Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 150
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 150 - Capítulo 150: El rojo que no conocíamos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 150: El rojo que no conocíamos
**Jacob**
Lo vi antes de entenderlo.
La tensión entre Anthony y Elliot no era nueva, pero esa tarde había algo distinto en el aire, una electricidad densa que me erizó la piel. No hacía falta ser alfa para saber que cuando dos corazones chocan por la misma razón, el impacto no se queda en palabras. Pensé en Renesmee sin querer hacerlo. Pensé en lo que no se dice y en cómo eso suele estallar.
Entonces Elliot corrió.
No fue una huida cualquiera. Su cuerpo temblaba, el calor lo envolvía como un incendio mal contenido. Y ahí lo entendí. No con la cabeza, sino con la sangre: **era su transformación**. Y no estaba listo. No así. No con esa tormenta por dentro.
—Anthony —le dije sin alzar la voz—. Avísale a tu madre. Ahora.
Se quedó quieto, pálido.
—Nadie se acerque —añadí—. Hasta que yo diga.
Entré al bosque en fase antes de terminar la frase. El mundo se volvió olor, viento, pulso. Avisé a la manada con el pensamiento y pedí cuidado: **un lobo naciendo en medio del dolor puede ser peligroso**, no por maldad, sino por miedo.
Peinamos la zona como se hace cuando no se sabe qué se busca, pero se sabe que hay que encontrarlo rápido. Huellas, ramas rotas, el eco de un latido ajeno. Y entonces lo vimos.
No era el lobo desorientado que esperábamos.
Era **rojo**. Intenso. Imponente. Con dos líneas blancas marcando la frente como una señal antigua. Estaba de pie, firme, vigilante. A su lado, el cuerpo de mi hijo yacía desmayado, respirando, vivo.
El lobo giró la cabeza hacia nosotros y mostró los dientes.
La manada cerró el círculo instintivamente, pero levanté el hocico y ordené calma. No atacó. **Protegía**. Protegía a Elliot como si fueran el mismo ser.
Y lo eran.
La conexión me golpeó de frente: **Elliot y el lobo compartían mente**. No era un desdoblamiento. No era una posesión. Era una coexistencia. Uno no expulsaba al otro. Se sostenían.
No había precedentes.
Llamé a Sam.
Él llegó con la experiencia de quien ha visto casi todo y, aun así, se quedó en silencio un largo segundo. Se acercó despacio, habló con la voz que se usa para no romper algo frágil. El lobo respondió con un gruñido bajo, tenso, pero no avanzó. **Entendía**. No sabía cómo volver, pero entendía.
—Están unidos —dijo Sam al fin—. No es una fase que se deshaga sola. Va a necesitar aprender a regresar.
Miré a mi hijo en el suelo. Miré al lobo rojo, hermoso y terrible. Sentí orgullo y miedo en la misma respiración.
—Entonces aprenderá —respondí—. Y no va a hacerlo solo.
Me acerqué un paso más. El lobo no retrocedió. Bajó la cabeza apenas, como aceptando el pacto que acabábamos de sellar sin palabras.
Aquella noche entendí que la manada acababa de cambiar para siempre.
Y que mi hijo, al que creí conocer por completo, acababa de revelarnos su verdadera forma.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com