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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 202

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Capítulo 202: Lo que no debería importar

**Anthony**

“No me interesas”.

Las palabras de Quetzaly me siguieron todo el camino de regreso a casa, como si se hubieran quedado adheridas a mi espalda.

No era orgullo herido —o al menos eso me repetía—, pero algo en mi pecho estaba demasiado tenso para ser simple indiferencia.

Entré a casa con el ceño fruncido, dejando las llaves en el mueble de la entrada con más fuerza de la necesaria.

—¿Te pasó algo, hijo? —preguntó mi mamá desde la cocina.

La mujer que más me conoce en este mundo.

La que no necesita que yo diga nada para saber que algo no está bien.

—No, mamá —respondí—. Solo estoy algo pensativo.

Ella apareció en el marco de la puerta, secándose las manos con un paño, observándome con atención.

—Pareces molesto.

—No es eso… —dudé—. Solo tengo varias cosas en la cabeza.

Me miró con sospecha, pero decidió no insistir.

—Descansa. Cuando llegue tu padre cenamos juntos.

—Está bien, mamá.

Subí a mi habitación y cerré la puerta. Me dejé caer sobre la cama, mirando el techo, con las palabras de Quetzaly resonando una y otra vez.

*No me interesas.*

¿Qué se cree esa mujercita?

Y lo peor…

¿por qué demonios me importa?

Después de casi morir, muchas cosas habían cambiado para mí. Incluso algo tan simple como la cena familiar tenía ahora un peso distinto. La comida preparada por mamá ya no era una rutina ni un sacrificio: era un privilegio. Un recordatorio de que seguía aquí.

Cenamos juntos, hablando de cosas triviales. Reímos. Fingí normalidad.

Luego me retiré de nuevo a mi cuarto.

Mañana volvería a verla en clase.

Y entonces veríamos cuánto duraba ese famoso desinterés.

—

Al día siguiente llegué temprano.

Demasiado temprano.

Ella ya estaba allí, sentada en su lugar habitual, concentrada en su cuaderno. Ni siquiera levantó la vista cuando entré.

Me senté en el puesto contiguo.

—¿Te molesta si me hago aquí?

Alzó la mirada apenas un segundo, se encogió de hombros y volvió a lo suyo.

Nada.

Ni molestia, ni curiosidad, ni rechazo visible.

Nada.

Y eso… me irritó más de lo que estaba dispuesto a admitir.

La clase transcurrió y, al finalizar, la maestra nos llamó a su escritorio.

—Señorita Yazzie, joven Black —dijo la profesora Anderson—. No vi sus nombres en ninguno de los grupos de trabajo.

Guardé silencio, esperando que ella respondiera.

—Ah, sí, maestra —dijo Quetzaly—. Quería comentarle que deseo trabajar sola.

—No es posible —respondió la maestra con firmeza—. Este trabajo requiere cooperación. Necesitan desarrollar habilidades de trabajo en comunidad. Lo siento, señorita Yazzie, pero no es una opción.

Pude sentir la irritación de Quetzaly como una corriente eléctrica.

No pude evitar una leve sonrisa.

—¿Qué opciones tengo entonces? —preguntó ella, tensa.

—Puede integrarse a algún grupo existente.

—O puede hacerlo conmigo —intervine, mirando a la maestra—. A mí se me pasó elegir grupo.

Quetzaly me miró. Evaluó. Calculó.

Suspiró, derrotada.

—Está bien —dijo—. Me hago con él.

Ese *él* sonó como si estuviera aceptando una penitencia.

La incomodidad se instaló en mi pecho, pesada.

—Perfecto —concluyó la maestra—. Aquí tienen el material y el instructivo. Tienen un mes para desarrollar el trabajo. Organicen sus tiempos.

Quetzaly tomó los papeles con desgano y se dirigió hacia la puerta del aula.

La alcancé.

—Espera —le dije—. ¿Cuándo nos reunimos para organizar el trabajo?

Ella parecía a punto de responder cuando una voz nos interrumpió.

—Anthony, ¿ya lo pensaste? —dijo una de las chicas que había insistido en trabajar conmigo—. Si quieres, aún puedes unirte a nosotras. Ya adelantamos la primera parte.

Quetzaly aprovechó el momento. Su expresión fue de cansancio puro.

—Lo hablamos cuando estemos en la reservación —me dijo, y se dio la vuelta.

Ni una mirada atrás.

—Lo siento —le dije a la chica—. Ya tengo grupo.

Salí tras Quetzaly, pero cuando llegué afuera ya se estaba subiendo a un auto. Pasó junto a mí sin siquiera mirarme.

El motor arrancó.

Y por primera vez en mucho tiempo, entendí algo incómodo y peligroso:

No estaba acostumbrado a no ser elegido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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