Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 200
- Inicio
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 200 - Capítulo 200: Territorio Compartido
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 200: Territorio Compartido
**Anthony**
Había vuelto a la vida.
No a la de antes, no a la del exceso y la sombra, sino a una más estricta, más vigilada… y curiosamente más tranquila.
Ahora cazaba **obligatoriamente** con los Cullen.
Nunca solo. Nunca a deshoras. Nunca sin testigos.
A veces éramos cuatro: Rosalie, Emmett, Nessie y yo.
Otras, Edward, Bella y Esme.
En ocasiones Jasper, Alice y Carlisle.
Y cuando Nessie estaba incluida —casi siempre— Balto aparecía como si fuera parte oficial del plan.
Cazábamos en zonas remotas del Parque Nacional Olímpico, lugares donde los humanos no se aventuraban y donde la sobrepoblación de venados hacía necesaria nuestra presencia.
Control, disciplina, equilibrio. Esa era la palabra que Carlisle repetía.
Cuando el plan incluía acampar, íbamos todos los vampiros de la casa.
Era extraño llamarlo “plan de chicos” cuando había siglos de historia reunidos alrededor de una fogata, pero así se sentía.
Ese fin de semana estábamos en casa de los Cullen, alistando mochilas y revisando rutas, cuando Balto apareció, como siempre, rondando a Nessie.
—Balto —le dije, con una sonrisa torcida—, ¿te unes a nosotros?
Sabía perfectamente la respuesta.
—Dice que pasa —contestó Elliot desde dentro de la casa, sin asomarse siquiera.
—Claro —añadí—. Como no va Nessie… eres un pegajoso.
Balto me entornó los ojos con descaro y soltó un bufido que sonaba peligrosamente a cinismo.
Me reí.
Ese era el nuevo ritmo de mi vida.
Entre semana estaba en la Push, en la playa, en el gimnasio volviendo a sentir mi cuerpo responder, en casa compartiendo silencios con mamá, o en el taller con papá y Elliot, rodeado de motores y olor a metal caliente.
No volví a cazar solo.
No volví al bar.
No volví a frecuentar mujeres.
Y, para mi sorpresa, me gustaba esa disciplina.
—
La universidad comenzó poco después.
Era momento de enfrentar las asignaturas de educación general, esas que compartíamos con estudiantes de otras carreras.
Arte y Humanidades era una de ellas.
Ese primer día llegué tarde.
Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que usé la moto y una reparación de último minuto me retrasó. Entré al aula con una disculpa rápida; la maestra me observó con evidente interés y me dio la bienvenida con una sonrisa demasiado sugerente.
Cuando busqué asiento, sentí el peso de las miradas.
Sorpresa.
Deseo.
Curiosidad.
Timidez.
Nada nuevo.
Nada distinto.
Excepto…
Ella.
Quetzaly.
Estaba en la última fila, al fondo. No levantó la vista del libro que leía.
No me miró.
No reaccionó.
Opté por sentarme atrás, no muy lejos de ella.
Durante la clase, de vez en cuando desviaba la mirada en su dirección.
Ella no hacía lo mismo.
Tomaba notas.
Escuchaba a la profesora.
Escribía con concentración absoluta.
Ni una sola mirada para mí.
Cuando la clase terminó, se levantó y se dirigió a la salida sin prisa.
Jeans anchos.
Blusa con volantes.
Botines de cuero.
El cabello corto, peinado detrás de las orejas.
Nada calculado. Nada complaciente.
La profesora anunció un trabajo en equipo y, en cuestión de segundos, varias chicas se lanzaron hacia mi puesto con sonrisas, excusas y promesas mal disimuladas. Me tomó un par de minutos zafarme de ellas con educación forzada.
Cuando al fin salí del aula, Quetzaly ya no estaba.
—¿Buscas a alguien? —preguntó Elliot, acercándose de la mano de Nessie.
—No —respondí demasiado rápido—. Voy por mi moto, me voy a casa.
—Oh, vale —dijo—. Yo también voy, después de dejar a Nessie.
—Nos vemos —me despedí—. Adiós, Nessie.
Caminé un rato más por el campus, sin admitir siquiera para mí mismo que la estaba buscando.
Pero Quetzaly se había esfumado.
Y por primera vez en mucho tiempo, esa indiferencia…
me incomodó más de lo que estaba dispuesto a aceptar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com