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Lo Que Nadie Ve - Capítulo 8

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8: Capítulo 07 8: Capítulo 07 MATHIAS How to kill the monster?

Oigo una voz a lo lejos llamando mi nombre, pero ni al caso, no me voy a levantar de la cama, quiero seguir durmiendo y eso es lo que haré, absolutamente nadie me va a sacar de la cama.

—¡QUE TE LEVANTES DE LA PUTA CAMA!, ¡VAS A LLEGAR TARDE!

Me levanto a mil de la cama, quedando de pie frente a él.

¿Cómo se le ocurre a este señor gritarme en el oído?

No sabe respetar una fiesta ¿o qué?

—Me vas a dejar un día sordo —le reclamo.

—Sordo no, paralítico si quieres.

Siempre es lo mismo, Mathias, tengo que venir a tu habitación para ver si ya estás listo.

—Vale, tampoco te alteres así, relájate —le digo en tono divertido, recuperando mi audición.

—¿Que me relaje?

Para ti está fácil, pero voy a tomarte la palabra.

‘¿En serio?

Dios, ¿es bipolar?’.

Me dirijo hacia el baño pasándole por un lado.

—Te vas a quedar en el Alpin Beau Soleil y así me relaje.

—Espera, ¿qué?

—me doy media vuelta para verle la cara—.

Estás bromeando, ¿no?

Sí sabes que eres pésimo en eso, ¿no?

—Para tu suerte no.

Sabías que estabas a prueba estos tres días, te valió, como siempre.

El lunes te mudarás al instituto.

—Pero no pu…

—Sí puedo.

No hay nada que discutir.

Te he advertido un montón de veces, pero no maduras, haces lo que te da la gana.

Además, sabías que es un internado y pago extras para no dejarte ahí ya que es obligatorio, pero esta vez no me convencerás de nada, Mathias.

Ahora que tengas un excelente día y espero que llegues a tiempo al colegio —con eso se retira de mi habitación.

‘Estoy jodido, jodidamente jodido, pero qué puta mierda.’ Mi móvil empieza a sonar, al parecer alguien quiere darme los buenos días de mierda, pero ni la menor idea de dónde está.

Me dejo guiar por el sonido y está en el piso a un lado de la cama.

Lo agarro sin más y contesto.

—Buen día, amigo de mi corazón.

Has llegado y ni para visitarme, eres un puto engreído —es la voz del imbécil que tengo como amigo, Henry.

—¿Te has fijado la hora, imbécil?

—este se ríe.

—Al parecer el que no se ha fijado eres tú, querido amigo, vas a llegar tarde al cole.

—¿De qué puta mierda hablas si son solo las 6:25 de la mañana?

—¿Estás seguro?

Yo pensé que eran las 7:25 de la mañana, entonces mi reloj está adelantado.

Con esas palabras miro la hora en el reloj de la mesita de noche… son las 7:25.

—Pero qué… qué mierda —voy a llegar tarde, Dios—.

Luego hablamos —le cuelgo de una vez y me voy al baño a darme una ducha rápida.

‘Ya veo por qué el viejo me gritó y casi me deja sordo.’ Salgo del baño —’del que no duré ni 8 minutos’— me pongo el uniforme lo más rápido, agarro mi mochila que está en mi escritorio al otro lado de la cama, salgo de mi recámara, bajo las escaleras lo más rápido posible, llegando a la puerta principal de la mansión para irme.

—Señor Mathias, se le olvida algo —Lala, la sirvienta de esta mansión por años, tiene una bolsa de comida en las manos, lo que hace que me dé media vuelta para ir hacia ella.

Le doy un abrazo y un beso en la mejilla.

—Señorita Laura, le he dicho que no podría vivir sin usted —le digo separándome de ella, para agarrar la bolsa de comida.

—Sí, muchas veces.

Ahora vete o llegarás más tarde de lo planeado.

Le hago caso a sus palabras y prosigo a salir de la mansión.

El auto ya está esperándome como siempre.

—¡Buen día!

Sauel, ¿podrías por favor sobrepasar las normas de velocidad?

—le digo al chófer mientras abro la puerta del auto para entrar.

Ya adentro prosigo a abrir la bolsa de comida de Laura, Lala, para desayunar mientras Sauel me lleva al colegio.

Por suerte, este me hace caso en aumentar la velocidad.

No, ¿cómo mierda tengo el sueño tan pesado que ni para escuché la puta alarma?

Si solo me acosté a las cuatro de la madrugada, ‘no era tan tarde ¿o sí?’ ‘Oh, vamos, bien sabes que sí lo era.’ Ni a mi cerebro puedo engañar.

Al llegar al colegio, corro por los pasillos.

Estos están completamente vacíos, 12 minutos tarde.

‘Pero qué cojones, ni puta idea de qué materia me toca.

Si es el profesor de matemáticas estoy muerto en vida, por cómo traté a la amiga de Nefertary el día de ayer.

Ese señor es igual que mi padre, de carácter.’ Le doy dos toques suaves pero escuchables a la puerta del salón de clases.

Ya en frente de ella, quien no tarda ni menos de treinta segundos en abrirla es nada más ni nada menos que la profesora Sarah.

Le tengo que agradecer al de arriba por este milagro.

—¡Buenos días!, Profesora Sarah —le dedico una sonrisa coqueta.

—¡Buen día!, joven Mathias.

Ha llegado 12 minutos tarde, ¿a usted le fascina llegar tarde a mis clases, verdad?

‘Es mi profesora favorita sin duda, no está enojada.’ —No fue mi intención, profesora, solo… —¿Se le pegaron las sábanas?

—Lamentablemente sí —murmuro con vergüenza de aquello.

—Está bien, por ser sincero pase y espero que sea la última vez que llega tarde a alguna de mis clases, jovencito.

—Gracias, mil gracias, profe.

Le paso por un lado a la profe para entrar al salón.

Veo a Ibagon en su mismo sitio, ni levanta la mirada ante mi presencia.

Es increíble cómo esa chica puede engañar tan fácil a las personas, la adoran como si fuera una diosa, cuando solo es una persona casi normal.

‘¿Por qué mantener la calma siempre?

Eso es imposible.’ Al llegar a mi pupitre —’le agradezco a los dioses no tener que sentarme con un idiota y compartir el espacio.’ —Bueno chicos, sigamos con el tema de hoy.

‘Horas infernales que voy a pasar y eso que es peor que un reformatorio’, aunque nunca he estado en uno.

Pensándolo bien… es el infierno, ‘en definitiva es el infierno.’ ✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Horas infernales cumplidas, jodido colegio, el día más aburrido que he tenido en la historia, y tener que ir a casa a hacer las tareas de mierda es peor que Alemania.

Estaba tan bien allá, pero promesa es promesa, para mi mala suerte…

soy de cumplirlas lamentablemente.

‘Aborrezco mi vida.’ ¿Dónde rayos está Sauel?

Siempre es el primero en llegar y justo hoy, que ando de verga, le apetece llegar tarde.

Un auto clásico de los 1955 o 57 color zafiro está llamando la atención de las pocas personas que están en la entrada del colegio.

A medida que se va acercando reconozco quién es.

‘Maldito idiota, me las va a pagar.’ —¿Qué te parece esta belleza?

—me pregunta el imbécil de ojos color miel, cabello castaño, estacionando el auto delante de mí.

—Así que fuiste tú el muy gilipollas, ¿no?

—Pero no te molestes, mi amor.

Es que te he extrañado, me has tenido abandonado desde tu llegada a Suiza —finge estar ofendido.

Si me comparo con él de quién es más pesado entre los dos, en definitiva es él.

—Deja de hacerte el marica, que tú y yo no somos nada, Henry —le digo mientras me subo al puesto del copiloto.

—¿Acaso no soy tu único mejor amigo que te soporta en la vida?

—Como digas… ahora llévame a casa.

—No, no y no.

Voy a llevar a comer a mi novio —le pongo los ojos en blanco—.

Qué humor más horrible tienes hoy, me alegra poder soportarte —dice arrancando el coche.

—Como sea… ¿nueva colección?

—este sonríe sin desviar la mirada del frente.

—Sí, un Mercedes 300 SL Gullwing de 1957.

Costó una fortuna, pero valió la pena este bebé.

—¿Cuándo vas a dejar de gastar el dinero en cosas innecesarias?

—Pero si esto es necesario.

—Si tienes como 30 autos clásicos —este desvía un poco la mirada de la carretera para verme de reojo.

—Eso no es nada, Mathias —eso no lo pensaría una persona que en verdad necesitara el dinero.

—Ajá, como digas.

¿Cómo te ha ido en tu primer día de universidad?

—Excelentemente, hay unas nenas que están para comérselas.

—Me alegro por ti.

—¿Y tú?

—¿Yo qué, de qué?

—Pues cómo estuvo tus dos años en Alemania y tus primeros días en tu último año… ¿alguna chica que haya llamado tu atención?

—sí que hay una.

—En Alemania excelente y acá, pues, del carajo —le digo sin ánimo.

—¿Se puede saber por qué tanto humor negro?

—Por la sencilla razón de que tal vez una persona me va a internar en ese colegio de mierda solo porque está harto de ir a levantarme para que vaya al instituto —este se ríe a carcajadas.

En todo el camino hasta llegar al restaurante no dejó de molestarme el imbécil.

No se lo habría dicho, pero la verdad es que necesitaba desahogarme.

Es la única persona que conozco y en quien confío en toda Suiza, aunque solo llevara dos años fuera y técnicamente toda mi infancia acá.

Cuando llegamos al restaurante, cada uno pidió lo suyo.

Empezamos a hablar de deportes, autos… en eso había notado que unas chicas nos estaban mirando.

Al parecer también lo notó Henry.

No le tomé importancia, porque las chicas parecían —o eran, mejor dicho— que tenían como unos 15 años.

A los dos nos gustan de nuestra misma edad, ‘a veces un poco mayores’.

Estas están muy chiquitas.

Luego de eso fuimos a su mansión —en otras palabras, futura mansión—.

Saludé a su madre, la señora Smith.

Esta me interrogó como si fuera su segundo hijo menor.

Si no hubiera sido por Helen —’la hermana mayor de Henry’—, quien se la llevó porque necesitaba su ayuda en una cosa que no entendí o que necesitaba su opinión o algo así, ya que Henry me había abandonado, hubiera estado literalmente las pocas horas de la tarde que quedan con la señora Smith.

Subí las escaleras, doblé a la derecha, después a la izquierda, luego a la izquierda nuevamente, por último a la derecha para llegar a la habitación del mal amigo que tengo.

En sí, para llegar a su habitación es un laberinto igual que las otras habitaciones.

‘Su padre es un arquitecto muy exitoso y quería una casa algo divertida.’ Perfecto lugar para que sucedan las escenas de terror de las películas.

—¡Qué gilipollas eres!

—suelto al entrar a su habitación y verlo en su escritorio, haciendo nada.

Fui directo a su cama y me tumbé en ella.

—Yo que pensé que la conversa duraría hasta mañana —odio cuando estoy irritado y se burla de todo.

—Pues sí, imbécil, habría pasado.

Le agradezco a Helen que me haya salvado —este tardó en contestar.

—Pensándolo bien, Helen siempre te salva de las conversas de mamá, le debes la vida —vaya que se la debo—.

Dejando el tema, hoy iremos a una party en una cabaña por las montañas —iremos… mi opinión no cuenta—.

Habrá chicas que querrán que las follemos —solo decir la palabra follar y se le ilumina más la cara al iluso.

Seguía hablando de lo estupendo que iba a ser la fiesta, de las chicas que le gustaría que estuvieran allí y las que no.

En todo ese tiempo yo solo tenía la mirada en el techo.

De repente me vino la imagen de esos ojos grises mezclados con un poco de azul.

¿De dónde?

¿De dónde la recuerdo?

—¿Cómo se destruye a una persona perfecta, o mejor dicho, a un monstruo?

—dicha pregunta era para mí y no para Henry, de quien puedo imaginarme su cara de confusión.

—¿Qué coños hablas?

—sí, completamente confundido.

—De nada, no era para ti.

—Entonces ¿para quién?

¿El fantasma de mi habitación o qué?

—Sí, es más útil que tú, pues sí —murmuré.

—Te escuché, eh.

—Oye, necesito cambiarme de ropa, no puedo ir a una fiesta vestido así, ¿o sí?

—tal vez funcione o tal vez no.

—No cambies de tema, ¿quién, el monstruo del Lago Ness?

—en definitiva no funcionó.

—Nadie.

—¿Me ves la cara de estúpido o qué, Mathias?

—Esta vez sí lo miro a la cara, con una sonrisa de medio lado.

—Pues claro que sí —este puso los ojos en blanco.

—Ya es hora de que nos vayamos alistando.

La fiesta comienza a las 9:00 pm, es una hora y media de camino.

En cuanto a la ropa, puedes ponerte algo de mi clóset —quedó mirándome esperando mi respuesta, aunque era obvio que ya la sabía—.

Por suerte, cuando estabas con mi mamá, compré ropa en un sitio web de tu agrado —saca un paquete debajo de su escritorio y me lo tira.

Lo atrapo con éxito.

—Sabes cuánto pesa esta mierda… ten cuidado la próxima.

—Lo siento, pequeña mariposita, espero no haberte roto un ala —pero qué imbécil.

Sin duda no le gusta nada de lo que me compró.

Si tuviera el poder de cambiarme mi estilo de vestirme, lo haría sin duda alguna.

Se dio media vuelta y se metió al baño.

‘Su estilo es más formal, digamos que por las nubes, y el mío no tanto.’ Mientras esperaba que se terminara de vestir este hombre, que parece más una mujer.

‘Qué desastre.’ —Oye, ¿vas a ir a una entrevista de trabajo o qué puta hostia?

—le digo mientras se arregla mirándose en el espejo el cabello.

—Lo dice el chico que va súper básico, con su camiseta blanca, jeans negros, su chaqueta de cuero negra y zapatillas blancas —puse los ojos en blanco.

—Te lo digo para que después no me eches la culpa a mí de haber llegado tarde.

¿Y es necesario llevar saco?

¿No es suficiente con la camisa y pantalón?

—Sé que esto mata a las chicas, idiota.

—Sí, cómo no… ajá.

—¿Ya llamaste a tu padre antes de que te venga a buscar como loco para matarte por no avisarle nada?

—Por supuesto.

Te espero abajo —en realidad ni puta hostia he hecho eso.

—Le diré a mi mamá que le llame a tu padre para que esté informado de que te quedas a dormir esta noche aquí.

—Pero te dije que… —Por favor, Mathias, eso no me lo creo en lo más mínimo —lamentablemente.

Doy media vuelta para dirigirme directamente a su puerta, salir de su habitación y esperarlo en la sala.

Tarda 5 minutos en bajar.

En serio parece una vieja.

La señora Smith aparece en uno de los pasillos de la mansión dirigiéndose hacia nosotros con una amplia sonrisa en su rostro.

—Chicos, ¿a dónde van a esta hora?

—Ma’, apenas son las 7:15 pm —le dice Henry, poniendo los ojos en blanco.

—Por favor, Henrisiyo —no pudo contener la risa—.

Solo me preocupo por ti, soy tu madre.

—Ok, ma’, pero cuántas veces te he dicho que no me llames así y… solo vamos a ir a una fiesta que está a media hora —qué puto mentiroso—.

¿Podrías llamarle al padre de Ludwig para decir que se va a quedar esta noche en la mansión?

Porfa ma’, sabes que te amo, ¿no?

—Lo que tú eres es un interesado.

Para que te haga uno de tus favoritos, me dices que me amas —esto es gracioso, la verdad, cuando la señora Smith se pone en papel de víctima—.

Aparte de que te avergüenza que te llame Henrisiyo.

—Ma’, no empecemos otra vez.

Sabes que te amo, aunque no te lo diga muy seguido —este le da un beso en la frente a su madre.

—Está bien, pero no demoren mucho —¿es tan fácil convencer a las mamás?—.

Tú, Matihitas, me lo cuidas, eh.

‘Pues yo sí no me quejo que me llame así.’ —Sí, se lo cuidaré, señora Smith —le dedico una de mis sonrisas más grandes.

—Ese es mi chico.

Henry debería ser un poco más como tú, aprender a valorarme.

Y Matihitas, ¿cuántas veces te tengo que decir que me digas mamá Smith, eh?

—levanté las manos en señal de rendición.

—Ya apareces con tus sermones, madre.

Pobre la señora Ludwig removiéndose en su tumba por quererle quitar a su único hijo —no creo eso.

—No, Henrisiyo.

Este estaba totalmente irritado y yo de puta ostia feliz.

—¡Vámonos ya!

—dijo mientras caminaba a la salida.

Le seguí el paso, mientras la señora Smith —corrección, mamá Smith— decía que dejarla hablando sola es de muy mala educación por parte de los dos, que ella no nos había enseñado eso y un poco más de sermones que me causaron demasiada risa.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧ Ya llevamos media hora en coche y no se me borraba de la cara la sonrisa desde que salimos de la mansión.

—Pues deja de reírte como un imbécil —eso me causaba más risa, ya que él estaba irritado.

Amigo mío, ¿cuándo cambiamos los roles?

—Solo relájate y piensa mejor en que pronto te vas a follar a una chica en la puta fiesta, eh.

—Oh, woo, qué gran consejo, amigo mío, no lo había pensado, mira —ironizó.

Qué imbécil.

No volví a molestarlo en todo el trayecto a la cabaña esa donde va a hacer la fiesta, porque era capaz de echarme de su coche y así dice que el insoportable soy yo, qué estúpido, la verdad.

Tras unos minutos más —que para mí eran eternos— llegamos a la cabaña, que aparentaba ser más una mansión en medio del bosque.

En el parking no había personas, con música en sus autos allí parqueados; al parecer estaban todos adentro.

Tampoco se oía la música de la fiesta, cosa que concluí que las paredes le habían hecho algo para bloquear el ruido.

Es estúpido, si estamos en medio del bosque, ¿quién va a oír?

Seguí a Henry, que se dirigía a la entrada de la cabaña.

Al estar frente a ella tocó el timbre; en menos de un minuto un hombre musculoso, que parecía seguridad, no tardó en abrir la puerta.

Este le dio una mirada desconfiada, cosa que Henry puso los ojos en blanco y buscó en su bolsillo un anillo rojo.

El hombre asintió con la cabeza, dejándonos pasar.

—Recto y doble a la izquierda —le dijo el hombre a Henry.

—Conozco esta cabaña de memoria, y tú me ves cada vez que hacen una puta fiesta aquí, y aún así tengo que mostrarte el puto anillo.

—Cálmate, Henrisiyo, el hombre solo cumple con su trabajo —me ignoró y siguió por el pasillo.

Hice lo mismo, como si fuera su puta mascota.

Mientras más nos acercábamos, podíamos oír los gritos de personas divirtiéndose y la música.

Esto se va a poner bueno, buenísimo.

Al llegar ya a lo que parece ser una sala enorme, de puta ostia, las chicas no tenían mucha ropa; más bien estaban en vestidos súper ajustados y cortos.

Otras estaban en ropa interior de colores neones que brillaban con la falta de luz.

Henry me dio un codazo para que lo siguiera de nuevo como su maldito perrito faldero.

Este fue adentrándose en la jungla de personas que estaban allí, hasta quedar al otro lado de la sala donde hay un minibar.

Una chica pelinegra, cuyos ojos color miel creo, con unas excelentes curvas en su cuerpo, se acercó a nosotros.

—Natasha, pero ese vestido negro te queda de puta ostia, joder —dijo Henry mientras le daba un beso en la mejilla.

—Lo sé, ¿por qué crees que me lo puse?

—muy confiada de ella misma, me recuerda a una persona, ahora no pienses en eso—.

Él debe ser Mathias —dijo mientras me echaba un ojo.

—Sí, el mismo —dije.

—Mucho gusto, Natacha, o me puedes decir Nat, como te plazca —me extendió la mano para que se la estrechara.

Le respondí enseguida.

—Un placer, Nat.

—Tu amigo es guapísimo —le dijo a Henry—.

Síganme, les voy a presentar a unos amigos nuevos.

Nos arrastró a una esquina del minibar donde había un grupo pequeño de personas, 4 chicas y 3 chicos.

Nos presentó a cada miembro del grupo; no presté atención a ninguno de sus nombres, solo estaba centrado en la chica pelirroja de ojos verdes que tenía cara de angelito.

‘¿A solas sería igual?

No lo creo.’ Que me echa ojos cada vez que se le presenta la oportunidad.

‘Soy tan imbécil que ni recuerdo su nombre.’ Mientras los otros hablaban de qué sé yo, está clarísimo que esta noche me divertiré mucho.

Ya han pasado unos cuarenta minutos y el único que se está divirtiendo aquí es Henry, que está con Nat y dos chicas más, bailando, haciendo retos de quién bebe más.

Voy a perder el tiempo quedándome aquí como un idiota, obvio que no.

Me hice quedar al lado de ella, aunque estuviéramos a menos de un metro.

—Hola, princess —cuyo nombre no recuerdo para nada.

—Hola, Mathias —dijo con una voz seductora.

—¿Es la primera vez que vienes a este lugar?

—modo ligar activado.

—No, he perdido la cuenta de cuántas veces he venido —suspiró—.

Me sé cada rincón de esta cabaña —se muerde el labio inferior.

—¿Quieres…

—¿Quieres seguirme?

—me interrumpe de golpe.

Iba a decir bailar para alargar un poco la noche, pero si tiene apuro, ‘mejor no hacerla esperar como gran caballero que soy, ¿no?’ —No me opondré —sale a flote mi sonrisa coqueta.

Con eso me toma de la mano y nos alejamos del lugar en donde estábamos con las personas que ni puta idea de sus nombres.

Al estar detrás de ella, tengo una excelente vista de su culo, pero está para tragársela entera, sin masticarla.

Salimos de la fiesta y nos adentramos a uno de los pasillos, que estoy completamente seguro que no es la salida.

—Te confieso que no traigo ropa interior —me saca de mis pensamientos.

—Pues te confieso que quiero confirmarlo.

—Pues sígueme.

—Pensé que ya lo estaba haciendo —y es claro que lo estoy haciendo.

Se detiene en una de las tantas habitaciones que hay en esta cabaña, abre la puerta de la habitación con una llave que ni puta idea de dónde sacó, eh.

Entra primero a la habitación y enciende la luz.

La habitación es básica, moderna como cualquier otra, ‘a excepción de los pósters de Michael Jackson.’ Es más que obvio que es la que organizó la fiesta o prestó su cabaña para ello.

—¿Muy fan?

—¿Eh?

—dice al girarse para mirarme confundida, hasta que le señalo los pósters—.

Sí, desde los 5 años —una sonrisa pícara aparece en su rostro—.

Pero no estamos aquí para hablar.

Corta la poca distancia que teníamos para besarme.

Correspondo sin más.

Esta levanta sus brazos para dejarlos caer sobre mis hombros.

Esta chica va directo al punto sin pérdida de tiempo.

Su beso es agresivo, con deseo de lujuria.

No tardo en bajar mis manos que están en sus caderas para dirigirlas a su trasero, que aprieto en seguida con mis manos.

Esto sí que es la ostia.

Se le escapa un gemido.

No pudo aguantar más y la apegó más a mí, aún más.

Puedo sentir su respiración descontrolada al igual que la mía, hechos un desastre solo en segundos.

Esta baja sus manos para dirigirse a mi cinturón para desabrocharlo, pero aquí ella no es la que va a tener el mando.

‘Lo siento, princess.’ Rompo el beso.

—Detente —totalmente confundida, tiene sus labios entreabiertos.

Me adelanto al decir—.

Quiero confirmar algo primero —su sonrisa pícara sale a flote nuevamente.

—¿Qué?

—solo al decir aquella palabra se le puede notar el desespero en su voz.

—Quítate el vestido —la miro descaradamente de arriba a abajo.

Tengo que admitir que ese vestido negro, más ajustado que nunca, que hace ver sus perfectas curvas, le queda de puta madre.

—Lo haré si tú me ayudas —si esto no es retarse mutuamente para saber quién no puede aguantar más, entonces no sé qué carajos es.

—Será un placer.

Se da media vuelta para quedar de espaldas, le aparto con una mano el cabello de su espalda, donde queda a la vista el zipper del vestido, y procedo a bajárselo despacio.

En la misma pose, ella se baja el tirante de un lado del vestido, que hace más visible su espalda.

Hace lo mismo con el otro tirante, solo que este hace que todo el vestido caiga al suelo.

En definitiva, no mintió cuando dijo que no traía nada por debajo.

En la parte izquierda de su cuello le doy un beso con pequeños mordiscos, que hace que se le escapen pequeños gemidos.

Su mirada se encuentra con la mía, pero mis ojos se desvían a sus labios.

Es ella la que me besa, yo solo acepto el beso sin objeción alguna, dejándola que tome el mando.

Es un beso agresivo, lleno de deseo.

Esta vez ella es la que rompe el beso.

—¿Satisfecho?

—dice apenas en un susurro.

—Aún no —mi respiración está hecha un desastre, tanto como mi voz que sale irreconocible.

—Entonces, ¿me dejas satisfacerte?

—solo asiento, entonces se da la media vuelta para quedar cara a cara y me vuelve a besar.

Mientras intenta quitarme la ropa, en pocos minutos los dos estamos desnudos y tumbados en la cama.

‘Ni la menor idea de cómo llegamos, lo que hacen las ganas de querer follarse a alguien.’ Tiene unos pechos enormes que me los quiero devorar y es obvio que lo voy a hacer.

La que tiene el control aquí es ella, no me opondré en lo absoluto.

Esta chica cuyo nombre no recuerdo y me importa una mierda en estos momentos está encima de mí, dándome pequeños mordiscos por el cuello, pasa a mi abdomen, mientras una de sus manos se va a mi miembro.

La puta ostia, la empieza a mover de arriba a abajo.

—Serás el hombre más feliz de esta noche, te lo aseguro —desde esa posición se ve jodidamente sexy.

Esto es mejor que toda la jodida droga del mundo.

Deja de hacer movimientos con su mano a mi miembro para llevárselo a la boca.

Se me escapan algunos gemidos, eso parece excitarla más, que se atraganta.

No hemos llegado al puto orgasmo y siento que puedo pudrirme en el infierno desde ya.

El juego acaba de empezar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Amy_rns ¿Quién dijo que ser “perfecto” es aburrido?

Por acá el monstruo solo está esperando el momento para hacer de las suyas y devorarte vivo.

Mathias cree que controla todo, pero ya verás cómo se le desmadra la vida cuando el deseo y la oscuridad se mezclan sin freno.

Y tú, ¿qué harías si te tiran directo al juego con un beso y terminas en una noche que no vas a olvidar para bien o para mal?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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