Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 129

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 129 - Capítulo 129: El eco de lo que arde
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 129: El eco de lo que arde

**Demetri**

No pude resistirlo.

Había pasado demasiado tiempo observando desde lejos, alimentándome de rumores, de imágenes robadas, de palabras ajenas que jamás saciaban la necesidad real: **verlos**. Ver qué había nacido de ella. Ver qué clase de error —o milagro— había cometido la naturaleza al unirla con ese animal.

Moverme por el territorio fue un ejercicio de paciencia quirúrgica. La peste de los lobos lo impregnaba todo, espesa, nauseabunda, como una advertencia constante. Aun así, no era difícil saber dónde estaban. El blindaje de Emma ocultaba mucho, sí, pero no podía borrar por completo la vibración de las otras mentes. Allí, reunidas. Vigilantes. Expectantes.

Me detuve al otro lado del río. La distancia exacta. Sabía quién sería el primero en percibirme.

—Hola —dije, sin alzar la voz.

El efecto fue inmediato.

En minutos, todos estaban fuera, alineados en el claro frente a la mansión. El viejo ritual de siempre. Emma apareció entre ellos, cargando a uno de los infantes, mientras el lobo sostenía al otro con un gesto que me revolvió el estómago. Protector. Posesivo.

Emma…

La maternidad no la había marchitado; al contrario, parecía haberla afilado. Su presencia era más sólida, más densa. Su don, más firme. Una punzada de deseo —y algo más oscuro, más parecido al anhelo— me atravesó el pecho antes de que pudiera detenerlo.

Luego los vi a ellos.

Dos.

Uno era inconfundible: el del lobo. Su esencia era evidente, un reflejo grotesco de ese animal, pero con los ojos de ella. Los ojos que alguna vez me miraron sin miedo.

El otro… blanco. Rubio. Demasiado quieto. Con esos ojos negros que no pertenecían a un recién nacido. Algo antiguo se asomaba allí, algo que no debería existir tan pronto.

La rabia me subió como veneno.

La pregunta volvió, insistente, cruel: **¿por qué con él sí?**

¿Por qué conmigo no?

Por un segundo, imaginé romperle el cuello al lobo. Verlo caer. Sentir cómo su vida se apagaba entre mis manos.

—Cuidado, Demetri —advirtió Edward.

Sonreí, apenas.

—Tranquilo. Solo una fantasía.

Nadie se relajó.

Di un paso fuera de las sombras, lo justo para ser visto. Nunca crucé el límite. Nunca sin propósito. Mis ojos recorrieron a Emma, al niño en sus brazos… y luego al otro, el que sostenía el lobo.

Ese niño me devolvió la mirada.

No lloró. No se agitó.

**Miró.**

Con esos ojos negros, profundos. Demasiado conscientes.

El mundo pareció inclinarse.

Edward inhaló bruscamente.

—Él… —murmuró—. Él lo siente.

El lobo avanzó un paso, el instinto rugiéndole en la sangre.

—Ni se te ocurra.

Esta vez no sonreí.

No lo provoqué.

Solo observé, fascinado.

—No vine por ella —dije al fin, con voz serena—. Eso ya lo entiendo.

Emma me miró como si yo fuera polvo bajo sus pies.

—Entonces vete —ordenó—. No tienes nada aquí.

Incliné la cabeza. Un gesto casi respetuoso.

—Eso aún está por verse.

El niño no apartó la mirada.

—No quiero hacerle daño —continué—. Hay naturalezas que arden antes de aprender a sostenerse. Y esas… suelen necesitar guía.

Edward dio un paso al frente, furioso.

—No es tu lugar.

—Nunca lo es —admití—. Y aun así, la historia está llena de maestros no deseados.

Alice apretó los dientes.

—No te pertenece ningún futuro aquí.

La miré por primera vez.

—No hoy —concedí—. No mañana.

Pero el tiempo… siempre abre grietas.

Emma activó su don. Lo sentí cerrarse como una muralla viva alrededor del niño. Anthony cerró los ojos de inmediato, aceptando esa protección sin resistencia.

Di un paso atrás.

—Crecerá —dije—. Y cuando lo haga, empezará a preguntarse quién es.

Y quién podría ser.

Mis ojos regresaron a él por última vez.

—Ese día… estaré atento.

Me desvanecí entre los árboles.

Me alejé con el pecho lleno de algo que no sabía nombrar. Nunca, en siglos, me había imaginado deseando ser padre. Y sin embargo, ese niño había despertado algo que no sabía que existía.

Lo quería cerca.

Quería enseñarle.

Quería ser parte de su fuego.

Y tal vez —solo tal vez— algún día, recuperar también a su madre.

El tiempo, después de todo, siempre juega a favor de quienes saben esperar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo