Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 190
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Capítulo 190: Dos Latidos, Una Presencia
**Elliot**
Aún no entendía del todo a Balto.
O quizá la verdad era que sí lo entendía… y eso era lo que me inquietaba.
Desde que había logrado integrarlo, mi lobo encontraba cualquier excusa para salir de mí y buscarla. Renesmee. Mientras yo respetaba la distancia que ella había marcado —ese silencio prudente, ese espacio que parecía pedir sin decirlo—, Balto hacía exactamente lo contrario. Pasaba tardes enteras con ella, recostado en su regazo, apoyando su enorme cuerpo como si fuera lo más natural del mundo. A veces le servía de respaldo mientras ella leía, otras simplemente permanecía ahí, quieto, atento.
En mi conciencia resonaban sus sonidos de satisfacción, una calma profunda que me atravesaba incluso cuando yo no estaba presente.
Nada podía hacer.
Mi lobo no podía —no quería— estar lejos de ella.
Aquella tarde en la playa fue especialmente extraña. Verla aparecer, así, de improviso, me descolocó más de lo que quise admitir. Y luego esa mirada. Ese nerviosismo que no le conocía. Algo había cambiado, lo sentía en la piel.
Cuando se fue, me quedé allí un rato, mirando el mar como si pudiera encontrar respuestas en el movimiento de las olas. No las encontré.
Volví a mi habitación y me dejé caer en la cama, con los brazos bajo la cabeza.
¿Qué le pasaba a Renesmee?
—*¿De verdad eres tan tonto?* —la voz de Balto resonó en mi mente, burlona, directa.
Cerré los ojos con fastidio.
—No empieces.
—*Es obvio que le gustamos.*
Me incorporé de golpe.
—¿Le gustamos? —repetí—. No digas tonterías.
—*Lo tuyo es pasividad,* —replicó— *lo mío es cuidar a nuestra compañera. Ya que tú elegiste observar desde lejos.*
—¿Nuestra compañera? —bufé—. Ni siquiera sabes si ella está de acuerdo con eso.
Balto suspiró, pesado, como si yo fuera un caso perdido.
—*Lo estará. Pero alguien tiene que hacer algo. Tú deberías conquistarla… mientras yo me encargo de su cuidado.*
—No lo sé —murmuré—. ¿De verdad le gusto? ¿Le gustamos?
Hubo un silencio breve. Luego, su voz volvió, cargada de paciencia forzada.
—*Estuvo a punto de darte un beso.*
Mi corazón se detuvo un segundo.
—¿Qué?
—*De verdad eres más tonto de lo que pensaba,* —sentenció— *y eso que compartimos la misma cabeza.*
Me quedé mirando el techo, con la respiración un poco más agitada de lo normal.
Renesmee…
¿De verdad?
Tal vez había estado tan concentrado en no hacerle daño, en no invadir, en no repetir errores del pasado, que no había visto lo evidente.
Tal vez no era solo Balto quien no podía estar lejos de ella.
Tal vez yo tampoco.
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