Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 130

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 130 - Capítulo 130: El eco que no se apaga
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 130: El eco que no se apaga

** Emma**

El silencio que quedó después de la partida de Demetri no fue un silencio cualquiera. Era espeso, cargado, como si el aire hubiera aprendido un nombre nuevo y se negara a soltarlo. Yo aún sentía el temblor residual en el pecho, no de miedo puro, sino de **alerta**. La clase de alerta que no duerme.

Rosalie fue la primera en romper esa quietud incómoda. Se acercó a mí con Anthony en brazos, firme, segura, como si el mundo entero pudiera desmoronarse y ella seguiría allí, sosteniéndolo.

—No te preocupes, Emma —dijo con una convicción que no admitía réplica—. Todos nosotros protegeremos a Anthony.

No era una promesa vacía. En su voz había acero.

Emmett asintió desde el otro lado de la sala. Su mirada iba y venía entre los niños, como si midiera cada latido del espacio.

—No solo nosotros —añadió—. Las dos manadas también lo harán. A los niños. A los dos.

Sentí un nudo aflojarse apenas un poco en mi pecho. No lo suficiente para llamarlo alivio, pero sí para respirar.

Jacob no dijo nada.

Estaba sentado junto a la cuna improvisada, observando a Anthony y a Elliot dormir. Su postura era tensa, los hombros rígidos, la mandíbula apretada. Había en él una quietud peligrosa, esa que conozco bien y que siempre precede a la tormenta.

—¿Será posible que esa maldita sanguijuela nos deje en paz de una vez? —escupió al fin, con la voz baja pero cargada de veneno.

Nadie respondió de inmediato.

—Debería acabar con él —masculló—. Aquí. Antes de que vuelva a acercarse.

Me levanté sin pensarlo y me acerqué a él. Puse una mano sobre su hombro, sintiendo la tensión vibrar bajo mis dedos.

—Jacob… —empecé.

—Jacob —intervino Carlisle con calma medida—. No podemos arriesgarnos a provocar a los Vulturi otra vez. No ahora. No con los niños tan pequeños.

Jacob resopló, un sonido corto y frustrado, como un animal contenido a la fuerza. No discutió. No porque estuviera de acuerdo, sino porque sabía que era cierto.

—Me preocupa algo más —agregó Carlisle—. Ahora que sabe de la existencia de los niños… podría avisar a Aro. Buscar otra excusa para volver.

Alice negó casi de inmediato, segura.

—No lo creo. Ya lo habría visto —respondió—. Los tengo monitoreados. Esto no es cosa de Aro… es cosa de Demetri. Siempre lo ha sido.

Se giró hacia mí, sus ojos dorados serios por primera vez desde que todo había terminado.

—Está obsesionado contigo, Emma. Y ahora ha puesto los ojos en Anthony.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

—Él percibió algo —continuó—. La sed. La parte vampírica de Anthony. Eso lo hizo sentirse identificado. Cree que puede… moldearlo.

Jasper habló por primera vez, con la voz grave y serena, como si diseccionara una emoción en el aire.

—Es pura obsesión —dijo—. Eso fue lo que sentí en él. Envidia, frustración, añoranza. Nada más.

Edward apretó la mandíbula.

—Está arrepentido —añadió—. De haber dejado ir a Emma. Anhela el lugar de Jacob.

Miró directamente a mi esposo.

—Imaginaba… acabar contigo ahí mismo.

Jacob tensó los hombros.

—Te odia demasiado —remató Jasper—. Mucho más de lo que debería odiar a alguien que no le pertenece.

—Lo sé —gruñó Jacob—. Pero no más que yo a él. Inmundo chupasangre.

Esme se acercó entonces, colocando una mano suave sobre el brazo de Jacob y otra sobre el mío.

—No vale la pena seguir dándole vueltas —dijo con ternura firme—. Ahora lo importante es reforzar el cuidado de los niños.

Jacob respiró hondo.

—Hablaré con Sam —asintió—. Reforzaremos el territorio. Y ahora que estoy sin una integrante… —su voz se endureció un instante—. Una de las mejores. La más rápida.

Leah.

Su nombre no fue dicho, pero todos lo pensamos.

Jacob rodeó a Elliot y a mí con los brazos, apretándonos contra su pecho. Sentí su cuerpo temblar, no de miedo, sino de rabia contenida.

—Nunca —dijo—. Nunca se les va a acercar.

Edward no apartaba la mirada del punto exacto del bosque donde Demetri había estado segundos antes.

—No hoy —repitió—. Pero no ha venido a reclamar.

Ha venido a esperar.

Alice habló por fin, en voz baja, casi como si no quisiera que el futuro la escuchara.

—Anthony tendrá dos caminos. Eso ya lo sé.

Lo que no sé… es cuándo intentarán mostrárselos.

Bajé la mirada hacia mi hijo. Besé su frente con suavidad, sintiendo cómo mi don se cerraba alrededor de él como una muralla viva. Las lágrimas me cayeron sin ruido.

—Entonces lo criaremos fuerte —dije—.

Con amor suficiente para que nunca necesite buscar respuestas en la oscuridad.

Y en ese instante lo supe con absoluta certeza:

si mantener mi blindaje extendido sobre mis hijos era el precio, lo pagaría sin dudarlo.

Demetri podrá obsesionarse.

Podrá esperar.

Podrá soñar.

Pero no los tocará.

No mientras yo exista.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo