Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lo Que Nadie Ve - Capítulo 33

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lo Que Nadie Ve
  4. Capítulo 33 - 33 Capítulo 32
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

33: Capítulo 32 33: Capítulo 32 NEFERTARY Is this what they call feeling?

Había llegado a la mansión, no había dicho nada…

ni una palabra había salido de mi boca.

Mis lágrimas solo no cesaban, tenían su propia libertad.

Por más que no quisiera que estas lo hicieran, era…

era totalmente inevitable.

—Tienes que tomar una ducha.

La voz de Mathias me trae a la realidad, todo el camino ha estado a mi lado.

Evito mirarlo a la cara ya que…

me mira como si fuera tan vulnerable…

eso me hace sentir inútil.

Sé que está preocupado, pero simplemente no puedo.

Cuando murió mi padre…

me dolió, vaya que me dolió.

Aunque ahora, no duele.

Esto…

esto es como si me estuvieran quemando viva y no puedo hacer nada para detenerlo.

Al no decir nada, Ludwig me dirige al baño.

Al estar allí empieza a desvestirme para luego guiarme a la ducha.

Las gotas de agua no tardan en caer y empaparme.

Mi cuerpo se estremece, aunque no es capaz de protestar.

Fijo mi mirada en el suelo, observando la mezcla que hay de barro y sangre.

Mathias empieza a enjabonarme para quitarme aquella suciedad.

El recuerdo de Demir en los brazos de Ludwig invade mi mente nuevamente, ver cómo se apagaba aquel brillo en sus ojos, cómo se me iba su vida de las manos, sin poder hacer nada y…

y dejarlo allí…

no es justo…

no es justo que lo que más me importe en esta mierda de vida que tengo…

siempre se encarguen de arrebatármelo.

Siento los brazos de Ludwig rodeándome con su ropa mojada.

Al parecer ya no solo estaba llorando en silencio, sino también sollozando.

Pero ¿cómo podía estar consciente ahora?, ¿cómo podría evitar no perderme en los recuerdos?

—¿Cómo dejo de sentir, Mathias?

-digo apenas en un susurro.

—Es imposible, Serene.

Solo vivimos…

aprendemos a sobrellevar el dolor…

no se va a ir.

Se va a quedar contigo…

va a doler mucho más que ahora, pero tú decides si quieres ahogarte en él o salir…

No digo nada, no tengo nada que replicar, no tengo nada que desafiar…

simplemente nada…

nada me importa…

‘¿Por qué debería importarme algo ahora?’ Al estar más calmada, Ludwig sigue con lo anterior.

Al terminar, me envuelve en una toalla y salgo de la ducha.

Este me dice algo al cual no presto atención.

Mis pies solo avanzan hasta estar frente a la cama.

Mi cuerpo en modo automático se sienta sobre ella para luego dejarse caer hacia atrás.

Mi mirada se clava en el techo.

No siento más que un enorme vacío.

Podría estar así por horas, días, meses, ver solamente cómo pasa el tiempo mientras yo estoy en modo avión.

Aún me niego a aceptar que fue la última vez que escuché su voz diciéndome mi polo norte en ruso, de sentir sus labios sobre los míos, sus manos explorando mi cuerpo como si fuera siempre la primera vez, y sobre todo aquel destello que sus ojos tenían al verme.

‘¿Cómo podré vivir sin aquello?, ¿cómo podré levantarme si todo a mi alrededor me pesa más de lo habitual?’ <<Diez meses atrás Había tomado un vuelo a Rusia, especialmente a Cheboksary, solo un fin de semana.

No puedo creerlo, no puede ser que lo internen y arruiné todo lo que pensábamos hacer en Florencia.

Cuando lo llamé y su madre fue la que contestó diciendo lo mínimo como siempre, no sé si esa señora me odia o simplemente es así de indiferente con todo el mundo.

Me parece irónico que Osoclu soporte su carácter, su desprecio.

A ella solo le importa una persona: su hijo mayor, que está bajo tierra por un incidente.

Sumergida tal vez en su dolor eterno, e ignorando que tiene uno vivo que la necesita.

Su padre, por otro lado, no puede estar encargándose de la empresa de su esposa, de Demir y de él a la vez.

Por más que quisiéramos dividirnos en tres, eso no se puede.

Cuando por fin aterriza el avión, no tardo en coger mis cosas para salir de una vez, repitiendo los protocolos para poder retirarme, tomar un taxi que me lleve al hotel donde reservé una habitación.

Al quitarle el modo avión a mi móvil, no tardan en aparecer un montón de notificaciones de mi madre.

Es que ni siquiera está en casa.

Cuando compré el boleto que salía ese mismo día, solo tomé mis cosas y listo.

Aparte, no es la primera vez que lo hago.

‘¿Cuándo va a entender esa señora que jamás va a poder controlarme por completo?’ Al estar en la entrada del aeropuerto, tomo uno de los taxis que siempre están allí.

Le digo la dirección del psiquiátrico.

Es el mismo en el que siempre lo han internado, el único de aquella ciudad, así que ni siquiera tengo tiempo para ir al hotel.

Me propongo a enviarle un mens a Vanessa, para que me deje en paz, aunque más porque sé que es capaz de enviar a hombres de mi padre a por mí.

La última vez que ni siquiera le conté dónde estaba, fue todo una escena de película de acción, creyendo que eran enemigos de mi padre los que querían raptarme.

Sin querer, lastimé a una que otra persona de más.

Estarán mejor, ya pueden disfrutar de la paz del “más allá”.

Al llegar al sitio, le pago al taxista y me adentro en la propiedad que conozco muy poco.

Casi siempre que venía, ya lo habían dado de alta.

No tenía la necesidad de venir a visitarlo, aunque eso no quitara el hecho de que me supiera el horario de visita.

—Здравствуйте, могу ли я увидеть пациента Демира Осоклу?

(Hola, ¿puedo ver al paciente Demir Osoclu?) Mi ruso no es tan bueno, pero digo que esta tipa debió de entender, ya que asiente para proceder a teclear.

—Пациенту запрещены посещения до дальнейшего уведомления.

(El paciente no tiene permitidas visitas hasta nueva orden).

Antes de que pueda protestar, el sonido de su voz diciendo mi nombre me hace voltear hacia atrás para encontrarme con aquellos ojos oscuros como si fueran totalmente negros, aunque sea eso imposible.

Camino hacia él para luego besarlo.

El contacto es simplemente tentador.

Cada segundo lo bien que sus labios conocen los míos y, aun así, moviéndose con desesperación, es una descabellada locura.

—мой северный полюс —dice tomando un poco de distancia.

—Eres un imbécil, Osoclu.

Ahora, ¿en qué lío te metiste?

—le reprocho.

Este se ríe de aquello.

—Seguramente nada tan grave como los que tú tienes cada día.

—Pongo los ojos en blanco ante aquella respuesta.

—Al menos yo no la cago por completo como otros.

—Separándome por completo de su agarre.

Este estaba a punto de hablar si no fuera porque un médico se nos acercó, probando que tomáramos distancia.

—нет посещений, Osoclu.

(Sin visitas, Osoclu).

—Но она приехала из Швейцарии, чтобы увидеть меня.

(Pero ella vino desde Suiza para verme).

—e aclara.—Всего час, обещаю не устраивать сцен.

(Solo una hora, prometo no hacer una escena).

—и я прослежу, чтобы он сдержал свое обещание.

(Y me aseguraré de que cumpla su promesa).

—digo interviniendo.

Puedo sentir la mirada de Demir gracias a las palabras más falsas que acabo de decir.

El doctor solo se nos queda mirando por unos segundos.

—Ладно, на этот раз всего полчаса.

(Bueno, solo media hora esta vez).

Este se dirige hacia donde está la enfermera para darle algunas instrucciones, a la vez que menciona a Demir, mientras que él me lleva por unos pasillos, hasta quedar por lo que parece ser el patio de invitados.

—Ahora sí me vas a explicar qué hiciste.

—Suelto a la primera.

—Nada grave.

—Se cruza de hombros.-Solo desviví a algunos animalitos.

—¿Qué tipo de “animalitos”?

—le pregunto con seriedad.

—Si crees que han sido personas, de eso no se ha enterado mi madre aún.

—¿Tu madre?

—Sí, mi madre.

Ella me vio descuartizar algunos gatos e hizo todo un show de que podría recaer, y antes que eso pasara, me internaría primero.

—Este lo dice con un desinterés total.—Aparte, son solo dos meses y no afectaría nada el viaje que haremos a Florencia.

—¿Qué daño te hicieron los gatos?

—Este se ríe por mi comentario.

—Ser el animal favorito de mi difunto hermano, tal vez.

Ahora…

¿te hospedas en el mismo hotel?

—¿Por qué?

—Este se inclina para estar cara a cara.

—мой северный полюс, ¿cómo solo vas a venir aquí y pensar que me voy a conformar con un solo beso?

—¿Qué pasa si te atrapan?, ¿ya no serán dos meses?

—le pregunto ansiosa.

Sin duda, está demente.

—No lo harán, todo saldrá bien.

Así que tú y yo nos veremos esta noche, porque dudo que hayas venido solo para reprocharme, escuchar mi versión e irte sin una buena dosis de sexo.

—¿Te he dicho antes que eres un imbécil?

—le doy un empujón pequeño para separarnos un poco.

—Una que otra vez, pero las traduzco como un “no puedo vivir sin ti”.

—Pongo los ojos en blanco, este solo se ríe de mí.

—Si sigues así, terminarás fallando con el fantasma del bendito hotel, te lo advierto, Demir.

—Este levanta las manos en señal de rendición.

—Cálmate un poquito, fiera.

—Antes de que pueda reprochar algo, se acerca y me besa.

Sus movimientos son más agresivos, desesperados al igual que los míos, porque eso es lo que pasa cuando dos personas no se ven por un buen tiempo.

Sin duda, hoy será una noche muy descontrolada.—Si sigues besándome así, te juro por mi vida que siempre estaré a tus pies, sobre todo que jamás te abandonaría.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo, мой северный полюс.>> Ese día, o mejor dicho esa noche, salió todo bien.

Todo, excepto aquella promesa que…

que no pudo cumplir…

porque no tomó en cuenta la injusticia y crueldad de los planes de la vida.

Mathias me había ayudado a vestirme, me trajo un calmante, el cual no dudé en tomar.

Lo necesitaba, lo necesito más que nunca, aunque sea por unas horas, aunque lo más probable es que mañana me sienta peor.

—¿Quieres que me quede contigo?

—su voz me saca de mis pensamientos.

—Quiero estar sola.

Este se lo piensa para luego depositarme un beso en la frente y marcharse.

Mis párpados no tardan en sentirse pesados con el analgésico, hasta que todo ya es completamente oscuro.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Los rayos de sol inundaban la habitación, aun así me negaba a poner un pie fuera de la cama.

Había estado dando vueltas o fingiendo dormir desde antes de que saliera el sol.

‘¿Para qué salir?, ¿para qué seguir con la farsa?, ¿qué sentido tiene ahora que no…?’ Ya habían pasado dos días desde su muerte, no había salido, el único que entraba era Mathias, para intentar que comiera algo o acompañándome…

solo acompañándome en mi dolor sin decir nada.

El sonido de dos toques a la puerta retumba en toda la recámara.

De igual modo, no respondo.

Se oyen murmullos de los cuales no hago ni el mínimo esfuerzo por entender, hasta que solo se escucha el rechinido de la puerta al abrirse, consigo pasos a su vez.

No hago ni el mínimo esfuerzo en mirar quién es.

—Nefertary.

—Suelto un suspiro ante aquella voz.

—No puedes seguir así desperdiciando tu tiempo.

—Simplemente no respondo.-Ya lo sé todo.

—Esperaba un reclamo por la inmadura decisión de mi parte, pero no llegó.—¿Vas a quedarte así?…

¿sin hacer nada?

—El peso de su cuerpo recae sobre el colchón, y al sentir su mano en mi hombro, mi piel es recorrida por un escalofrío ante su tacto.—Hija…

la Nefertary que yo conozco ya estaría planeando un plan macabro contra aquel infeliz.

No puedes quedarte sin hacer nada…

—¿Para qué?

—Volteo para mirar la cara de Vanessa.—¿Dime para qué?

¿Acaso he traído a mi padre a la vida?

—Esta no responde, pero tampoco desvía la mirada.—Dime “madre”, ¿acaso una venganza traerá a Demir?

—Al pronunciar su nombre no puedo evitar que las lágrimas que llevaba conteniendo salgan.—Si tan solo te hubiera hecho caso…

—No digas eso.

No serías tú si no me desafiaras cada vez que tienes la oportunidad.

—Aquello me produce una risa agria.

—Ese es el punto…

jamás supe quién fui o soy…

solo seguía tus putas reglas…

solo cumplía con tus estándares, Vanessa.

—El rencor en mi voz no lo trato de disimular ni un poco al salir.

Esta trata de acercarse; retrocedí al instante.—Lárgate.

—Nefert…

—¡QUE TE LARGUES!

—Le grito.

Solo se queda inmóvil por segundos que parecen eternos.

—Está bien, pero no puedes sumergirte en un pozo, Ibagón.

No puedes seguir por el resto de tu vida así.

—Estaba perdiendo la paciencia, sí.

Ya estaba de pie frente a la cama.

—Si no te has dado cuenta, tu hija llevaba tiempo sumergida en ese pozo y acaba de tocar fondo.

—Juraría que vi un destello de empatía en sus ojos, aunque no tardaron en reflejar ese vacío tan característico de ella.

—Serene…

—No.

—La interrumpo.—Eres la última persona que quiero ver.

Solo lárgate, Vanessa.

Solo déjame libre…

solo déjame ser yo…

no esa marioneta “perfecta y gentil” que cumple con tus expectativas.

—En el fondo quiero que diga algo, tal vez un ‘lo siento’, aunque eso no pasa…

solo se retira.

Jamás he querido una madre amorosa, aunque solo un poco de su empatía no estaría mal.

Pero es Vanessa Ziegler…

nada bueno sale de los portadores de ese apellido.

Me levanto de la cama para cerrar la puerta con seguro.

Me dejo caer contra ella.

El frío de aquella madera helada en mi espalda es lo único que me hace sentir que sigo aquí, en esta nefasta habitación.

Respiro.

Una, dos, tres veces, aunque lo hago nuevamente sin lograr que el ahogo desaparezca de mi pecho.

Ni siquiera sé cuántos minutos pasé allí, solo sé que mi mirada se desvió a aquella caja de madera que Osoclu me había regalado…

dudé, aun así, mis pies avanzaron hacia ella.

La abrí.

Era la primera vez que lo hacía, no había tenido tiempo antes, así que tomé una carta al azar para leerla.

Carta: Rusia, 14 de febrero del 2021.

мой северный полюс, hoy es día de tórtolos…

así que ando envidioso con todos con su parejita que si en estúpidas cenas románticas y ese tipo de cursilerías.

Ya sé que no debería, este tipo de personas se ponen los cuernos cada 5 segundos, pero joder nena, ellos sí van a tener buen sexo hoy.

Claramente me las cobraré cuando te vea.

¿Sabes?

Aún recuerdo aquella vez que te vi.

Pensé que solo eras una cría que no sabía lo que hacía en aquel muro, una de esas nenitas ridículas y caprichosas…

me sorprendí cuando respondiste de una manera tan grosera, para tener esa edad…

fue mucho mejor cuando pude ver esos hermosos ojos, con esos colores tan llamativos y provocadores a la vez.

Te juro que ese día solo quería besarte aunque no supiera ni cómo lo haría.

Hablando de besos, esa golpiza que me diste en la entrepierna aún me sigue doliendo.

Fue irónico y gracioso que, de todas las formas que pensé que podrías reaccionar cuando estaba decidido a darte tu primer beso…

hicieras eso.

Mientras que yo, en vez de dejarte de hablar como cualquier otro adolescente lo hubiera hecho…

seguí tras de ti como siempre.

Pero vamos, nosotros jamás fuimos o seremos normales.

Así que, мой северный полюс, aquí me tienes como un tonto escribiéndote cartas cada día que no puedo ver tu rostro.

Y como es San Valentín, día de los cuernudos patéticos, “Concedimi” de Matteo Romano es mi nuevo descubrimiento musical.

Al melancólico no está de más 🙂 ‘¿Que si estaba hecha lágrimas?

Sí…

claro que sí…

es como si siguiera aquí, como si solo estuviera en Rusia, como si jamás hubiera venido acá, como si jamás lo hubiera perdido.’ Trato de recuperar el aliento para luego levantarme, buscar el móvil y teclear el nombre de la canción.

Al darle play, esta arranca con una suave melodía de piano que hace que mi cuerpo se estremezca.

A medida que esta avanza, más lágrimas salen.

Ni siquiera me esfuerzo en retenerlas, solo puedo imaginarme su rostro, su voz cantándome esa canción, aunque suene todo desafinado.

Su pronunciación en italiano con ese acento ruso tan marcado provocaba aquel descontrol en todo mi ser con solo escucharlo.

—Tú no me has concedido ese último baile…

mucho menos ese último sol, Demir…

solo te marchaste.

—Susurro lo último más para mí.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ No sé cuántas horas pasé llorando hasta quedarme completamente dormida, hasta que sentí las manos de alguien acariciando mi cabello.

El olor de su colonia no tardó en colarse por mis fosas nasales para saber a quién pertenecía.

Abro mis ojos lentamente para luego ver aquel azul.

—No quería despertarte —me dice con una voz suave.

—No lo has hecho.

Me acomodo para quedar sentada en la cama.

Nos quedamos unos segundos en silencio.

—¿Has comido algo?

—Ya sabía la respuesta, así que no hice ni siquiera el esfuerzo de negarlo.—Bien…

tengo una pequeña sorpresa.

—¿Sorpresa?

—Ya nada podría sorprenderme a estas alturas, y menos en este estado.

—Sí, sorpresa.

Aunque…

para verla vas a tener que salir al jardín.

—Estaba por protestar, pero Mathias puso su dedo índice en mis labios.—Solo un minuto, Serene.

Solo uno.

Después de eso puedes volver aquí, ¿vale?

Tal vez su voz no reflejaba esa súplica interna que sus ojos me exigían a mí.

Tardé unos segundos, asintiendo.

Este me depositó un beso en los labios.

—No los hagas esperar entonces.

—¿A quiénes?

—pregunto.

—Para eso tienes que salir, Nefertary.

Dudosa, lo seguí.

Este me tomó de la mano para salir de la recámara.

Bajamos las escaleras y tomamos el camino que lleva al jardín.

Al estar allí, las bolas peludas llamaron mi atención.

Ludwig les silbó para llamar su atención; estos, sin más, vinieron corriendo.

Claro que las conocía…

<<Dos semanas atrás —¿Cuál era la urgencia de que estuviera aquí?

—le pregunto a Demir al entrar a su departamento, aunque antes de que hablara, el ruido de unos aullidos llamó mi atención.

Le dediqué una mirada a este, quien me miraba con una sonrisa de oreja a oreja-.

¿Cachorros?

—Y no cualquier cachorro.

Acto seguido comenzó a caminar hacia otro lado del departamento.

No dudé en copiar su gesto.

Cada vez se hacían más fuertes los aullidos, hasta que pude ver a esas bolas peludas.

El pelaje tan peculiar, también aquellos ojos tan desafiantes pero divinos a la vez, tan característicos de los huskys.

Me agaché para cargar uno, el cual no dudó en lamerme la mejilla, causando un cosquilleo que me hizo reír.

—Sabía que te iban a agradar.

—¿Desde cuándo?

—Ya lo tenía planeado desde hace un buen tiempo, pero no quería que crecieran lejos de su madre…

así que, ¿por qué no ahora?

—Este se agacha y toma al otro cachorro.

—Menos mal, así podré castigarte si les haces algo.

—¿Acaso crees que soy capaz de lastimarlos?

—Es una posibilidad, Osoclu.

Si los hechos ya con los gatos, ¿quién me asegura que ellos no serán la excepción?

—Sobre esos felinos ya sabes la razón, Serene.

Ellos son la excepción —Este se acerca y me deposita un beso corto.

—¿Por qué dos?

—Se cruza de hombros.

—Tal vez porque no me la paso todo el día aquí.

Aparte, que esté uno solo en el departamento no me llamó tanto la atención.

—¿Sabes las consecuencias de esa decisión?

—pregunto en un tono de burla mientras camino hacia el sofá para sentarme con el cachorro.

Osoclu también hace lo mismo.

—Sí…

muy pronto veré este lugar hecho añicos por sus ataques de energía.

Claro, si es que no los agoto primero.

—Deberíamos organizar nuestros tiempos para que no pase eso entonces —el otro cachorro se acerca a mí a olfatearme.

Vuelvo a mirar a Osoclu—.

¿Qué?

—le pregunto al ver que solo se me queda viendo.

—Ahora entiendes por qué no podían crecer lejos de ti.

—¿Porque eres un desastre total, con interés momentáneo, que no podría vivir sin mí?

—Este suelta una carcajada.

—No lo podrías haber dicho mejor —esta vez soy yo quien se cruza de hombros.

—¿Tienen nombre?

—Tengo dos rondando en mi mente —le hago una señal para que prosiga—.

Ragnar, para el macho…

significa fuerza letal y lealtad primitiva.

¿Estás de acuerdo?

—Muy masculino, aunque muy representativo del carácter de su padre —este solo me sonríe—.

¿Y el otro?

—Ella es una hembra.

Qué mejor que Nyra, que su nombre resalte belleza letal y silenciosa, como una noche sin luna.

Igual que su madre.

Sonreí más para mí misma mientras miraba a esas dos bolas peludas jugando entre sí.>> —Ragnar y Nyra —digo apenas estos se ponen en dos patas frente a mí para que los acaricie.

No dudo en agacharme para hacerlo.

Ellos simplemente siguen moviendo su cola de lado a lado, sacándome una sonrisa.

—Steven recibió una llamada del edificio donde…

él está alquilado.

Al parecer, estos pequeños no dejaban de hacer ruido, captando la atención de los vecinos —cómo me había olvidado de ellos…

debieron estar hambrientos todo este tiempo.

—¿Ya comie…?

—Sí.

Antes de traerlos aquí, les di algo de croquetas y agua para saciar su sed.

—¡Gracias!

—Es lo único que sale de mi boca, más que solo por agradecerle por ellos, lo hago por mí, por no irse y dejarme completamente sola.

Puedo decir que, al mismo tiempo, mis ojos están de nuevo en ese estado lloroso.

—Siempre será un placer —Este extiende su mano para limpiarme una lágrima—.

Ahora tienes que estar bien por ellos…

pienso que eso quería él.

Tenía razón…

solo que no sabía de dónde sacar todas esas fuerzas para seguir en pie…

lo más probable es que me cueste, me pese, pero lo voy a intentar por esas bolas peludas, porque así le hubiera gustado a Osoclu.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Cuatro semanas después Al llegar ese dúo menguante de bolas peludas a mi vida, me tomé mi tiempo para reflexionar, saber quién soy en realidad.

La primera semana no fue una de las mejores, aunque estaba sumergida, al menos intentaba hacer lo básico: salir a caminar por el jardín, leer un poco…

me perdía en mis pensamientos, terminaba llorando…

ya no solo en mi habitación.

De igual modo, intentaba mantenerme en pie.

Esa semana no fui al instituto, ni siquiera con la muerte de mi padre lo había hecho.

La segunda semana me decidí a salir de las propiedades de la mansión.

No por mí…

más bien Ludwig se encargaba de buscar la excusa perfecta, utilizando a Ragnar y Nyra, claro, sin fatigarme tanto.

Era sorprendente la paciencia que podía llegar a tener.

Si esto fuera al revés, pues…

eso jamás fue mi fuerte.

La tercera semana, Vanessa me obligó a reintegrarme al instituto.

No estaba tan perdida en los temas que daban y parciales que hacían, ya que se encargó de que la rectora hablara con los profesores.

Me hacían llegar una guía de lo que daban en las clases, sin mencionar que Michael, Brambilla, Kellyn, Jason y Mathias me traían apuntes de las clases que compartíamos.

Debo admitir que cuando me reintegré, cuando estaba en las aulas y el profesor de X asignatura empezaba a hablar, mi mente divagaba, estaba ausente aunque físicamente presente.

Mathias me saca de ese trance de vez en cuando.

Para la cuarta, ya estaba reintegrando mis cursos de idioma, deportes…

todo lo que hacía antes, por decirlo así.

Solo que…

con el detalle de que de ser la mejor pasé a un punto intermedio.

No lograba entender por completo lo que los profesores me decían en aquellos idiomas.

En deporte era otra locura, solo actuaba por impulso, por ira; ni siquiera anticipaba los movimientos del entrenador, hasta que terminaba llorando…

derrumbada.

En vez de doler menos, empeoraba.

Llegué a la conclusión de que jamás podré dejar de sentir aquello, pero sé que en algún momento sabré lidiar con el dolor o aprender a sobrellevarlo.

Hoy era un viernes.

Ya estaba anocheciendo.

Nyra y Ragnar estaban conmigo en mi habitación, al igual que Mathias.

Estábamos disque haciendo una tarea de química, o más bien, él lo hacía todo.

Yo, por mi parte, solo lo observaba.

Aún recuerdo que no había querido su compañía por las noches la primera semana.

En la segunda, solo quería a alguien a mi lado, y quién más que ese chico pelinegro, en el cual terminaba llorando sobre su pecho hasta quedarme dormida.

Ni mencionar esos sueños donde estaba Demir…

me levantaba sobresaltada, y quién estaba para calmarme: él.

—¿Nefertary?

—parpadeo dos veces para mirarlo a los ojos.

—¿Qué dijiste?

—Que ya he terminado, ¿quieres hacer algo?

—pregunta.

Me tomo mi tiempo, pero mis pensamientos van al lugar donde no he ido desde su muerte.

—A la cabaña.

Este solo me mira.

Espera a que cambie de opinión, pero no lo voy a hacer…

ya sé quién soy.

Siempre supe quién era, solo que…

me negaba a reconocerlo porque en el fondo quería una vida como la de cualquier otra chica del instituto, sin nada de esta mierda…

una como la de Kellyn o Luca, por ejemplo…

‘Yo soy Nefertary Serene Ibagon Ziegler, la chica que tiene un humor retorcido, quien no sabe controlar su ira, aparte de tener mis emociones como si de un huracán se tratara, la que siempre ha fingido ser normal, perfecta, bondadosa y sabe lo nefasto que es, que su hobby número uno son las torturas, acompañado de juegos, canciones egocéntricas.

Así que si aquellos enemigos pensaron que me acabarían por completo, me subestimaron.

Tal vez me lleven ventaja, tal vez ya estén ejecutando su próximo movimiento.

Aunque se les olvidó algo que es muy mío: eso…

eso es que jamás, pero jamás dejaré de amar, que está aferrado a mi alma…

el caos y aquel bendito líquido carmesí.

Así que…’ —El juego no ha acabado, Ludwig.

Sigo en la jugada.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Curioso que la persona que juró no tener un punto débil se terminó desmoronando por uno.

Ya lo había dicho una vez y lo vuelvo a decir jajajaj.

Eso es todo lo que necesitaban ver hoy.

Y sí, el juego sigue.

¿De verdad pensaron que se quedaría rota?

¿A quién creen que le va a tocar pagar?

¿Están listos para lo que viene?

Porque estos juegos parecen no tener un final 🙂

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo