Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lo Que Nadie Ve - Capítulo 39

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lo Que Nadie Ve
  4. Capítulo 39 - 39 Capítulo 38
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

39: Capítulo 38 39: Capítulo 38 NEFERTARY Let the family reunion begin.Let the family reunion begin.

Al salir de aquel lugar, era hora de seguir con él, necesitaba verlo morir, acabar con ese tipo para estar segura a la vez de que no tomara venganza por la muerte de Vanessa, ya que esa sería una excusa que usaría, aunque claro…

‘él no necesita una, solo actúa por placer’.

—Señorita —grita Steven que viene corriendo hasta mí— Egil va camino al aeropuerto.

—¿Cómo que al aeropuerto?

Esa rata no puede salir, lo quiero ya mismo, no me importa si hay civiles como testigos, ese maldito no puede dejar Suiza —él asiente, para luego sacar el móvil y empezar a dar órdenes— —Todo estará listo, lo esperaremos en la cabaña.

Me abre la puerta del auto para que entre, lo cual hago; luego el chófer se pone en marcha.

Mi mirada se desvía al atardecer que está más naranja que nunca, simulando ser la lava de un volcán.

Aún con aquella vista, mis emociones no se relajan, están a mil por cada jodido segundo que pasa.

Ya acabé con todos los involucrados, solo me falta él, la rata miserable de Egil Ziegler, y no pienso que ese prematuro de mierda lo joda todo, aún más sabiendo que me esforcé en tener calma para esto, en pensar estratégicamente para poder ser yo ahora quien controle las fichas del juego.

—Mantén la compostura, Nefertary —susurro para mí misma.

Pero está complicado seguir hasta mis propias palabras de autocontrol, está difícil mantener el jodido ritmo cardíaco normal cuando la adrenalina ya está en tus venas, susurrándote qué hacer, llevándote al principio.

Mi cuerpo ni siquiera se esfuerza por ponerle un alto, solo quiere acompañar aquel instinto…

ni siquiera le importa el riesgo porque sabe que ya está un paso en el infierno, que es hoy y solo hoy…

no habrá mañana.

‘Hay que vivir el hoy, tengo que vivir el hoy, si quiero un mañana.’ Mi móvil empieza a sonar, no dudo en sacarlo de mi bolsa para contestarlo, sin fijarme ni siquiera en el nombre.

~¿Quién?

—pregunto sin más.

~Mathias, solo quería saber cómo estaba todo —doy un suspiro inconsciente al escuchar su voz.

~Vanessa Ziegler se ha ido, decidió ser libre —solo hay silencio por unos segundos.

~¿Cómo te sientes al respecto?

—dice después de un tiempo.

~Como si me hubiera quitado una carga, ni siquiera sentí dolor, Mathias, solo un alivio…

¿acaso eso está bien?, ¿estaba bien sentirse tan bien?

Haberlo admitido en voz alta hizo que todas mis dudas, miedos invadieran mi mente, cuestionando todo, aunque no debería, ya que nunca le importé, solo me veía como su creación perfecta, aunque al final terminó decepcionada porque resultó todo un fracaso, así que ¿por qué tener empatía con alguien que nunca tuvo nada de maternidad?

~Sólo tú puedes responder a eso, nosotros cosechamos lo que hacemos, Nefertary…

ella jamás fue una madre.

Tenía razón, nunca lo fue, solo se sentía orgullosa cuando seguí sus caprichos, solo alimentaba su ego.

~¿Natasha está contigo?

—cambio de tema.

~Sí, en breve salimos para allá —nos quedamos en silencio otra vez.

~Mathias —digo para captar su atención— Pase lo que pase este día, siempre te llevaré conmigo…

‘Soy Tuya, Ludwig.’ ~Y yo soy ‘Tuyo, Serene.’ ✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Las ruedas crujen contra la grava.

El motor se apaga.

La puerta se abre y no espero a que nadie me ayude.

La noche llegó.

El aire me golpea en la cara, como si estuviera dando la bienvenida.

No digo ni una palabra.

Ni siquiera saludo.

Siento cómo mis latidos me suenan en los oídos más fuerte que cualquier palabra.

Mis pasos son firmes, toda la atención recae sobre mí, todas esas personas esperan una orden, un simple gesto.

Mi mirada se topa con la del chico pelinegro, quien me mantiene su mirada.

Tal vez no lo sepa, pero acaba de reconfortarme de alguna manera.

Avanzo hasta llegar hasta ellos.

—¿Egil?

—pregunto apenas me pongo al lado de ellos.

—Está en camino, hermanita —Natasha me dedica una sonrisa torcida.

‘Patética escoria’, sigue siendo igual de insoportable que el primer día que dio la cara.

<< Meses atrás Me estaba hartando de esperar, de esperarla, esta tipa quiere sacarme de mi casilla.

Levanto la mano para llamar la atención del mesero.

—Un té de canela, por favor —este asiente y se retira.

Miro mi reloj, trece minutos tarde, pero ¿quién se cree ella?

Eso, él es la hija de un deslíz de mi padre, hacerse de lo más importante me parece absurdo.

—Disculpa la hora, hermana.

Levanto la mirada al escuchar su voz.

Mis ojos no pueden creer lo que ven, todo este tiempo…

todo este maldito tiempo estuvo respirando, comiendo bajo el mismo techo que yo.

Al parecer mi reacción le parece más estupenda en estos momentos porque la estúpida sonrisa no se le borra ni aunque quedara parapléjica.

—¿Hermana?, ¿estás bien?

—finge estar preocupada.

—Deja tu farsa, Natasha —suelto, la ira se refleja en mi voz.

—¿Pero qué farsa?

—ella toma asiento— ¿Acaso no sabías que nuestro padre tuvo historia con mi madre?

—no digo nada, mi cerebro está procesando todo lo que me está diciendo— Un día antes de la boda con mi tía, como venganza de que ella le fue infiel con Egil —la burla era evidente.

—¿Carajos quieres?

—digo entre dientes.

Justo el chico que atendió llega con lo que le pedí, ella le pide algo, yo solo trato de mantener la calma y no despecharla ya, sin importar que haya audiencia para el espectáculo.

—Parece como si el volcán estuviera a punto de explotar —le mantengo la mirada burlona.

—Responde ya, Ziegler, ¿qué carajos quieres?

—Yo solo vengo a ayudarte —me burlo yo de aquello que dijo.

—¿En qué me puede ayudar una bastarda como tú?

—mi tono de voz salió preferentemente relajado, con clase, logro mi objetivo, que también sintiera odio.

—Con permiso —él le deja los aperitivos a su lado— Si necesitan…

—No necesitamos nada más, puedes largarte —le dice Natasha al chico.

—No tenías que ser grosera, ‘hermanita’ —arrastro la última palabra.

—Voy al punto, Nefertary.

—Eso es lo que te he estado pidiendo, así que suelta —rebo las riendas, los papeles se invirtieron, me doy la dicha de tomar un sorbo de mi té.

—Quiero venganza por la muerte de mi padre.

Gracioso, es muy gracioso que no puedo ni siquiera controlar mis carcajadas, llamando la atención de las pequeñas personas que están en el local.

—Como que llegas tarde a eso, querida —digo tratando de tranquilizar aquella necesidad de seguir riéndome— ni que fueras de mucha utilidad.

—Te equivocas —esta vez es ella quien le da un sorbo a su bebida— Sé mucho más que tú, ¿acaso crees que Gregorio Ibagon no me tenía pendiente de todo?

Me tenía más confianza a mí que a ti.

Exhala e inhala, eso es lo que trato de hacer para no comportarme como una loca del psiquiátrico, pero ¿cómo hacerlo, joder, si parece que el hobby de cada una es sacar de quicio a la otra?

—¿Qué pretendes?

—Una alianza para acabar con él >> Una linda manera de enterarte que tu media hermana siempre fue tu querida prima, que toda tu vida era una mentira, que todo es venganza por lo mínimo que hacía el otro.

La camioneta no tardó en aparecer a la vista de todos.

Cuando detuvo lo suficientemente cerca, se detuvo.

Steven bajó del asiento del copiloto para después abrir las compuertas.

La cabellera roja se hizo visible, el tipo está atado, la cara la tenía cubierta, los hombres que lo traían lo dejaron delante de nosotros, de rodillas dándole uno que otro golpe para que cediera.

Les hago una señal a todos para que avancemos, no adentremos al bosque, porque allí era donde estaba su sorpresa.

Las pequeñas gotas empezaban a caer, haciendo el momento sobrio, oscuro.

Se sentía que estaba en la ejecución final.

Cuando llegamos al lugar, todos se detienen.

El sitio está iluminado con algunas linternas, lo necesario para vernos los rostros.

Steven se acerca a Egil, dándole un golpe específico en la parte trasera de sus rodillas para que quedara nuevamente.

Él suelta un quejido de dolor, mientras que el otro le retira el mini saco que tapaba su visión.

Su rostro está todo golpeado, evidencia que no fue para nada un secuestro fácil.

Su mirada divaga por cada uno de los presentes hasta llegar a mí.

No hay miedo en ellos, solo odio, rencor y diversión.

—Un batallón para un solo hombre —aquella sonrisa torcida aparece en su rostro.

—No me arriesgaría —le digo en tono neutral.

—Mira que matar a tu madre…

eso sí que no me lo vi venir —ríe ante aquello.

—Ni siquiera me manches las manos, ella hizo todo el trabajo.

—No esperes que yo haga todo el trabajo —escupe con rencor.

—No lo va a hacer, Egil, te tenemos una sorpresa —le habla Natasha.

—No quiero ni una puta sorpresa si viene de ustedes, en especial de ti, zorra barata —que sí sentí satisfacción al oír eso, claro, eso era personal de estos dos.

—Siempre tan caballero, señor Ziegler —le dice ella con una sonrisa, él pone los ojos en blanco.

—Yo que tú, Nefertary, no confiaría en estos dos, mira en dónde cuando lo hice con uno de ellos.

—La diferencia es que…

yo sí me tomé el tiempo de estudiar muy bien a mis enemigos y no irme los follando, mezclando el placer con la venganza —mi voz suena tranquila.

—¿En serio?

—en sus ojos desaparece ese brillo de ira, sustituido por uno de diversión— ¿Dónde está Demir ahora?

Mi cuerpo reaccionó por mí, dio un paso y estoy segura de que daría más hasta llegar a él, si no fuera por Ludwig, quien me toma del brazo.

Cierro los ojos unos instantes para concentrarme y no caer en sus provocaciones.

—Ten por seguro que pagarás por ello —suelto entre dientes.

—Solo te informo que no actué solo —su mirada se dirige a Natasha, quien tiene un semblante todo serio.

—¿A qué te refieres?

—le pregunto.

—¿Tu querida hermanita no te contó?

—Está mintiendo, Nefertary, solo quiere sembrar caos.

—Oh, cariño, bien sabes que nunca miento —le dedica una sonrisa torcida.

Cualquier cosa me puedo esperar de estos dos, ambos pagarán, siguen siendo después de todo ‘Ziegler’.

—Egil Ziegler, lo que digas me tiene sin cuidados en estos momentos.

Sabes, pensé en degollarte, aunque sería una muerte muy rápida para ti, rata inmunda, así que ¿ves ese agujero?

—se lo señalo, él pasa la mirada de eso a mí— Allí está tu destino.

—¿Piensas enterrarme vivo y ya?

—pregunta burlonamente.

—Steven, creo que nuestro invitado necesita una vista VIP —ellos lo arrastran hasta allí— Hasta escucha hablar de la ¿doncella de acero?

—aunque esté de espaldas puedo ver cómo todo su cuerpo está tenso— Al parecer no, bueno, te lo diré yo: esa querida obra de arte que ves fue una de las torturas más crueles, aunque se piensa que no era tan común, Mathias —llamo la atención del pelinegro— ¿podrías seguir con el resto?

—Por lo que creo que ve, se debe tratar de un sarcófago con forma de un cuerpo humano, aunque la cereza del pastel son esos con pinchos metálicos en su interior, cuya función principal es clavarse en el cuerpo de la víctima para desgarrarlo poco a poco —no lo pudo explicar mejor, ‘como que invirtieron los papeles, ¿no?’ —¿Alguna duda que tengas, Egil?

—le pregunto.

De un momento a otro, en fracción de segundos, el tipo se lanzó a los dos hombres que lo custodiaban, mientras que los otros se abalanzaban hacia él, pero al parecer tenía inútiles trabajando para mí.

Ludwig iba a interferir, pero lo detuve, no quería algo que me destruyera la vida nuevamente.

—Ellos se encargarán.

Efectivamente eso fue lo que pasó, por algo tenía a unas trece personas.

Un grupo se abalanzó hacia él; uno le dio un golpe tan fuerte en la cabeza que temí que quedara inconsciente antes de su muerte.

Caminé hacia él para comprobar su estado, masacrado, pero consciente aún.

Le doy una mirada de asco a este, quien no duda en sostenerla.

—Átenle las manos nuevamente —uno de los tipos toma una cuerda para hacerle un nudo en sus muñecas— ¿En serio creías que te ibas a poder?

—¿Tú creías que no lo iba a intentar?, ¿que no daría mi último show?

—el cansancio en sus ojos es evidente, aún así se esfuerza por darme una sonrisa repugnante.

Le hago una señal a mis hombres para que lo lleven al hueco.

Este hace rabietas como un niño cuando no quiere algo y se lo niegan.

Son cuatro los que lo llevan hasta allí.

Camino un poco para estar más cerca y verlo ya en aquella tumba.

—¿Algo que quieras decir?

Tus últimas palabras, Ziegler —este me mira desde allá abajo, mi satisfacción de verlo así está evidente ante sus ojos.

—’Nos vemos en el infierno, nos veremos muy pronto, Nefertary Ibagon.’ Le hago una señal al hombre quien cierra el sarcófago.

Se pueden oír los sonidos de aquellos pinchos atravesando su piel, eso lo matará lentamente.

Sus últimos pensamientos serán que no puede hacer nada, que aunque supiera cómo salir de esa tumba, tiene seis metros de tierra encima.

Esta es una de las maneras de cómo acabar con un Ziegler…

‘uno menos en la lista.’ NATASHA La lluvia asotaba más fuerte.

Después de media hora, Egil descansa en paz.

‘Fuiste un buen aliado, lástima que solo eras una pieza más del juego.’ El resto de los tipos de Nefertary se habían ido a la cabaña.

Solo estábamos los tres, esperando tal vez la resucitación del posible muerto.

Ahora era mi turno de mostrar mi carta, ‘la alianza murió con Egil’, quitaré las últimas piedras del camino.

Miro a Mathias para hacer la señal.

Este no duda en sacar el arma y apuntarle a Ibagon.

Esta se voltea al escuchar el sonido del seguro siendo quitado de la pistola.

Su cuerpo se tensa, su rostro es tan neutro, sin ninguna pizca de emoción.

—No es nada personal —le digo— Solo que Gretchen y yo pensamos que serías una oveja negra insoportable, hermanita —finjo tristeza.

—Deja tu hipócrita, rata de alcantarilla inservible de mala muerte —aquello me hace reír— Lo esperaba de ella, pero de ti jamás, Mathias —el reproche en su voz fue tan evidente.

—No lo tomes personal —le digo— Él solo se dio cuenta de que no sirves para nada.

Ella solo lo mira.

Él puedo ver algo de dolor en sus ojos, pero no dice nada.

Las gotas de lluvia no ayudan para saber si está aunque sea llorando por aquella traición.

—¿Todo fue una farsa?

—le pregunta— ¿Todo lo que me dijiste fue una puta farsa?

—El chico no dice nada, solo se le queda viendo— Responde de una jodida vez, Ludwig —le grita.

—No tiene nada que ver contigo, Nefertary —su voz suena tan fría que lo desconozco, al parecer todo lo que había dicho era cierto, solo está fingiendo.

—No, claro que no, ni siquiera parece evidente que no es personal —después de Demir pensé que no la vería rota nuevamente— No sabes cuánto te odio.

—Como si eso le importara, hermanita.

—No crees que te estás arriesgando demasiado, en no matarme de una maldita vez.

—Por supuesto, pero como esto de siempre querer escuchar lo último que va a decir el futuro cadáver es un ritual, ¿algo más que aportar?

Ella se toma su tiempo, podría querer defenderse, derrotarlo fácil a él, ni siquiera lo intenta, es como si ya no tuviera algo por qué luchar, dándose por vencida.

Lo peor que le puede pasar a tu enemigo es que tu punto débil, el que creíste que estaba de tu lado, te engañó de la manera más vil posible, que se convirtió en lo que tanto detesta del resto de personas con las que tratas cada día.

—La vida es un carrusel, Natasha Ziegler —una sonrisa torcida cargada de dolor en sus ojos.

El eco del disparo se desvanece por el lugar.

Su cuerpo se desploma al suelo, de su cabeza no tarda en salir aquel líquido rojo mezclándose con la lluvia en el suelo.

Lo veía y no me lo creía, pero era real, estaba muerta, gané, al fin gané.

Cuando me dispuse a mirar a Mathias, este me estaba apuntando con el arma.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, las preguntas llegaban a mi mente…

no tenía respuesta para ninguna de ellas.

—¿Qué haces?

—le pregunto.

—¿Acaso pensaste que me quedaría a tu lado?

Una sonrisa tan psicópata que jamás había visto en él estaba presente.

Este no era un chico frágil como decía Egil.

Estaba viendo la creación de Nefertary Ibagon, el monstruo ya estaba suelto, hambriento y por supuesto…

quería sangre.

MATHIAS —No eres capaz —disparo, la primera bala le da en su hombro derecho.

—¿Decías?

—el tono tan frío de mi voz me sorprende, pero no me asusta.

—¿Por qué?

—dice mientras se lleva una mano izquierda para comprobar que está sangrando de verdad.

—Pensé que tenías en cuenta que aquí todo el mundo se utilizaba —segundo disparo en su otro hombro, esta cae de rodilla al suelo— Pero qué patética eres, Natasha, yo que pensé que eras más astuta que tu hermana…

qué decepción.

—Eres un imbécil, te vas a pud…

Tercer disparo en los sesos, su cuerpo cae desplomado al suelo duro, al lado de su querida hermana.

‘Mujeres, siempre pensando que tienen el control de todo.’ Ahora sí yo podré crear mi imperio, sin obstáculos, sobre todo…

sabré lo que es libertad, sin manipulaciones de nadie porque esta vez la creación derrotó a su creador.

—’El juego ha acabado, al final terminó siendo…

lo que nadie ve.’ REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Solo tengo una pregunta…

¿Jamás lo esperabas o si?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo