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Lo Que Nadie Ve - Capítulo 40

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40: Capítulo Final 40: Capítulo Final MATHIAS Where it all began.

Suecia, Estocolmo Un año y medio después El color blanco se supone que debería dar calma, más en lugares como estos, solo enferma aún más.

Seguía avanzando hasta los pasillos; el olor a productos de limpieza inundaba mis fosas nasales.

A un par de metros pude localizar la figura de aquel hombre tan familiar para mí, parado en la puerta de su habitación.

—¿Alguna novedad, Steven?

—digo apenas lo veo.

—Al parecer los movimientos involuntarios son solo efectos secundarios, muy comunes en su estado.

—O sea…

¿qué no hay certeza de que despierte?

—le pregunto.

—No, no la hay, señor.

—¿Qué he dicho de la palabra “señor”, Steven?

No tengo cuarenta años.

—Disculpe, joven.

—Le hago una señal para que se retire del lugar.

Al no tenerlo cerca, me dispongo a entrar a la recámara.

Me quedo inmóvil por unos segundos, hasta que doy un suspiro para seguir adelante.

Al verla dormir en aquella camilla con todos esos aparatos, no puedo evitar sentirme culpable, ‘pero tenía que ser así, ella lo quiso así’.

Todo este tiempo ha estado sumergida en un sueño que parece eterno.

Cada vez que surge una señal de que podría despertar, me lleno de esperanzas que luego se desvanecen cuando llego aquí.

—Aun en tu estado…

sigues jugando conmigo.

Tomo asiento en una de las sillas que está en el lugar, aunque antes la acerco más a ella para poder tocarle la mano.

Está tan fría que juraría que no está con vida, si no fuera por el monitor que hace evidente sus latidos.

—No sabes cuántas veces me he arrepentido de seguir aquel plan, Serene —contengo la rabia que siento hacia mí mismo—.

No debiste confiar en mí.

No dejo de pensar en todo lo que sucedió, en lo que pude evitar.

Siento un nudo en la garganta que evidencia mis ganas de llorar, al mismo tiempo que mi mente me trae aquel recuerdo…

《Suiza Un año y medio atrás, una semana antes del final Juro que verla reír, jugando con Nyra y Ragnar, es lo más lindo que había visto en mi vida.

Si ahora me contara alguien que esta chica es una asesina serial, no lo creería, ni siquiera podría considerar la idea.

Estábamos disfrutando de un día tranquilo, solo los cuatro en el parque metropolitano.

El clima era perfecto, el sonido de las aves espectacular.

Parecíamos unos adolescentes enamorados, teniendo una cita tan básica pero satisfactoria.

El movimiento de sus caderas me volvía cada vez más loco, ‘¿cómo podía ser tan sexy aquel gesto?’.

Su rostro dejaba al descubierto una sonrisa tan genuina y, en sus ojos, podía ver felicidad.

Disfrutaba de esto tanto como yo.

—Deja de mirarme como un tonto —dice al llegar, en tono coqueto, para luego darme un pico en los labios y sentarse a mi lado.

—Eso será más difícil de lo que pensé —respondo.

—Es muy fácil, Ludwig.

Más de lo que piensas.

—Ambos miramos al dúo Menguante que seguía jugando.

La cuenta regresiva ya estaba corriendo, el caos ya estaba cerca, así que quería aprovechar este instante al máximo.

Aunque mis pensamientos no me dejaran estar del todo presente, ¿cómo podía estarlo?

Puede que todo salga mal, que todo dé un giro inesperado.

—No debes preocuparte por nada, todo saldrá perfecto —responde como si hubiera leído mi mente.

—¿Cómo lo sabes?

¿Cómo puedes estar tan segura, Nefertary?

—Es fácil, esos dos no se esperan nada.

Su ego es tan grande que creen que de verdad estás de su lado.

—Ella quiere acabar contigo después de que tú termines con Egil, Nefertary.

Esa tipa quiere que yo te mate.

—Esta desvía su mirada del frente para mirarme.

Sus ojos azules, con aquella pizca de gris, tienen una calma que me hace caer en ellos.

—Y eso harás.

Le darás el gusto…

que piense eso.

—¿Estás consciente de lo que estás pidiendo?

—le reprocho.

—Has estado todo este tiempo practicando tu puntería.

Confío en que lo harás bien.

Lo he visto yo misma, Mathias.

—Decido mirar al frente, rompiendo el contacto visual.

—No puedo, no pu…

Me corta con un beso.

¿Cómo negarme a seguirlo?

Sus labios son éxtasis para seguir viviendo, para seguir en pie soportando todo esto.

La atraigo más a mí para eliminar esa pequeña distancia que me molesta.

Una de mis manos se posa en sus caderas, mientras que ella deposita sus brazos en mis hombros, a la vez que sus manos juegan con mi cabello.

—Sí puedes.

Sé que puedes demostrarle a ella que puedes valerte sin mí —anuncia con su voz entrecortada por la falta de aliento—.

Después de eso, nosotros dos crearemos nuestro nuevo imperio en Suecia.

Allí comenzaremos de nuevo.

Volvió a unir nuestras bocas, deleitándome con sus movimientos tan precisos que sabían cómo hacerme caer ante sus pies sin que pudiera objetar.

》 Después de matar a Natasha, Steven apareció con los hombres y unos paramédicos para que la llevaran a la cabaña.

Recuerdo que solo rezaba para que la bala no le hubiera tocado ningún nervio importante, ya que no sería capaz de perdonármelo.

No podría perdonarme haber acabado con la vida de mi esposa.

《Un mes antes del juego final —¿Estás segura?

—le pregunto, ante la llegada del juez.

—Necesito asegurar mi patrimonio, no pienso dejarle nada a los Ziegler.

Estoy más que segura de que quiero ser la señora Ludwig.

—Aquello me hizo reír.

—Entonces…

¿qué esperamos para que ya portes mi apellido?

》 No pude estar más nervioso, cargado de miedo como si alguien fuera a impedirlo.

Ese día tenía tantas emociones encontradas.

Aunque no era que no quisiera casarme con ella, simplemente no me lo imaginaba así.

Aunque fue un acto corto y en secreto, sin duda disfruté cada segundo de ese momento.

Al fin éramos solo los dos.

Así que…

así fue como técnicamente tuve toda la fortuna de Ibagon, la de su madre Vanessa, la de Natasha, ya que al parecer habían firmado un acuerdo donde pactaban quedarse con el patrimonio de la otra si alguna sufría algún accidente.

Como Nefertary era legalmente mi esposa, esos bienes cayeron en mí.

Tras el suicidio de Ziegler en la mansión, fue todo un show, un escándalo total en los medios.

Las especulaciones no paraban.

La desaparición de Egil y Natasha tampoco ayudaba.

La gran Gretchen Ziegler utilizaba sus influencias para mantener el control.

Le costó mucho, pero después de cuatro meses lo logró.

Un mes después falleció.

Todo pareció ser solo un sueño.

《—Tienes que fingir mi muerte y destruir mi imperio para que ella crea que al fin caí.

Promete que lo harás.

—Te juro que lo haré.

》 Y eso fue lo que hice.

Nefertary Ibagon había muerto esa noche en Suiza.

Ese mismo día, su imperio cayó.

Claro, después de que la estabilizaran y la trasladaran a una cabaña muy lejos de la otra, teniendo todos los instrumentos listos para cualquiera de las complicaciones que se pudieran presentar.

Luego de dos meses de espera, a que el médico diera luz verde para poder sacarla del país con otra identidad, llegó a Suecia…

hasta entonces solo ha permanecido en coma.

Toda esta historia tuve que contársela a mi padre, quien no podía creer la doble vida que estaba llevando los últimos meses.

Procesó todo por un mes.

No le quedó de otra que aceptar mi decisión de venir acá.

De igual manera, ya era mayor de edad, podía valerme por mí mismo con todo lo que me dejó Nefertary.

Pero lo necesitaba a él para los negocios porque aún era un crío para eso.

Por otro lado, yo no pude irme de inmediato.

Tuve que esperar seis meses para estar a su lado, que nada pareciera sospechoso, esperar los trámites para recibir las propiedades, sobre todo que nadie de los Ziegler viniera por ella.

Estar seguro de que todos se creyeron el cuento de su muerte.

Agradecía que días antes de aquel caos infernal hubiéramos terminado el instituto.

Solo nos perdimos el acto de graduación, aunque para ser sinceros solo hubiéramos estado allí por simple formalidad.

Yo cumplí.

Cumplí con cada promesa.

Estábamos aquí.

Estaba creando el imperio, aunque me faltaba una reina que gobernara a mi lado.

No podía seguir haciéndolo solo.

Aunque Steven estuviera a mi lado, no era lo mismo.

La necesitaba.

Necesito que regrese, que despierte…

necesito ver sus ojos.

Me levanté del sitio para tomar uno de los libros que estaba en la estantería, cuyo género era de poesía.

—Algo nuevo no te sentará nada mal —le digo, y puedo imaginar lo que me diría: ‘Si tú lo dices…

aún así prefiero mil veces los libros de fantasía’.

—Pero ya te he consentido demasiado con ellos.

Tal vez hacer algo que te irrite te haga volver —le respondo, o más bien le respondo al aire.

Así pasaron unas dos horas, donde le leí algunas páginas, donde me quedé observándola hasta que, luego de eso, decidí marcharme.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Cuatro meses después Cuatro meses.

Cuatro jodidos meses habían pasado…

y seguía igual.

Mi frustración aumentaba.

Tuve que desahogarme en mis clases de defensa personal, en deportes extras a los que me había inscrito para encontrar algo de paz mental, para no caer al precipicio.

Mi rutina consistía en ir a la universidad, cursos de idioma, deporte, visita al hospital, supervisar la construcción de aquel reino sangriento que estaba creando, buscar alianzas en este país, sobre todo hacerme respetar y buscar mi lugar en él.

—¿Vas a verla?

—pregunta mi padre, quien está sentado en el sofá, leyendo un libro de finanzas.

—Claro —respondo seco.

—Mathias…

—Le hago una señal con las manos para que se detuviera.

—Deja de reproducir ese disco rayado —le digo en tono neutro.

No quiero discutir con él, no necesito perderlo a él.

—Yo solo…

solo siento que estás perdiendo tu vida en falsas esperanzas.

—Aquellas palabras dolían, atravesaban mi pecho, porque a la vez eran ciertas.

—Sé que te duele, pero…

si mamá estuviera en la misma situación, padre, ¿no harías lo mismo?

—Este entrecierra los ojos por unos segundos—.

¿No te aferrarías a esa esperanza, padre?

—Yo…

—Tú harías lo mismo.

Porque así como te dedicaste tanto tiempo a los negocios, así mismo estarías si tuvieras la mínima oportunidad de volverla a tener.

No dice nada.

Lo que dije es cierto.

Lo sabe.

¿Cómo podrías darle un consejo o respuesta a alguien, sin mentirte a ti mismo?

A menos que seas un perfecto mentiroso como para también creerte tus propias mentiras.

Él solo deja el libro a un lado, dando una mirada de aprobación ante lo dicho.

Sin más que me retenga aquí, me retiro de la mansión.

Me monto en el auto para salir al fin de la propiedad.

El hospital está a una media hora de camino, aunque antes de llegar paso por un invernadero y compro unas flores.

Al entrar por aquella puerta, la enfermera de recepción no duda en saludarme, al igual que otro personal médico.

Técnicamente era como si trabajara con ellos, ‘obvio, de lo tanto que vengo, ya soy parte hasta de la familia’.

Oficialmente parecía un interno más.

Tomé el ascensor para llegar al cuarto piso.

Como siempre, estaba acompañado, rara vez estaba vacío.

Aunque claro, a esta hora era muy común encontrarse a familiares de otras personas.

Cuando las puertas de este se abren, me pongo a un lado para que los demás salgan primero.

Así lo hacen y no dudo en imitar el gesto también.

La mayoría toma otras direcciones, mientras yo sigo por aquel camino tan familiarizado hasta llegar a la puerta de su habitación.

—¿Alguna novedad?

—le pregunto al hombre que he contratado para custodiarla y, especialmente, para que esté pendiente de cualquier novedad.

—Ninguna, joven Ludwig.

—Asiento justo cuando la puerta se abre y sale una enfermera de allí.

Esta me sonríe y, por supuesto, le devuelvo el gesto.

Sin más, soy el próximo en avanzar para entrar.

Al hacerlo, esa nostalgia vuelve a invadir mi cuerpo.

Exhalo e inhalo el aire que entra y luego se retira de mis pulmones, para caminar hacia ella seguido de depositarle un beso en la frente.

—No sabes cuánto te extraño, monstruo —cierro mis ojos por un instante.

Quisiera quedarme así de cerca todo el día.

Con todo pesar me aparto de ella.

Una de mis manos acaricia su cabello, que está más largo cada día, ‘quién diría que ese cambio le daría un aire más angelical’.

—Te he traído tus flores favoritas, ya que las otras están demasiado marchitas.

No espero a que responda, ya que era sumergirme en mi fantasía, perder mi noción del tiempo, así que me dispuse a cambiar las orquídeas viejas por las nuevas que traje.

Seguí mi rutina, o más bien mi ritual, de contarle las novedades, desahogarme y, por último, leerle un libro.

Esta vez sí era uno de su género de fantasía; hasta me está interesando la historia a mí también.

—Mañana seguimos con los próximos capítulos —le digo mientras cierro el libro.

Me quedo mirándola por lo que parece ser una eternidad.

Aquello, solo verla así…

desata una ola de rencor y tristeza que inunda mis ojos de lágrimas, las cuales permito que salgan, que tomen su camino, que sean libres.

Pasé unos minutos así, desahogándome, dejándome sentir el dolor de no tenerla, porque aunque mis ojos la vieran dormir, no es lo mismo que escuchar su voz, verla caminar hacia mí, sentir sus manos sobre mis mejillas.

Doy un suspiro, deshago todos esos pensamientos.

No necesito un quiebre, no hoy.

—Te esperaré, aunque eso lleve una eternidad —digo con una voz tan grave de tanto llorar.

Luego me paro para depositarle un beso en la frente—.

Soy tuyo, Serene…

‘por siempre tuyo’ —susurro.

Me aparto de ella con dolor en el alma, de hacer esa simple e insignificante acción que para el resto no significaría nada, pero para mí sí…

para mí es algo inexplicable lo que siento cada vez que me alejo de la persona que amo.

Doy media vuelta para dirigirme a la puerta cuando escucho unos ruidos provenientes de su cama.

Me quedo en shock, procesando todo, cuestionando a mi cerebro…

hasta que lo oigo: —Mathias.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Y así, llegamos al final.

No puedo negar que escribir esta historia fue un caos…

uno hermoso, oscuro y necesario.

Gracias por acompañarme, por leer cada capítulo, por amar u odiar a los personajes, por teorizar y sufrir conmigo.

Este no es un “final feliz”, pero sí uno justo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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