Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 163
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 163 - Capítulo 163: Volver entero
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 163: Volver entero
**Elliot**
Seis meses pueden ser una eternidad cuando se vive hacia adentro.
Cuando crucé nuevamente el umbral de la casa de los Cullen, sentí algo parecido a vértigo. No era miedo. Era la certeza de que ya no era el mismo que se había marchado. Y, sin embargo, tampoco era alguien completamente nuevo. Era… más completo.
Mi padre fue el primero en verme. No dijo nada. No hizo falta. Su mirada recorrió mi rostro como si buscara grietas, heridas abiertas, rastros de aquello que casi me rompe. Cuando asintió, supe que había aprobado lo que veía.
—Ya era hora —dijo Emmett con una sonrisa amplia, rompiendo la tensión—. La casa estaba demasiado tranquila.
Las risas surgieron con naturalidad, pero yo sabía que no era eso lo que me había traído de vuelta.
Respiré hondo.
—No vine solo —dije.
El silencio fue inmediato.
Cerré los ojos un segundo y dejé de resistir.
Balto no emergió como una ruptura, sino como una extensión. La energía se desplegó con fluidez, como si siempre hubiera estado ahí, esperando el momento justo. El aire vibró. La tierra pareció acomodarse bajo un peso nuevo.
El enorme lobo rojo apareció frente a nosotros, majestuoso, con el pelaje encendido como brasa viva y dos manchas blancas marcando su frente, simétricas, casi ceremoniales. No había agresividad en su postura. Tampoco sumisión. Era presencia. Conciencia. Voluntad.
Balto alzó la cabeza y sus ojos recorrieron el espacio con calma, deteniéndose un instante en cada uno. No era un animal. No del todo. Y tampoco era solo yo.
—Increíble… —murmuró Carlisle, avanzando apenas un paso—. Nunca había visto una manifestación así.
Balto se sentó. Yo sentí el gesto como propio.
—No es una separación —expliqué—. Ni una fase. Balto y yo… coexistimos. Somos uno y dos al mismo tiempo.
Carlisle inclinó la cabeza, fascinado.
—Es posible que tu herencia haya influido —dijo pensativo—. La combinación de tu naturaleza lupina con la de tu madre… magia genética, no transformación tradicional.
Alice me observaba con una sonrisa emocionada.
—Sabía que volverías diferente —dijo—. Pero esto… esto es otra cosa.
Y entonces la sentí.
Renesmee estaba allí, pero no conmigo.
No necesitaba mirarla para saberlo. Su presencia era una tensión en el ambiente, una nota fuera de armonía. Cuando por fin giré la cabeza, la vi: de pie junto a la escalera, los brazos cruzados, el gesto contenido, los ojos hermosos… y heridos.
No había alegría en ellos.
No había reproche abierto tampoco.
Solo distancia.
Eso dolió más que cualquier grito.
Todos me dieron la bienvenida. Abrazos, palabras, sonrisas sinceras. Yo respondí a cada una con gratitud, pero una parte de mí —la que Balto no compartía— estaba inquieta.
Y cuando Renesmee se dio la vuelta y salió hacia el claro, supe que no podía dejarlo así.
Balto se movió dentro de mí, expectante.
*Ahora*, dijo sin palabras.
Salí tras ella.
La encontré cerca del río, de espaldas, con los brazos rodeándose el cuerpo como si se protegiera del frío, aunque no lo había. La luz se filtraba entre los árboles, dibujando reflejos dorados en su cabello.
—Nessie —dije con suavidad.
No se giró.
—No te molestes —respondió—. Ya vi que estás bien. Eso era lo importante, ¿no?
Tragué saliva.
—Lo siento.
Eso la hizo girarse.
Sus ojos brillaban, no de lágrimas, sino de algo más intenso.
—¿Lo sientes por no volver? ¿O por dejar que *él* viniera en tu lugar?
No supe qué decir de inmediato. Porque tenía razón.
—No supe cómo volver siendo el mismo —admití—. Y no quise volver roto.
El silencio se alargó entre nosotros, pesado.
—Yo no necesitaba que fueras perfecto —dijo al fin—. Solo… que estuvieras.
El golpe fue certero.
Di un paso hacia ella.
—Balto fue parte del proceso —dije—. Pero yo… yo también me equivoqué.
Sus hombros se tensaron.
—Me acostumbré a que apareciera cuando tú no estabas —confesó en voz baja—. Y eso no fue justo para ninguno de los dos.
Asentí.
—No vine a reclamar nada —continué—. Solo a decirte que estoy aquí. Entero. Y que, si algún día quieres hablar… no voy a huir.
Renesmee me sostuvo la mirada unos segundos más. Luego, sin decir nada, asintió apenas.
No era perdón.
Pero tampoco era rechazo.
Mientras regresaba a la casa, sentí a Balto tranquilo por primera vez desde que volvimos.
Había hecho lo correcto.
Volver no era ocupar el mismo lugar.
Era aprender a habitarlo de otra manera.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com