Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 145
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 145 - Capítulo 145: La tentación nombrada
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 145: La tentación nombrada
**Anthony**
El bar seguía siendo el mismo: luces bajas, música grave, miradas que no preguntaban. Demetri estaba allí, apoyado contra la barra, como si hubiera estado esperándome desde siempre. Al verme, inclinó apenas la cabeza. No sonrió.
—Te ves… consternado —dijo, sin rodeos.
Me senté a su lado. El vidrio del vaso estaba frío bajo mis dedos. No pedí nada.
—Estuve con una humana —confesé—. Y estuve a un segundo de… morderla.
Demetri soltó una risa breve, sin humor.
—Ah. —Giró el rostro hacia mí—. Yo jamás he podido ver a las humanas como otra cosa que no sean presas. Sentir su pulso, su calor… y no pensar en drenarles ese líquido vivo y delicioso. —Hizo una pausa, midiendo mi reacción—. Solo hubo una excepción.
Alcé la vista.
—¿Una?
—Sí. —Su voz se volvió extrañamente contenida—. Era… fuerte. Diferente. Con ella podía estar cerca sin perderme del todo. —Apartó la mirada—. No la olvidé. Y no la olvidaré.
Algo en su tono me inquietó. Lo observé con atención, intentando descifrar qué se escondía detrás de esas palabras. Demetri me sostuvo la mirada, impenetrable.
—Por eso estás aquí —continuó—. Porque sabes que negar la naturaleza no la hace desaparecer.
—Mi naturaleza no incluye matar inocentes —respondí, firme.
Demetri ladeó la cabeza.
—¿Inocentes? —repitió—. Hay humanos más monstruosos que nosotros. Gente que vive para destruir. Hay lugares donde se puede cazar sin remordimientos. Donde, incluso, estarías haciendo un favor al mundo.
Negué.
—Conozco esa historia. Edward Cullen ya caminó ese sendero. Y lo dejó vacío. Asqueado. La sangre sucia no purifica nada.
Demetri no se ofendió. Al contrario, pareció complacido.
—No te ofrezco una cruzada moral —dijo con suavidad—. Te ofrezco una experiencia. La verdad sin filtros. Si alguna vez quieres saber cómo se siente… yo puedo llevarte.
El silencio se tensó entre nosotros. Sentí el peso de la idea, la curiosidad mordiendo desde dentro, como un eco que no quería callar.
—No —dije al fin—. No hoy.
Demetri asintió, como quien ya esperaba esa respuesta.
—Hoy no —concedió—. Pero la semilla ya está plantada.
Me levanté. El aire me pesaba en los pulmones.
—No vuelvas a hablar de esto —advertí.
—Cuando quieras —respondió él—. Sabes dónde encontrarme.
Salí del bar con la cabeza llena de ruido. Tomé el camino de regreso a casa, decidido a alejarme de esa voz.
Y aun así, mientras avanzaba, la idea seguía allí, girando, insistente.
No como una orden.
Como una pregunta que aún no tenía respuesta.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com