Lo Que Nadie Ve - Capítulo 36
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
36: Capítulo 35 36: Capítulo 35 NEFERTARY Are you still underestimating the enemy?
—Señorita, la señora Gretchen la espera en el jardín.
Había pasado tiempo desde que no la veía, para ser exacta, desde el funeral de mi padre.
Aquí estaba…
entrando a la boca del lobo.
—¿Señorita?
—la mujer de servicio llamó mi atención.
—Vamos —le dije.
Seguí a la chica.
Todo en esta mansión era lujo con elegancia, pero con su toque antiguo que lo hacía un lugar superior al de otras personas con nuestro mismo estatus.
La figura de una anciana apareció por los ventanales que dan vista hacia el patio.
Su blanca cabellera se hizo visible.
Avanzamos un poco más hasta estar tan cerca de ella, para que la criada anunciara mi presencia.
‘A ella le pueden caer los años, aún así no deja de estar siempre presentable.’ —¿Deseas algo para beber?
—me pregunta, mientras yo tomo asiento.
—Agua sería más que suficiente —respondo.
—Etial, agua para la muchacha —ella solo asiente y se retira del lugar—.
¿Cómo has estado, querida?
Escuché que habías perdido a alguien importante…
en un estado decadente, por decirlo así —esta me da una mirada desafiante.
—Gretchen, te han informado muy bien —le dedico una sonrisa gentil, ‘tan hipócrita que no dudo que lo haya captado’—, pero ahora estoy mejor.
Puedo seguir haciendo mis funciones sin ningún problema.
—Quisiera creerte, querida —dice con desinterés.
—No tienes por qué creerme, tampoco es que me interese.
—¿Entonces a qué se debe tu visita?
‘Ni yo sé.
Podría decir que es parte del proceso de conocerme…
de saber si realmente ¿me importa?’ —Con su permiso —esta deja el vaso de agua en la mesa para luego retirarse.
—Respondiendo a tu pregunta: sentí algo de “lástima”.
Como tú, yo también me enteré que le queda poco tiempo de vida —su semblante siguió igual de frío, aunque en sus ojos se reflejaba el desprecio.
—¿Sentir lástima?
Un Ziegler no siente nada, Nefertary…
siempre supe que no eras una de nosotros —mi antigua yo se habría tomado ese comentario de la peor manera, solo que esta vez, justo ahora, no me importaba la aprobación de nadie.
—Para su desgracia, llevo su apellido.
Que no sea una de ustedes no significa que no haya crecido rodeada de bestias vestidas de seda.
Sobre todo, que no pueda superarlos.
—Querida, dudo que puedas hacer lo mínimo para superarnos, sobre todo superar a tu hermana —aquello me hizo reírme.
—Claro, se me olvidaba mi ‘querida hermana’ —tomo un poco de agua para luego proseguir—.
Si dejaran de subestimarme, estaría completamente segura de que no los podría superar.
—¿Deja de ser tan arrogante?
—la frialdad en su voz es todo lo que hay allí.
—¿Yo arrogante?
Pero si usted es la que lo ha sido todo este tiempo.
Desde que llegué, no ha dudado ni por un segundo en esconder su desprecio —digo con total naturalidad, aunque con el mismo tono de frialdad que usó.
—Ja, estás siendo muy “sensible”, muy patética, Nefertary —no dudo en dedicarle una sonrisa.
—Es una lástima que la gran Gretchen Ziegler no podrá verme destruir su reino.
—¿Acaso es eso una amenaza?
—arrastra cada una de las palabras.
—Abuela…
—le bajo la intensidad a mi tono de voz por uno más empático— las amenazas son tan patéticas.
Pensé que sabía muy bien que un “Ziegler” advierte y luego actúa —daría toda mi fortuna por volver a ver esa cara—.
Que tenga un buen día —le doy mi mejor sonrisa—.
Con su permiso.
Antes de irme, le hago una reverencia.
Esta solo pone los ojos en blanco ante mi gesto.
‘Ahora sí puedo marcharme como se debe.’ Al salir de la propiedad, me subo a mi auto.
Literalmente, acabo de confirmar que me importa muy poco la perspectiva que tenga esa señora de mí.
Me parece irónico que antes me intimidaba su presencia, el querer tener su aprobación, sobre todo que me tuviera en alta estima…
‘Ya no más.
No necesito el visto bueno de nadie más, ya no.’ Hoy solo necesito enfocarme en Michael Lorenz.
Se ha convertido en un parásito en todos estos últimos meses.
No me sirve.
Como no le veo otro uso…
lo mejor es eliminarlo.
‘Ser el monstruo ahora, para no ser una posible víctima después.’ *** Mi día estuvo lleno de hipocresía, envidia, farsa.
Justo ahora estaba con Mathias en una cafetería por un café.
‘¿Por un café?’ Por más absurdo que parezca, lo estoy disfrutando de cierta manera.
Tal vez sea la compañía del chico pelinegro o la atención que este me da.
‘¿Cómo es que de estar llena de desinterés, rodeada de emociones negativas…
pasé a ¿¡paz y amor!?’ Pongo los ojos en blanco por aquella ¿¡cursilería?!
—Ahora soy yo quien quisiera estar en tu cabeza —si tuviera que contar cuántas veces tengo que aguantar la respiración para no caer a sus pies cada vez que escucho el sonido de su voz…
‘no terminaría jamás’ —Tampoco es tan difícil de adivinar en lo que estoy pensando —le respondo en un tono algo coqueto, cosa que le sorprende un poco al ver su expresión.
—Bueno —finge pensar—, ¿cuántos intentos tendré?
—Podrían ser…
¿tres?
—Vale, me parece perfecto.
¿Tendré pistas?
—aquella sonrisa juguetona apareció en sus labios.
‘Maldición…
cómo es que es jodidamente sexy.’ —Depende de qué tan mal esté el jugador.
—Va, primer intento…
¿pintura roja decorando paredes?
—aquello me hizo reír, más por su manera de describirlo.
—¿En serio?, ¿crees que es en lo único que pienso?
—Este se encoge de hombros.
—Por favor, Nefertary, eso tiene un alto porcentaje —hace una pausa para tomar.
—Sí, no lo negaré, pero has fallado.
Siguiente oportunidad…
—¿Complots?
—no pude contener la risa.
—¿Es en serio?
Estás muy, pero muy frío.
—Aquí es donde llego a concluir que mi supuesta información sobre tus gustos necesita ser actualizada —ambos reímos al unísono—.
Utilizaré mi comodín —finjo pensar en la pista que le daré.
—Valee, tres palabras —este asiente para estar de acuerdo—: Café, compañía y…
azul —’como sus ojos’.
Él se me queda mirando por un instante, confundido.
—¿¡En mí!?
—pregunta con inseguridad.
—¿Eso fue una respuesta o una pregunta?
Pero sí, tonto, en ti.
Y lo patético, pero placentero que me resulta estar bebiendo un café.
—Eso sí que no me lo esperaba.
Podríamos decir que es nuestra primera cita no oficial que hemos tenido —eso sí me causó gracia.
—Deberíamos intentar tener una oficial —propongo.
—Después de que no tenga tanto caos, aceptaría.
Solo nos dedicamos una sonrisa.
El silencio nos invadió, aunque este no era incómodo, sino más bien agradable.
Es como si en él reinara la paz, la tranquilidad.
Sin hacer tanto alboroto, volví a mi bebida como una tonta chica adolescente.
Podía sentir las comisuras de mis labios intactas, sin esa característica neutral de siempre.
—Serene…
—he aprendido que cuando usa ese nombre, es porque va a decir algo realmente importante—.
¿Qué somos?…
porque no creo que esto sea algo de novios.
Lo miré, igual que él a mí.
Sus ojos suplicaban una respuesta, y mi mente no dudó en traerme recuerdos de ‘nosotros’…
en nuestros momentos más vulnerables, cuando necesitábamos del otro.
La escena del atentado pasó…
<<—¿Y dónde está un puto médico aquí?
—fue más una orden que un reclamo.
Me parecía irónica la situación, además necesitaba estar segura de que nada grave le pasara.
—Nefertary, por favor, modera ese…
—”Ningún modera ese”, mi novio tiene más posibilidad de vivir que esos parásitos que están allá y prefieren esos ineptos salvar al muerto que al vivo —solté entre dientes.
Literalmente estaba hasta los cogones para pensar en “palabras educadas”.
> > —Es verdad, esto no es de novios.
—Su cara de confusión no tardó en aparecer, así que seguí—.
Esa palabra nos queda muy chica, Ludwig.
No eres algo temporal, ya que de la misma manera que tú me necesitas…
yo también.
Yo no podría perderte…
no podría, y menos sabiendo que me derrumbaría…
solo que esta vez no tendría quien me sostuviera para volverme a levantar.
Sus ojos estaban cristalizados.
Me acerqué más a la mesa, al igual que él.
Al levantar mi mano para que mis dedos tocaran sus mejillas, una lágrima no dudó en correr por ella, así que se la limpié.
Este solo me observaba.
—¿Quién eres?
—susurró.
Creo que era la segunda o tercera vez que lo escuchaba.
—Soy Serene…
una chica a la cual le aterraría la idea de no tenerte a su lado.
Sus facciones se levantaron para formar una sonrisa débil.
Luego, no dudó en acabar con la distancia para besarme.
Un beso débil, lleno de tristeza, con aquella mezcla de dulzura.
El roce de sus labios sobre los míos era una locura…
lo bien que encajaba era una locura.
Quise protestar por aquella distancia que tomó para que ambos tomáramos un poco de aire.
—’Tú eres mío y yo soy tuya’ Así es como el monstruo cayó en las redes del cazador.
Así descubrió que nuevamente es vulnerable, pero lo que más le aterraba…
es que algún día la traicionaran…
ya que acaba de darle poder al abrirse a sí…
*** Estoy en camino a la cabaña.
Steven ya tenía todo listo, una rata inmunda y un parásito inservible en espera.
Para acabar con ellos, tengo que hacerles creer que aún sigo buscando pistas.
Acabar con la nueva distracción para que sigan alimentando su ego.
‘Pero qué imbéciles.’ Unos veinte minutos más de camino para llegar.
Ludwig, por otro lado, no pudo acompañarme ya que tenía un compromiso con su padre.
La carretera, como siempre por estos lares, estaba despejada.
La poca iluminación hacía imposible ver alguna silueta humana que estuviera a cinco metros.
‘El lugar perfecto para una cacería.’ No tardé mucho en ver aquella calle que daba a mi querido hogar.
Puede ser irónico que cada vez que venga es como si fuera la primera vez, aunque sé que no, ya que conozco cada rincón de esta propiedad.
Todas sus salidas.
Parqueo el auto en una esquina para luego poner un pie fuera de este.
En la entrada puedo ver a mi hombre de confianza esperándome.
Él tiene algunos golpes visibles en el rostro.
Miro a mi alrededor para confirmar que hay otros igual.
—¿Hubo pérdidas, Steven?
—le pregunto.
—Una.
El resto, solo lecciones.
—Sin duda, Mich les dio trabajo.
—Bien.
Iremos primero con la rata de laboratorio.
—Este solo asiente para luego avanzar hacia los pasillos que dan al ascensor.
Él me pasó un sobre con información relevante.
‘Para poner a tu enemigo contra la espada y la pared debes saber cómo acorralarlo.’ Al salir de este, nos fuimos directo a la habitación “P”.
Uno de los tipos que custodia la puerta me extiende la máscara.
Debo admitir que la extrañé.
Aunque el bastardo va a morir, ¿por qué no darle algo de drama?
Así que la tomo y me la coloco.
Como todos, está semidesnudo en una camilla, atado, con aquel rostro de odio y temor tan familiarizado para mí.
A unos metros está una hoguera pequeña de carbones al fuego, específicamente a unos 300.
—Antes de comenzar con el drama barato —anuncio—.
Lo sé todo.
Absolutamente toda tu nefasta vida.
—¿Para qué me tiene entonces?
—dice aquel “hombre” de cuarenta años.
El tono de su voz evidencia su rencor.
—Para que me confirmes…
y quién sabe, me des algunos datos de más.
—Busco una de las pinzas para tomar un carbón.
Él no duda en seguir cada uno de mis movimientos—.
Tu jefe tampoco se salvará.
Obvio, es más fácil obtener las migajas antes que al ciervo.
—Si crees que un puto carbón va a hacerme hablar, estás muy equivocada, perra de mierda.
—’Ya empezamos con los insultos.’ —¿Pero qué hice yo?
—Finjo estar ofendida mientras dirijo el trozo de carbón aún caliente por su muslo derecho.
Un roce es todo lo que necesito para que su cuerpo reaccione en contra—.
Algo me dice lo contrario.
Sigo con eso mismo ahora por su abdomen.
Esta vez no es un simple roce.
Lo deposito por ciertos puntos específicos por algunos segundos.
Su rostro refleja el dolor, aunque aún no llegan los gritos.
‘Es increíble que en tiempos antiguos este era uno de los mejores métodos para sacar información’, que siga cumpliendo su función hasta la actualidad es aún mejor.
—Algo me dice que estaremos toda la noche.
Cualquier otro maniquí ya se habría quejado —le suelto.
Puedo ver cómo el sudor empieza a recorrerle la frente.
El pánico en sus ojos no para de suplicarme, pero debe ser su lengua la que intervenga—.
Sabes, dejaré a uno de mis amigos.
Tengo un asunto más importante ahora.
—Dejo caer otro trozo de carbón, provocando un quejido leve de dolor—.
Prometo llegar para el final.
Dejo la pinza en su lugar, doy dos toques a la puerta para que esta se abra al instante.
Le doy la máscara al seguridad, le ordeno que traiga a alguien a seguir con el trabajo, mientras que yo me dirijo a la otra pieza: ‘la habitación “Q”.’ El tipo que está en esta no duda en abrirla de inmediato.
A diferencia del otro, él está sentado en una silla, atado y cubierto con una bolsa negra en la cabeza.
Me acerco a pasos seguros.
Al estar de frente, no dudo en retirarle aquella cosa para toparme con esos ojos verdes que en algún momento de mi vida me gustaba ver.
Esta vez no había diversión, gracia ni juego alguno.
Solo odio.
Lo tensa que está su mandíbula…
—Sí que le diste batalla a mis hombres.
—No dice nada, así que prosigo—.
¿Sabes cuál es la razón de esto?
—Nada, ni una palabra.
Su mirada penetrante sigue.
Es intimidante, pero nada que no pueda soportar—.
¿Por qué no me mencionaste lo de los ánimos, Mich?
Te habría podido ayudar.
Una risa irónica hace eco por toda la recámara.
—Claro, “ayudar”, como si fuera una de tus marionetas, Nefertary.
—Aquellas facciones tan relajadas no tardan en volver al estado anterior.
No respondo nada, solo me quedo en silencio—.
¿Qué esperas para matarme de una maldita vez, Ibagon?
—grita.
Solo observo su respiración agitada.
Ese sube y baja me atrapa por unos segundos.
—Si ya lo quisiera hacer, estarías como el resto que llega aquí, ¿no lo crees?
—¿A qué juegas?
—me pregunta entre dientes.
—No juego a nada, Lorenz.
Claro que vas a morir, pero no aquí…
esos no son mis planes —susurro lo último.
—¿Se podría saber cuáles son?
Doy algunos pasos a su alrededor fingiendo pensar algo que tengo muy en claro.
Pero ver cómo la paciencia se le va es muy divertido.
—¿Te arrepientes de algo?
—me detengo enfrente.
—De haberle hecho caso a tu padre y caer en tu juego.
Aquello me tomó por sorpresa.
¿Qué tenía que ver mi padre?, ¿en qué pintaba?
Una sonrisa de victoria aparece en su rostro.
Claro que fue evidente mi sorpresa.
—Especifica —le ordeno.
—¿Para qué?, si igual moriré.
—Se cruza de hombros, o eso es lo que intenta hacer.
—Tampoco te rogaré, Michael.
Lo que sea que él te haya dicho, no dudo que estuviera a mi favor.
—Silencio es todo lo que recibo—.
Por otro lado, tu familia no tardará en esperarte…
claro, si es que no están en el más allá.
—¿Qué les hiciste, zorra de mierda?
—escupe entre dientes.
—¿Yo?, nada…
más bien tú —le señalo—.
¿Qué les hiciste?, ¿qué les hiciste a las chicas del instituto, a tus amigos?, ¿cómo pudiste acabar con ellos?
—Maldita, eres una maldita —grita—.
¿Crees que no se darán cuenta?, ¿crees que la policía es tan tonta?
¿Acaso crees, Nefertary, que no habrá algo que te delate?
—Eso sí que me hace reírme.
—Mi querido Michael Lorenz —arrastro cada una de las sílabas de su nombre—.
Puede que haya algo, pero…
¿quién crees que controla Suiza?
—’Si ese chico estuviera suelto ya me estaría ¿¡liquidando?!
O bueno…
intentando hacerlo.’ —Algún día caerás, Nefertary.
—Lástima que no estarás para verlo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns ¿Provocaciones, amor, caos, venganza todo en este capítulo?
Ese “soy tuyo y tu mía”….Claro ya me puso los ojos de corazones Tam bién que me caía Michael…
lástima por él literalmente le tenia aprecio.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com