Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 180
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 180 - Capítulo 180: Sangre y aullido
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 180: Sangre y aullido
**Jacob**
Balto no habló con palabras.
No las necesitó.
Fue una sacudida directa en la mente, un tirón brutal en el pecho, una alarma primal que me atravesó como un rayo. Anthony. Peligro. Ahora.
No pensé. No respiré. No dudé.
Entré en fase antes de terminar de girar el cuerpo, y el mundo se volvió velocidad, músculo y furia. Corrí como si el suelo me perteneciera, como si cada árbol supiera que no podía detenerme. Porque no podía. Porque por nada del mundo iba a perder a uno de mis hijos.
Desde el vientre de Emma lo supe.
Anthony sería distinto. Intenso. Complejo. Incómodo incluso para sí mismo. Pero cuando lo vi por primera vez, cuando su llanto llenó el aire y lo sentí vivo, supe otra cosa con la misma claridad: era mío. Parte de mí. Extensión de mi sangre y de mi amor.
No podía perderlo.
No podía mirar a Emma a los ojos y decirle que su hijo ya no estaría.
Así que corrí.
Y cuando llegué… el mundo se rompió.
Anthony estaba en el suelo.
Herido. Demasiado quieto. Demasiado frágil.
La sangre —su sangre— brillaba oscura sobre la tierra, y dos asquerosas sanguijuelas se cernían sobre él como carroñeros satisfechos. Algo dentro de mí estalló. La razón desapareció. El dolor se convirtió en rojo puro.
El primero intentó reaccionar.
No tuvo tiempo.
Mi embestida fue absoluta. Lo golpeé con toda mi masa, con toda mi furia, con todo lo que soy. Salió volando, quebrándose contra los árboles como si fueran papel. No me detuve a mirar si seguía en pie.
El segundo adoptó postura de combate.
Error.
Mi mordida fue directa, certera, final. Sentí el cuello ceder, la resistencia inútil, y luego… nada. Su cabeza rodó por el suelo, inerte, insignificante. Ni siquiera registré el sonido.
Solo veía rojo.
Entonces lo sentí.
Debí saberlo.
Demetri.
Su presencia era un veneno antiguo, una afrenta que reconocí incluso antes de verlo. Giré, gruñendo, dispuesto a acabar con él de una vez por todas. Esta vez no habría advertencias. No habría contención. Me lancé.
Por milímetros.
Por malditos milímetros mi mordida no alcanzó su cuello de granito. El impacto nos separó y quedamos frente a frente, dos depredadores tensos, listos para un enfrentamiento que solo podía terminar con uno en pie.
Sí.
Esta vez lo haría.
Y entonces… ella.
Una mano firme se posó en mi pecho.
No fue fuerza lo que me detuvo.
Fue ella.
Emma.
Su otra mano se alzó, señalando a Demetri, y su presencia se expandió como un muro, como un ancla que me sostuvo al borde del abismo. Había llegado. Había visto. Y había impedido una lucha que iba a ser a muerte.
Mi respiración era un rugido contenido. Mis ojos ardían. Pero no me moví.
Porque cuando Emma habla, incluso la furia escucha.
Y porque Anthony seguía respirando.
Eso, y solo eso, era lo que importaba.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com