Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 146
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Capítulo 146: Corrientes silenciosas
**Anthony**
Habían pasado varios meses desde la última vez que crucé la puerta de aquel bar sin nombre. Tomé la decisión consciente de no volver, de no buscar a Demetri ni permitir que sus palabras siguieran encontrando grietas por donde colarse. Sabía que Edward regresaría pronto y que, con él, el margen de error se estrechaba hasta desaparecer. No era miedo; era prudencia.
Me refugié en la universidad, en esa representación constante de lo humano: clases, pasillos, conversaciones triviales, risas que no siempre decían nada. Reducir los encuentros fue parte del plan. Mantenerme ocupado. Mantenerme lejos.
Y, aun así, había una presencia que no podía ignorar del todo.
Renesmee Cullen.
Lo sabía desde hacía tiempo: sus miradas que se detenían un segundo más de lo necesario, sus sonrisas suaves, ese coqueteo casi inocente que no exigía nada. Siempre había respondido con cortesía, con distancia amable. Ella era familia. Intocable. Así lo había decidido.
Hasta aquel día junto al río.
El sol caía lento, dorado, y ella estaba allí, desprevenida, con apenas ropa interior y el agua lamiendo la orilla. Su piel clara parecía encenderse bajo la luz del atardecer; los rizos cobrizos le caían por la espalda como una llamarada tranquila. Había en ella una mezcla desconcertante de fragilidad y fuerza, de inocencia cuidada por todos como una porcelana valiosa… y, sin embargo, indiscutiblemente poderosa.
Algo se activó en mí. No fue la urgencia conocida, ni el deseo oscuro que otras veces me había empujado. Fue distinto. Más silencioso. Más peligroso.
Me aparté sin hacer ruido. Necesitaba aire. Necesitaba distancia.
Su imagen volvió una y otra vez, insistente.
*Nessie… ¿y si…?*
Negué con la cabeza, casi con rabia.
No. No soy de esos. No soy de relaciones, ni de promesas, ni de sentimientos que atan. Mi mundo siempre había sido más simple: deseo, control, huida. El amor —el romántico— me parecía una trampa elegante.
Solo existía el amor filial: por mi madre, por Esme como abuela del corazón, por mis tías Rosalie, Alice, Bella, Rachel. Eso era terreno seguro. Todo lo demás debía quedarse fuera.
Respiré hondo, como si así pudiera expulsar la idea.
Tenía que sacarla de mi cabeza.
Antes de que echara raíces.
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