Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 151
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Capítulo 151: El silencio antes del amanecer
**Emma**
Jacob salió al bosque sin volver la cabeza. Conocía demasiado bien ese paso largo, urgente, el que solo aparecía cuando algo grave estaba ocurriendo. El aire quedó cargado detrás de él, como si la casa hubiera contenido la respiración.
Anthony regresó poco después.
Su rostro lo decía todo antes de que abriera la boca.
—Mamá… —empezó, y se detuvo—. Elliot está teniendo su primera transformación.
Me puse de pie de inmediato. El impulso fue visceral, primario.
—¿Dónde está tu padre? —pregunté ya caminando hacia la puerta.
Anthony se interpuso, firme, como nunca antes lo había visto.
—No. Espera. Papá dijo que no nos acerquemos. Elliot no está emocionalmente estable.
Me quedé quieta. Lo miré con atención, con esa mirada que solo una madre puede sostener sin pestañear.
—¿Qué pasó? —dije en voz baja—. ¿Esto tiene que ver contigo?
Anthony bajó la mirada. No hizo falta nada más.
Me senté lentamente en el borde del sofá, el peso de todo cayéndome encima de golpe.
—¿Qué hiciste, Anthony?
Suspiró, largo, como si soltara una carga que llevaba tiempo oprimiéndolo.
—Es por Nessie.
Y entonces habló. Me contó del taller, del casi beso, de la discusión, del dolor de Elliot, de la rabia contenida, del momento en que todo se desbordó. No lo interrumpí. Escuché cada palabra con el corazón apretado.
—No es posible… —murmuré cuando terminó—. No puede ser que la historia se repita.
Anthony frunció el ceño.
—¿La historia se repita?
Lo miré con una tristeza antigua, heredada.
—Al parecer —dije— algunas mujeres de esta familia llevan como destino que un lobo y un vampiro luchen por ellas.
Anthony abrió los ojos, sorprendido.
—¿Hablas de…?
—De tu padre —asentí—.
—Y de Edward —completó él, casi en un susurro.
Se hizo un silencio denso entre nosotros.
—Eso fue hace mucho tiempo —dijo al fin.
—Sí —respondí—. Pero lo importante ahora no es el pasado. Es tu hermano.
Me puse de pie otra vez, luchando contra el impulso de correr al bosque.
—Y no podemos ir —añadí con firmeza—. Si Jacob dijo que no, es porque es peligroso.
La noche se alargó como una herida abierta. Las horas pasaron lentas, crueles. Ninguno de los dos regresó. El miedo empezó a instalarse en mi pecho con garras silenciosas.
Cuando el cielo empezó a aclarar, la puerta se abrió.
Jacob entró exhausto, cubierto de tierra, los ojos cargados de algo que no le había visto nunca: **asombro y preocupación a la vez**.
Me levanté de un salto.
—¿Elliot?
Jacob asintió lentamente.
—Está vivo. —Hizo una pausa—. Logramos negociar con el lobo… y encontrar la forma de que recuperara la conciencia.
Sentí que el aire volvía a mis pulmones, pero la calma no llegó.
—¿Negociar? —repetí—. ¿Con qué?
Jacob me miró con seriedad.
—Con algo que no esperábamos, Emma.
—Esto… —continuó— es distinto a todo lo que hemos visto antes.
La preocupación se instaló en mí como una certeza amarga.
Aquello no era solo una transformación.
Era el inicio de algo completamente nuevo.
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