Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 206

  1. Inicio
  2. Lobo solitario, de vuelta al amor
  3. Capítulo 206 - Capítulo 206: Terreno frágil
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 206: Terreno frágil

**Anthony**

Volver a la universidad después de trabajar juntos en casa fue… distinto.

No diría que Quetzaly se volvió amable —eso sería exagerar—, pero ya no sentía esa muralla afilada todo el tiempo. Me hablaba lo justo, sin hostilidad. Me escuchaba. No me cortaba cada frase. Para alguien como ella, eso ya era un avance enorme.

Y yo lo noté.

Tal vez por eso me confié.

Tal vez por eso bajé la guardia justo donde siempre ha sido más difícil para mí.

Los casilleros estaban casi vacíos esa tarde. El murmullo lejano de estudiantes saliendo de clase, el eco metálico de puertas cerrándose. Yo estaba guardando unos libros cuando sentí la presencia antes incluso de escuchar la voz.

—Anthony…

Era bonita. Rubia, segura de sí misma, de esas que no dudan cuando desean algo. Se acercó demasiado, invadiendo ese espacio personal que casi nadie se atreve a cruzar conmigo sin permiso.

—Siempre te veo por aquí —dijo sonriendo—. Y pensé… ¿por qué no?

Se apoyó contra los casilleros, cerrándome el paso sin tocarme, pero dejando claro el mensaje.

—Eres muy guapo —añadió sin rodeos—. Me encantas.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza.

Ese viejo impulso.

Ese hambre distinta, física, inmediata.

—Podríamos compartir un rato —continuó—. Una noche. Sin dramas, sin llamadas después, sin escenas raras.

Tragué saliva.

Eso, exactamente eso, había sido siempre lo fácil para mí.

—¿Estarías dispuesta a que fuera solo una noche? —le pregunté, mirándola fijo—. Que mañana no me sigas, que no esperes nada más.

Dudó un segundo. Apenas uno.

—Sí —respondió—. Estoy bien con eso.

Y entonces ocurrió.

Sentí su presencia antes de verla.

Quetzaly salió del aula del fondo, con su mochila al hombro, caminando directo hacia la salida. Sus ojos se levantaron justo en el momento exacto.

Nos vio.

No dijo nada.

No frunció el ceño.

No hizo una escena.

Solo me miró como si confirmara algo que ya sospechaba.

Y siguió caminando.

—Espera —dije de pronto, apartándome de la chica—. No… no puedo.

La rubia me miró confundida.

—¿Qué?

—Gracias —dije con sinceridad—, pero ahora no. No es el momento.

Ella bufó, claramente molesta, y se fue sin despedirse.

Yo no pensé. Solo salí detrás de Quetzaly.

La alcancé en el pasillo exterior.

—No es lo que piensas —solté, sabiendo que sonaba exactamente a lo que ella odiaba.

Se detuvo. Giró apenas lo suficiente para mirarme.

—No me interesa —dijo con frialdad—. No me interesa lo que haces, ni con quién, ni por qué.

Respiré hondo.

—Solo quería aclarar—

—No me vengas a dar explicaciones que no te he pedido —me cortó—. Recuérdalo bien, por si se te olvidó: somos dos compañeros de estudio haciendo un trabajo.

No eres mi amigo.

No eres alguien que me interese.

Sus palabras no fueron gritadas. Fueron precisas. Quirúrgicas.

—Con permiso —añadió.

Y se fue.

Me quedé ahí, sintiendo algo muy parecido al fracaso.

No por haber rechazado a la chica.

Sino porque me di cuenta de que, aunque no hice nada, **permití que pareciera que sí**.

Y eso bastó para perder el terreno que había ganado.

Esa noche, en casa, no pude dejar de darle vueltas.

¿Por qué me afectaba tanto que ella me hubiera visto así?

¿Por qué me importaba su opinión más que la de cualquier otra persona en ese campus?

No había cruzado ninguna línea.

Pero había jugado con fuego.

Y eso, después de todo lo que me había costado disciplinarme, me dejó un sabor amargo.

Al día siguiente la busqué en el gimnasio.

Estaba entrenando, concentrada, como si el mundo no existiera fuera de ese espacio.

—Quetzaly —dije, manteniendo distancia—. Tenemos que avanzar con la segunda fase del trabajo.

No me miró, pero bajó un poco el ritmo.

—Te escucho.

—Estuve pensando —continué—. Hay unos tótems antiguos en una zona profunda del Parque Olímpico. Pertenecen a una cultura indígena que estuvo allí antes de los asentamientos conocidos. No son turísticos, casi nadie llega hasta allá.

Eso sí captó su atención. Giró apenas la cabeza.

—¿Y?

—Podrían servirnos para la segunda parte. Arte en el territorio. Real. No libros, no museos.

Se quedó en silencio unos segundos.

—Lo voy a pensar —dijo finalmente, retomando su entrenamiento.

No era un sí.

Pero tampoco era un no.

Me alejé con una certeza incómoda instalada en el pecho:

No había perdido todo el terreno.

Pero ahora sabía algo importante.

Con Quetzaly, cada paso en falso pesa el doble.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo