Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 182
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 182 - Capítulo 182: Cuando todo se rompe
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 182: Cuando todo se rompe
**Elliot**
Llegar a ese lugar fue entrar en el ojo de una tormenta.
El mundo era un caos absoluto, un vórtice donde demasiadas cosas ocurrían al mismo tiempo como para procesarlas con lógica. Mi padre estaba allí, convertido en pura furia, acabando con dos vampiros como si fueran nada. Mi madre, firme y luminosa, interpuesta entre un vampiro milenario y un lobo dispuesto a matarlo aunque eso significara una guerra. Y en medio de todo…
Anthony.
Mi hermano.
Tendido en el suelo, inmóvil, demasiado quieto.
Sentí cómo algo dentro de mí se quebraba.
—¡Mi hermano se está muriendo! —grité, y mi voz no sonó como mía, sino como la de alguien que ya estaba perdiendo algo irremplazable.
No hubo tiempo para el pánico. No hubo espacio para el miedo. Solo acción.
Balto emergió con una fuerza brutal, su presencia llenándome la mente, empujándome con una claridad que nunca antes había sentido.
*Ahora.*
*Muévelo.*
*No pienses.*
Me agaché junto a Anthony. Su sangre empapaba el suelo, su respiración era apenas un recuerdo. Por un instante vi su rostro de niño, sus risas, sus desafíos, su forma de mirar al mundo como si nada pudiera romperlo.
—No te atrevas —susurré—. No ahora. No así.
Balto se inclinó sin que tuviera que pedirlo. Entendí de inmediato.
*Sobre mí.*
*Llévalo.*
Con manos temblorosas, pero decididas, monté a Anthony sobre el lomo de Balto. Su peso no era solo físico; era el peso de todos mis errores, de todo lo que no dije, de lo que permití que pasara.
—A la casa de los Cullen —ordené, aunque Balto ya lo sabía.
Y entonces corrimos.
Corrimos como si el bosque se abriera ante nosotros. Los árboles pasaban como sombras, el suelo temblaba bajo cada zancada. El viento me golpeaba el rostro, mezclado con el olor metálico de la sangre de mi hermano.
No sentía mis piernas. No sentía mis manos. Solo sentía el terror de perderlo.
*Resiste,* le pedía en silencio.
*Por favor, resiste.*
Balto no disminuyó el paso ni una sola vez. Era velocidad pura, instinto, urgencia. Cada segundo contaba. Cada latido era una moneda lanzada al aire.
La vida de mi hermano pendía de un hilo.
Y yo corría, aferrado a él, decidido a no soltarlo, aunque el mundo entero se viniera abajo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com