Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 16
- Inicio
- Todas las novelas
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 16 - 16 La distancia que tiembla
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: La distancia que tiembla .
16: La distancia que tiembla .
**Emma** Mantenerme lejos de él ha sido… más fácil de lo que esperaba.
Eso es lo que me repito.
No hay discusiones, no hay miradas que me descoloquen, no hay esa presión silenciosa en el pecho cada vez que lo siento cerca.
El bosque vuelve a ser mío, dócil, ordenado.
Puedo moverme sin preocuparme de toparme con su presencia imponente, con esos ojos que parecen notar demasiado.
Y aun así… Nada está del todo en calma.
He aprendido a deslizarme entre los senderos como una sombra.
A cambiar mis rutas sin pensarlo, a dejar que el entorno se pliegue apenas a mi favor.
No es algo que decida conscientemente; ocurre.
Como si mi cuerpo supiera cómo desaparecer antes de que la cercanía se vuelva insoportable.
Es cómodo.
Es seguro.
Pero no es suficiente.
Porque, aunque no lo vea, **lo siento**.
No como antes, no con la cercanía tangible de su respiración o el peso de su presencia.
Es distinto.
Más tenue.
Como si su atención rozara el bosque buscándome sin tocarme del todo.
Y eso me inquieta.
A veces, cuando estoy quieta, me parece percibir algo parecido a una pregunta suspendida en el aire.
No palabras.
Una tensión.
Una espera.
Sé que me evitó después de mi regreso.
Lo noté de inmediato.
Esa frialdad repentina, ese gesto duro que no encajaba con lo que había visto en él antes… me tomó por sorpresa.
Y me dolió más de lo que debería haberlo hecho.
No tanto por él, sino por mí misma, por haber esperado algo distinto.
Por haber querido verlo interesado.
No debería importarme.
Me lo digo una y otra vez mientras organizo mis cosas, mientras dejo que las horas pasen sin salir, mientras me convenzo de que esta distancia es lo mejor.
Para mí.
Para él.
Y, sin embargo, hay noches en las que me descubro deteniéndome, escuchando, preguntándome si sigue ahí.
Si no se habrá cansado ya.
Esa idea se me clava como una astilla incómoda.
Jacob es un lobo.
Territorial, sí, pero también libre.
Nada lo obliga a quedarse en este lugar.
Nada lo ata a mí.
Podría marcharse en cualquier momento, encontrar otro territorio, otra vida.
Y no sabría cuándo ocurrió.
El pensamiento me descoloca más de lo que quiero admitir.
Me esfuerzo por mantener la distancia porque sé que algo en mí se activa cuando estamos cerca.
Algo antiguo.
Algo que aprendí a usar para sobrevivir, para escapar, para no volver a caer en redes que prometían protección y terminaban siendo jaulas.
No huyo por miedo a Jacob.
Huyo por miedo a lo que despierta.
A veces siento que él percibe que hay algo extraño en la forma en que desaparezco.
No sé cómo lo sé, pero lo intuyo.
Como si su atención me rozara y luego se encontrara con un vacío que no debería estar ahí.
Eso me genera una culpa sorda.
No quiero herirlo.
Pero tampoco sé cómo acercarme sin desarmar todo lo que he construido para mantenerme a salvo.
Me apoyo en la ventana, observando el bosque que empieza a oscurecer.
—Esto no puede durar para siempre —murmuro.
No sé si me refiero a la distancia… o a la contención.
Porque, aunque ahora sea yo quien se oculta, no estoy segura de poder sostenerlo mucho más tiempo.
Y si él se va… No sé si esta quietud volvería a sentirse como calma.
Tal vez solo se parecería demasiado a la pérdida.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com