Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 177
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Capítulo 177: La trampa
**REGINALD & FREDERICK**
—Hay que sacarlo de su sombra —dijo Reginald, con una sonrisa lenta, calculada.
Frederick apoyó la espalda en la pared húmeda del almacén abandonado, cruzando los brazos.
—Demetri no es estúpido, pero sí predecible. Le basta una presa llamativa para perder de vista al cachorro.
Reginald asintió.
—Anthony cree que controla este mundo. Cree que elige. Eso lo vuelve vulnerable.
El plan era simple y exquisito.
Una humana cuidadosamente seleccionada. No una inocente cualquiera, sino alguien lo bastante visible para atraer a Demetri. Un señuelo. Mientras él se ocupaba de su propia cacería, ellos harían el resto.
—Lo distraemos —continuó Frederick—. Tú juegas con el semihumano. Yo cierro la salida.
Reginald dejó escapar una risa baja.
—¿Te imaginas? Sangre caliente… pero no del todo humana.
—¿Canibalismo? —preguntó Frederick, divertido.
—Curiosidad científica —corrigió Reginald.
La noche llegó con precisión.
Anthony apareció confiado, concentrado en su presa, ajeno a los movimientos que se cerraban a su alrededor. Fue rápido, pero no lo suficiente.
El primer golpe lo lanzó contra el suelo. El segundo lo inmovilizó.
—Demasiado fácil —susurró Frederick.
Anthony reaccionó, luchó, pero la emboscada estaba pensada para quebrar, no para matar… aún. Un hueso cedió con un sonido seco. Otro impacto lo dejó sin aire.
Reginald se inclinó sobre él, disfrutando del momento.
—¿Ves? Nunca fue tu mundo. Solo estabas de paso.
Frederick se acercó más. Demasiado.
El mordisco no fue letal, pero sí preciso. La herida se abrió de inmediato y la sangre brotó con fuerza, viva, caliente, distinta. Ambos vampiros se quedaron quietos un segundo, embriagados por el aroma.
—Oh… —murmuró Reginald—. Esto es… extraordinario.
Anthony intentó incorporarse, pero el dolor lo mantuvo en el suelo. Ellos se tomaron su tiempo. No había prisa. Querían sentir cada segundo de su ventaja.
—Terminemos con esto —dijo Frederick, preparándose.
Reginald se inclinó, listo para extraer esa sangre única, cuando el aire volvió a cambiar.
Un golpe brutal sacudió el lugar.
El suelo tembló.
Y desde la oscuridad irrumpió un lobo monstruoso, de pelaje rojo intenso, una fuerza viva que llenó el espacio con un rugido primitivo.
Reginald apenas tuvo tiempo de girar la cabeza.
—¿Qué…?
El caos estalló.
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