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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 170

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Capítulo 170: Marca que no pedí

** Collin**

La dejé correr.

O al menos eso fue lo que *intenté* hacer.

La vi alejarse entre los árboles con esa furia suya, esa manera de huir como si el mundo siempre estuviera a punto de volver a romperla, y me repetí que lo correcto era quedarme quieto. Respetar su decisión. No invadir. No perseguir.

Pero entonces pasó.

Algo se tensó dentro de mí, como si una cuerda invisible me hubiera atado al pecho y alguien, muy lejos, tirara de ella con violencia. No era una idea. No era un impulso racional. Era una **orden** grabada en la sangre.

Diablos.

Corrí tras ella sin decidirlo realmente, empujado por esa energía brutal que no preguntaba, que no negociaba. Y en medio de esa carrera sentí el aullido.

Largo. Desgarrador. Burlón.

—Nooooo, hermano… —la risa de Paul resonó en mi cabeza como un trueno—. Su risa. La de nadie más y nadie menos.

Me detuve en seco.

—Mierda… —mascullé.

El otro lobo que patrullaba conmigo había salido de fase un momento. Cuando regresó y vio todo en la mente compartida, su reacción fue inmediata. Ese aullido se escuchó hasta en la propia luna.

No había vuelta atrás.

Corrí directo a la casa de los Clearwater, desesperado, todavía con el pulso desbocado.

—Por favor, Paul —le dije apenas lo vi—. No le digas a nadie.

Paul me miró con esa sonrisa suya, la que anuncia desastre.

—¿Y crees que lo puedo ocultar? —respondió—. Sam no demora en entrar en fase y va a tener todo de primera mano.

—¡Diablos! —gruñí—. Estoy jodido.

Paul se dobló de la risa.

—Pero no es tu culpa —dijo entre carcajadas—. O bueno… a lo mejor sí. Castigo por ser tan mujeriego, ¿no?

Salí de fase sin decir nada más. No soportaba a Paul cuando entraba en modo idiota. Me puse unos pantalones a toda prisa y caminé hacia la casa de Leah.

Sabía exactamente lo que iba a encontrar.

Ella estaba empacando. Rápida. Furiosa. Decidida.

La escena era exactamente como la había temido.

—Leah, Leah, por favor… —intenté—. ¿Te vas así, sin más? Tenemos que hablar.

—¿Hablar? —me lanzó, con esa mirada que cortaba—. Collin, eras el lobo que menos conocía. Ni siquiera me caías bien para que ahora vengas con esa mierda de la imprimación. No me jodas.

Cada palabra fue un golpe seco.

—¿Y crees que yo quise esto? —le respondí, perdiendo la calma—. Yo estaba bien con mi vida. Bien. Y ahora…

—Si te vas —le dije, sin poder detenerme—, iré tras de ti.

Ahí todo se rompió.

Seth apareció, confundido, a punto de salir corriendo a avisar a todo el mundo, y Leah lo detuvo con una autoridad que todavía me impresionaba.

—De ninguna manera vas a volver mi vida sentimental el chisme del *jet set* lobuno —le espetó—. Te lo prohíbo.

La noticia, por supuesto, **no se pudo contener**.

Se regó como pólvora en ambas manadas. En cuestión de horas ya éramos el chisme del año. Miradas, silencios incómodos, aullidos cargados de información que no pedí compartir.

Al final, Leah desistió de irse.

No porque quisiera quedarse.

Sino porque el asunto iba a ser llevado al consejo, a los dos alfas… y según ella, hasta el mismísimo diablo.

—Pero de ninguna manera voy a estar en medio de algo así otra vez —me dijo, con hielo en la voz—. Y vete de mi casa. No te soporto.

Salí.

Me quedé afuera, apoyado contra un árbol, lamentando cada decisión ligera de mi vida, cada broma, cada noche sin compromiso que ahora parecía haberme llevado directo a esto.

Entonces los sentí.

Desde el borde del bosque, dos figuras observaban en silencio.

Un lobo de pelaje rojo.

Y otro de pelaje negro.

Diablos.

Los jefes.

Suspiré, derrotado, con una certeza absoluta instalada en el pecho:

Estoy.

Totalmente.

**Jodido.**

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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