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Lo Que Nadie Ve - Capítulo 9

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Capítulo 9: Capítulo 08

NEFERTARY

The game has started (I Part)

Ni en mil años me había sentado en esta mesa para desayunar con mi madre a solas, eso es suicidio propio, ganas de no existir, y aquí estoy, enfrente de ella, ni yo me explico por qué lo estoy haciendo, ‘así me pilló cuando iba saliendo de la mansión para llegar al cole temprano y supuestamente a hacer algunas tareas de cálculo, me pidió “amablemente” que la acompañara en el desayuno y pues no hay que provocar al monstruo mayor, no me quedó de otra’, es evidente la tensión que hay entre las dos.

—¿Dónde está Nat? —impresionante la manera de sacar tema.

—No creo que esté en su habitación. —Como he hecho un pacto con mi querido Lucifer, se oyen unos pasos desde la entrada que se van acercando más y más, hasta que aparece.

—¡Buen día, tía! —le dice con una gran sonrisa en su rostro a mi madre, mientras toma asiento en la mesa a mi lado.

—Buenos días para ti también, Nat. —Por alguna razón quisiera que Natacha fuera su hija en vez de a mí.

—Mi prima favorita. —Me da un beso en la mejilla junto con un abrazo, pero cuántas veces le tengo que decir que no me gusta eso. —¡Buen día!, deberías cambiar esas expresiones, Ibagon, haces que piensen que no me quieres, por suéter sé que sí. —No sé cómo demonios me zafé de su abrazo, pero lo hice.

—Sí, yo tú dejaría de hacerme falsas esperanzas.

—¿Y cómo estuvo la fiesta? —A veces me cae bien esta señora, eh.

—Súper, tía, no sé por qué estuve tanto tiempo sin venir a Suiza, la verdad.

—Será porque estabas en Francia. —Interrumpo.

—Me estás haciendo extrañar de más. —Dice dolida, sinceramente esta chica es dramática por las nubes.

—Bueno, ¿por cuánto tiempo te vas a quedar en…?

—Nefertary, no seas grosera, parece que ya la estás echando.

—Tía, ella no es así, dice que no me quiere ni un poco, pero me conoce muy bien. Daré mi primer año de universidad acá, luego me iré de intercambio, tal vez a Canadá o a Italia.

—Elegirás Italia sin duda, ¿y así te la vas a pasar? —Puedo imaginarme la cara de mi madre, ‘es mejor no mirarla.’

—Pues claro, es una bella forma de conocer el mundo.

—¡Buenos días!, permiso. —Interrumpe Isabella, quien trae el desayuno.

—En buena hora, ya me moría de hambre. —Para haberse amanecido de fiesta, no tiene nada de embriagada ni ebria, ‘cuida su imagen.’

Nat se puede ver buena onda, te puede tratar bien, pero ‘siempre hay un pero, eh’ si te metes con algo que esté a su alrededor, que sea de su importancia, la chica buena onda se va. En otras palabras, es psicópata. De por sí, todos somos diferentemente iguales, ¿por qué lo digo?, es fácil: toda familia que venga por parte de mi madre lo es. También hay algunos sociópatas. No a todos les interesa hacerle daño a las personas, no les place, saben lidiar con eso, pero yo no. Cuando tengo a alguien que me exige “perfección”, la tortura o matar es mi antiestrés, es mejor que la cocaína, diría yo.

—Que tengan buen provecho. —Y se retira Isabella al terminar de servir el desayuno.

Todo el desayuno fue normal, nada fuera de ello. Nat hablando de toda su vida, entreteniendo a mi madre, yo pues solo daba mi opinión cuando me la exigían, literal no es el colegio para estar siendo “amigable”.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧

Nacer, crecer, elegir una carrera, tener las mejores calificaciones, si es posible, después trabajar, tener hijos. Si eres de bajos recursos o medio, tal vez te hagas millonario con tus esfuerzos o solo al ganar la lotería, pero ¿de qué vale si no nos podemos llevar nada al maldito infierno, ni al cielo?, ‘si es que eso existe claro’, se lo dejamos a nuestros herederos, quienes pueden malgastarlo hasta quedar en la ruina, ‘tal vez’, como si tanto esfuerzo, sacrificio para tenerlo, no costara nada.

¿Creen que la vida no repite el mismo ciclo? Sí lo hace, no podemos hacer lo que nos plazca, hay muros que nos dividen: clases baja, media, alta, la discriminación, el racismo, las injusticias. No es el mejor mundo en el que uno quiera vivir, porque somos nosotros los que lo hacemos así, somos una mierda como especie. Eso es lo que lleva a tantas personas a caer en depresión, a querer quitarse la vida, hasta perderse en querer más poder del que ya tienen. Puedo tener un millón de dinero en el banco esperando por mí, cuando ya no sé ni en qué gastarlo. Tengo lo que algunas personas quieren tener. Este mundo está tan aburrido que solo estoy esperando mi día, mi último día.

—He perdido a mi cisne. —Michael, últimamente me lo he encontrado en la biblioteca, lo peor es tener que compartir mi lugar favorito de toda la biblioteca con él, porque supuestamente “no tiene dueño”.

—Ya volví. —Digo y dejo de ver la ventana con esa vista espectacular que me fascina, para volver a mi libro.

—¿Se puede saber en qué pensabas?

—Tal vez en la vida, tal vez en la muerte, tal vez… en las injusticias. —No hay tanta emoción en aquellas palabras.

—Tal vez. —Cierra su libro de golpe. —Eres muy interesante, tus cambios, tus acciones, son impredecibles.

—Pueda que sea una cajita de sorpresas.

—De eso no hay duda, tienes muchos secretos y sé que me los contarás. —Está tan confiado y seguro de sí mismo, ‘típico de hombres narcisistas’.

—Sabes, cuando te los cuente ya no podrás salir de mi mundo. —Si sale alguien con vida, tendrá traumas psicológicos sin duda.

—Eso es justo lo que quiero. —Esta vez soy yo quien cierra mi libro para mirarlo a la cara, tiene una sonrisa torcida y sus ojos tienen ese brillo que emite diversión. —¿Ahora quieres venir conmigo? —No tengo idea a dónde, solo sé que no quiero regresar a la mansión tan pronto.

—Sea donde sea que quieres llevarme, que no haya…

—Sí, no tienes por qué molestarte en decir la palabra, ya es suficiente con el colegio. —El desgraciado me conoce bien, aunque solo llevemos menos de una semana de conocernos.

—Acepto. —Le afirmo.

Procedo a guardar mi libro en la mochila, él hace lo mismo, nos levantamos del asiento para retirarnos.

—No, no y no. —No entendí nada hasta que me quitó la mochila. —Esto lo llevo yo.

—Woo, qué caballeroso. —Ironizo.

—Siempre lo he sido. —Añade y procede a bajar las escaleras, obvio que lo sigo.

—No sabía que los hombres “caballerosos” le hablan de una manera tan grosera a una… mujer. —Este se detiene, faltando pocos escalones para estar en el primer piso, ‘punto para mí.’

—Eso es…

—Eso es las ganas que tienes de follarme. —Lo interrumpo con una sonrisa no tan inocente que pude imaginar tener en mi rostro. —Mich, ¿te pasa algo? —Puede que esté de espaldas, pero se nota que su mandíbula está tensa, ya que sus hombros también lo están.

—No, no pasa absolutamente nada. —Woo, su voz salió un poco más seria. —Sigamos.

Salimos de la biblioteca, nos adentramos a los pasillos que están completamente vacíos, ‘en dos horas esto no estará así’, llegamos a la salida del colegio, donde está un guardia de seguridad, quien nos pide las identificaciones para comprobar que no estamos internados. Después de asegurarse que no nos estamos escapando, nos deja salir.

—¿Y ahora qué, nos iremos caminando? —Pregunto.

—Ten paciencia, hija de papi. —En tono burlesco lo dice, ‘hijo de puta’, vaya suerte la mía que no tuve que esperar tanto para que un coche negro saliera a la vista.

Yo me pregunto qué mierda hago aquí con este. Así, obsesión. Increíble, Nefertary, no solo uno sino dos y sin duda no va a terminar nada bien, pero qué importa, díganme; el caos me encanta, no me fascina.

El auto se estaciona adelante de nosotros, se baja un chico como de 1.82 de estatura, ‘digo yo pues porque está más alto que yo’, rubio, ojos heterocromáticos ‘el izquierdo es gris y el derecho es marrón’, rasgos físicos de puta ostia. ¿Se estarán mudando puras estrellas de Hollywood o qué mierda?

—Tú de copiloto, no lo puedo creer. —Lorenz se burla del chico.

—Sabes que a ella no le puedo decir que no. —¿Ella?, alguno de ellos tiene la gentileza de explicarme qué mierda está pasando aquí, quién es este y la “ella”.

—Pues claro, tienes que consentir a tu hermana menor. —Interrumpe una chica que debe ser el “ella”, más que obvio que su hermana, son clones en sexos distintos, la única diferencia es que es 10 cm más pequeña que su hermano y sus ojos son viceversa ‘izquierdo marrón y derecho gris’. —¿Dónde está su educación, su “caballerosidad”, chicos? —Los tres se me quedan viendo.

—Chicos, ella es Nefertary. Nefertary, ellos son Aida y Aitor Mendes. —¿No es un poco tarde, querido?

—Mucho gusto. —Dice Aitor, quien me extiende la mano en forma de saludo. Repito la acción.

—Un placer. —Sonrisa gentil y pues rompemos el saludo.

—Bueno, mi turno. Aida, un gusto en conocerte. —Quien se acerca a mí y me da un beso en la mejilla como saludo.

—Lo mismo digo. —Luego de lo dicho, me da mi espacio, ‘esta chica es más alta que yo.’

—Bienvenidos a Suiza, chicos. —Dice Michael, con alegría.

—Bueno, gracias a ti por la recomendación de venir aquí, por enviar a tu chófer al aeropuerto y prestarnos el coche también. De verdad que necesitábamos salir de Austria. —Dicho eso, Aitor le da un abrazo de nuevo a su amigo.

—Okey, mucho amor asfixia. —Añade Aida, que me da una mirada para que la apoye también.

—Confirmo eso, deberían esperar a estar a solas, chicos. —Las dos nos reímos.

—Ya se hicieron amigas estas. —Añade Lorenz, separándose de su amigo querido. —Con ese sarcasmo, ¿quién y las aguanta? —Cómo me está diciendo que soy insoportable, muy mal, eso está muy mal, -5 puntos para Michael.

—Algo me dice que tenemos muchas cosas en común, Nefertary. —Si te gusta torturar a personas y matarlas, muy bien, seremos inseparables sin duda.

—Puede ser.

—Bueno, señor Lorenz, aquí tiene la llave del coche, no le pasó nada, está sano y salvo. ‘Obvio que si lo conducía mi hermano, pues no diría lo mismo.’

—Exagerada. —Como que le valió el comentario de su hermana.

Aida le entrega la llave a Mich, quien la toma.

—Me saludas a tus padres, les dices que mañana iremos a visitarlos.

—Lo mismo digo, pero a tu querida madre le dices que extrañé mucho su comida. —Aitor, ¿tal vez sea glotón? —Bueno, bajaré las maletas del coche.

—Yo lo hice, te toca llevarlas, lento como siempre. —Pues ya Aitor estaba en eso cuando Aida se lo dijo. —Adiós, Nefertary, nos vemos pronto. —Sonrisa gentil por parte de ambas.

Ellos se fueron a la entrada del colegio y nosotros subimos al coche, ‘obvio él de piloto y yo en el puesto del copiloto’, para ir ¿a dónde?, qué sé yo, eh, puede ser a una colina o al bosque, ‘me voy por la colina’.

—¿Quieres pizza o hamburguesas? ¿O prefieres comida sana?

—¿Qué? —Pregunto como estúpida.

—Comida para llevar, ni modo que vayamos a un lugar que quizás demoremos y no llevemos comida. —Aclara sin desviar la vista de la carretera. —Me puedes decir, ¿por qué estás tan distraída esta semana? —Literal, ¿qué se cree para meterse en mi vida?, apenas y me conoce.

Amo la pizza, pero hoy tengo mi paciencia al límite.

—Hamburguesas. Respondiendo a tu pregunta, lo sabrán mañana todos. —Personas de la alta sociedad lo sabrán por la mañana, en la tarde después de clases lo informarán por los medios de comunicación, o sea que me estarán llegando condolencias de hipocresía mañana por la muerte de mi padre. Increíble, espectacular, fascinante.

—Interesante. —Añade.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧

Luego de unos 37 minutos llegamos a nuestro destino, que era el bosque, en el cual nos adentramos hasta llegar a un acantilado, que nos daba una hermosa vista del resto del bosque. Era obvio que antes de venir aquí pasamos por comida. Los dos estamos comiendo nuestras preciadas hamburguesas, sentados en la orilla del acantilado, con nuestras piernas colgando de él. ¿Suicida? Yo lo llamaría ‘relájate’.

—¿Eres capaz de cualquier cosa por mí? —pregunto, cuando ambos hemos terminado nuestras hamburguesas.

—Sí. —No hubo duda en su palabra, fue muy clara.

—¿Hasta de cometer delitos que nos hagan merecer la pena de muerte?

—Te he dicho que te conozco a la perfección, y morir es lo que menos me importa. —Esta vez yo lo miro, y al parecer lo nota porque deja de mirar hacia el frente para mirarme. Esto es loco, loco que diga que me conoce, sospechoso, aunque ahora le restaré importancia.

—Michael Lorenz, es un placer tenerte como cómplice en mi vida. —Aunque no sé quién te trajo a mí.

—Digo lo mismo, mi cisne. —Me agarra una de mis manos para dejar un beso en ella. Mentiría si dijera que no me gusta este tipo de trato, de alguna forma me gusta su compañía.

Por un momento se me pasa en la cabeza qué provocaría el roce de nuestros labios… a la mierda todo el mundo, sin pensarlo dos veces lo beso. No tarda nada en responderlo, es agresivo y lleno de deseo sexual, con una mezcla pura de lujuria. Sí que lo deseábamos. Este me atrae más hacia él. Levanto mis brazos para luego dejarlos apoyados sobre sus hombros mientras mis manos están entrelazadas en su cabello. Puedo sentir cómo una de sus manos está por uno de mis muslos, escabulléndose por debajo de mi falda, haciéndome caricias. Es una puta ostia tener la respiración tan agitada. Este rompe el beso de repente.

—No sabes las ganas que tengo de follarte aquí mismo. —Joder, aquellas palabras en apenas un susurro son más excitantes, ‘pero’.

—Pues te vas a tener que quedar con las ganas. —Dicho eso, me separo de él y me levanto del suelo, tratando de controlar mi ritmo cardíaco. —¿Qué esperas, Michael? ¿Una invitación? Necesito estar en la mansión en menos de una hora.

Está confundido con mi acción. Me gustan los juegos, creo que le tenía que haber advertido, tal vez. No soy tan fácil, Lorenz, lo siento, pero no lo siento en realidad.

—¿Hay que recoger esto? —Señala las botellas, los recipientes de las hamburguesas y eso, volviendo en sí.

—Soy hija de papi, me cuesta, y además lo puedes hacer tú. —Eso sonó muy ridículo. —Te espero en el auto. —Dicho eso, le doy la espalda y avanzo hacia la entrada del bosque.

En unos minutos ya estamos los dos dentro del auto, en camino a la mansión. No soy la primera ni seré la última en dejar a un chico con ganas de más. Hay que hacerse la difícil, pero no tanto, término medio. No cumplo lo que digo, me gusta más lo difícil.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧

El camino se hizo un poco más rápido de lo normal, lo bueno es que he llegado a mi destino, lo malo es que estoy en el despacho de mi padre, con la persona que más quiero en mi puta vida, nuestra querida Vanessa Ibagon, ahora viuda.

—Y bien, ¿qué era eso tan importante que tiene que decirme? —rompo este silencio, esta tensión que hay entre las dos.

—Ya sabes que será anunciado por los medios cuando estés en casa, porque así lo decidiste. —Hace una pausa para respirar, eso es raro en ella.— Lo otro es que hoy en la noche llega a Suiza el cuerpo de tu padre, le harán la autopsia apenas llegue, mañana será el sepelio para despedirlo, será en la mansión y el sábado será enterrado.

—Ok, entonces me dices los resultados de la autopsia. —Me levanto del asiento.

—¿No vas a ir? —pregunta.

—No, esta vez haré una excepción. Confío en ti. —Obvio que no, nunca lo he hecho, pero hacerme la que me sigue doliendo la muerte de mi padre, ‘aunque muy en el fondo es real’, me conviene de cierta manera.

—¿Me estás diciendo que si sale que ha sido asesinado, no harás nada?

—No, no me lo devolverán, ya está muerto. Podría perder el control y exponerme ante la sociedad. Solo seguiré con los negocios, eso será mi antiestrés, nada cambiará. Además, no tengo tiempo con todo lo que tengo que hacer. Solo es una etapa de mi vida que pasará. —’No es cierto, claro, y estoy más que segura que fue asesinado antes de impactar el jet, aún no está muerto.’

—Está bien, cuando sepa los resultados hablamos. Pero hay una última cosa.

—¿Qué? —Tenía que decir aquella palabra para que la puerta se abriera y entrara él. Pelirrojo, ojos grises que emiten maldad, no tiene límites y es al que más le valen las consecuencias de todos los que llevamos el apellido Ziegler: él, Egil Ziegler, el psicópata más aborrecible por la familia.— ¿Qué hace él aquí? —entre dientes pronuncio aquellas palabras, tratando de controlar la rabia.— Sabes muy bien, madre, que este —lo señalo— nunca fue ni será bienvenido en esta mansión.

—Solo ha venido al funeral. —añade con tanta tranquilidad.

—Eres imbécil, Vanessa Ziegler.

—Hey, a tu madre no le hablas así, mide tus…

—Cállate, rata inmunda, me vale tres cojones tus palabras. —lo interrumpo.

—Nefertary Ibag…

—Cállate tú también. —No puedo evitar sacar una sonrisa agria. ‘Inhalo y exhalo, autocontrol Ibagon.’— Esto es muy gracioso. ¿Dónde se va a quedar? —pregunto más calmada.

—Aquí y que sea…

—Cállate, Vanessa, cállate. Has perdido el poco respeto que te tenía. No tienes ningún derecho de exigirme nada. El título de madre ya no te luce. —Sonrisa gentil, literalmente la estoy sacando de sus casillas. Desvío la mirada hacia Egil.— La verdad, me arrepiento de haberte llamado rata. —Finjo tristeza.— Te engañé, no me arrepiento de nada, tío querido. No sé por qué en tu viaje al venir aquí, no se estrelló el avión. —’Lo más gentil, obvio eres muy gentil’, gracias conciencia.

—No lo sé, Nefertary, puede ser que me esté esperando algo mejor en esta vida que morir. —Tiene mucha paciencia, mucho control sobre sus acciones, el muy imbécil.

—Lástima, yo estaría feliz de encargarme de tu funeral, obvio, para que nadie asistiera. Espero que eso que te esté preparando la vida sea la muerte más descabellada para ti. —’Eso sonó muy inocente, casi me creo mis propias palabras.’— Sin más, me retiro. —Le echo una última mirada a Vanesa, quien tiene una expresión de querer asesinarme, pero ‘me vale tres cojones’.— Que los dos tengan una hermosa tarde. —Dicho eso, salgo del despacho para ir a mi habitación.

—Señorita Nefertary, le ha llegado esto. —Una de las sirvientas me detiene en medio de la sala y me da un sobre amarillo, sin nada escrito.

—¡Gracias! —Con eso se retira.

Subo a mi habitación, ya en ella cierro la puerta con seguro y me apresuro a abrir el sobre. Justo mi móvil empieza a sonar. Joder, ¿pero qué mierda quieren? Contesto sin leer el nombre.

~ Buenas tardes, señorita Nefertary, solo quería confirmar que ¿le llegó el sobre? —decía al otro lado de la línea.

~Sí, Steven, lo tengo en mis manos en estos momentos.

~Okey, señorita, no le quito más el tiempo.

~Espera, ¿cómo va el asunto con la chica?

~Ya tenemos su información personal y todo está listo para este sábado.

~Perfecto. Otra cosa, persigue hoy a mi madre a eso de las 7:10 pm, que sale de la empresa. Sé prudente. Hoy le darán la autopsia de mi padre, quiero las fotos y copias de los resultados originales. Si esos resultados suelen decir que murió asesinado, quiero para este mismo sábado a la primera rata. Me oíste bien, Steven: este sábado. Ni un día más.

~Sí, señorita.

Finalizo la llamada y procedo a leer el documento.

Michael Lorenz

Nació el 5 de septiembre del 2004

Nacionalidad: Austria

Padre: Dadmir Lorenz nacido en Suiza

Madre: Angeliny Lorenz nacida en Austria

Trastornos: sociopatía

Tuvo una hermana que murió a los 3 años cuando él tenía 6 años, ‘interesante’, no hay mucha información sobre eso. Lo demás eran dónde estudiaba, sus calificaciones, pasatiempos, tipo de sangre, cómo eran su relación con sus padres, otros miembros de la familia, las demás personas, entre otras cosas.

Mathias Ludwig

Nació el 20 de diciembre del 2004

Nacionalidad: Suiza

Padre: Matteo Ludwig nacido en Alemania

Madre: Elda nacida en Suiza, fallecida en 2019, causa de muerte: cáncer de páncreas

Trastornos: ninguno

Hijo único. Al parecer su relación con su padre cambió tras la muerte de su madre. Lo demás es lo mismo que en el documento anterior de Michael.

En unos minutos terminé de leer todo lo que me interesaba. En eso hacen dos toques desde el otro lado de la puerta.

—¿Quién? —pregunto.

—¿Cómo que quién? —Natasha.— ¿Abrirás la puerta o tengo que llamar a alguien para que la tumbe? —Me rindo, eh. Me dirijo hacia mi preciada puerta, para quitarle el seguro y que la señorita pueda entrar. Detesto mi vida.

—No es necesario que llames a nadie. —Le digo apenas la tengo enfrente.— ¿También estás esperando una invitación tú, o qué?

—Pero qué pésimo humor, prima, es horrible. —añade.

—Dame tu encendedor. —Esta me mira confundida.— Natasha, por Dios, sé que ya no fumas, pero aún lo tienes ahí. —Le señalo el bolsillo izquierdo de su jeans. Esta me lo da de mala gana. Me alejo de la puerta para ir al baño, donde enciendo en la bañera la información que me han enviado hace unos momentos.

—¿Se puede saber qué haces? —Ignoro su pregunta.— Vale, adivinaré… mmm, es sobre el chico que viste ayer en la fiesta, el tal Mathias. —Ni siquiera la volteo a ver.— Tomaré eso como un sí, sabes siempre…

—¿Guarda silencio y escúchame? —La interrumpo y esta vez sí volteo para mirarla.— Mañana, como sabrás, es la velada de despedida de mi padre.

—No me digas… y tú no vas a estar, ¿verdad?

—Exacto. Pero como sabrás, mi querida madre va a querer que esté ahí, pero ese no es el problema. Van a estar dos personas. Ya conoces a una.

—A Mathias sí. ¿Quién es la otra persona?

—Michael, casi la misma estatura que Ludwig, ojos verdes, su cabello es castaño, aparenta ser caballeroso, gentil será…

—Espera, ¿no es el chico que te trajo hoy? —pregunta más interesada.

—Sí. Lo que quiero que me digas son sus comportamientos, eso es todo. —Me dispongo a salir del baño.

—¿Ya sabes quién está aquí?

—Sí.

—Vaya, me he perdido ese encuentro tan hermoso. —ironizó.— Mañana quiero ver la cara de cada uno de los Ziegler al ver a Egil. Ese ser le gusta ser despreciado. Lo mejor es que la familia Ibagon, gente tan común y corriente, va a socializar con nosotros, los Ziegler, sociópatas y psicópatas. —Se tumba en mi cama.— Faltan también la gente común de la alta sociedad, jaja.

—Para ti será interesante todo ese drama. —digo sin muchas ganas mientras juego con los libros que están en la estantería.

—Te gustaría si llevara un líquido rojo. —No puedo evitar que una sonrisa salga a flote.

—No lo negaré, Nat, es lo que más me encanta de esta vida.

—Sabes, eres la única que le encanta provocarlo. Es un milagro que Egil no se haya vengado por ello.

—No lo ha hecho por la única razón de que lamentablemente soy hija de su preciada obsesión.

—¿Por eso los odias tanto?

—No, lo que haga Vanessa me tiene sin cuidado, aunque no puedo ignorar que sus acciones le hayan causado sufrimiento a mi padre. Por eso lo odio. Si tuviera una sola razón para matarlo, no la desaprovecharía, pero toca esperar.

—En mentes están iguales. —añade con sarcasmo.

Nos pasamos el resto de la tarde hablando de ese tema, hasta que me harté y lo desvié sobre fiestas, moda, cosas que a ella le gustan.

—La chica pelirroja, ¿qué vas a hacer con ella?

—¿No es obvio? —Solo imaginar lo que le puedo hacer, las mil formas de matarla, me hace estar completamente feliz.

—Lástima, me caía bien la chica. —su tono de voz es triste, falsamente.

—Estuviera viva si tú no me hubieras invitado a esa dicha fiesta en la cabaña. —añado.

—Yo no la aniquilaré. ¿Y qué culpa tengo yo de que se haya revolcado con Mathias? —Me hierve la sangre de solo recordarlo.

—¿No se te hace tarde para ir a una fiesta?

—Vaya chantaje. —mira su móvil.— Te ha salvado la campana. Sí, ya son las siete y media. Aunque primero voy a la cocina por algo de comer. —Se levanta del sofá.

—Avísale a Elizabeth que cenaré en mi habitación.

—Vale, lo haré. —Con eso, sale de mi recámara dejándome completamente sola.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧

Cada jodido minuto se me hace eterno en espera del maldito mensaje de Steven. ‘Cálmate chica, solo faltan unos minutos’, ya casi son las diez de la noche, no ha llegado ni Vanessa. ‘Respira, solo respira y relájate’, ¿dónde está el estúpido? Exhala, estúpida conciencia.

Como si hubiera adivinado el universo que ya iba a levantarme de la cama y empezar a caminar en círculos por toda la habitación, entra Vanesa con un folder en las manos.

—¿Qué dice? —le pregunto, mirando lo que tiene en las manos, mientras me incorporo para quedar sentada en la cama.

—Ya lo leí… su muerte fue por el impacto. —Dice como si eso le afectara.— Ten, si no me crees puedes comprobarlo por ti misma. —Me extiende el brazo donde tiene el documento para que lo tome.

—No necesito comprobar nada, te creo. — Claro que no — No mezcles las cosas.

—Si cambias de opinión, solo tienes que pedírmelo. —Con eso se retira.

No se lo pediría ni aunque me esté mintiendo. Me dejo caer de espaldas a la cama. Bien, solo falta el puto mensaje de Steven. Suena el tono de notificación de mi móvil, que está en la mesita de noche. Lo agarro y lo desbloqueo. Es el mensaje de él:

Tengo lo que me ha pedido, tendrá a la primera rata, señorita Nefertary.

Justo lo que pensé. Me has metido, Vanesa Ziegler.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧

—¿Tú? ¿La primera en la mesa? —le pregunto a Nat. Esta chica no sé si será igual cuando comience el lunes sus clases en la universidad.

—Pues acabo de llegar y tengo hambre. —Aclara. Tomo asiento al lado de ella.

—¡Buenos días! —dice Vanesa, quien se sienta al otro lado de la mesa, quedando en frente de mí.— Has llegado temprano hoy, Nat.

—Sí, no fue la mejor party. —Por el tono de voz en que lo dijo, ciertamente estuvo pésima.

—Buen día chicas, ¿cómo han amanecido? —Ha llegado la rata.

—Muy bien. —Añade Vanesa ante nuestro silencio.

—¿Qué crees que haces? —pregunto al ver dónde está sentado.

—No entiendo. —Imbécil, siempre probando mi paciencia.

—Te paras de allí ya mismo.

—Nefert…

—Tú cállate. —Hace que la deteste más.— Entonces, ¿qué esperas para quitar tu repugnante trasero de ahí? —No le he quitado los ojos de encima ni por un momento.

—Dame una razón para hacerlo. —Desafiante, lo es.

—Ese es el asiento de mi padre, es su lugar en esta mesa y tú, Egil, no le llegas ni a los tobillos.

—Tu padre ya está muerto, querida. —A la puta ostia, paciencia eh. Esta vez me río a carcajadas, miro a Vanessa quien quiere callarme, pero no puede. La muy desgraciada sabe que tengo la razón. Nat está más que entretenida, esto para ella es mejor que un buen chisme.— ¿Has terminado de reírte?

—Escucha, Egil. Sí, puede que esté muerto, pero solo yo puedo estar allí donde estás en estos momentos, así que maldito parásito inservible… —Nat suelta unas carcajadas. Ignorar y proseguir.— ¡LEVANTA TU PUTO TRASERO DE ALLÍ YA MISMO!

—NEFERTA…

—TÚ, ZORRA DE MIERDA, ¿CÓMO TE ATREVES A TRAER A TU PUTO AMANTE? ¿NO TE HAN ENSEÑADO LO QUE ES UN MOTEL O QUÉ COJONES? —Esto se me fue de las manos. Egil se levanta del asiento, y en un momento lo tengo en frente de mí, apretándome el cuello con fuerza. Con una mano le basta.

—¡EGIL, SUÉLTALA YA MISMO! —exige Vanesa, ya de pie, al igual que Nat.

—Te crees superior solo por jugar a ser psicópata. Te crees la mejor de todos, ¿no? Cuando solo eres una niña mimada por papi. —Dice entre dientes, el odio es evidente en sus ojos.

—¿En niña mimada de papi? Estás muy equivocado. —Le clavé el cubierto con tanta fuerza en su mejilla izquierda que pude sentir cómo este traspasaba su piel. ‘Lo había agarrado cuando se levantó de la mesa.’ Como todo ser humano, reaccionó al dolor y pude liberarme de su agarre y levantarme de la silla. Este se quita el cubierto de mala gana de su mejilla, que ahora está teñida de sangre. Viene nuevamente a mí, pero esta vez Vanesa se mete en medio.— ¿Todavía soy una niña mimada? Rata inservible.

—Basta los dos. Tú, Egil, te vas al hospital a que te hagan lo que sea con esa herida. —Solo me mira a mí. Me pasé de la raya, sí, pero me arrepiento… no.— ¡Ya, Egil! —ordena. Este agarra la servilleta de la mesa para ponérsela como venda y con eso se retira, muy molesto. Ojalá y se estrelle camino al hospital.

—Yo me retiro. —añado de lo más tranquila. Soy la única aquí que está de lo más normal.

—Eh… Nefertary, deberías maquillarte. —opina Natacha.

—¿Qué? —pregunto desconcertada.

—Es que el… cuello lo tienes… con las mar… —Obvio, cualquier persona estaría con la respiración alterada, yo ni sentí miedo, ‘más bien odio’, cuando este pudo asesinarme hace unos segundos.

—Vale, ¿podrías ayudarme?

—Para ti esto fue divertido, ¿no? —interrumpe Vanessa. Literal, esta vez no sé si está enojada, asustada o qué mierda.— ¿Sabes lo que acabas de hacer, Nefertary? —¿Provocar a una rata?

—No estoy para tus consejitos, Vanessa. —Le doy la espalda y empiezo a irme de allí, sin antes agregar.— ¿Vienes o qué, Natasha? —Esta me sigue hasta llegar a mi habitación.

—La puta ostia, casi mueres, Nefertary. —suelta al estar ya ambas solas.

—Sabes, lástima. Yo le quería dar en el ojo. Será para la próxima. —Aclaro mientras busco el maquillaje para cubrir estas marcas. Las puedo ver ya frente al espejo. Están de una manera peculiar, se me ven atractivas.

—¿La próxima? Estás demente. —Se empieza a reír.— Imagínate lo que les diré a nuestros familiares cuando me pregunten qué le ha pasado a Egil Ziegler en la cara… solo diré: fue Nefertary Ibagon esta mañana. —Las dos nos reímos.— Sin duda, mi parte favorita fue “¿Todavía soy una niña mimada?, rata inservible”. Te quería degollar, chica.

—¿Cuánto tiempo tendré estas marcas?

—Te agarró fuerte, así que creo como una semana o cuando terminen su ciclo de coloración. Hasta entonces, esto será cubierto por maquillaje.

Tardo unos minutos en cubrirme las marcas. Luego de eso, me dispuse a ir al colegio, donde tendré que ver más ratas. Qué mierda.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧

Al estar adentrándome por los pasillos del cole, que están repletos de ratas hipócritas, el olor familiar de esa persona invade mis fosas nasales.

—¿Adivina quién ha vuelto? —pregunta Lucía, al estar detrás de mí, tapándome los ojos con sus manos.

—¿Una chica a la que expulsaron por gritarme en el salón, en presencia de un profesor, que dos chicos estaban para comérselos? —Obvio que lo hice intencional. Esta me suelta y se para delante de mí, con los brazos cruzados.

—No tienes por qué echármelo en cara cada vez que nos veamos. —Pone los ojos en blanco.

—Vale, pero mira quién está detrás de ti. —Añado al ver a Martina.

—¿No me digas que el profe de mate? ¿Con qué cara lo voy a ver? —No puedo evitar reírme al ver su cara de preocupación.

—¿Por qué tenerle miedo si está guapísimo, eh? —habla Martina. Entonces Lucía reacciona, se da media vuelta, chilla y la abraza, llamando la atención de los que pasan por nuestro lado.

—Te extrañé mucho, Martina. —añade al separarse.— Y está horrible, es asqueroso. —dice refiriéndose al profesor.

—Pero si ayer te fui a visitar, y solo lo dices porque te mandó a la dirección. O sea, es pelinegro, al igual que sus ojos, su cara está definida y esa barba le cae bien. Además, solo tiene 30 años, además…

—Ya hay otra flechada por los encantos del profesor de mate. —la interrumpo.

—Hemos perdido a Martina. —añade dramáticamente.— Además, eso fue ayer, chica, hoy es hoy. Aunque sigues siendo la mejor amiga que he tenido a comparación de una chica pelicastaña oscuro que está por aquí. —Okay, quieres guerra, la vas a tener.

—Yo creo que esta persona ha estado muy ocupada. Además, si no recuerdo mal, ¿ella no fue la que te salvó del profesor Eusebius?

—Sí, a mí me lo dijiste y también me dijiste que le debes la vida. —añade Martina, quien me da la razón.

—Se han puesto de acuerdo para traicionarme, ¿no? —dice ofendida.

Nos quedamos platicando en medio del pasillo, sí, en medio del pasillo, no había otro sitio, por unos minutos más. ‘En esos se nos unió Valeria, Valentina, como se llame esa tipa’, hasta que solo faltaron cinco para comenzar las clases. Martina y la mosquita muerta esa se retiraron a su salón. Lucia y yo al nuestro, tomamos asiento en el mismo lugar de siempre.

—Sere, siento lo de tu padre…

—No importa. —la corto. No quiero que me miren con lástima.

—Pero Sere…

—No quiero hablar de ello por ahora, Lucía. —Con eso se calla.

Michael a la vista. Está ridículo como entra por esa puerta, como si fuera el puto amo. ‘Solo mira cómo las chicas lo ven’, pero ninguna de ellas soy yo.

—¡Hola, Lucia! —saluda Lorenz.

—¡Hola! —dice Lucía algo nerviosa.

—¿Podrías dejarme a solas con Nefertary? —Con esa sonrisa encantadora es imposible que alguien le diga que no.

—Sí, claro. —Y se levanta la chica, dejándome a solas con él, quien se sienta al lado.

—Mi cisne, solo tenías que decirlo, yo jamás te traicionaría. —Sé a qué se refiere, es más que obvio.— Debo admitir que eres más reservada de lo que había pensado. —añade.

—Si tienes paciencia, seré como un libro abierto, fácil de leer y comprender.

—Para ti tendré de sobra. —Dichas aquellas palabras, me da un beso en la frente y, como si fuera obra del destino, entra Mathias, quien nos ve.— Sabes que puedes contar conmigo para todo lo que necesites. —Lo tengo muy en claro.

—Lo sé. —Con eso se levanta y se va a su lugar.

Lucía no perdió el tiempo en interrogarme, tratando de entender cuándo, cómo, es que me he vuelto más cercana a él. Pues la verdad no tenía ganas de aclarar nada, solo ignoré sus palabras, cosa que la enojó.

—Lucía, yo no te acompañaré hoy. —Aclaro, ya que no tengo la mínima gana de pisar la cafetería.

—O sea que te vas a ver con él, ¿no? —Parece una novia celosa más que una “amiga”.

—No, voy a la biblioteca, necesito relajarme, chica. —Digo lo más tranquila posible.

—Así que ahí es donde está el nidito de amor, eh.

—Lucía, por favor, qué cosas son esas. Sabes perfectamente que hoy no estoy para esas cosas. Suficiente tengo con lo que va a pasar esta noche y mañana. —Me hago la víctima, le doy la espalda y me marcho dejándola atrás. No tengo nada de paciencia para estos ridículos shows.

—Eso estuvo muy feo, monstruo. —¿Ahora qué?

—Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas, no tengo ni que recordártelo, Ludwig. —Digo irritada.

—Estaban en medio del pasillo, pero tu actuación de ofendida, uhmm… estuvo muy bien. Lo siento por tu “amiga”, quien se sentirá culpable y te pedirá disculpas, cuando ambos sabemos que no las merece en lo absoluto. —Me detengo al ver dónde estoy parada, ¿desde cuándo la biblioteca queda en el patio del colegio? ‘Desde que aparece Mathias.’

—Cállate, imbécil. —Digo vuelta irá. Agradezco que no haya ratas chismosas cerca.

—Pagaría muchísimo para que todo el instituto conociera a la verdadera chica perfecta. —Dice a carcajadas.

—Te han dicho que eres sorprendentemente el mejor siendo insoportable, Ludwig.

—Para tu desgracia no, pero lo que sí me han dicho es que soy el mejor en otra cosa. —Aclara con una sonrisa coqueta.— ¿Quieres saber cuál? —’Me encantaría saber la verdad.’

—No, ni me interesa. —Le paso por al lado y me largo, pero tenía que agarrarme del puto brazo. Hemos pasado a estar súper pegados en un segundo, por si fuera poco, me tiene agarrada de la cintura. Se me había olvidado que sin tacones soy una enana a su lado.

—¿En serio no quieres saberlo? —’Sí, por favor’, no por favor.

—¿También eres sordo? —Se ríe ante mi pregunta y quedamos mirándonos a los ojos por unos segundos, cuando luego mira a mis labios.

—Espero y no estemos interrumpiendo algo. —Cuya voz es la de Aitor.

—No están interrumpiendo nada. —Digo mientras me separo de Mathias. Están Aitor y Aida allí parados con una sonrisa un poco burlona.— Mathias, ellos son Aitor y Aida, amigos de Michael. —La educación primero.

—Mucho gusto en conocerlos, chicos. —No sé si soy yo o qué, pero como que estos no se van a llevar.

—Igualmente. —El saludo de mano… ¿nada, Aitor?

—Solo pasábamos por aquí en busca de Mich, ¿lo has visto, Nefertary? —pregunta Aida.

—No, pero sé dónde puede estar. ¿Los puedo llevar, si así lo desean, claro?

—Vale, te esperaremos en la entrada. —Afirma Aitor, quienes se van en seguida.

—Bueno, mi cazador, me tengo que ir. —Le dedico una sonrisa de niña buena, escondiendo a la bestia.

—Ten cuidado con ellos. —¿Espera qué? Aquello me desconcierta.— No me causan… su ambiente es… asfixiante. —Lo dice en serio, está todo serio.

—No los conoces, pero para que estés más tranquilo, la tendré. —’Obvio que no.’— Te veo en clase. —Con eso los dejo y me dispongo a alcanzar a los Mendes.

Apenas los dejé donde estaba Michael, me retiré. Me fui al salón, que estaba vacío, en silencio, tranquilo, justo lo que necesitaba para pensar.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧

El resto de la tarde fue aburrida. Lucía me pidió disculpas por lo sucedido, que no eran sus intenciones, que se había pasado, blablablá y más blablablá, hasta que decidí perdonarla antes de irme a la mansión. Cuando llegué, me encontré con Vanessa, quien me dijo que a eso de las tres de la tarde llegarían algunos familiares de mi padre y por parte de ella a quedarse en la mansión. ‘Me alegro por esas habitaciones vacías, por fin tendrán uso’, pues desde que he llegado del colegio me la he pasado encerrada en la habitación.

Estoy en uno de los sillones que está al lado de la ventana, dándome una vista de todas las personas que llegan vestidas de blanco o negro a la mansión. Natasha ha subido algunas veces para informarme las cosas que están ocurriendo allá abajo. Ha dicho que muchas personas han preguntado por mí y que Vanessa no tardará en entrar por esa puerta. ‘Eso me tiene sin cuidado.’

—Nefertary, abre la puerta. —Para que la invoque. Dejo el libro a un lado, me levanto de mi preciado lugar a abrir la puerta, le quito el seguro a esta y se la dejo media abierta para que entre, pues yo vuelvo a mi lugar.

—¿Qué haces vestida así? —al verme de pies a cabeza. Saber que llevo un pantalón deportivo muy cómodo y un top, ‘ambos del mismo color gris’, su cara es de horror.— Cámbiate ya mismo, Nefertary.

—Escucha, Vanessa, no me pidas nada, pierdes tu tiempo. Que al único que le hacía caso para cumplir tus caprichos ya no está, o sea, es el cuerpo que está en medio de la sala en un ataúd esta noche. Y si no quieres un show dramático de víctima, que obvio la víctima voy a ser yo, sal por esa puerta y diles a esas personas que estoy devastada, deprimida, que no quiero ver a nadie, qué sé yo… es mejor que quedar como la villana, la amante de la noche.

—Que él no es mi…

—¿Quién me asegura a mí que si no lo hiciste una vez, no lo has vuelto a hacer? —la interrumpo. Con eso se va enojada, y yo he ganado al no ver a tantos hipócritas.

<<—Tienes 16 años, aún recuerdo cuando eras una nenita, chiquita, tan frágil, tan inocente. —dice tan emocionado.

—Pero ahora no tengo nada de inocente. —le aclaro, mientras tengo los ojos en el lago, donde hay una familia de patos.

—Sí, ya no lo eres, me has ganado en eso. —bromea.— Pero eres frágil, aunque no lo parezca. Buscas algo, algo que te falta en la vida.

—No me vengas con el cuento del amor o el alma gemela, padre.

—Sé que no lo crees, pero ¿qué pasaría si, por alguna razón, el universo se pusiera de acuerdo a traértelos?

—¿Eso es una pregunta o una afirmación? —digo burlonamente.

—Tómalo como quieras. Solo piénsalo: ¿qué harías al tenerlos a los dos al mismo tiempo?

—Nunca había pensado en ello. Es pérdida de tiempo creer en esas estupideces. Solo es un mito para que las personas tan comunes no pierdan las esperanzas, la fe de encontrar a alguien que las entienda, las comprenda, tengan los mismos gustos… eso no existe.

—¿Y cómo explicas lo de tu madre y yo? —este señor es competencia pura.

—Es diferente. —sí que lo es, y él lo sabe.

—¿En qué forma es diferente? Explícate. —pide con interés.

—En que tú sí… —espera con ansias las palabras, porque solo con él no tengo todas las respuestas.— Digamos que sí la amas. Ella, en cambio, es algo más que obsesión, algo que los aferra a estar juntos. —’Obvio no soy yo.’— Como que la confundes, la haces dudar de lo que siente.

—¿Cómo cree usted, Nefertary Ibagon, que eso pasa? —A la verga, Wikipedia se ha quedado sin respuestas.

—No lo sé, padre, nunca me ha pasado.

—Eso pasa con solo unas palabras.

—¿Palabras? —estoy confundida.

—Verás, aquellas palabras tienen que llegar en un momento donde te sientas perdida, confundida. Ahí es cuando llega una persona que está pasando por lo mismo que tú o algo similar, por obra del destino o del universo tal vez. La diferencia es que aquella persona muestra una sonrisa al mundo, está calmada, cuando su mundo se está cayendo. Le ve el lado positivo a todo. Le pueden decir mil veces que todo está perdido, pero lo intenta, no se rinde tan fácil.

> Solo sigue y le muestra a todos que las cosas se pueden arreglar, y te dice: “Nacemos solos, morimos solos, pero nosotros decidimos si queremos estar solos los años de vida que tenemos”. Te pones a reflexionar, a analizar… no significa que la persona sea el amor de tu vida o tu alma gemela. Tenemos familias, amigos verdaderos, y a veces, por nuestras decisiones, no los tenemos en cuenta, no los valoramos y los perdemos.

—Sabes, padre… no te entendí nada, pero se nos hace tarde, tenemos que irnos. —se ríe.

—En estos temas no haces ni el mínimo esfuerzo por entender. —tiene razón, no me interesan en lo absoluto.— Bueno, mi pequeña psicópata. —me da un beso en la frente, luego me mira a los ojos.— Algún día lo entenderás.>>

Ha pasado un año y medio, y ni mierda entiendo lo que quisiste decir. Me confundes hablando del amor de tu vida, tu alma gemela y después pasas a hablar de la vida de soledad. A la mierda, padre.

Aún no te vayas, aún no digas adiós.

✧────── ༉───✦───༉ ─────✧

—¿Cómo estuvo la noche? —le pregunto a Natacha.

—Fue agotadora. Como te dije, no dejaban de preguntar por ti. El chico ese, Michael, con quien no tuve el placer de platicar… tengo que admitir que no tienes mal gusto.

—Nunca he tenido mal gusto. ¿Y… Mathias? —pregunto, llevándome el vaso de jugo de naranja a la boca, que me trajo Nat, ya que estoy supuestamente mal. Es lo único que tocaré de la bandeja que me trajo.

—Con él sí tuve el placer de conversar. Creo que ambos podríamos ser amigos, tiene una vibra espectacular. Ya sabe que somos primas. Sabes, también se sentía como culpable de algo. —sé de qué puede ser.

—Bueno, llévate eso. —le señalo la bandeja.— Ya sabes qué decirles.

—Prima, me tratas como la criada de esta casa. —le pongo los ojos en blanco.

—Natacha, deja de hacerte disque la ‘víctima’.

—La víctima ibas a ser tú anoche si te sacaban de tu cueva, eh. —se echa a reír.— Sabes, yo que tú trataría bien a mi tía.

—Oh, ¿en serio? —ironizo.— No se lo merece ni un poco.

—Es que a veces eres estúpida.

—Discúlpame que yo…

—Calla y escucha. Es obvio que Egil está aquí por nuestra querida Vanessa. Ella no te ha reprochado ninguno de tus insultos —porque tengo razón— y, pues, aquí ambas sabemos que te mintió sobre ese asunto. Así que ella cree que tú no sabes nada, que confías en ella. No la hagas dudar con ese comportamiento jodido que tienes, que a mí me encanta en lo personal. Aunque lo mejor es que te acerques a ella y la perdones.

—¿Y tú crees que es fácil de engañar? Que hoy llegue y le diga “madre te amo”, cuando ayer la llamé zorra. —pongo los ojos en blanco.

—Nefertary Serene Ibagón Ziegler, sabes actuar, sabes hacerte la hipócrita. Lo que te estoy aconsejando ya lo has hecho. —en definitiva, sí que lo he hecho.— Sabes cómo acercarte poco a poco, en eso eres fantástica.

—Está bien. La actuación comenzará mañana, aunque no la tendré tan fácil, la tipa es mi madre.

—Por lo menos has aceptado. Ahora, ¿vas a ir al entierro de tu padre? Nos vamos en una hora.

—No voy a ir, por las mismas razones de ayer. —aclaro.

—¿Y si sube mi tía?

—Lo dudo, pero si lo hace, le diré lo mismo que ayer.

—Vale, pues me retiro. —se levantó de la cama y se llevó la bandeja de comida que estaba en la cómoda.

Yo me dispuse a darme una ducha larga de unos cuarenta minutos. Escogí unos pantalones blancos de cintura alta, una blusa tipo corset, con sport rosa pastel. ‘Hoy no es el funeral de nadie.’

Me dispuse a salir de mi habitación. La mansión está más callada, sin tantos huéspedes en ella. Así está mucho mejor, siempre está mejor en silencio.

—Señorita Nefertary, la señora Ziegler quiere verla. —Elizabeth me saca de mis pensamientos.

—¿No se habían ido todos?

—Sí, señorita, pero solo ella se quedó.

—Bien. ¿Dónde está?

—En el jardín principal.

—Okey. Dile al chófer que prepare el auto, el Audi, no el Mercedes, para dentro de 17 minutos. —dicho eso, me dirijo al jardín principal sin perder más el tiempo.

Al llegar al jardín la veo. Su cabello está más largo y blanco que la última vez que la vi. Elegante como siempre, aunque en su cara se puede reflejar la vejez. Sus ojos celestes reflejan energía. La Gran Gretchen Ziegler.

—¿Te me vas a quedar viendo todo el tiempo, querida? Porque tengo muchas fotografías mías por si quieres una. —a pesar de su edad, tiene un sentido del humor mejor que el mío, ‘aunque sus cambios de humor son peores, no hay que confiar mucho.’

—Perdón, es que hace tanto que no la veía. —me acerco más a ella y tomo asiento al lado.

—Nunca cambiarás, Nefertary, y eso no está bien. No debes meterte en caminos de los que quizás no puedas salir.

—Si lo dice por él, no tiene de qué preocuparse. —aclaro.

—No me refiero a eso. Es la primera vez que pierdes a alguien que realmente te importa. Los muros invisibles que siempre has tenido están vulnerables en estos momentos. —hace una pausa y me mira por un momento, luego dirige su mirada hacia el frente.— Está bien sentir, Nefertary. No eres un robot. Aunque ahora estés al tope, como Egil, de los más temidos y respetados de esta familia… te estás destruyendo tú misma.

—¿Eso era para lo que quería verme? —digo entre dientes.

—No. No quería. Tu ira, tu odio, son una evidencia muy clara de que te estoy diciendo la verdad. Simplemente no lo aceptas. —y nunca lo haré, aunque muera— Pero ese no es el punto.

—¿Y cuál es el punto? —aunque en su momento fue la mejor y tiene historia en esta familia, la cortesía se me está agotando.

—Tú y Egil no son tan peligrosos como piensan.

—Dudo que haya alguien mejor que yo. —es que mientras yo viva, no va a haber alguien mejor que yo.

—Nefertary —paciencia— está actuando en las sombras. Todavía no se ha manifestado.

—Ohhh, entonces es un fantasma.

—Pero tú piensas que la conoces. En eso te equivocas, al igual que Egil.

—”La conoces”. ¿Es una mujer entonces de quién estamos hablando?

—Sí, es una mujer.

—¿Es una amenaza?

—Para ti, depende. Para Egil, sí.

—¿Por qué me está diciendo esto? —se supone que no protege a nadie, que no le interesa nadie.

—Puede que estés en la lista de personas que me agradan.

—¿Agradarle? —me sorprendió mi tono de voz, tan sorprendida como lo estoy.

—Sí, me agradas. Y también ella. Si ustedes trabajaran en equipo, serían imparables, aunque ella no lo ha decidido aún. —mi cerebro está tratando de procesar tanta información de esa ‘ella’, que tal vez sea mejor que yo.

—¿Qué tiene que decidir ella?, ¿por qué tanto misterio?

—Ella no ha decidido si matarte o dejarte viva, Nefertary. —después de un largo tiempo me ve a la cara, su rostro no muestra ni una pizca de mentiras.

—¿Por qué hasta ahora me habla de esa ”ella”?

—Porque ahora ella también ha perdido a esa persona que, al igual que tú, le importaba más en la vida. —¿qué tiene esto que ver con mi padre?— Pronto conectarás cada punto y aclararás tus dudas por tu cuenta. —en conclusión, no dirá nada más, pero…

—Ella, ¿está cerca? —si ella quería que esta tal ‘ella’ tuviera mi atención, pues lo ha conseguido.

—¿Qué te dice tu instinto, Nefertary? —con eso se levanta de su asiento y se retira, dejándome sola.

—Sí, sí está cerca. —me respondí yo misma en un susurro.

Necesito estar un paso adelante de ella. Necesito saber quién es. Sé que es de esta familia, pero ¿cuál es la relación que tiene con mi padre?, ¿por qué ahora le dio la puta gana de manifestarse? Y sobre todo, ¿cómo llevarle la delantera si no tengo un rostro para buscar?

—Señorita Nefertary, el auto ya está esperando, como usted lo ordenó. —una de las criadas me saca de mis pensamientos.

A ver… ¿qué opinan de los hermanos Mendes?

¿Egil Ziegler y Vanessa Ibagon… pero cómo??

¿Y Nat? Que ya quiero verla enfurecida como dijo nuestra querida Nefertary. Aunque la chica sabe fingir bien, eh…

Y a ver, díganme ustedes… ¿esto va rumbo a triángulo amoroso, obsesivo o psicopático? Porque entre esos tres está todo muy loco.

Y la cereza del pastel… la chica misteriosa, o mejor dicho el “ella”.

Los Ziegler y sus dramas… puro misterio, traiciones, cadáveres y mentes desquiciadas. Pero hey, al menos ya sabemos una cosa con certeza: esa familia no está bien de la cabeza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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