Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 135

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 135 - Capítulo 135: Hilos invisibles
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 135: Hilos invisibles

** Renesmee**

Mi vida siempre ha sido distinta, pero nunca solitaria.

Crecí rodeada de amor, de miradas atentas y silencios que decían más que cualquier palabra. Mis padres, Bella y Edward, me enseñaron a existir entre dos mundos sin romperme; mis abuelos, Carlisle y Esme, me mostraron que la eternidad puede ser un hogar si se habita con cuidado. Y mis tíos… ellos fueron la constante, el ancla, la risa, la protección.

Anthony y Elliot llegaron cuando yo aún aprendía a comprender quién era. Recuerdo con nitidez el día en que mi tía Emma anunció su embarazo: algo en mí se estremeció, como si una cuerda invisible se tensara en el tiempo. No sabía explicarlo entonces, pero supe —con una certeza extraña para alguien tan pequeña— que esos niños serían importantes. No solo para la familia. Para mí.

Cuando nacieron, los vi como hermanos menores. Los cuidé, los observé crecer a una velocidad que ni siquiera a mí me sorprendía. Anthony era inquieto desde el principio; Elliot, sereno, atento, siempre buscando equilibrio. Dos fuerzas distintas orbitando el mismo centro.

Con los años, algo cambió.

Anthony dejó de ser solo el niño travieso para convertirse en un enigma. Su rebeldía, su manera de caminar siempre al borde, su sonrisa ladeada que parecía esconder secretos… todo en él me inquietaba. Había momentos en que se perdía en silencios profundos, como si escuchara una música que los demás no percibíamos. Me atraía esa oscuridad controlada, esa irreverencia que no pedía permiso.

Elliot, en cambio, nunca dejó de ser mi refugio. Con él no había misterio ni sobresaltos. Era ternura, lealtad, esa presencia firme que no exige nada. El confidente. El que escucha cuando el mundo pesa. El hombro al que vuelvo sin pensarlo cuando algo me desborda.

Siempre supe que con uno de los dos estaba trazado mi destino. No como una imposición, sino como una intuición profunda, antigua. Y aunque nunca lo dije en voz alta, siempre sentí que ese hilo invisible me llevaba hacia Anthony. No sabía cuándo ni cómo. Solo que algún día tendría que mirar de frente ese enigma.

Esa noche, durante la cacería, lo noté distinto.

Anthony sacó su teléfono por un instante, apenas un gesto, pero lo suficiente para tensar algo en mi pecho. Cuando terminamos, dijo que tenía algo que hacer y se marchó sin nosotras. No volvió por el camino habitual.

La inquietud no me dejó dormir.

¿A dónde había ido?

Sabía exactamente a quién acudir.

En la mañana tomé el auto y conduje hasta la Push. El aire salino me recibió como siempre, familiar, casi maternal. Encontré a Elliot en el taller de mi tío Jacob, rodeado de herramientas y ese olor a metal y madera que siempre me había resultado reconfortante.

—Hola, Nessie —me saludó con esa sonrisa abierta que nunca cambia.

—Hola, Leliot —respondí, usando el apodo que le puse cuando éramos niños.

Nos sentamos allí, entre motores a medio desarmar y bancos de trabajo.

—¿No está mi tío? —pregunté.

—Salió a buscar unas piezas para un motor —contestó—. Vuelve más tarde.

Dudé un segundo antes de preguntar lo que realmente me había llevado allí.

—¿Y Anthony…? ¿Se fue con él?

—Sí.

Tragué saliva.

—¿Y ayer… llegó tarde?

Elliot asintió despacio.

—Muy tarde. Esta mañana escuché a mi papá comentarlo con mamá. Por el tono… fue bien entrada la madrugada.

—¿Dijo dónde estaba?

Elliot negó con la cabeza.

—Nunca dice, Ness. Está acostumbrado a irse y luego sacar cualquier excusa. Yo sospecho que se ve con mujeres… algo así.

Una punzada aguda me atravesó el pecho. No era celos exactamente. Era otra cosa. Una mezcla incómoda de decepción y confirmación.

—¿Te pasa algo? —preguntó Elliot, observándome con atención.

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió.

Mi tía Emma entró con una sonrisa suave y dos vasos en las manos.

—Leche achocolatada y galletas de avellana —anunció—. Pensé que les vendría bien.

Sonreí, agradecida por la interrupción.

Pasamos la tarde hablando de cosas simples, compartiendo risas, fingiendo normalidad. Pero mientras mordía una galleta, las palabras de Elliot seguían resonando en mi mente.

Se ve con mujeres.

Miré mis manos, tranquilas sobre el vaso, y entendí algo con claridad dolorosa:

lo que sentía por Anthony ya no era la curiosidad inocente de una niña.

Y eso… lo complicaba todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo