Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 158

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 158 - Capítulo 158: El guardián silencioso
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 158: El guardián silencioso

**Renesmee**

Nunca me habló.

Y, sin embargo, siempre estuvo ahí.

Al principio pensé que era coincidencia. Un encuentro casual, uno de esos caprichos del bosque que parecen significativos solo porque uno está demasiado solo para ignorarlos. Pero los días pasaron, y el lobo volvió a aparecer… siempre el mismo.

Rojo.

De un rojo profundo, como arcilla viva bajo la luz del amanecer, con dos manchas blancas en la frente que parecían marcas antiguas, casi sagradas. No mostraba los dientes, no gruñía, no invadía mi espacio. Caminaba a cierta distancia, respetuosa, constante. Como una sombra que eligió quedarse.

Mis paseos matutinos se habían convertido en un ritual silencioso. Elliot ya no estaba. Anthony tampoco. La casa se sentía demasiado grande, demasiado quieta, y yo necesitaba aire, movimiento, algo que me recordara que el mundo seguía girando incluso cuando el corazón se detenía un poco.

Fue en uno de esos paseos, cuando el sol apenas rompía entre los árboles, que lo vi por primera vez con claridad.

Estaba de pie entre los helechos, inmóvil, observándome.

No sentí miedo.

Eso fue lo extraño.

Mi instinto no gritó advertencia; al contrario, se aquietó. Algo en su presencia me envolvía con una calma que no había sentido desde que todo se fragmentó. Caminé despacio, consciente de cada paso, y él hizo lo mismo, manteniendo la distancia justa, como si conociera una regla que yo no había pronunciado.

—Hola —susurré, sintiéndome un poco absurda por hablarle a un lobo.

Él inclinó levemente la cabeza.

Nada más.

No volvió a acercarse, pero tampoco se fue.

Con el tiempo, empezó a acompañarme. No todos los días, pero sí los suficientes para que su ausencia se notara cuando no aparecía. A veces caminaba a mi lado, otras se adelantaba, como asegurándose de que el camino estuviera despejado. Nunca cruzó una línea invisible que parecía haber trazado entre nosotros.

Yo sospechaba.

Claro que lo hacía.

Había algo en la forma en que se movía, en cómo se detenía cuando yo me detenía, en cómo parecía atento a mis silencios. Ese lobo no era un extraño. Y aunque nunca me habló, aunque nunca se transformó frente a mí, lo sabía en el fondo de mi ser.

Era Elliot.

O al menos, una parte de él.

No el hermano, no el amigo de risas suaves y palabras precisas. Era otra faceta, una que no necesitaba voz para hacerse presente. Una que había venido cuando los otros no estaban, cuando mi mundo se había quedado sin apoyos visibles.

No vino a llenar un vacío.

Vino a custodiarlo.

En esos paseos no hablábamos, pero yo pensaba en voz alta. Le contaba cosas pequeñas: cómo me sentía, cómo dolía la ausencia, cómo a veces el amor y la pérdida se parecían demasiado. Él escuchaba. Siempre escuchaba.

Cuando me sentaba sobre una roca, él se echaba cerca, vigilante. Cuando el viento cambiaba, se incorporaba, atento. Nunca me tocó, pero su presencia era tan sólida que parecía envolverme.

No buscaba respuestas.

No buscaba consuelo.

Y, aun así, lo recibía.

Entendí entonces que no siempre necesitamos que alguien nos hable para acompañarnos. A veces basta con que se quede. Con que elija estar, incluso en silencio.

Ese lobo rojo de manchas blancas no vino a reclamar nada. No vino a imponer, ni a pedir, ni a confundir.

Vino porque yo estaba sola.

Y porque, de alguna manera profunda y antigua,

él también lo estaba.

Desde entonces, cuando camino entre los árboles y siento ese paso acompasado a mi alrededor, ya no me pregunto nada. No necesito certezas ni nombres.

Solo sé que, cuando no estaban Elliot ni Anthony,

cuando el mundo parecía haberse vaciado un poco,

estaba él.

Mi guardián silencioso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo