Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lo Que Nadie Ve - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lo Que Nadie Ve
  4. Capítulo 32 - 32 Capítulo 31
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

32: Capítulo 31 32: Capítulo 31 MICHAEL Who’s in control of the game?

Un bendito “¡cúbranse!” fue todo para que el puto infierno se desatara.

El sonido de aquellas armas disparando parecía eterno.

Hasta que cesaron.

Hubo un silencio infernal que nadie trató de romper.

Una cosa es ser el carnicero y otra muy distinta, el bendito ciervo en una masacre.

Claro estaba que eso era esto.

—¿Se han ido?

—preguntó alguien cercano.

Levanté mi mirada para ver.

Se habían ido como unos putos roedores.

No tardaron en llegar los murmullos y quejidos de dolor.

Claro estaba que las personas que estaban más en las esquinas, cerca de las ventanillas, fueron las más afectadas.

—¿Estás bien, Mich?

—pregunta mi madre, quien me examina con la mirada.

Su rostro de preocupación era evidente.

—Sí, madre —le digo despreocupado.

Esta me abraza, mientras mi mirada busca a Ibagon y Ludwig.

Todo es caos, una completa locura.

Los gritos no cesan, solo incrementan.

Algunos con sus móviles están llamando a emergencias o a la policía, tal vez.

No tardo en distinguirlos entre aquella multitud.

Me separo de mi madre y justo aparece mi padre, quien suaviza su mirada al vernos.

No piensa ni un segundo en abrazarnos.

—No saben lo aterrado que estaba de que…

—Estamos bien —lo interrumpo—.

Por suerte estábamos lejos de las ventanas.

—No lo hubiera soportado si…

—Pero no pasó —esta vez mi madre lo interrumpe—.

Gracias a Dios…

no pasó.

El ruido de las sirenas ya abarca el ambiente.

Cuando volví a mirar aquel lugar, ellos ya no estaban.

No tardan en entrar los paramédicos, con ellos algunos miembros de la policía.

Mis padres y yo salimos.

Al sentir el azote de la brisa fría de la noche, mi piel no dudó en reaccionar como si estuviera poniéndose en alerta de algún enemigo que podría estar por allí.

Aunque lo más probable era que lo estuviera.

Si adentro era una locura, acá más.

Los medios comenzaban a llegar para cubrir el evento tan trágico o exótico que ha pasado en toda Suiza.

Se nos acerca un oficial, quien nos dice que antes de irnos tenemos que pasar a declarar y, de necesitarlo, hacernos un chequeo médico también.

—Luego vuelvo —les aviso cuando mis ojos se topan con los de Nefertary, cuya expresión es una total confusión.

—¿A dónde vas?

—pregunta mi madre, quien me toma del brazo.

—No tardaré, solo iré a ver cómo están mis amigos —puedo ver el debate interno que tiene en los ojos, aunque al final cede.

—Bien, pero no tardes —solo le dedico una sonrisa falsa.

Tomo camino, esquivando a algunas personas que están en mi paso, hasta llegar a ellos.

—¿Qué carajos te pasó?

—pregunto al ver que el hombro de Mathias está empapado de aquel líquido carmesí.

—Es que estábamos jugando a quién le daba la bala primero, pensé que tú también lo…

—Nefertary —la interrumpe su madre, cuya expresión está vuelta un caos terrible—.

No estamos para bromas ahora, necesitamos un médico.

—Ya les dije que no es para tanto, ni siquiera me duele tanto.

—Igual, primero que te revisen.

Después veremos —habla su padre.

—¿Y dónde está un puto médico aquí?

—eso fue más una orden que una pregunta.

—Nefertary, por favor, modera ese…

—’Ningún modera ese’, mi novio tiene más posibilidad de vivir que esos parásitos que están allá, y prefieren esos ineptos salvar al muerto que al vivo —suelta entre dientes.

La cara de su madre quedó como un papel.

La de Mathias…

él simplemente está igual que yo: confundido por su reacción o sorprendido.

El padre de este estaba como en shock, como si de verdad la hubiera oído hablar con esas palabras.

Justo pasa un paramédico.

Lo retengo para que vea a Ludwig.

Este me mira con extrañeza, examinándome a la vez, luego ve a mi alrededor al verdadero herido.

—Venga conmigo.

Suelto su agarre para que pueda dirigirse hacia Mathias.

Todos los seguimos hasta una de las ambulancias que están en una de las esquinas del parqueadero, donde están atendiendo a personas con heridas leves.

Otro hombre se le une para ver el hombro izquierdo de Ludwig, manchado de sangre.

Nos quedamos a una distancia prudente.

—Llama a Steven, dile que tienen a Demir —me dice en un susurro.

Y noto su mirada de preocupación.

‘¿¿¿Preocupada???, ¿la gran Nefertary Ibagon preocupada?’.

Mi cerebro tarda en hacer clic y atar todo.

Mierda, el plan se ha jodido y ahora estamos en algo más grosso.

Sin pensarlo dos veces me aparto del grupo y saco el móvil para buscar su número.

Al verlo, no dudo en presionar el botón de llamada.

Este tarda unos segundos en responder.

~¿Dígame?

~Todo fue una mierda, Steven.

~¿A qué se refiere, joven?

~Tienen a Demir y no dudo que a Vladi incluido, así que ya puedes imaginarte cómo está ella.

Prepara todo, no tardaremos mucho.

Cuelgo y vuelvo a donde está Nefertary.

—Tuvo suerte —dice el tipo que atiende a Ludwig—.

La bala solo le rozó el brazo.

Tal vez tenga leves dolores que se solucionarían con analgésicos.

—Les dije que no era para tanto.

Ahora la prioridad es…

—Es descansar, Mathias —lo interrumpió su padre.

—No —se levanta de la camilla donde había estado sentado, pasa por un lado hasta quedar enfrente de Ibagon—.

Tenemos que ir, antes de que sea tarde.

—Pero…

—Él tiene razón, Nefertary.

Estamos cortos de tiempo —la interrumpo.

—Pero no estás bien.

—Estoy perfecto, solo fue un rozón —ella duda unos segundos y asiente.

—¿A dónde van ustedes?

—Con un amigo, ya había quedado antes de venir aquí —su padre saca una sonrisa irónica.

—¿Te estás oyendo?, casi pierdes la vida y en lo único que piensas es en una puta fiesta, Mathias…

yo la verdad que no lo puedo creer.

No vas a ir a ningún lado.

—¿Por qué?, ¿porque lo dices tú?

Como siempre, has estado tan atento a ‘mi vida’.

Me voy a esa ‘puta fiesta’ a festejar que no estoy muerto y de lo patético que se ve mi padre dándome órdenes.

Eso fue el vaso que colmó la paciencia del señor Ludwig, quien le da una bofetada a su hijo.

La señora Ziegler finge estar sorprendida ante aquella escena.

Mathias procesa lo que acaba de suceder por unos segundos para luego volver a ver a la cara al señor.

Aunque esta contenga una mezcla de dolor y odio en sus ojos, su semblante es totalmente indiferente.

—Al final, padre, sigues igual que siempre —dice entre dientes.

Con eso se retira, seguido de Nefertary, y yo imitándolo.

Se pueden oír los gritos de este llamándolo, haciéndome mirar hacia atrás.

La señora Vanessa trata de contenerlo o calmarlo.

‘¿Acaso ningún adolescente se salva del drama familiar?’.

Mientras seguíamos avanzando, visualicé a mis padres, quienes no se percataron de mi presencia, cosa que agradecí; no quería hacer otro drama solo para zafarme de ellos.

Podríamos haber salido por alguna de las otras salidas que tiene la propiedad, pero sería sospechoso, así que optamos por escoger la principal, pasando por todo el interrogatorio de los periodistas que querían información de los hechos.

Ibagon me había entregado las llaves de un auto que estaba a unos seis kilómetros fuera de la propiedad, así andábamos como tres críos en medio del caos, caminando como si nada hubiera sucedido.

—¿Cómo fue que sucedió?

—pregunto, tratando de romper el silencio.

—No tengo ni idea.

Lo que sé es que esa rata miserable me las va a pagar muy caro, y hay donde le toque un pelo a Osoclu…

—Yo creo que eso ya ocurrió —esta me mira con una cara de desaprobación.

—Lo de la llamada y luego los disparos no eran coincidencia.

—Es que no lo fueron —hace una pausa—.

El muy imbécil, aparte de decirme que tiene a Demir y agradecerme por darle también a Hildebrandt, me dijo que disfrutara del regalo que me había enviado.

—O sea que lo de Vladi solo fue una coincidencia o suerte —opino.

—Lo más probable, Lorenz.

También debe ser el mismo quien planeó el asesinato de tu padre, Nefertary.

—De eso no hay duda.

El parásito inservible me ve como una amenaza, si no, no estaría tomándose tantas molestias.

Antes de que pudiera decir algo, mi móvil empezó a vibrar.

Lo saqué del bolsillo para contestar.

~¿Sí?

~Tenemos la ubicación.

Ya vamos en camino.

~Espera —le extiendo el celular a Ibagon.

~¿Dime?

—le pregunta a Steven—.

Pueden ir avanzando, pero mantengan una distancia prudente.

No harán nada hasta que yo llegue —cuelga y me lo da.

—¿Cómo consiguieron su ubicación tan rápido?

—Ludwig no era el único que lo pensaba.

—Rastrearon el móvil de Osoclu, obviamente todo es intencional.

—¿Pero para qué tomarse tantas molestias?, ¿cuál sería la gracia entonces?

—pregunto yo.

—¿No es obvio, Michael?

Ellos quieren guerra, caos y, si es posible, acabar con nosotros también.

Aquellas palabras de Mathias contenían claramente la verdad.

Siempre lo hemos estado, solo que ahora ya estamos en el campo de batalla.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Quedaban aproximadamente unos trece minutos para llegar al sitio donde estaba Demir.

Antes de eso, nos habíamos cambiado de ropa en un puesto de una gasolinera.

Yo conducía lo más rápido posible.

El ambiente era tenso, más cada vez que Nefertary me preguntaba cuánto tiempo faltaba para llegar.

‘Al parecer, cada monstruo tiene una debilidad’.

Sin duda acabo de descubrir cuál, o cuáles, son las suyas.

Al llegar al punto de encuentro, parqueo el vehículo a un lado de la carretera.

Soy el último en salir de este para reunirme con Nefertary, Steven y otros hombres que están a su alrededor.

—¿Qué novedades tienes?

—le pregunta.

—Lo más probable es que lo tengan en el tercer piso.

Calculamos que pueden tener la misma cantidad de hombres que nosotros.

Los tenemos rodeados por el momento…

obvio deben saber que ya estamos aquí…

solo que…

—este deja la frase en el aire.

—Prosigue —le ordena.

—Es…

¿por qué no nos han atacado?

—ella sonríe ante aquella pregunta.

—Es obvio que esperaban mi presencia.

¿Y para qué hacerlos esperar ahora?

—hace una pausa para mirar al resto—.

Preparen sus mejores armas, tomen municiones de más, porque hoy, caballeros, vivimos o morimos —aquella sonrisa torcida salió a flote ante esa última palabra—.

Que nuestro querido Lucifer nos acompañe y nos guarde.

Dicho eso, uno de los tipos abrió el maletero de uno de los autos, pasándole armas a los demás de todo tipo.

La gran mayoría de ellas siendo HK MP5, Glock 17 y escopetas Benelli, con sus municiones extra como las demás.

Nefertary se acerca al vehículo y toma de él una Walther PPK plateada.

Toma dos armas aparte de esa, que oculta en su cadera.

Extra, toma dos dagas que guarda, una en cada una de sus botas.

Mientras, yo opto por una Desert Eagle .50 AE.

Esta bebé es perfecta para un día como hoy.

Ludwig, por otro lado, toma una HK USP 9mm personalizada.

Ibagon le pasa a este dos cargadores extra.

Mientras avanzamos por los Alpes suizos, podíamos ya visualizar mejor aquel almacén abandonado.

Nefertary le da una señal a Steven.

Este solo asiente para separarse de nosotros.

Ibagon levanta una de sus manos para luego cerrarla, acción que interpretan los demás como “deténganse y agáchense”.

Ahora todos estamos viendo la sombra o silueta de Steven, que va a los interruptores de electricidad.

Desde aquí, algunos hombres le cubren la espalda.

Segundos después, la luz cae, al mismo tiempo que seguimos, liderando el paso nada más y nada menos que el cisne mudo, seguido de Ludwig y mi persona.

Al llegar por la parte trasera del lugar, cada uno es mandado por diversas partes de esta, según da las órdenes Nefertary con su mano izquierda.

Nosotros tres nos quedamos juntos: yo a la cabeza, Ibagon en el medio y Ludwig cubriéndonos la espalda.

—Tres, dos, uno.

Que el show comience —aquel susurro fue solo el inicio para que el lugar comenzara a reproducir una canción— Love is God for the freaks We’re a mess but we’re sweet Holy hell, crooks and thieves We don’t pray on our knees Termina.

En eso no tardan en aparecer dos tipos, a los cuales no dudo en apretar el gatillo y darles a ambos en la cabeza.

Sus cuerpos caen desplomados al aire mientras que el eco de los disparos desaparece por el pasillo, siendo reemplazado por otros provenientes de otros puntos.

A medida que la canción avanza, nosotros también, topándonos con más intrusos en nuestro camino.

Al mismo tiempo los derribamos con presión, pasillos que pasamos, decorados por aquel líquido color carmesí proveniente de aquellos cadáveres.

A mi vista localizo a uno, al cual, al presionar el gatillo, el sonido se convierte nuevamente en música para mis oídos.

Aunque esta falla e impacta con un ventanal, aún así, su hermosa melodía no pasa desapercibida.

Ya nos encontrábamos en el segundo piso.

Algunos de los hombres de Nefertary se habían topado con nosotros.

Esta no tardó en hacer una señal para que estos tomaran otro camino.

Sin objeción alguna, simplemente acataron la orden.

Antes de subir al último piso del almacén, nos habían preparado una emboscada.

Si no hubiera sido por un tipo que se nos adelantó y fue quien recibió varios impactos de bala, nos habría costado.

Nos cubrimos al lado contrario del pasillo, lo que les dificultaba la visión a estos.

Al responder de la misma manera, la escena se convierte en un intercambio de disparos que solo impactan con las paredes o con todo lo que haya a nuestro alrededor, menos cuerpos.

—Paren —y así lo hacemos—.

¿Con cuántas cuentan?

—Seis —le dice Ludwig.

Yo examino mi arma.

—Cuatro —digo finalmente.

—Bien, dejemos de desperdiciarlas entonces.

—¿Y tú?

—Una.

Al escuchar su respuesta, supe que estábamos en apuros, y más aún cuando se escuchaban unos pasos que provenían de aquel pasillo.

Miré primero a Mathias, luego este miró a Nefertary.

Esta le devolvió la mirada y, seguido, la miré a ella, que se desvió de Ludwig para encontrarse con la mía, y enseguida supe lo que quería hacer.

Era simple: no teníamos otro camino, solamente esperar.

Esperar a que estuvieran lo suficientemente cerca y disparar.

No se necesitaba mucho tiempo, solo segundos para tenerlos a la vista.

Ludwig se había puesto al lado mío.

Levanté mi arma y apunté al objetivo.

Mathias hizo lo mismo, pero con el otro sujeto.

Le hice una señal de que a la cuenta de tres disparábamos.

Mientras mi mente hacía el recuento, mi respiración estaba hecha un caos.

Cuando llegó el momento, ambos ejercimos la presión adecuada en el gatillo.

Las balas salieron con una velocidad que el ojo humano no puede ver, aunque sin error alguno impactaron sobre el cuerpo de aquellos hombres.

Uno de ellos se desplomó sin más al suelo.

Al momento que cayó, la sangre no dudó en salir de su cabeza, manchando aquellas baldosas.

Aun la visibilidad era nula; la luz de la luna, de igual forma, se colaba por las ventanillas.

Mientras tanto, el otro disparo impactó en la clavícula, lo cual provocó que el tipo se tambaleara un poco; sin embargo, no cayó.

Mathias no dudó en reaccionar: volvió con otro disparo que esta vez sí impactó de lleno en el maxilar.

El chorro espeso de sangre no dudó en salir.

Los fragmentos de huesos fueron expulsados de su cuerpo como si no pertenecieran allí, como una puta explosión volcánica, decorando el área.

Ahora solo parecía un maniquí con ojos desorbitados.

Su mandíbula colgó de una forma grotesca, mientras aquel líquido rojo hacía un burbujeo ahogado que intentaba salir de su garganta.

Así, solo los segundos fueron haciendo que cayera como una hoja al desprenderse de su rama.

—Sin duda ha sido el mejor —comento en un susurro.

Hay que admitir que el muchacho, de ser un crío inseguro meses atrás, ha tenido una evolución sorprendente.

‘¿Qué lo motivará tanto?’ Esperamos…

sí, claro que esperamos.

Del otro lado solo había silencio.

Aun así, no avanzamos.

Nefertary se puso adelante de nosotros, sacó algo de su bolsillo y lo tiró, cuyo objeto sonó como una pelota al caer al piso, pero esta era más grande, pesada y pequeña.

Aun así, los delató.

Nuevamente, el pasillo fue empapado por el ruido.

—¿Dónde carajos está Steven cuando lo necesito?

—dejó entre dientes Ibagon.

Silencio fue lo que vino después, aunque este no duró nada.

Al momento se escucharon pasos seguidos de disparos a lo loco.

Nefertary disparó.

Se escuchó un quejido de dolor.

La jalé a un lado para poder ver y apuntar; acto seguido, eso fue lo que hice.

Uno, dos, fueron los que cayeron.

Una bala solo rozó a uno de ellos.

Mi arma ahora era inútil oficialmente.

Miré a Ludwig, me hice a un lado, y este presionó el gatillo contra aquellos tres hombres que aún estaban de pie.

Por lo último que vi, estos se estaban cubriendo con los cuerpos de sus compañeros ya muertos.

Cuando Mathias soltó el tercer disparo, el terror no dudó en asomarse a mi cuerpo.

—¿Cuántos son?

—pregunté en un susurro.

—Dos —respondió en el mismo tono, aunque su voz se escuchó un poco más grave de lo normal.

No lo culpo, estaría igual.

Una puta bala para dos malditos cuerpos armados y con más cargas que nosotros.

Este se preparó, dio un suspiro y tiró.

No se oyó nada.

No hubo nada.

—Tenemos que largarnos de aquí ya —dije.

—Yo no pienso salir de aquí sin Demir —contraatacó Ibagon.

Estaba por mirarla cuando mi vista se dirigió al fondo del pasillo, donde aparecieron unas siluetas detrás de ella.

Sin duda era Steven con otros hombres más.

Miré a Nefertary, pero esta ya le estaba dando la orden de que avanzaran, y así fue.

Nosotros retrocedimos y les dimos paso.

Terminaron de exterminar a los dos imbéciles.

Esta vez ya teníamos el camino libre.

Los secuaces de Ibagon nos dieron unas nuevas armas para seguir, teniendo acceso a las escaleras y estar, al fin, en la última planta.

Nos adentramos un poco, antes de que nuevamente el escándalo comenzara.

Puedo decir que ya ni se escuchaba la playlist de Ibagon, solo eran nuestras respiraciones, pulsos, balas y gritos de dolor.

No sé cuánto duró hasta que algunos miembros de nuestro bando avanzaron, diciendo a la vez: despejado.

En medio del lugar nos detuvimos en seco.

Ya que había un cuerpo guindando.

Al principio pensé que era Demir, pero a medida que nos acercábamos, este tenía saco.

Su compostura no cuadraba con la de Osoclu.

—¿¡Vladi?!

—habló Ludwig.

Y efectivamente, era él.

Colgado con un gancho oxidado, con la cabeza ladeada, cuya figura se estaba balanceando, con un hilo de sangre que descendía de su pecho, como si aquello fuera un camino por el cual recorre el agua hasta llegar a sus pies, provocando un charco de aquel líquido en el suelo frío.

Nefertary se acercó a este para tomar lo que parecía ser una nota, pero esta estaba en la boca abierta del cadáver, sujetada con lo que parecía ser una daga diminuta que atravesaba su lengua.

Ella se lo quitó como si fuera algo común, ‘el pan de cada día’.

—”Tic tac, tic tac, el fuego se asoma y la muerte ya está contigo”.

Terminó de anunciar, provocando que otro escalofrío —’por tercera o décima vez’— recorriera toda mi espalda, tensando mi mandíbula.

—Tenemos que largarnos, Ibagon —comprendiendo que esto va a explotar en cualquier momento.

—No pienso ir a ningún lado —mencionó todo con una pausa para que le entendí…

como si ni siquiera supiera dominar el idioma.

—¿Es que acaso no entiendes?

¡Esto va a hacer boom, nena, en cualquier momento!

—¿Y?

Eso lo hace más emocionante, Lorenz.

En aquella oscuridad se pudo ver cómo se le formaba una sonrisa torcida en el rostro.

Puso la nota en su lugar para luego seguir avanzando.

—¿Acaso no vas a decir algo?

—le susurro a Mathias.

Este solo me mira y se cruza de hombros.

—¿Desde cuándo tan temeroso, Mich?

—Este siguió caminando.

Lo que faltaba, otro loco a la altura de Nefertary.

Sin duda el compa ya expiró.

Doy un suspiro y avanzo para estar con el resto.

No sería el único gilipollas que saldría sin huevos ni saldría de aquí corriendo en busca de mi mami.

Llegamos a lo que parecía ser una oficina, pero esta estaba trabada.

Dentro de ella provenía el ruido de una persona.

—Es Demir.

Abre de una puta vez, Steven.

—¿Cómo estamos seguros de que es él?

—pregunté.

Sin duda me arrepentí al ver su cara de fastidio total.

—Claro, será que es el fantasma de la propiedad al cual lograron capturar, honey —irónica como siempre.

Steven completó su orden.

Soltó un disparo a la cerradura de la puerta, la abrió con cuidado para después apreciar a Osoclu, guindado, atado y sin duda golpeado.

Algunos tipos se apresuraron a desatarlo.

Ibagon se apresuró a él y, antes de que pudiera decir algo, esta lo besó.

‘Pues sí, algunos tienen una suerte increíble’…

mientras otros…

Veo de reojo a Ludwig, quien sin más se tensa.

Su mandíbula se ve más apretada de lo normal.

Sus puños están cerrados, pero no hace nada porque no tiene “derecho a reclamarle”.

—мой северный полюс —dice en su lengua para separarse de ella—.

Tenemos que salir de aquí ya.

—Eso fue lo que le dije…

—Acaban de activar la bomba cuando abrieron esa puerta —me interrumpe para terminar él.

—¿Cuántos minutos tenemos?

—le pregunta Nefertary, a medida que salimos del sitio para estar en los pasillos.

—No lo sé.

No quisieron soltarme ese dato.

—¿Puedes tú solo?

—le pregunta ella, al verlo cojear un poco al caminar.

—Sí.

Solo apresurémonos.

Seguimos a paso apresurado.

Por un instante pude ver que este mira hacia una de las ventanas, lo cual me hizo dirigir la mirada también.

Todo fue tan rápido que solo quedó como pequeños flashbacks, donde Osoclu se le lanza encima a Mathias, luego el sonido de un disparo, acompañado con el grito de Ibagon, seguido de más disparos por parte de nuestro bando.

Como si no fuera suficiente, la sangre empieza a salir de su cuerpo.

Me acerqué a estos, al mismo tiempo que Ludwig se acomoda para luego poner a Demir en sus piernas.

Le tomé el pulso, el cual estaba desvaneciéndose con cada segundo, hasta que empezó a toser, votando —por así decirlo— la sangre, la cual manchaba sus labios.

—Cui…

cuídala…

por mí.

—dice con su último aliento a Ludwig, quien está en estado de trance aún.

Pero, ¿quién no lo estaría?

Yo estaba igual.

Una cosa es matar a alguien que no tiene nada que ver contigo y otra, ver a esa persona morir con el que compartías momentos.

—NOOO.

—grita Nefertary al ver cómo su cabeza cae a un costado de los brazos de Mathias.

—Noo, noo Osoclu, tú no…

no puedes hacerme esto.

Ella niega al mismo tiempo que sus ojos son un mar de lágrimas que conocen muy bien el camino para llegar hasta su libertad.

—Nefertary…

—digo al no sentir ya su pulso; esta niega con su cabeza.

—No…

no, él me prometió que siempre estaría a mi lado.

-Esta mira a Mathias.

—¿Es solo un sueño, Ludwig?

—Este contiene el aliento; puedo ver la tristeza o esa empatía que tiene por ella.

—Serene…

esto es…

es la realidad.

Ella solo niega, una y otra vez.

‘¿Alguna vez han visto a un monstruo vulnerable?’, porque yo he tenido la desdicha de saber cómo nos pueden herir…

cómo podemos pasar de ser las peores personas de la humanidad a ser solo simples, comunes y patéticos humanos.

—Tenemos que irnos, señorita, no tenemos tiempo.

—No, no me iré a ningún lado, no sin él…

no puedo dejarlo.

—Su mirada se mantenía firme, fijada a la de Osoclu, viéndolo como si solo durmiera.

—¿Podríamos llevar el cuerpo?

-pregunta Ludwig, con una voz entrecortada.

—Nos atrasaría, tenemos que salir ya, no sabemos si solo nos quedan segundos.

Solo éramos nosotros cuatro, o mejor dicho tres, ya que nos tocaría llevarlo a arrastras; los otros se habían ido persiguiendo al tipo que le había disparado a Osoclu.

—Nefertary…

—No, prefiero morir antes que salir sin él, Mathias.

—Lorenz.

Me levanto del lugar para agarrar a Ibagon por la espalda para que no ponga tanta resistencia, aunque esta patalea y trata de liberarse, a la vez que yo ejerzo más presión.

—Suéltame.

—grita.

—¡Suéltame, Lorenz!

—No lo hará, no hasta que todos estemos fuera.

—dice Mathias ya incorporado, a la vez que le hace una señal a Steven para que me ayude.

—Tú no puedes hacerme esto, Mathias, ¿acaso ya no me amas?

—Justo por eso lo hago.

—Casi se le rompe la voz ante aquella última palabra.

—Llévensela.

Esta se usa a avanzar; su resistencia no dura mucho, ya que la fuerza que ejercemos la hace moverse, o mejor dicho, deja que la arrastramos mientras que corremos a toda velocidad con Ludwig atrás de nosotros.

Bajamos al segundo nivel esquivando los cuerpos que estaban en los pasillos, el sonido de nuestros pasos, respiraciones agitadas, los gritos y maldiciones de Nefertary; cuando llegamos al primer nivel, pude sentir un pequeño alivio, aunque no hasta salir por completo del lugar y estar a una distancia prudente.

Cuando mi mirada localiza la salida, mis piernas aumentan su velocidad, al mismo tiempo mi brazo derecho mueve a Ibagon como si fuera una simple escoba; claro, la ayuda del otro lado por parte de Steven también facilita las cosas.

Al salir, mi rostro se topa con aquella brisa fría que, aunque me provoca un pequeño escalofrío, a la vez es un alivio.

Nos alejamos, seguimos corriendo hasta estar en el pasto a más de seis metros.

Nos detenemos y vemos que aquellos, unos cinco tipos, están a poca distancia de nosotros.

Sin duda, yo haría lo mismo si estuviera en su lugar.

Suelto a Ibagon de mi agarre y me dejo caer de rodilla justo cuando se escucha el estallido de la explosión.

Me pongo de pie para luego voltear a ver la escena, el sonido de estructuras derrumbándose, acompañado de más boom.

La silueta de Nefertary capta mi atención, observando cada paso que da hasta que su pierna simplemente flaquea dejándose caer en aquel pasto.

Su mirada está fija al frente, cuyo rostro está totalmente pálido, sus manos están formando un puño, quedándose así estática, inmóvil, con las lágrimas recorriendo su rostro sin pedir permiso.

Solo espero que diga algo, pero no; todo es silencio y dolor…

dolor que jamás pensé ver o presenciar tan pronto, así que…

ahí está…

el monstruo completamente roto…

‘hasta los demonios tienen algo que perder’.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Curioso que la persona que juró no tener un punto débil… se terminó desmoronando por uno.

Este capítulo marca un antes y un después para Nefertary y quienes la rodean.

Algo se rompe por dentro, y las cosas ya no serán igual.

Si recuerdan el capítulo 24, tal vez entiendan un poco más por qué algunos vínculos pesan más de lo que parecen.

Aquí comienza un juego mucho más oscuro… y nadie está a salvo.

¿Aún desean seguir adentrándose a su mundo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo