Lo Que Nadie Ve - Capítulo 5
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5: Capítulo 04 5: Capítulo 04 NEFERTARY Do not look at me like that Martes, sí martes, ¿quién hace una fiesta un lunes, y quiénes van a asistir?
Pues mi amado padre y personas de nuestra misma clase social.
Después de haber tocado el piano, me fui directo a mi habitación, ‘ya había acordado eso con mi madre’; fue fácil de convencer, ya que no era fin de semana.
Bueno, en realidad fue gracias al Mr.
Willson; si su vuelo no saldría hoy en la noche, ya que solo vino por negocios que iba a cerrar con mi padre… ni al caso, todavía me faltan cinco años para estar al mando de una de varias de las empresas de mi padre.
Por ahora no quiero saber nada de negocios.
Hoy estoy neutral, viendo pasar cada árbol a través de la ventana de la limusina, “ansiosa por llegar al colegio”.
<<—¿No crees que las personas tienen un alma gemela o una copia exacta de uno mismo?
—¡Y yo soy la tuya!, qué idiota eres, Lorenz.
—Puedes creerlo o no, me da igual.
—Elimina la distancia entre nosotros para estar lo más cerca de mi oído y susurrarme— Ya que eres la zorra que estaba buscando para mí.>> Recuerdo muy bien lo que Michael me dijo ayer en la fiesta.
Tal vez tenga razón y sí sea una copia exacta de mí, ‘en versión masculina, claro’.
Tendré que observar más sus expresiones.
En cambio Mathias: <<—Hablo de esto, Nefertary.
—Me mira de arriba a abajo—.
La maldita chica perfecta que aparentas ser.
—Como no digo nada, prosiguió, dio unos pasos para estar más cerca de mí y susurrarme al oído lo siguiente—: Vengo a liberarte, Nefertary Ibagon, quiero que la puta chica perfecta que aparentas ser desaparezca.
Sin poder contener la risa, una risa muy dramática salió de mí.
Me aclaré la garganta un poco para decirle lo siguiente: —Y tú, Mathias Ludwig, ¿en serio quieres liberar al monstruo?>> Solo es un chico rebelde que cree que puede con el monstruo.
Horas de paz, adiós.
‘He llegado al cole.’ Hola ratas inmundas, putas zorras… ojalá salieran de mi boca aquellas palabras.
‘Comienza el juego de la hipocresía.’ Mientras les devuelvo el saludo, por ahí mismo me mata mi madre, viajaría a la velocidad de la luz, mejor dicho.
Saludo a las ratas o putas personas que me han saludado y me dirijo hacia la cafetería a comer algo como “desayuno”, ya que no tenía interés en desayunar con mi madre a solas, “ya que” mi padre había salido ‘de último momento’ más temprano porque le surgió un viaje de negocios a Canadá.
Tenía que verificar una de sus empresas en Toronto, algo así me informó Marílis o Elizabeth, una de las empleadas que trabaja en la mansión.
Mientras tomo asiento en una de las mesas de la cafetería, puedo ver a Lucy entrar, ‘ya le había informado dónde iba a estar’, corrección: entrando con una chica pelirroja, ojos color miel.
Nada nuevo.
Vienen justo a donde estoy sentada, desayunando: una ensalada de frutas y un jugo de naranjas.
—¡Hola!, Nefertary —me dice con entusiasmo.
—¡Hola!, Lucy y… —me quedo mirando a la chica pelirroja.
—Oh, disculpa, Sere, ella es Martina Greco.
Martina, ella es mi mejor amiga, Nefertary Ibagon.
—Mucho gusto, Nefertary —me extiende la mano y obvio hago lo mismo para estrechársela.
—El gusto es mío, Martina.
—”Sonrisa gentil”—.
Bueno, tomen asiento, no se piensan quedar ahí paradas, por favor.
—Okey, sí… es que ando en las nubes, todavía no puedo creer que Martina esté aquí —dice Lucy mientras se sienta en una de las sillas de la mesa—.
Bueno te cuento, ¿¡ya te había contado, no!?, creo que sí… bueno, te cuento de nuevo, no importa.
—Se le escapa una pequeña risa a Martina.
—Es así siempre, ya te acostumbrarás —le digo.
—Pues ya se acostumbró, para tu información querida, al igual que tú —dice Lucy un poco molesta.
—Bueno, relájate y deja que mejor me cuente Martina cómo se conocieron ustedes dos.
—Okey, Martina, ¿hablas tú o yo?
—Okey, ¿qué parte de que Martina iba a hablar no entendió?
Entonces las dos miramos a la mosquita muerta, ‘qué modales Nefertary’, ni siquiera la conoces bien, ‘y créeme que no me interesa conocerla’.
—Vale, nos conocimos hace un mes… o una semana, ya que estaba de viaje en New York.
—¿De vacaciones también?
—le pregunté.
—No, más bien acompañando a mi madre en uno de sus viajes de negocios.
—Asiento para que prosiga, pero se adelanta Lucy.
—Bueno, nos topamos en una tienda, yo estaba de compras, obvio, tenía que aprovechar… ¡estaba en New York, nenas, New York!
—Dios, me causó risa la cara de ilusa que puso cada vez que repetía la palabra ‘New York’— Bueno, había visto un vestido súper hermoso, quien decía “llévame contigo, me necesitas”.
—Bueno, es obvio que el vestido no te habló, ¿o sí?
—la interrumpí para que pisara tierra.
Solo me miró con desagrado y prosiguió.
—La cosa es que ambas pusimos el ojo en el mismo vestido.
Extendí mi mano para agarrarlo, pero también había otra mano, que era la de Martina.
Yo le pregunté, o le dije mejor dicho: ‘Oh, perdón, no sabía que lo querías también’.
Cosa que me dijo: ‘No, solo lo estaba viendo, te lo puedes quedar’.
—Y de ahí me preguntó si era de New York, le dije que no, soy italiana.
Me invitó a tomar una bebida, por supuesto acepté.
Comenzamos a charlar de distintas cosas, me cayó súper increíble, la verdad —terminó Martina por ella.
—No me sorprende lo lanzada que eres con todo el mundo —le digo a Lucy.
—No todo el mundo, Sere.
—Okey, como digas.
Y Martina, es un placer tenerte aquí —le dije mientras me agarraba un pedazo de fruta con el cubierto, para metérmelo a la boca.
—Gracias, ojalá me quede mucho tiempo aquí.
—¿Por qué?
—le pregunto con el trozo de fruta ya en la boca.
Es de mala educación hablar con la boca llena de comida o algo así, pero no había que ser “descortés”, e ignorar lo que dijo hace unos segundos la mosquita muerta.
—Porque mi madre siempre anda viajando y nunca me establezco por más de un año en un país.
—Me da una sonrisa de boca cerrada, y claro que en su tono de voz está un poco de tristeza al decir aquellas palabras.
—Oh, perdón, no lo sabía, no quería… —No pasa nada, Nefertary.
—Esta vez me dedica una sonrisa más alegre.
Igual no me importa si se queda mucho tiempo o qué mierda.
Después de que ande con Lucy, que me la quite un poco de encima, todo bien, pero hay que ser “cortés”, así que le devuelvo la misma sonrisa que me dedicó.
‘¡Qué hipócrita soy!’ —De verdad que Lucy tenía razón, eres una persona increíble.
—Si supieras, ni me querrías cerca.
—Lucy exagera.
—Sere, no exagero y lo sabes, eh —una mirada pícara recibo de su parte.
Con eso se ponen a hablar de chicos, del colegio, de todo un poco.
Por lo que veo son igual de parlanchinas esas dos.
Trato de estar pendiente de la conversación y tratar de opinar de temas que me importan una mierda.
En cuestión de minutos la cafetería está más llena y las ratas tienen su mira en nosotras.
Claro que por mí y un poco con la mosquita muerta de Martina, ya que siempre somos Lucy y yo.
No me he sentado con otra persona que no sea ella.
Me imagino que se estarán preguntando quién es la chica pelirroja.
Perdida en mis pensamientos ‘un poco’, suena el timbre anunciando que las clases están por comenzar.
Acompañamos a Martina a su salón, después de dejarla, nos dirigimos al nuestro.
✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Ya en el salón de clases, tomamos nuestros asientos, esperando al profesor.
Lucy me sigue diciendo las mismas palabras desde que dejamos a Martina en su salón y nos dirigimos al nuestro, que no podía creer que ella estuviera aquí, aunque ya Martina le había contado en New York que estaría estudiando aquí en este colegio por unos meses.
—Ella es la nueva integrante del grupo de amigas.
—La mía no, la tuya será.— Sere, esto es… —se queda con la palabra en la boca al ver a Michael entrar al salón.
O sea, solo es un chico, Lucy, ¿por qué quedarse estática?
Aunque no es un chico común y corriente.
Antes de pasar por nuestro lado se detiene.
No me lo esperaba, ‘¿qué planeas, Lorenz?’ —¡Hola!, cisne mudo.
—¿Qué carajos dijo ese idiota?
‘Cálmate, Nefertary, ahora no, AHORA NO.’ —¡Hola!
—le dije lo más gentil y creíble que solo las personas más tontas se lo creerían.
Lástima que el imbécil no lo era, por eso le causó un poco de risa.
—Bueno, espero que hayas descansado bien después de la fiesta de anoche, ya que no te vi después de tu presentación.
No te pude decir que me encantó cómo tocaste el piano.
Tienes demasiado talento oculto, Nefertary Ibagon.
—La sonrisa cínica que me dedicó… de que lo mato, lo mato.
¿Es estúpido o qué?
Solo lo hizo para provocarme.
—¡Gracias!
—Un estúpido gracias, cuando en realidad quería decirle: obvio que lo sabía, ¿o crees que haría algo que decepcionaría a las personas, que mi reputación quedara en ridículo?
Por favor, idiota.
—Fue un placer.
—Con eso se va y Lucy me da una mirada de: para ti soy un cero a la izquierda, ¿no?
Que no me has contado nada… joder, Nefertary.
—Cisne mudo, me debes muchas explicaciones —me dice entre dientes.
—Sí, ya sé que te… —En ese instante entra el profe de mate.
Por ahora estoy salvada.
No, no, no, nada salvada, maldita mi suerte.
Viene entrando Mathias, quien me ve y me guiña un ojo al entrar después del profesor.
Esto es una puta mierda con esos dos y el interrogatorio de Lucy.
A decir 50 y 50, no pienso decirle toda la verdad.
—¿Cómo diablos conoces a esos dos, Nefertary?
—Entre dientes se puede oír muy bien que esta vez está muy molesta por no haberle contado nada.
Es que yo tampoco me lo esperaba, que esos dos imbéciles hicieran lo que hicieron hace unos minutos.
—En casa te lo cuento todo —le digo en tono calmado y en un volumen que solo podemos escuchar las dos.
Procesando todo lo que acaba de pasar, y eso que solo está comenzando el día, solo espero que no sea peor… Lucy gira la cabeza hacia atrás cada diez minutos, me imagino que para ver a Michael y a Mathias.
—Señorita Lucy, ¿tiene algún problema, se le perdió algo?
—pregunta el profesor de Matemáticas, ya que la ha estado observando durante la primera hora.
—No, profesor —dice un poco nerviosa.
—Bueno, si no se le ha perdido nada, deje de estar mirando a sus compañeros, que ellos —señala a Ludwig y Lorenz— no le van a aportar nada en su aprendizaje.
Atrapada, Lucy.
Jajajajaja.
—Lo siento, profesor —dice avergonzada.
Con eso el profesor no dijo nada, pero le da una mirada de: te estaré vigilando, señorita.
Mientras seguimos todos resolviendo los problemas matemáticos, y haciendo como que nunca pasó la llamada de atención del profesor hacia Lucy, no puedo creer que ella no pudo disimular, que fue tan estúpida para recibir un llamado de atención del profesor.
—Todo esto es tu culpa, Serene —me dice entre dientes, mientras tiene sus ojos fijados en su cuaderno.
—¿La mía?
Yo no te dije: Lucy, mira cada diez minutos a esos dos para que luego me digas qué estaban haciendo, si me estaban mirando o qué cosa.
—Se lo dije lo más calmada, aunque en realidad quería bajarla de esa nube.
¿Quién se cree ella para hablarme así?
Si solo es una fachada para mí.
—¿Cómo puedes estar tan calmada?
—Pues porque no me gustan esos chicos, ni me llaman la atención, son para mí personas comunes y corrientes como nosotras.
—Perdón, Nefertary, eh, pero tú y ellos no son nada de personas “comunes y corrientes”, a diferencia de mí, que sí lo soy.
—La miro para ver que lo que me está diciendo es en serio, pero tiene la mirada en el cuaderno, fingiendo hacer los problemas de mate, aunque a leguas se ve que no entendió ni un carajo.
—¿Acaso soy un fenómeno?
—No sé cómo mantengo las ganas de gritarle eso en la cara, pero bueno, calmada es mejor, fingir es mejor que ser uno mismo.
—Claro que no, solo que tú eres única heredera de tu padre multimillonario, la mejor estudiante del colegio, a parte de ser la más popular, respetada por todos… no sé cómo todo el tiempo estás relajada y amable con todos.
—¿Y eso me hace diferente a ti?
—Sí, porque yo no soy nada de eso, a diferencia de ellos.
—¿Y ellos qué tienen que ver con lo que acabas de decir?
—Que ellos son igual a ti.
—Tal vez… pero bueno—.
Nefertary, Michael es el único heredero, también tiene excelentes calificaciones, se hizo popular en un día, al igual que Mathias.
La única diferencia de ellos es que Lorenz es educado, te trata como un caballero.
—Ja, no me la creo, eh.
—¿Y ya has hablado con él o lo dices porque te gusta?
—No he hablado con él, es obvio.
Solo lo estoy diciendo por cómo te habló hace unas horas.
—Se notaba que estaba nerviosa cuando le pregunté eso.
Por fin pude lograr que dejara de hablar entre dientes—.
Bueno, como seguía, Mathias es obvio que es el chico rebelde, necio, terco y parece mujeriego.
—Ya dije que no me interesan ninguno de los dos, para ya con ese tema.
—¡DEJA DE SER ESTÚPIDA Y ABRE LOS OJOS, NO VEZ QUE ESTÁN PARA COMÉRSELOS!
—No puedo creer que me gritó.
Es la primera vez, pero eso no es lo peor, no… todo el salón escuchó.
Lucy, la acabas de cagar a lo grande, estúpida.
—SEÑORITA LUCY, ¡A LA DIRECCIÓN YA!
¡QUÉ IRRESPETUOSA ES USTED DE VERDAD!
—le dijo el profesor, que en mi opinión no quería mirarla ni siquiera en figurita.
—Pero profe… —¡QUE YA, ¿ESCUCHÓ O ESTÁ SORDA?!
—La interrumpió el profesor, cosa que no sé qué esperaba Lucy, que ni se movía—.
¡¿TAMPOCO SABE CAMINAR O SE LE HA OLVIDADO?!
Sé que está enojado, pero ya se está pasando con mi casi amiga engañada por mí.
Tengo que ser la mejor amiga, ¿no?
—Profesor Eusebius —digo en un tono adecuado y calmado, cosa que solo el profesor me mira—.
Sé que Lucy sí ha sido muy irrespetuosa con usted y todos los presentes, pero no es necesario que le grite.
Ya ha entendido, solo está en shock porque sabe que ha hecho el ridículo.
—Lucy me mira por primera vez desde que empezamos la conversación, con una cara de: qué te pasa, ya sé que la cagué, pero no es necesario que se lo digas a todo el mundo.
Bueno, vuelvo a mirar al profesor—.
Si me lo permite, la puedo llevar yo a la dirección, ya que en estos momentos está en trance.
Se lo piensa unos segundos.
—Okey —dice el profesor en un tono más calmado.
Es que además no puede gritarme ni corregirme, ni exigirme que me calle, ya que mis padres le dan donaciones a este colegio.
Son unos de los padrinos de esta institución, y por lo tanto son sumamente importantes… al igual que yo.
Le asiento al profesor, me pongo de pie y miro a Lucy, quien duda un poco en pararse, pero al final lo hace con la cabeza inclinada hacia abajo, mirando el suelo.
Caminamos hacia la salida del salón para ir a la dirección.
Mientras salimos de esa jaula —perdón, aula— puedo sentir las miradas de nuestros compañeros (as) mirándonos.
Ya en el pasillo Lucy dice algo: —Tierra, trágame… pero ya —muy bajo, pero lo logré escuchar.
—Eres muy egoísta para pedirle algo así a la tierra.
Además de que ya está enferma por nosotros, ¿quieres enfermarla aún más?
—le digo en tono súper calmado, cosa que le molesta por alguna razón.
—Joder, Nefertary, joder… ¿cómo mierda puedes estar tan calmada después de lo que ha pasado?
—me dice mientras caminamos, con su mirada aún en el suelo.
—Ehmm… porque no fui yo la que hizo el ridículo.
Y además, no he escuchado las gracias, eh.
—¿Gracias de qué, a ver?
—Esta vez sí la miro a la cara.
—Bueno… de haberme metido, porque si no, aún te seguiría gritando el profesor.
—Ves, tengo razón.
—¿Razón de qué?
—Que no eres una persona común y corriente, ya que si hubiera sido otro estudiante que se hubiera metido a defenderme, lo habría acuchillado el profesor, al igual que a mí.
No dije nada y seguimos caminando hacia la dichosa dirección.
Me sorprende que no haya ninguna rata por aquí.
—Ya llegamos, Nefertary… ehmm… —me quiere decir algo, pero lo duda.
Yo solo asiento, me doy media vuelta para volver al salón.
—¡GRACIAS!
—La escuché gritar ya a dieciséis pasos de ella.
Con eso me voy satisfecha.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns Bueno, bueno… ¿qué les pareció este capítulo?
Porque a mí me encanta ver cómo a Nefertary todo se le sale de control y, aun así, ella sigue fingiendo su carita de niña perfecta.
Entre Lorenz soltando indirectas, Mathias queriendo liberar al “monstruo” y Lucy haciéndole pasar vergüenza en público… esto apenas comienza, babies.
Pregunta seria: ¿Ustedes también habrían dejado que Lucia se hundiera solita o la hubieran defendido como hizo Nefertary?
Y lo más importante… ¿team Lorenz o team Ludwig?
Porque ya sé que más de uno andará babeando por alguno.
El juego apenas empieza, mis amores.
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