Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 176
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 176 - Capítulo 176: El olor que no debería estar ahí
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 176: El olor que no debería estar ahí
** Jacob**
Hay cosas que un padre siente antes de poder nombrarlas.
No es un pensamiento claro. Es una presión en el pecho. Una alarma baja, constante, que no se apaga.
La primera vez pensé que estaba imaginando cosas.
Anthony había salido a cazar, como siempre. Animales… o eso era lo que decía.
Regresó antes del amanecer, como de costumbre. Silencioso. Correcto.
Pero cuando pasó cerca de mí… algo no encajó.
No era el olor denso y salvaje de la sangre animal.
Era distinto. Más fino. Más persistente.
Humano.
Lo supe de inmediato.
No dije nada. No aún.
Confrontarlo sin estar seguro sería empujarlo más profundo al lugar del que temía no pudiera salir.
Me limité a observarlo los días siguientes.
Sus horarios.
La manera en que evitaba quedarse demasiado tiempo en casa.
El silencio que se le había vuelto costumbre.
No vi culpa en sus ojos.
Vi justificación.
Elliot fue el primero en notarlo.
—Papá —dijo una tarde, cuando el taller estaba en silencio—. Estás inquieto.
No lo negué.
—Tu hermano —respondí—. Hay algo que no me cuadra.
Elliot bajó la mirada.
Balto se movió dentro de él, alerta.
—¿Sangre humana? —preguntó, sin rodeos.
Lo miré con gravedad.
—Sí.
Pero no cualquiera.
Elliot levantó la vista, atento.
—¿Culpables?
Asentí despacio.
—Eso es lo que creo…
y eso es lo que me preocupa.
Porque una vez que empiezas a decidir quién merece morir…
la línea se vuelve peligrosa.
Hubo un silencio largo.
—Balto no deja rastro —dijo Elliot finalmente—.
Ni olor. Ni esencia.
Si yo quiero seguir a alguien… nadie lo sabrá.
Eso me heló la sangre.
—¿Lo has hecho? —pregunté.
—Sí.
No había orgullo en su voz. Tampoco miedo.
—No quería decirlo sin estar seguro. Pero ahora lo estoy.
Me apoyé en la mesa del taller.
—Habla.
—Anthony no está cazando animales —continuó—.
Está cazando personas.
No inocentes… pero humanas al fin y al cabo.
Balto compartió imágenes. No palabras.
Sombras.
Un edificio olvidado.
Rostros marcados por la violencia.
Depredadores convertidos en presas.
—No es como Edward —añadió Elliot—.
No se siente asqueado después.
Se siente… justificado.
Eso fue lo que más me estremeció.
—¿Está solo? —pregunté.
—No —respondió Elliot—.
Hay dos más.
Reginald y Frederick.
Los nombres me supieron a veneno.
—No cazan por justicia —continuó—.
Cazan por placer.
Y saben que Anthony es diferente.
Cerré los ojos un instante.
—¿Anthony ha matado inocentes?
Elliot negó con firmeza.
—No.
Pero está caminando demasiado cerca del borde.
Eso era peor que una caída.
—Papá… —añadió—.
Esto no es solo curiosidad.
Es una trampa.
Abrí los ojos.
La decisión ya estaba tomada.
—Entonces no vamos a esperar más —dije—.
Ni discursos.
Ni advertencias.
Balto se irguió dentro de Elliot.
—¿Lo seguimos? —preguntó.
Asentí.
—Hasta el final.
Lo miré con una mezcla de orgullo y temor.
—Anthony no es un monstruo —dije—.
Pero alguien quiere empujarlo a serlo.
Y no voy a permitirlo.
— Una cosa más Elliot ni una palabra de esto a tu madre.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com