Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 136
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Capítulo 136: El que permanece en silenci
**Elliot**
Siempre he sido el hijo fácil.
El que no grita, el que no rompe cosas, el que no desafía sin razón. El que escucha, el que entiende, el que asiente incluso cuando no está de acuerdo. El que nunca obliga a mis padres a fruncir el ceño ni a elevar la voz. El que no provoca discusiones en la manada ni silencios incómodos en la casa de los Cullen.
El hijo perfecto.
O al menos, eso es lo que todos ven.
Anthony, en cambio, nunca ha sido fácil. Y por eso mismo, es fascinante.
Rebelde. Irreverente. Magnético. Misterioso. Tiene esa forma de existir que parece no pedir permiso, como si el mundo tuviera que adaptarse a él y no al revés. Donde yo pienso, él actúa. Donde yo mido consecuencias, él sonríe y cruza la línea.
La gente lo nota apenas entra a un lugar. No importa si es humano, vampiro o lobo: Anthony llama la atención como un incendio contenido. Y yo… yo soy el que apaga fuegos, el que recoge lo que queda después.
Nunca me han rechazado. Nunca me han ignorado.
Eso es lo más difícil de explicar.
Siempre he estado rodeado de amor. Mis padres me aman profundamente, lo sé. Mi madre me mira con orgullo, mi padre confía en mí sin reservas. Mis tíos siempre han estado ahí. Rosalie, Alice, Esme… incluso Jasper. Todos ellos me cuidan de una forma particular, como si yo fuera algo frágil sin serlo del todo.
Durante años pensé que era simple cariño.
Ahora sé que es protección.
Me protegen de algo que yo aún no entiendo del todo.
Y aun así, la atención… nunca ha sido completamente mía.
En especial la de Renesmee.
Cuando noté por primera vez que ella se interesaba en Anthony, no me sorprendí. Lo di por hecho. Era lógico. Casi inevitable. Anthony tiene todo aquello que atrae: el peligro justo, la sonrisa ladeada, la intensidad que promete vértigo.
Pero una cosa es saberlo.
Otra muy distinta es verlo.
Ver cómo lo mira.
Cómo está pendiente de él incluso cuando finge no estarlo.
Cómo su cuerpo se tensa cuando Anthony entra a una habitación.
Cómo se inquieta cuando él se va sin explicar demasiado.
Y luego estoy yo.
El hermano.
El confidente.
El lugar seguro.
Renesmee me mira con ternura. Con cariño. Con esa dulzura que no quema, que no desarma. Me quiere, lo sé. Pero no como se quiere a un hombre. Me ve como alguien que siempre estará ahí, no como alguien a quien se teme perder.
Y eso… duele más de lo que jamás admitiré en voz alta.
Amo a mi hermano. De verdad.
Pero sería mentir decir que nunca me he sentido eclipsado por él.
Desde niños fue así. Desde las travesuras que siempre parecían idea suya, hasta las miradas que lo seguían incluso cuando yo estaba a su lado. Y ahora somos adultos. O algo muy parecido a eso. Y la historia se repite.
Lo peor es esta pregunta que no deja de crecer dentro de mí:
¿Y si nunca me transformo?
¿Qué pasa si no heredé la parte lupina de mi padre?
¿Qué pasa si todo lo extraordinario se detuvo en Anthony?
¿Qué pasa si yo solo heredé la humanidad de mis padres… y nada más?
Crecí aceleradamente, sí. Pero eso no garantiza nada. Mi cuerpo no ha cambiado como se esperaba. No hay señales. No hay impulsos. No hay esa llamada interior que describen los demás lobos antes de su primera transformación.
¿Y si soy solo eso?
Un humano que llegó demasiado rápido a la adultez.
Quizá por eso ella me ve así.
Porque no hay peligro en mí.
Porque soy correcto.
Porque no desordeno nada.
Porque soy… soso.
Nadie sabe esto. Nadie.
Cargo estas dudas en silencio, como se cargan las cosas que no se pueden compartir sin romper algo. Sonrío. Ayudo. Escucho. Doy buenos consejos. Soy el hijo en el que nadie se preocupa demasiado.
Mientras por dentro, vivo con mil tormentas que no se atreven a rugir.
Y aun así, cada día me levanto decidido a no ser una carga.
A no fallar.
A no convertirme en otra herida que mi familia tenga que sanar.
Tal vez algún día entienda qué soy realmente.
Tal vez no.
Pero hasta entonces, seguiré siendo Elliot.
El que permanece.
El que sostiene.
El que ama en silencio.
Aunque a veces… duela respirar así.
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