Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 193
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Capítulo 193: El espacio entre nosotros
**Renesmee**
El sábado por la tarde conduje hasta la Push con una mezcla de determinación y nervios. El cielo estaba limpio, el aire salado venía del mar, y aun así sentía un **nudo firme en el estómago** que no se aflojaba.
Lo encontré en el taller.
Elliot estaba inclinado sobre un motor, las manos manchadas de grasa, el ceño fruncido en esa concentración tranquila que siempre había tenido. El sonido metálico de las herramientas marcaba el ritmo de la tarde. Tía Emma y tío Jacob no estaban; la casa estaba en silencio.
—Hola, **Leliot** —dije, usando el apodo de siempre.
Sus ojos se iluminaron al instante. La sorpresa y la mención del apodo hicieron el resto.
—Hola, Nessie —sonrió—. Qué bueno tenerte por acá.
Se incorporó enseguida, limpió sus manos con un trapo y buscó una silla.
—¿Quieres algo de tomar? ¿O de comer? Mamá dejó pastel.
Negué con una pequeña risa nerviosa.
—No, Elliot, gracias. No creo que el nudo en mi estómago me deje comer algo.
Se quedó mirándome, atento.
—¿Pasa algo?
Respiré hondo.
—Vine a hablar contigo.
—Claro —dijo sin dudar—. Te escucho.
Me tomó unos segundos ordenar las palabras.
—Es que yo… me gustaría saber cómo funcionan Balto y tú. ¿De verdad son uno mismo?
Parpadeó, sorprendido, como si la pregunta lo hubiera tomado desprevenido. Buscó las palabras con cuidado.
—Sí —respondió al fin—. Somos uno mismo. Él soy yo, y yo soy él.
Asentí lentamente, y entonces dejé salir lo que llevaba guardado.
—Entonces… ¿por qué él es tan cercano a mí y tú no?
Elliot no esquivó la pregunta.
—Porque yo he querido darte espacio —dijo con honestidad—. Balto no piensa igual… y eso no siempre lo puedo impedir. Sencillamente porque yo también lo quiero.
**Yo también lo quiero.**
Esas palabras se quedaron flotando entre nosotros.
—Solo que yo —continuó— me convenzo con mis razonamientos. Trato de ser prudente.
A Balto no le importa eso.
Tragué saliva.
—Yo… —la voz se me quebró un poco— te extraño, Elliot.
No dijo nada. Solo se acercó y me abrazó.
El **calor de su cuerpo** me envolvió de inmediato, firme, seguro, distinto a como lo recordaba y, al mismo tiempo, exactamente igual. Sentí cómo algo en mi pecho se aflojaba.
—Yo también te he echado de menos —dijo en voz baja—. Ya te lo he dicho… eres mi mejor amiga.
Mi cuerpo se tensó.
*No*, pensé. *No por ahí.*
Con cuidado, deshice el abrazo y le di la espalda.
—No es de esa manera —dije.
Lo sentí acercarse otra vez.
—¿Cómo que no es de esa manera? —preguntó con suavidad.
Me giré, enfrentándolo.
—No se trata de amistad, Elliot.
El silencio cayó pesado.
—Solo que… —continué, buscando aire— no sé en qué momento dejé de verte como mi refugio, mi mejor amigo, mi confidente… y empecé a verte como posibilidad.
Él me tomó del hombro y me giró para que lo mirara a los ojos. Mi corazón se aceleró.
Por un instante, esperé algo distinto: un gesto impulsivo, un beso arrebatado, como los que alguna vez había visto en Anthony.
Pero Elliot no hizo eso.
Me tomó las manos.
—Entonces dime cuándo estés segura —dijo—. Yo puedo esperar.
Y eso… **eso me desarmó**.
—¿Y ya? —pregunté, casi incrédula—. ¿Eso es todo?
—Sí —sonrió—. Aquí estoy, Nessie. Me gustas, siempre me has gustado, pero respeté tu elección.
Sabes que eso ya es pasado.
Y está bien. Cuando quieras, aquí estaré. Solo… piénsalo bien.
Sentí cómo el nudo en mi estómago empezaba, por fin, a aflojarse.
—¿Puedo quedarme la tarde viéndote trabajar? —pregunté.
—Claro —respondió con una sonrisa amplia—. Como en los viejos tiempos.
Sonreí.
—¿Sabes? Ahora sí voy a querer pastel de la tía Emma.
—Desde luego —rió—. Ya vuelvo.
Lo vi caminar hacia la cocina mientras yo me sentaba, observándolo volver a su motor, a su mundo.
Y por primera vez en mucho tiempo, **todo se sintió en calma**.
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