Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 174
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Capítulo 174: Conversaciones al anochecer
**Jacob**
La casa estaba en silencio cuando regresé.
Ese silencio tibio que solo existe cuando todo está en orden, cuando no hay alarmas ni urgencias, solo la vida respirando despacio. Emma estaba en la sala, sentada con una manta ligera sobre las piernas, hojeando un libro sin leer realmente. Levantó la vista en cuanto me vio entrar.
—¿Qué pasó? —preguntó con esa calma suya que siempre logra bajarme las revoluciones.
Me dejé caer a su lado y solté el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—El consejo habló. Leah tendrá que quedarse un año en el territorio… con Collin.
Emma cerró el libro con suavidad, sin interrumpirme.
—No quiere —continué—. Está furiosa. Y Collin… bueno, Collin no sabe si reír, llorar o salir corriendo.
Ella inclinó la cabeza, pensativa, y luego sonrió apenas.
—Es un poco injusto con Collin, ¿no crees? —dijo—. Tendrá que sacar todas sus dotes de conquistador.
Reí por lo bajo.
—Eso mismo le dije.
Emma apoyó la espalda en el sillón, mirándome con esos ojos verdes que siempre parecen saber más de lo que dicen.
—Ese asunto de la imprimación en nosotros tampoco fue sencillo —comentó—. Recuerdo cómo no podías estar lejos… pero tampoco sabías cómo acercarte.
Me volvías loca.
—No quería que te sintieras acosada —me defendí, alzando una ceja.
Ella rió, abierta, de esas risas que todavía me desarman.
—¿A ti te ocurrió en cuanto me viste? —preguntó, ladeando la cabeza.
Me acerqué y le pasé el dedo índice por la mejilla, despacio.
—Apenas te asomaste en esas bellas lagunas —murmuré—.
Juro que jamás había visto a una mujer más bella.
—Exagerado —dijo, aunque sus labios ya estaban sonriendo.
—Verdad absoluta.
Se inclinó y me dio un beso suave, familiar, de esos que no necesitan prisa ni fuego para ser intensos.
—Y míranos —añadió—. Una década después.
—Aquí estamos —asentí—. Con historias, cicatrices… y una familia que no deja de sorprendernos.
Emma guardó silencio un momento, luego habló con una serenidad que siempre la caracterizó.
—Ellos tienen que vivir su proceso —dijo—. Yo creo que puede salir algo bueno de ahí.
La imprimación, cuando no se lucha contra ella, puede sanar soledades muy antiguas.
—Ojalá —respondí—. Leah ha sufrido demasiado.
—Y Collin también lo hará si ella no se permite ni siquiera intentarlo —añadió—. Pero el tiempo… el tiempo acomoda lo que parece imposible.
Apoyé la frente en la suya.
—Bueno —dije—. ¿Y Seth?
Emma sonrió con ternura.
—Ya llegará la suya también. En algún lugar la magia lupina le debe estar guardando a su compañera.
—Ojalá —asentí—. Seth es un buen chico.
—Concuerdo —respondió ella.
Nos quedamos ahí, en silencio, escuchando el murmullo del bosque afuera, sabiendo que la vida seguía tejiendo historias a su propio ritmo.
Algunas suaves.
Otras dolorosas.
Pero todas necesarias.
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