Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 162
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Capítulo 162: El otro que soy
**Elliot**
Me sorprendió ver a Nessie en la playa aquel día.
No porque no la hubiera pensado —eso sería mentirme—, sino porque no esperaba que fuera ella quien me buscara. Durante meses había sido yo el ausente, el que se desdibujó sin explicaciones completas, el que necesitó desaparecer para no romperse del todo. Verla allí, de pronto, fue como encontrar una página arrancada de un libro que creí cerrado.
Y, sin embargo, algo fue distinto.
No sentí el vuelco en el pecho de antes. No esa urgencia dulce, ni esa necesidad inmediata de explicarle todo. Me alegré, sí, pero fue una alegría serena, contenida, como cuando uno se reencuentra con un lugar querido que ya no duele.
Balto no lo vivió igual.
Desde el fondo de mi conciencia se agitó como una llamarada inquieta.
*¿No vas a ir tras ella?*
No —le respondí con firmeza—. No ahora.
— Ve tú, entonces. Si tanto te importa.
No tuve tiempo de replicar.
Balto se lanzó hacia adelante con un impulso brutal, como si la decisión ya estuviera tomada. Sentí el tirón interno, ese desdoblamiento que todavía me resultaba extraño: mi cuerpo humano quieto, mi mente alerta… y él, materializándose con un bramido silencioso, arrancando en un sprint que levantó arena y aire salado.
Así era Balto.
Impulsivo. Instintivo. Valiente de una forma que a mí me costaba asumir.
Y esa había sido la dinámica entre nosotros desde que logramos integrarnos: él no era mi sombra ni mi reflejo obediente; era mi contradicción viva, mi parte no resuelta. Donde yo dudaba, él avanzaba. Donde yo callaba, él actuaba.
Balto empezó a merodear por su cuenta cerca de la estancia de los Cullen. No por órdenes mías. No por necesidad. Por elección.
Y sí, se había acercado a Nessie.
No de forma invasiva, no amenazante. Solo estaba. Presente. Acompañando desde la distancia, como un guardián silencioso. Como si representara esa parte de mí que aún se aferraba a ella.
*¿Se aferraba?* — me cuestionó en su cabeza.
Desde algún punto de mi mente, su respuesta llegó clara, directa, sin adornos.
*Si estoy aquí es porque tú también la quieres.*
Entorné los ojos.
Tenía razón, y eso era lo más incómodo.
No era amor desesperado ni ilusión juvenil. Era algo más profundo y más complejo: un vínculo que había mutado, que ya no exigía posesión ni promesas, pero que tampoco se había extinguido. Una presencia que seguía ahí, transformada.
Yo estaba listo para volver.
Listo para enfrentar a mi familia, para asumir lo que soy ahora, para presentar a Balto como parte de mí y no como una anomalía que ocultar. Había hecho el trabajo duro: aceptar mis emociones, dejar de huir de ellas, entender que la fortaleza no está en la perfección sino en la integración.
Pero sabía que, cuando regresara, nada sería exactamente como antes.
Porque Balto había visto cosas que yo no.
Había sentido lo que yo había negado.
Y había elegido estar cerca de Nessie cuando yo opté por la distancia.
Tal vez ese era el verdadero desafío que me esperaba:
volver entero…
y aprender a convivir con todo lo que eso implicaba.
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