Lo Que Nadie Ve - Capítulo 38
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38: Capítulo 37 38: Capítulo 37 NEFERTARY Sadness amidst the chaos.
El sonido de mis botas sobre las piedras anunciaba mi llegada.
La última vez que vine fue el día de su muerte, así que…
‘aquí estaba, entre las ruinas de lo que quedó de esa noche’.
No había un cementerio, no había una lápida, ya que su cuerpo fue incinerado, y ni idea de dónde habrá depositado las cenizas su “madre”.
El ambiente estaba tranquilo, nada comparado con esa noche.
Me acerqué a los escombros de lo que quedaba de aquel edificio o almacén.
Mis pasos eran débiles.
Mi cuerpo reaccionaba por sí solo; era más que obvio que quería irme de allí, pero tenía que hablar.
Intentar hacer las cosas bien para poder seguir.
No solo porque se lo debía…
sino porque ‘me lo debo a mí misma’.
—Tres meses, Ossoclu, tres meses para…
—doy un respiro para no derrumbarme, ‘porque aún duele, aún quema…
aún arde en mi alma’—.
He leído algunas de tus cartas, te juro que tengo que tomarme dos días para estar preparada y volver a leer otra —miro hacia un lado como si tratara de esquivar su mirada, como si de verdad estuviera ahí—.
¿Sabes qué no voy a superar?
—hice una pausa, para luego seguir—.
Que de tantas veces que me decías que estarías para mí, que “siempre” ibas a estar a mi…
a mi lado —vaya que aquellas lágrimas son tercas—.
No lo hayas cumplido.
Tenía que ser fuerte, ‘hoy no’.
—Pudiste no interponerte, podías elegir no ser el “héroe”, pero tú viste algo en Mathias que yo apenas estoy descubriendo.
Te escribí una carta…
si es que aún te la mereces —tomé asiento en uno de los escombros y saqué aquel papel arrugado.
Carta: ‘Idiota’, eso fue lo que pensé aquel día que me hablaste por primera vez, engreído y confianzudo.
Reconozco que tenías carácter…
cualquier otro se hubiera ido, como ratas cobardes.
Aunque tú, tonto ruso…
¿qué tenías que perder?
Te quedaste.
Lo que pensé que iba a ser solo algo pasajero pasó a ser un lazo que nadie podía romper.
Bueno, al menos eso creía…
hasta que la muerte apareció, dejándome solo recuerdos, como aquel beso.
Jamás lo dije, pero estaba en shock.
No sabía cómo reaccionar a eso, jamás me había pasado.
Ningún chico lo había intentado siquiera, aunque tú, tonto ruso, la palabra miedo no entraba en tu intelecto.
Fue gracioso verte los días siguientes buscando mi perdón antes de que regresara a Suiza.
Los “regalitos” ridículos que me dabas…
muy original regalarme una piedra del lugar que no conocimos, ¿eh?, o de la bendita rana para hacer una disección…
eso ya lo hacía en clases de biología, imbécil.
Pero bueno, jamás fuimos normales.
¿Por qué serlo?
Tus locuras, de alguna manera, me gustaban.
Me encantaban.
Tu manera de leer y predecir mi comportamiento me sorprendía, porque, seamos sinceros, eras el único que se tomaba en serio eso de escucharme, de ponerse en mi lugar, o cuando no había nada que decir, estar a mi lado solo en silencio, haciéndome compañía.
Fuiste el primer chico en todos los aspectos, Demir…
Ahora sé que tengo que aprender a vivir sin mi galaxia personal.
Sí, aquellos lunares que eran como estrellas en tu rostro.
¿Cuántas veces no me perdí admirándolos?
Podría jurar que me pillabas haciéndolo…
simplemente te reías de ello, porque sí.
Lo de disimular contigo no era mi fuerte.
Nunca lo fue.
Para el chico que me decía “мой северный полюс” Con toda la obsesión y locura del mundo, Nefertary Ibagon Ya estaba hecha un caos.
Un caos sentimental.
Mis ojos, pues…
simplemente estaban como si hubiera abierto el grifo y dejara que el agua saliera.
Mi pecho contenía un nudo que dolía cada vez que intentaba respirar.
—Pero como en tus cartas, Ossoclu, yo también tengo una canción que descubrí.
O mejor dicho…
la había escuchado, no sentido como hasta ahora.
Saco mi móvil del bolso, lo desbloqueo para buscar la canción en la aplicación de Spotify.
Empieza a sonar aquella melodía tan nostálgica.
La voz de la chica no tarda en cantar.
Yo susurraba la letra.
‘Parecía irónico que le hubiera contado mi vida a la artista y esta la convirtiera en arte.’ Así siguió hasta que terminó.
—Dancing With Your Ghost – Sasha Sloan.
Dije exactamente como la primera vez.
Me levanté del sitio, le di una última vista.
Respiré hondo.
Solté.
Esperé unos minutos, pero nada más venía a mi mente.
Solo una palabra se cruzaba: —Adiós, Demir…
adiós, Demir Ossoclu.
Con eso, tomé marcha para retirarme de aquel lugar que duele, que asfixia…
aunque no me mata, es como si lo hiciera lentamente.
*** Al llegar a la mansión, lo primero que observé era a los hombres de seguridad.
Steven les dio el día libre a la mayoría, solo quería a los de confianza.
Ya era hora de acabar…
de destruir a mi creadora.
‘Deja los sentimientos afuera, con gente que no merece conocerlos’ El coche me abre la puerta para que pueda salir de este.
Mis pasos son decididos, no hay espacio para el arrepentimiento.
Es lo que hay.
—Señorita Nefertary, todo está como lo planeado —anuncia él apenas llego—.
El joven Mathias está fuera de la propiedad, seguro.
El resto de los integrantes, ocupados.
—¿Llegó?
—pregunto fríamente.
—Sí, está en la sala.
Este se corre a un lado para abrir la puerta, a la vez que llama a unos tres tipos.
Con eso, soy yo la que pone el primer pie seguido de los demás.
La imagen de aquella, muy elegante, sentada, no se inmutó en levantar la mirada.
Seguía con su libro y su taza de té.
—¿Es necesario tanto drama?
—dice con tal neutralidad que solo me hace sentir repulsión por ella.
—¿En serio quieres que responda a aquello?
—le respondo en el mismo tono, dejando el libro a un lado y mirando por primera vez.
—Siempre has sido una viva imagen de tu padre.
Una pena que también te falló —claro que es para provocarme, pero no caigo.
Camino para sentarme en uno de los sofás para quedar de frente.
—Señora Ziegler, ¿sabe qué está ocurriendo?
Esta toma su taza para darle un sorbo, como si estuviéramos en la plática más común entre madre e hija.
—¿Vas a matarme?
—le dedico una sonrisa como respuesta—.
Pensé que dejarías eso de un lado, aunque…
en el fondo sabía que no lo harías.
Pero el caos siempre fue tu esencia…
Serene —mi cuerpo se tensó ante la mención de ese nombre.
No dudo en que lo haya notado.
—Solo una pregunta: ¿por qué no me lo hiciste más fácil?
—esta finge pensar, luego da un suspiro como si aquello le cansara.
—¿Eso te traería a tu padre?
—no digo nada—.
Por eso no te lo dije, porque perder el tiempo es una de tus especialidades favoritas, ya que nunca aprendiste a obedecer, Nefertary Ibagon —suelta con odio, como si hubiera fastidiado todos sus planes—.
Todos mis esfuerzos —se levanta de su asiento, caminando por los alrededores—, todos estos años que invertí para que fueras la mejor de la familia, todo eso se fue al carajo por tu maldito narcisismo, tus jodidas obsesiones.
Terminaste siendo un parásito inservible, la peor mancha en el legado de un Ziegler.
¿Cómo podía dolerme?
El odio en sus ojos, el asco con el que me miraba…
aunque al final sabía que jamás sentiría afecto, que solo estaba mostrando su verdadera personalidad, su naturaleza.
Quería llorar, no por tristeza.
Quería llorar por todo lo que me ha hecho soportar, pero eso solo le daría la satisfacción y no se lo iba a permitir.
—¿Terminaste?
—le pregunto sin tacto.
—¿Cuándo vas a acabar conmigo?
—vuelve a sentarse—.
Esperé ser un juguete más en tus estúpidos juegos medievales.
—Vanessa Ziegler —arrastro su nombre—, tú no mereces mi tiempo, mucho menos ahora, y mírame…
aquí estoy —esta no dice nada, así que sigo—.
Egil caerá, al igual que mi querida hermana, aunque tú no sufrirás tanto —ella empezó a reírse como una desquiciada.
—¿No sufriré tanto?
—se levanta para venir a mí, aunque los hombres que entraron conmigo son más rápidos y la detienen—.
¡Fui yo la que te puso allí arriba, fui yo, perra de mierda!
—grita sin lograr su objetivo.
—No fuiste tú —le respondo con ira y desprecio mientras me levanto de mi lugar—.
Fue Gregorio Ibagon quien me dejó un imperio y estoy dispuesta a todo para acabar con los Ziegler.
Pero no por él, sino por mí, por mi libertad —digo entre dientes.
—¿Libertad?
¿Acaso ya no eras libre?
—finge tristeza, burlándose de mis palabras.
—Jamás he sido libre, tú sabes muy bien eso.
Tú te encargaste de eso —me río.
Esta vez soy yo la que da pasos lentos por el lugar—.
Pueden soltar a la mujer, dudo que esta olvide su educación y se ‘rebaje a mi nivel’ —ellos acatan la orden y la sueltan.
Ella solo los fulmina con la mirada.
—Termina ya, Nefertary —me ordena.
—Tú terminarás con tu vida.
Yo no me mancharé las manos con tu sangre.
Para mí tú no mereces la pena.
Pero como dices tú, hay que deshacerse de los estorbos —Steven se acerca y coloca el arma en la mesita que está en medio.
Su vista se dirigió a esta—.
Ya sabes qué hacer.
¿Tú jamás has sido libre?
¿No crees que ya es hora de serlo?
No necesitaba decir más, no necesitaba gastar mi aliento en alguien que ni siquiera se iba a tomar el tiempo de pensarlo por un segundo.
Así que me di media vuelta para retirarme del lugar.
Solo se escucharon mis pasos, hasta que el sonido de un disparo me hizo detenerme, pero no volteé, no miré atrás…
ni siquiera sentí culpa…
como si aquel peso que siempre ha cargado mis hombros ya se hubiera ido con aquel eco.
Volví a retomar el camino.
Podría decir que…
‘al fin estaba probando la libertad’.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Todos tenemos un lugar al que volvemos cuando necesitamos soltar…
Nefertary lo hizo entre ruinas, entre cenizas, entre el eco de un adiós que no se gritó, pero que por fin se aceptó.
¿Qué fue lo que más te dolió de esta despedida?
¿La carta, la canción, el disparo…
o todo?
Y ahora que Vanessa ha salido del juego…
¿realmente Nefertary es libre?
Déjame tus teorías, porque ya solo quedan pasos para el final.
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