Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 184
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 184 - Capítulo 184: El sonido que me trae de vuelta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 184: El sonido que me trae de vuelta
** Anthony**
No sabía si estaba vivo o ya había cruzado algo que no tenía nombre.
Todo era dolor primero.
Un dolor espeso, denso, que no ardía: aplastaba. Como si mi cuerpo ya no supiera dónde terminaba yo y dónde empezaba la nada.
Pensé que así se sentía morir.
Pero entonces… algo cambió.
Primero fue el calor.
No uno cualquiera, sino ese calor familiar, profundo, que no quemaba. Me llenaba. Me sostenía. Era como si cada rincón roto de mí recibiera una orden silenciosa de no rendirse. Reconocí esa energía incluso antes de entenderla: la sangre de mi madre recorriéndome, devolviéndome fuerza, reclamándome para la vida.
Y luego… el sonido.
Ese latido.
Firme. Constante. Inquebrantable.
El corazón de mi padre.
Ese mismo que había escuchado desde que nací, cuando me acunaba en su pecho, cuando el mundo era demasiado grande o demasiado confuso. Ese latido que siempre me decía, sin palabras, que nada malo podía alcanzarme mientras estuviera ahí.
La paz llegó con él.
Abrí los ojos.
La luz era tenue, pero los vi de inmediato.
Papá. Mamá.
Jacob estaba inclinado sobre mí, el rostro devastado, los ojos brillantes de un dolor que nunca debí causarle. Emma estaba a su lado, pálida, agotada, pero entera… mirándome como si el universo entero dependiera de que yo respirara.
Y entonces todo lo que había contenido… se rompió.
—Perdóname, papá… —logré decir, con la voz quebrada—. Perdóname…
Las lágrimas llegaron sin permiso, como cuando era niño y no entendía por qué algo dolía tanto.
—Te fallé… —sollozé—. Les fallé a todos…
Jacob negó de inmediato, acercándose más, apoyando su frente contra la mía con una suavidad imposible para alguien tan fuerte.
—Shhh… —dijo con voz grave, pero cargada de amor—. No ahora. Primero recupérate.
Tomó mi mano con cuidado, como si aún temiera que pudiera romperme.
—Aquí estamos —continuó—. Papá y mamá. No te has ido a ningún lado.
Sentí la mano de Emma sobre mi cabello, su caricia temblorosa, protectora.
—Te tenemos, hijo —susurró—. Siempre.
Quise decir algo más. Prometer. Explicar. Reparar.
Pero el cansancio volvió a reclamarme.
Lo último que sentí fue ese latido…
ese sonido que siempre había sido hogar.
Y entonces la oscuridad regresó.
Pero esta vez…
ya no daba miedo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com