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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Sostener la ausencia
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19: Sostener la ausencia.

19: Sostener la ausencia.

** EMMA** La noche se ha vuelto mi aliada y mi castigo.

Desde el incidente con los humanos y la forma en que Jacob me miró —esa mezcla de distancia, dureza y algo que no supe nombrar— he cumplido mi palabra: mantenerme lejos.

No he vuelto a cruzar su camino, no he salido cuando sé que ronda cerca, no he provocado encuentros que mi cuerpo, traicionero, parece desear.

Y aun así… él sigue ahí.

Lo percibo en el borde de mi conciencia, como una presencia constante que no invade, pero tampoco se va.

Eso es lo que más me descoloca.

Si no quiere nada, si mi cercanía le resulta indiferente o molesta… ¿por qué no se marcha?

La pregunta me ronda con insistencia, desgastándome.

He pasado un buen tiempo convenciéndome de que la distancia es mi lugar seguro.

Alejarme siempre ha sido fácil.

Natural.

Instintivo.

Mi don responde a eso: huir, desaparecer, romper el rastro antes de que alguien pueda alcanzarme.

Pero ahora no.

Ahora sostener esa distancia me cuesta.

No es físico.

No es sed.

Es algo más sutil, más incómodo.

Como si cada vez que me obligo a no salir, a no buscarlo, a no permitir que mi atención derive hacia el claro donde sé que a veces se detiene… algo dentro de mí se tensara demasiado.

El bosque ya no me cubre igual.

Lo noto en detalles mínimos: una rama que cruje cuando debería guardar silencio, un cambio en el viento que no logro anticipar, una sensación extraña cuando intento desdibujarme del entorno.

No fallo —no del todo—, pero tengo que esforzarme más.

Mucho más.

Eso nunca había pasado.

Me irrita admitirlo.

Me irrita aún más reconocer que no es el territorio, ni el clima, ni el desgaste de los días.

Es Jacob.

O, mejor dicho, es lo que siento al pensar en él… y lo que me obligo a no sentir.

Esta noche, sin proponérmelo del todo, me acerco más de lo debido.

No salgo de la cabaña.

No cruzo el límite que me impuse.

Pero me detengo en el umbral, dejando que el aire frío me envuelva, cerrando los ojos por un instante más largo de lo necesario.

Lo percibo.

Está ahí fuera.

No lo veo, pero sé que está.

Su presencia es distinta a cualquier otra criatura del bosque: sólida, alerta, contenida.

Y por un segundo —solo uno— me pregunto si él también me siente, si nota esta mínima vacilación mía, este impulso que casi me empuja a dar un paso más.

El impulso muere antes de nacer.

Retrocedo.

Me obligo a hacerlo.

Y es entonces cuando ocurre: una punzada breve, inesperada, como si algo dentro de mí se desajustara.

No es dolor.

Es memoria.

Una sensación vieja, desagradable, que no había pedido.

Un recuerdo que no tiene rostro claro, pero sí una emoción conocida: control, persecución, una cercanía que no era elección sino captura.

Demetri.

El nombre no cruza mis labios, ni siquiera mi mente con claridad, pero su sombra se filtra igual.

Me envuelve el pecho, me enfría la sangre que no corre del todo humana.

Aprieto los dientes y me retiro por completo, cerrando la puerta tras de mí con más fuerza de la necesaria.

Maldita sea.

No es justo.

No con Jacob.

No conmigo.

Me apoyo contra la madera, respirando despacio, intentando recomponerme.

No puedo permitir que el pasado interfiera así.

No puedo permitir que un recuerdo me debilite justo ahora.

Y, sin embargo, algo me dice que él lo sintió.

No el recuerdo.

No el nombre.

Pero sí la grieta.

Esa mínima fisura en mi control, en mi don, en la distancia que me empeño en sostener.

Me pregunto cuánto tiempo más podré mantener esto.

Cuánto resistirá mi voluntad antes de agotarse por completo.

Y, por primera vez desde que llegué a estas montañas, una idea incómoda se instala con claridad inquietante: Alejarme de Jacob no me está protegiendo.

Me está consumiendo.

Cierro los ojos.

Mañana… decidiré qué hacer.

Si es que todavía me queda la fuerza para hacerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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