Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 154

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 154 - Capítulo 154: Lo que duele cuando no se dice
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 154: Lo que duele cuando no se dice

**Renesmee**

Las noticias llegaron como llegan siempre las cosas importantes en mi familia: con cuidado, con silencios medidos y palabras que dicen menos de lo que saben.

—Elliot no va a estar por un tiempo —dijo mi tía Emma, con esa serenidad que solo tiene cuando está sosteniendo algo frágil—. Entró en fase… pero es complicado. Necesita espacio. Tiempo. Aprender a manejarlo.

Jacob asintió a su lado.

No dijeron más.

Y yo lo supe al instante:

me estaban ocultando algo.

No porque dudara de ellos, sino porque conocía demasiado bien a Elliot. Él no desaparecía sin avisar. No se iba sin una sonrisa, sin una broma, sin decirme *“todo va a estar bien”*.

Pasaron los días.

Luego las semanas.

Dos meses enteros sin él.

Y el mundo siguió girando, como si nada, pero para mí había un hueco.

Elliot era mi puerto seguro.

El lugar donde podía descansar sin máscaras. Con él hablaba de todo: de mis miedos, de mis dudas, de cosas pequeñas y enormes. Con él nunca tenía que explicar quién era ni qué sentía. Me sentía protegida, comprendida… en casa.

Su ausencia dolía como una pérdida que no terminaba de nombrarse.

Anthony, en cambio, estaba ahí.

Las cosas entre nosotros avanzaban despacio, con una delicadeza extraña. Había miradas largas, momentos compartidos, una cercanía que prometía algo más. A veces lo sentía presente, atento… otras, distante, cargando una tristeza que no sabía cómo tocar.

Pensé que era por Elliot.

Pensé que era el peso de la culpa.

Hasta que llegó ese día.

Me buscó.

No hubo preámbulos largos, ni juegos, ni sonrisas ambiguas.

—Nessie… —dijo, con la voz tensa—. Tengo que ser honesto contigo.

Supe que algo iba a romperse.

—No puedo corresponderte —continuó—. No como tú mereces. No porque no sienta nada… sino porque no puedo prometerte que no te haré daño. No soy ese hombre que esperan. No soy… estable.

Lo miré.

Y vi que le dolía decirlo.

—No voy a pedirte que esperes —añadió—. Ni que entiendas. Solo… no quiero construir algo sobre una mentira.

No reclamé.

No levanté la voz.

No porque no doliera, sino porque sabía que, en ese momento, él estaba siendo lo más honesto que podía.

—Gracias por decírmelo —respondí—. De verdad.

Y me fui.

Llegué a la cabaña —la nuestra, la de siempre, la que alguna vez fue refugio de risas— con el corazón pesado. Mamá me vio apenas crucé la puerta.

—Renesmee, amor… ¿estás bien?

—Sí, mamá —mentí con suavidad—. Solo estoy cansada. Quiero dormir.

Subí a mi habitación y me dejé caer en la cama.

Y entonces lloré.

Lloré por Elliot.

Por su ausencia.

Por no saber dónde estaba ni cómo estaba.

Lloré por Anthony.

Por lo que no fue.

Por lo que quizá nunca podría ser.

Y cuando el llanto empezó a calmarse… lo sentí.

—¿Hija… duermes?

Papá estaba ahí, en el marco de la puerta.

Negué con la cabeza y, sin decir una palabra, me refugié en sus brazos. Él me sostuvo sin apurarme, sin interrumpir, dejándome deshacerme poco a poco.

No tuve que explicarle nada.

Con mi don, le mostré todo:

la ausencia de Elliot,

la conversación con Anthony,

la mezcla de amor, culpa y pérdida que me atravesaba.

—Nada de esto es tu culpa —dijo finalmente, con voz firme—. Nada.

—Pero siento que arruiné algo… —susurré—. Que fui el detonante.

—Lo de Elliot tenía que pasar tarde o temprano —respondió—. Y va a estar bien. Volverá cuando aprenda a dominar su naturaleza.

Y Anthony… —hizo una pausa— Anthony tiene sus propios conflictos. Fue sensato al no alimentar algo que no puede sostener ahora. Eso también es una forma de respeto.

En ese momento mamá entró en la habitación y me rodeó con sus brazos, sumándose al abrazo.

—Ojalá pudiéramos evitarte estos dolores —dijo—. Pero forman parte de crecer, incluso para nosotros. Lo único que podemos hacer es acompañarte.

Ahí, entre ellos dos, entendí que estaba iniciando un duelo.

Por mi amigo.

Por un amor que no fue.

Y aunque dolía… no estaba sola.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo