Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 15

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lobo solitario, de vuelta al amor
  4. Capítulo 15 - 15 El error de quedarse
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

15: El error de quedarse 15: El error de quedarse **Jacob** La vi irse.

No fue una huida precipitada ni una retirada torpe.

Fue… limpia.

Demasiado limpia.

Un segundo estaba ahí, con los hombros tensos y la mirada endurecida, y al siguiente el bosque parecía habérsela tragado sin dejar rastro, como si nunca hubiera estado.

Me quedé inmóvil, sintiendo cómo algo dentro de mí se apretaba con fuerza.

No era la primera vez que alguien se alejaba de mí con esa expresión contenida, pero esta vez fue distinto.

No hubo palabras duras, ni reproches abiertos.

Solo una decisión silenciosa que me golpeó más fuerte que cualquier enfrentamiento.

Sabía que la había herido.

No con garras ni colmillos.

Con algo peor: con una actitud que ni yo mismo entendía del todo.

Había sentido alivio al verla regresar.

Un alivio tan intenso que me asustó.

Y, como si mi cuerpo hubiera decidido protegerse solo, dejé que la incomodidad y ese malestar inexplicable tomaran el control.

Frialdad.

Distancia.

Hostilidad mal disfrazada.

Lo vi en sus ojos cuando se detuvo en seco.

Lo sentí en el aire cuando dio un paso atrás.

Y ahora… ahora el bosque estaba vacío.

O eso parecía.

Porque aunque mis sentidos me decían que ya no estaba cerca, algo no encajaba.

No era ausencia total.

No como debería ser.

El rastro se desvanecía de una forma extraña, como si el viento hubiera aprendido a obedecerla.

Fruncí el hocico, olfateando con atención.

Nada.

Demasiado nada.

No era que Emma se moviera rápido —eso ya lo sabía—, era que su esencia parecía **plegarse**, esconderse entre otras huellas, disolverse sin desaparecer del todo.

Como si el bosque mismo conspirara para borrarla.

Un escalofrío me recorrió el lomo.

—¿Qué eres…?

—murmuré para mí mismo.

No había amenaza en la pregunta.

Solo desconcierto.

Me moví por el perímetro durante horas, no siguiéndola, sino comprobando su ausencia.

Cada vez que creía captar algo suyo, el rastro se diluía, desviándose de forma antinatural, dejándome con la sensación de estar siempre un paso atrás.

No me estaba evitando por miedo.

Me estaba evitando **porque podía**.

Y esa certeza me dejó un peso incómodo en el pecho.

Las noches siguientes confirmaron lo que no quería aceptar.

Emma estaba ahí… pero no estaba.

Sentía su presencia a ratos, como un murmullo bajo la piel, una vibración tenue que aparecía y desaparecía sin previo aviso.

No dormía donde solía.

No transitaba los senderos habituales.

Incluso el bosque parecía reorganizarse a su alrededor.

Y yo… yo era el único excluido.

Cada intento inconsciente de acercarme terminaba igual: silencio, vacío, esa sensación frustrante de llegar tarde a algo que había ocurrido justo antes.

Lo entendí entonces.

Era su decisión.

Y tenía que respetarla.

Eso era lo correcto.

Eso era lo que un lobo con algo de honor debía hacer.

Pensé en irme.

Explorar otros territorios.

Volver a moverme sin ese ancla invisible que me mantenía dando vueltas alrededor de su cabaña como un idiota.

El monte San Elías, Lucania, cualquier otro lugar donde no tuviera que preguntarme cada noche si estaba bien, si estaba a salvo… si estaba molesta conmigo.

Pero no me fui.

Cada vez que me alejaba más de lo necesario, algo tiraba de mí hacia atrás.

No era territorialidad.

No era deber.

Era una necesidad silenciosa, incómoda, persistente.

Quedarme dolía.

Irme… era imposible.

Acepté entonces una verdad que no me gustó nada: aunque Emma me estuviera evitando, yo no podía hacer lo mismo.

No del todo.

No mientras esa ausencia rara, antinatural, siguiera provocándome esta inquietud constante.

No sabía qué había tocado en ella.

Pero sabía que había sido una cicatriz.

Y que, de alguna forma, sin querer, había activado algo que ni ella misma parecía controlar del todo.

Me recosté sobre la tierra húmeda, mirando el cielo que empezaba a oscurecerse.

—Lo siento —dije al viento, sin saber si podría escucharme.

Tal vez dejarla en paz era lo correcto.

Tal vez insistir sería egoísta.

Pero mientras el bosque respirara con ese hueco extraño donde ella debería estar, supe que esta historia no iba a resolverse tan fácilmente.

Y que quedarme… aunque fuera un error, era el único que podía cometer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo