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Lo Que Nadie Ve - Capítulo 35

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35: Capítulo 34 35: Capítulo 34 MATHIAS The queen of chaos…

back in the game.

Un mes ha bastado para ver cómo se reconstruye un monstruo hecho pedazos.

Nefertary estaba de vuelta, en su mundo, en su hogar.

Tal vez lo que diga parezca loco, pero este lugar le ha hecho bien.

De alguna manera está más centrada, no es la misma porque ahora no esconde sus emociones, no hace nada para retenerlos.

Aun así, eso no la hace débil.

Creo que está llegando a ser su mejor versión, aunque también tenga que aprender a sobrellevar la muerte de Demir.

Todavía recuerdo el estado en que estaba los primeros días; podía esperar comportamientos impulsivos, de ira, de odio por su parte, jamás pensé ver una versión tan vulnerable tratando de aferrarse a la vida.

Gracias a Ragnar y Nyra, había podido salir de ese estado tan depresivo en el que se estaba hundiendo más.

Ese dúo Menguante de pelos, capaz de robarle el corazón a cualquiera.

Recuerdo haberle preguntado el significado del apodo.

<<—¿¡Menguante!?, ¿como la luna menguante?

—le pregunté confundido al escuchar cómo hablaba de ellos.

—Sí, menguante, como la luna menguante —dijo como si nada.

—¿Tiene algún significado?

—esta solo me mira unos segundos para después volver su mirada al frente.

—Significa que son presagio, compañía en soledad y herencia de una muerte importante —estaba hablando de él.>> Mientras ella trataba de salir de ese hoyo, yo, junto con Steven, nos encargamos de reportar la desaparición de Osoclu a los dos días de su muerte.

Avisarles a sus familias, quienes no tardaron en llegar a Suiza.

Aquel edificio había sido reportado y se encontraron 27 cadáveres; algunos cuerpos fueron imposibles de reconocer.

Fue todo un escándalo.

En las noticias no dejaban de hablar de ello.

La policía casi involucraba el apellido Ziegler si no fuera porque tiene sus influencias allí, desviando así el inicio de la historia, como siempre.

‘Si tienes dinero e influencias, tu vida está arreglada.’ Mi rutina ahora consistía en las mismas que Ibagon.

Parecía su brazo derecho.

En ocasiones me perdía calculando el próximo ataque, las ventajas, desventajas de este, cómo destruir al enemigo, cómo hacerle pensar que tiene las riendas.

‘¿Me gustaba mi nuevo yo?’, pueda que sienta cómodo, aunque aún es muy pronto para tener una respuesta clara.

—Sabes, Mathias, me gustaría estar justo en estos momentos en tu cabeza.

Aquel comentario me hizo reír un poco.

Esta toma asiento en mis piernas; la envuelvo con mis brazos en su cintura para así poder reposar mi mentón sobre su hombro, dejando un beso de paso.

—Bueno, solo estaba pensando en lo jodidamente tierna y sexy que te ves hoy.

—¿Con el uniforme del instituto?

—su tono tiene algo de sarcasmo en él.

—¿Por qué debería de ser diferente?

Aparte, dudo que a ti algo se te vea mal.

—Diría que exageras, pero es cierto, todo me queda divino.

—Esa es mi chica —empiezo a depositarle besos en el cuello; esta lo inclina un poco para darme más accesibilidad a él—.

Una egocéntrica, narcisista, manipuladora que me vuelve loco —le susurro en su oído para luego probar esos labios tan suaves, carnosos que me hacen perder la cordura.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—pregunta con la respiración cortada.

—¿Estás segura?

—yo lo deseo más que nadie; últimamente no hemos tenido la oportunidad y tampoco quería presionar.

—Completamente, Mathias —acto seguido, es ella quien empieza a darme besos, o más bien mordiscos, en el cuello hasta llegar a mi oreja y detenerse—.

Necesito tu tacto, tus gemidos…

necesito que me hagas tuya, Ludwig.

Puedo decir que, entre tantos susurros que hemos compartido, este es el mejor.

Que me necesite de la misma forma en que yo la necesito… en el mejor momento.

Deslizo una de mis manos bajo su falda.

Siento cómo su piel se estremece con mi tacto.

Mis dedos atraviesan la segunda capa de tela hasta llegar, con éxito, a ese punto sensible donde empiezo a dar suaves masajes.

Ella no tarda en recostar su cabeza sobre mi hombro.

—Honey, dudo mucho que hoy vayamos al instituto —le susurro al oído.

Acelero el ritmo de mis movimientos hasta sentirla lo suficientemente húmeda para introducir dos de mis dedos dentro de ella.

Gime, y ese sonido es tan jodidamente sexy y provocador que pierdo la calma.

Sigo, esta vez con más intensidad, mientras mis labios se apoderan de su cuello, mordiendo su piel con frustración.

Nuestras respiraciones se sincronizan, aceleradas, desesperadas.

—Mathias… —susurra, apenas audible—.

Mathias… En ese punto, solo siento cómo su cuerpo comienza a temblar.

—No te resistas… Me mira directo a los ojos antes de besarme.

Un beso desesperado, torpe, lleno de ansias y necesidad.

No detengo mis movimientos ni por un segundo, hasta que finalmente la siento llegar al orgasmo.

La habitación se inunda con sus gemidos de placer.

‘Sin duda, la mejor melodía que he escuchado en mi vida.’ —Buena chica, honey —susurro al oír su último aliento entre jadeos—.

Pero…

aún no hemos terminado.

Mis manos ascienden hasta sus pechos, dándoles un firme apretón.

No es suficiente.

Necesito más.

Comienzo a desabotonarle la camisa… o más bien, a romperla.

Con habilidad, la acomodo para que se siente frente a mí, dándome acceso directo a sus pechos.

Ella, por supuesto, me ayuda.

Se quita el sostén con lentitud, como si quisiera torturarme, provocarme aún más.

Sus ojos brillan con picardía y deseo.

Por fin tengo el pase directo para contemplar esos dos bombones frente a mí.

Trago saliva y vuelvo a mirarla.

Me recibe con una sonrisa burlona en los labios.

—Sin duda, hoy no habrá instituto para nosotros —su voz está cargada de diversión y malicia.

Y no puedo más que estar completamente de acuerdo con ella.

NEFERTARY En estos momentos estaba recostada sobre su pecho.

Podía escuchar sus latidos calmados.

‘Después de tres horas, ¿quién no?’ Ya eran la una de la tarde.

Y por primera vez en semanas, puedo decir que no duele… pero sé que no durará, no al menos que acabe con esto, que pueda al fin decidir mi propio camino o simplemente comenzar uno nuevo.

Por eso es necesario que termine lo que empecé, o lo que ellos empezaron.

La notificación de un móvil llama mi atención.

Me separo de él tratando de no despertarlo, tomo mi celular para luego mirar aquella pantalla.

*Tiene que venir, todo está resuelto.

Aquel mensaje de Steven me sacudió el cuerpo entero.

¿Qué cosa tenía que decir con “todo resuelto”?

¿Al fin descubrió al que estaba detrás de todo o era el próximo encuentro con otros de los socios?

‘Cuánto detesto que la gente no dé contexto.’ Me acerco a aquel chico que tengo a mi lado para darle pequeños empujones, pero este sigue igual de dormido.

Pongo mis ojos en blanco.

—Mathias —me acerco hasta su oreja—, despierta por favor.

—¿Por favor?

¿Quién es la impostora?

—dice con una voz grave que adoro cada vez que despierta después de dormir.

—Tonto, tenemos que irnos.

—Eso sí suena más a mi chica.

Este me toma del mentón para después besarme.

No protesto, simplemente mis labios lo siguen con aquella calma de esos movimientos al inicio, que ahora son más de desesperación.

Él hace una acción para luego quedar encima de mí.

Puedo sentir lo duro que está su miembro contra mi pelvis y una de sus manos acariciando una de mis piernas.

—Mathias —murmuro entre sus labios—.

Mathias… —esta vez hago un leve esfuerzo en apartarlo.

Nuestra respiración descontrolada es lo único que se escucha por unos segundos.

—Habla ya antes que ya no pueda controlar —mis ojos se abrieron un poco más de lo normal—.

‘¿Desde cuándo me da órdenes a mí?

Y por qué es tan excitante a la vez, más con aquella voz ronca…’.

Él solo me mira con diversión en los ojos—.

Nefertary, voy a seguir si no hablas ya.

—Claro que no, idiota —digo saliendo del trance.

Este se ríe de mi reacción—.

En serio, tenemos que irnos a la cabaña.

—¿No es muy temprano para eso?

—su rostro se escabulle en mi cuello.

Sus labios empiezan a succionar mi piel, dejando pequeños mordiscos al final.

—Sí, pero…

—si sigue así, no voy a poder detenerlo—.

Steven…

—se me escapa un gemido ‘Carajo’ —.

Se enteró de algo —grito desesperada.

Él se detiene para luego levantar su cabeza y mirarme.

—¿Qué exactamente?

—pregunta confundido.

—Ni yo lo sé, Ludwig.

Si seguimos aquí, tampoco lo sabremos.

—Bien —dice mientras se quita de encima—.

Tomaré una ducha.

Así que ni aparezcas, porque entonces Steven tendrá que esperar.

Aquello me sacó una sonrisa.

Parece irónico que ambos sacamos un lado distinto que poco conocemos, pero que solo nosotros dos sabemos que existe.

Doy un suspiro para luego levantarme de la cama y buscar una bata, la cual encuentro en el clóset.

Después de ponérmela, aprovecho para buscar las prendas que me voy a poner después de darme un baño.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Pasó media hora, por lo tanto Ludwig y yo estábamos listos para salir de la habitación e irnos a la cabaña.

—¿Te parece que pasemos por algo de comer?

—le pregunto.

Ya ninguno de los dos ha comido nada durante todo el día.

—Sinceramente…

también te lo iba a sugerir —este abre la puerta para luego ponerse a un lado y darme paso.

—Bien, ¿algo en especial?

—ya estamos en los pasillos en busca de las dichosas escaleras.

—Lo que te apetezca.

Literalmente, si eres el postre…

no me quejaré —la diversión en su voz fue muy evidente.

—Tontoo.

Fue lo único que dije.

No necesitábamos más.

Él tomó mi mano, depositando un beso en ella para después entrelazarlas con las mías.

—¿Chicos?

—su insoportable voz llamó nuestra atención, haciendo que nos diéramos media vuelta para mirarla—.

Los hacía en el instituto, pero…

esperen, ¿no fueron hoy?

—No, teníamos que ponernos al día, Nat —le dije con una gran “sonrisa”.

Esta miró a Ludwig, seguido a mí; su rostro compartía una sonrisa juguetona, pero en sus ojos había algo de “celos”.

—Oh, ok…

entiendo, creo que eso era más importante —aun su voz no pudo mantenerse al margen.

—Sin duda eso era lo más importante —reafirmó Mathias.

Juro que quisiera tener una cámara ahora mismo y grabar los segundos donde la máscara se le cae para luego volver a su farsa.

—Vamos o llegaremos tarde —le digo al chico para que sigamos avanzando.

—¿A dónde llegarán tarde?

—puse mis ojos en blanco para luego echarle un vistazo—.

Claro, si no es de incumbencia.

—Claro que no, Nat.

Seguiremos con lo que aún no hemos terminado.

No tiene por qué quedarse solo en cuatro paredes, ¿verdad, Mathias?

Este ya me había agarrado de la cintura para atraerme a su cuerpo y depositarme un beso en el cuello.

—Verdad, Monstruo.

Natasha traga antes de asentir, darnos una sonrisa y luego seguir por otro pasillo.

‘Ziegler, jamás controlarás el juego.

No puedes tener algo que siempre me pertenecerá.’ Nosotros seguimos avanzando hasta llegar a la salida.

Esperamos unos segundos el auto para luego subirnos en él, mientras yo hacía el pedido para retirar en el camino y así poder comer algo.

‘Total, no le había prestado atención a mi estómago hasta ahora.’ ✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Al llegar a la entrada, ya nos esperaba Steven, quien tiene un semblante todo serio.

Su mirada denota algo de impaciencia.

Todos entramos a la cabaña para dirigirnos después al ascensor.

Solo se escuchaban nuestras respiraciones, sin intercambiar palabras.

Fuimos a la habitación general.

Al estar allí, Mathias tomó asiento en uno de los sofás, mientras yo en la silla que estaba con el escritorio.

—Deja de torturarte y suelta de una vez, Steven —le ordené.

—Siempre fue él.

Todo este tiempo ha jugado con nosotros.

Aquello me hizo abrir los ojos.

El rostro de ese imbécil cruzó por mi mente.

—¿De quién estamos hablando?

—pregunta el pelinegro.

Le digo el nombre de la rata inmunda.

—Todo este tiempo…

todo este tiempo estuvo con nosotros —dice, aún procesando todo.

—Yo ya lo presentía, solo no tenía pruebas contundentes —doy un suspiro tratando de controlar mi ira—.

¿Cómo lo descubriste?

—El joven…

el joven Demir…

—juro que trato de ser lo más fuerte para no derrumbarme ante la mención de su nombre.

Al parecer, este lo nota porque se detiene.

—Siguiente —trato de decir de manera natural, pero al carajo, obvio que no salió por la mirada que me dio Mathias.

Fue más que obvio.

—Al parecer, él lo había estado vigilando.

El día que fuimos a su departamento por los cachorros, estaban los papeles en una caja, que días antes de lo sucedido me había dicho que tenía que retirar.

—¿Por qué hasta ahora, Steven?

—digo algo sobresaltada.

—Nefertary, ni siquiera estás bien.

Si te lo habría dicho…

¿cuál sería el punto?

—No es solamente eso, joven Ludwig.

Sino que…

solo eran sospechas.

Durante ese tiempo he terminado con la investigación y puedo asegurar que él es la persona que estamos cazando.

—Rata infeliz —susurro para mí misma.

—Hay otra cosa —este llama mi atención nuevamente.

—Habla, Steven —le grito sin poder controlar lo que estoy sintiendo en estos instantes y dándome cuenta de que me levanté al mismo tiempo.

—Su hermana…

Me dejo caer en la silla.

No necesitaba más para atar cabos y reírme, reírme como una loca desquiciada.

‘Esos dos miserables…

¿cómo fui tan ciega?

Parecía su títere que manejaban a su antojo.’ Imaginarme sus caras burlándose de mí aumentaba mi odio.

¿Cómo reaccionaba yo?

Riéndome sin parar…

hasta que me faltó el aire y tuve que detenerme.

—¿Otro dato más que agregar?

—digo mientras me limpio algunas lágrimas que se me salieron.

—No, señorita.

—¿Qué quieres que hagamos?

—me pregunta Mathias.

‘¿Qué pretendo hacer?’ Si me llevo por mis emociones estaría perdiendo.

Si de verdad estoy en una versión distinta…

debería apartarlos, pensar, tal como le hubiera gustado a Osoclu que lo hiciera.

Al fin…

él fue el que me ayudó.

‘Aunque no estés aquí, puedo sentir cómo me guías en cada paso que doy.’ —Avísale al coronel Makarov, que Nefertary Ibagon provocará más caos en Suiza, para que el orden siga reinando.

—Así será.

Con su permiso —este se retira del lugar.

—¿¡Nefertary!?

—aquel chico me mira confundido.

—Seguiremos su juego.

Que piensen que tienen el control, y cuando menos lo esperen…

aquel líquido tibio decorará mi habitación.

Soy una reina.

Soy la reina del caos.

Soy la gran Nefertary Ibagon.

Y ahora que no peleo a ciegas…

puedo tener el control absoluto del juego.

‘Demir…

te juro que destruiré todo…

esta vez no me verán venir.’ REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Algunos piensan que el dolor debilita… pero a veces, solo te hace más peligrosa.

¿Quién es realmente la mente detrás del caos?

¿Hasta dónde llegará Nefertary ahora que ya no tiene miedo?

¿Y qué papel juega Mathias en todo esto?

¿Aliado o futura víctima de la reina?

El juego cambió, las reglas también…

y esta vez, nadie está a salvo.

¡Te leo en los comentarios!

PD: ¿Adivinan quién es él?

Besos

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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