿En qué exactamente?

—En que quieras ir a un evento, sin necesidad de que te obligue a hacerlo y sea más porque te nace.

—Pues deberías empezar a acostumbrarte.

—¿Se podría saber ese cambio tan repentino?

Simplemente me cruzo de brazos.

No me interesa mentir, tampoco hablarle a medias el porqué de dicha acción.

—Bueno, mientras, avancemos a la salida.

—Acto seguido, salimos de aquel lugar—.

¿Qué tal la convivencia con la familia Ziegler?

—Es excelente —ambos subimos al auto, en el puesto trasero de este—.

Son muy carismáticos.

—Se nota que ese ambiente te ha afectado de una forma positiva…

—hace una pausa larga.

Por unos segundos pensé que no iba a decir nada—.

¿Qué relación tienes con la hija de Vanessa?

Espero que no sea una más…

—No es una más —lo interrumpo—.

Ni yo sé qué relación tenemos —literalmente, ya que también está Demir de por medio—.

Solo sé que ambos nos completamos de alguna forma.

—¿Se complementan?

No me digas, Mathias, que…

—Puede que sí -me lo pienso antes de seguir, porque en decírselo a él ya estoy reafirmando—.

Jamás, padre, una chica me había hecho sentir cosas tan fuertes.

Se me había olvidado el miedo de perder a alguien desde lo de mamá.

Ahora volvió a aparecer con ella.

—Solo te puedo aconsejar que no la dejes ir.

—Tampoco pretendía hacerlo —desvío mi mirada hacia la ventana del auto.

El silencio reinó en el ambiente durante lo que duró el trayecto.

Poco a poco se hizo más visible la vista del lugar.

Era exactamente como lo habíamos estudiado.

No había la posibilidad de un solo error.

Es hoy, es ya.

Salimos del vehículo para adentrarnos en los jardines principales del sitio.

Por más lujos que vea, siempre me sorprende el estilo que tiene cada uno.

Mi padre dice nuestro nombre y una de las chicas nos dirige hacia la entrada, donde nos recibe el anfitrión.

—Un gusto tenerte aquí, Ludwig —le dice un hombre de mediana edad a mi padre, quien lo recibe con un apretón de manos.

—Lo mismo digo.

¿Qué tal la familia?

—Muy bien, por allí te los encontrarás —aquel centra su atención en mi presencia—.

Pero qué rápido creció…

—Gusto en verlo —le extiendo la mano, pero este me jala para darme un abrazo que casi me arranca el brazo, como esas muñecas de Mattel.

‘Ni siquiera lo recuerdo al tipo’.

—El gusto es mío, hijo.

Dios, ya eres todo un hombre.

Justo en ese momento mi mirada se desvía hacia el frente.

En cual está…

joder.

Con un precioso vestido que le queda espectacularmente sexy.

Dejo de prestarle atención a lo que están diciendo y solo asiento como un imbécil, sin despegar la mirada de ella.

Puede que la vea todos los días, esté con ella casi todo el bendito día, aunque no todos los días tengo la oportunidad de verla así de radiante y espectacular.

No es que no lo sea siempre, solo que…

—¿Mathias?, ¿nos escuchas?

—aquello me saca de mi trance.

—Discúlpenme, caballeros, pero tengo que saludar a alguien —antes de que mi padre diga algo, me marcho del lugar para ir tras ella.

Al ubicarla mejor, noto la presencia de más personas a su alrededor.

A su lado, su madre, quien habla felizmente con el resto de la gente que está allí.

No diría lo mismo de Nefertary, quien se la pasa con una sonrisa impecable, como si fuera una decoración más en este lugar.

—¡Buenas noches!, señora Ziegler, caballeros, ladies —digo con mi mejor sonrisa, captando la atención de los presentes—.

Espero no estar interrumpiendo, pero necesito a Ibagon unos minutos.

—Para interrumpes, cariño —vaya que eso sí me sorprendió.

Aunque lo disimulen, en lo poco que he convivido con esa señora, jamás he visto un trato así con ninguno de los que vivimos allí—.

Claro, puedes llevártela antes de que se aburra de nosotros.

El resto de los presentes se rió de aquel comentario.

Yo no perdí el tiempo, asentí con una sonrisa para luego irnos al jardín, donde el movimiento era menor.

—Ya no los aguantaba más, Dios —soltó a la primera oportunidad—.

¿Dónde está el imbécil de Lorenz?

Estaba por responder, lo juro, pero mis pensamientos estaban en otro lado.

Lo bellísima que se ve con aquel vestido color champán ajustado a su cuerpo, con una apertura en su pierna izquierda; aquellos pliegues que este contenía, dándole ese toque juvenil pero atrevido al mismo tiempo, como si simplemente fue hecho para ella y nadie más.

Luego estaban esas ganas de quitárselo, porque aunque le quedara jodidamente sexy, me moría de ganas por follármela.

—¿Me estás escuchando?, ¿podrías dejar de mirarme como si fuera un cupcake?

—eso me hizo establecer el contacto visual nuevamente.

—Créeme que si fueras un cupcake, ya te hubiera quitado el envoltorio y te estaría devorando ahora.

—aquella mirada se suavizó.

—No estábamos aquí para eso, Ludwig.

Di unos pasos más para quedar lo suficientemente cerca y sujetar su cintura con mis manos, atrayéndola más a mí.

Esta no protestó ante dicha acción.

—Créeme que estoy esperando con ansias a que esto termine para tener toda tu atención.

—antes de que protestara, la besé.

No se resistió, simplemente siguió el compás de nuestras bocas moverse, el roce que tenían nuestras lenguas y las sensaciones que estas despertaban.

Si su sola presencia era un acto de tentación, el contacto con su piel ya era pecado.

Rompí aquel roce de nuestros labios por la bendita falta de aire, y mientras trataba de recuperarlo, me dirigí a su cuello para depositar un beso en él.

—Joder, Serene, ¿te he dicho lo jodidamente sexy que te ves en ese puto vestido?

—comenté en un susurro—.

Me estás torturando sin ni siquiera estar lastimándome.

—Volvía a besarla, pero el sonido de alguien aclarando la garganta nos interrumpió.

—No es un prostíbulo, si querían saber.

—La estúpida voz de Michael hizo que tomáramos distancia.

—¿Dónde carajos estabas metido?

—Acabo de llegar.

—hizo una mueca—.

¿Ustedes no deberían estar pendientes del objetivo de hoy?

—Ni siquiera ha llegado.

—comentó Nefertary.

—Claro, cómo están muy al pendiente.

—Ironizo.

—Explícate, Lorenz.

—le exigí.

—Acaba de llegar, por si no estaban enterados.

—Es mejor que regresemos.

—dijo Ibagon.

Ninguno de los tres se movió del lugar, así que tomé la iniciativa de volver al salón.

Ellos no tardaron en imitar la acción, cada uno de ellos volviendo con sus familiares.

Para mi suerte, mi padre estaba justo con Vladi.

—Ah, mira, aquí está de quien te hablaba.

—anuncia mi padre ante mi llegada—.

Mathias, él es el señor Hildebrandt.

—extiendo mi mano para saludarlo.

—Gusto en conocerlo.

Su última arquitectura en Dubái ha sido toda una obra de arte.

—aquello sorprendió a ambos.

—El placer es mío.

—miró a mi padre—.

No sabía que a tu hijo le interesaran este tipo de cosas.

—Ni él, que ese tipo de cosas me interesaran.

—dije, captando la atención de ambos—.

Me gustaría poder ir a verla, aunque en estos momentos el instituto no me lo permita.

—Los jóvenes de hoy son muy impredecibles.

—comenta mi padre—.

Ya lo harás en las vacaciones.

—Yo me comprometo a darles el recorrido por las instalaciones, claro, solo avísenme con anticipación, para que no se junte con otros asuntos.

—No es para tanto, Vladi, eres un hombre ocupado.

Aparte, es comprensible que algún inconveniente se te presente.

—Concuerdo con mi padre, no quería quitarle su tiempo.

‘Y mucho menos del que no tendrá en ese futuro.’ —No lo estarías haciendo.

Para mí, que los jóvenes se interesen en ese tipo de cosas es muy interesante, conociendo la juventud de ahora que poco interés tiene por el arte.

—Eso es verdad.

La evolución puede ser buena en algunas ocasiones, pero a veces olvida y no aprecia lo esencial.

—Antes de que siguiera la conversación, el sonido de una copa siendo golpeada con un cubierto llamó nuestra atención.

—Buenas noches, cordiales saludos.

Espero estén disfrutando de esta linda velada.

Los invito a dirigirse al jardín para tomar asiento y participar de la subasta de beneficencia para los más necesitados.

El personal de bienvenida los guiará al lugar.

Dicho eso, unos hombres y mujeres vestidos del mismo color azul marino nos guían hasta nuestras mesas, quedando con la señora Vanessa, que saluda a mi padre, este a ella, y luego a su hija y a otro par de personas que le tocó sentarse con nosotros.

Todos tomamos asiento.

Procuro quedar al lado de Ibagon.

Cuando ya todos están en sus respectivos lugares, el mismo señor vuelve a anunciar otro discurso, pero este comienza con uno de iniciación.

Mis ojos buscan a la silueta de Vladi, quien le tocó sentarse con la familia de Lorenz.

Creí que seríamos solo nosotros quienes vendríamos a esto, pero al parecer todos los invitados quisieron venir con sus hijos adolescentes, un punto a nuestro favor.

—Vamos bien hasta el momento.

—le susurro en su oído y, de paso, le dejo un beso en el cuello.

Los minutos siguieron avanzando, presintiéndolos cada vez más lentos.

Habían pasado ya como unos cuatro objetos de valor, que me parece una locura pagar por ellos, lo cual me hizo recordar a Henry, quien sin duda estaría aquí si fuera de sus benditos autos clásicos.

No le importaría quedarse en bancarrota por ellos.

Al cabo de un rato, el objetivo se levanta de su asiento.

Volteo a mirar a Nefertary, quien ya estaba enviando el mensaje.

Era ahora o nunca.

La mejor oportunidad la tenemos: las cámaras deben estar reproduciendo una grabación, sustituyendo la del momento.

La mayoría del personal y seguridad son infiltrados.

El punto final es Demir y Rithne, quienes son los encargados de que todo el plan finalice como lo concordamos.

Ya había pasado un tiempo largo y él no regresaba.

Los nervios de ella aumentaban, siendo testigo mi pierna, la cual tenía que aguantar sus agarres sin tener que ponerle doble sentido a la cosa.

—Hemos finalizado con la subasta.

Le agradecemos el apoyo.

Ahora en la sala les espera una hermosa velada, con una excelente banda y, claro, el delicioso banquete.

—Todos rieron ante el último comentario.

Cuando estaba por ayudar a Serene a levantarse, esta recibe la notificación que tanto habíamos esperado.

Era buena señal: ya habían cambiado de auto, desapareciendo el anterior e irse en uno nuevo, emprendiendo camino hacia la cabaña.

—¿Podrías disfrutar de lo que queda de la noche?

—extiendo la mano y esta la acepta.

—No veo por qué no.

—le dedico una sonrisa de aprobación.

Volvemos a la sala de aquella mansión.

De paso se nos une Michael, a quien al dedicarle un gesto, relaja su cuerpo.

Al parecer todos estamos tensos, poco más y el imbécil de Osoclu nos mata de tanta tensión.

—Bueno, los veo, disfruten de la velada.

—Totalmente un imbécil.

—suelta Nefertary al verlo irse.

—No sé qué te sorprende, siempre lo ha sido.

Fuimos por unos bocadillos, quedándonos un buen rato allí con otros chicos de nuestra edad, hablando de lo poco entretenido que ha sido esta “actividad”, comentando las razones por las que hemos venido…

o mejor dicho, que la mayoría ha venido por conveniencia de algún trato que hicieron con sus padres.

Al escuchar esa melodía, no puedo ni siquiera resistirme, ni siquiera le pregunto y la tomo del brazo para llevarla a la pista.

Al llegar allí, coloco mis manos en su cadera, atrayéndola a mí.

Esta reposa sus brazos en mis hombros, quedando cara a cara, sintiendo aquella respiración tan pesada de ambos.

—Solo le falta la letra, aunque ese no será el problema.

—una sonrisa sin falsedad, ‘esa que me fascina, por la cual daría todo’, ilumina su rostro.

Y así es como seguimos, nuestro cuerpo al compás de aquella melodía, mientras le canto.

Aquel rostro es tan angelical, genuino.

No dudo ni por un instante que lo está disfrutando tanto como yo.

Desde que escuché aquella canción, mi alma me pedía a gritos que la bailara con aquella persona que solo me hacía sentir eso.

—When you’re so in love (oh, when you’re so in love) And your souls touch (oh!) But it’s still not enough Where does it go?

(Whoa, hey) Where does it go?

Nobody knows (hey, nobody) Where the love goes —Y eso fue Nobody knows.

¿Y por qué no cerrar con un beso?

De todos modos, no todo puede ser perfecto, no todo puede tener un final feliz.

Y eso es justo lo que quiso interrumpir el bendito y estúpido móvil, que nos hizo separarnos.

Al momento que saqué el celular de mi bolsillo y vi el glorioso nombre, puse los ojos en blanco.

~¿Qué pasó ahora, Osoclu?

~¿Tienes a Nefertary contigo?

~¿Por qué?

—podría negarme, aunque eso sería un drama, una pérdida de tiempo y estaba harto de eso.

~Es urgente.

—me le quedo mirando por unos instantes.

—¿Qué te dijo?

—pregunta con un tono neutral.

—Que es urgente.

—le extiendo el móvil y esta no duda en agarrarlo.

—Dime.

Solo tuvo que decir eso para que su rostro cambiara.

Sus ojos ahora simplemente parecían estar sumergidos en el odio.

Conociéndola bien…

nada está en su respectivo lugar.

Al parecer el caos siempre reina.

—¿Qué ocurrió?

—abrió su boca, pero solo se quedó así—.

Nefertary, dime qué pasó.

—De…

Demir…

Mathias…

Antes que pudiera exigirle que se especificara más, un hombre grita “¡Cúbranse!”, y al mirar al frente, hay una banda de hombres con armas.

Atraigo a Nefertary hacia mí, volteándome para protegerla.

Lo siguiente que se escuchó fueron gritos seguidos de los disparos.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns ¿Se esperaban un cierre de capítulo así?, pues les digo que esto se va a poner cada vez más bueno porque ya entramos a las grandes ligas de tensión y drama total aquí así que pues…

puede esperar de todo en estos próximos capítulos

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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