Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 216

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lobo solitario, de vuelta al amor
  4. Capítulo 216 - Capítulo 216: La puerta que no sabía que estaba abierta
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 216: La puerta que no sabía que estaba abierta

**Anthony**

Nunca pensé que cantar esa canción me fuera a atravesar de esa manera.

Subimos al escenario como siempre lo habíamos hecho cuando éramos adolescentes: Elliot marcando el ritmo con la batería, Nessie concentrada en el piano, yo con la guitarra, tratando de no pensar demasiado. Era solo música. Eso creía.

Pero entonces la vi.

Quetzaly estaba entre la gente, quieta, observándonos. No con curiosidad, no con distancia. Estaba atenta. Presente. Y cuando empecé a cantar, algo cambió dentro de mí.

*Leave the door open…*

Las palabras dejaron de ser solo una letra. Empezaron a sentirse como una pregunta. Como una posibilidad que no sabía que estaba formulando.

*If you’re feeling the way I’m feeling tonight…*

La miré sin darme cuenta. Y en ese instante sentí que estaba cantándole a ella. No porque lo hubiera planeado, sino porque todo en mí se alineó hacia ese punto exacto donde estaba. Como si el escenario hubiera desaparecido y solo existiera ese espacio entre los dos.

Cuando llegué a la parte de dejar la puerta abierta, de esperar, de permitir que alguien cruce si así lo desea… ella sonrió.

No fue una sonrisa grande. Fue pequeña. Real. Suficiente.

Me quedé perplejo.

No pensé que habría respuesta. Mucho menos así. No pensé que algo tan simple pudiera sentirse tan contundente.

Los aplausos llegaron después. Las felicitaciones. La algarabía. Todo pasó como un ruido lejano.

Cuando bajé del escenario, la vi acercarse.

—Eres muy talentoso —me dijo.

Negué con la cabeza, todavía un poco aturdido.

—No se compara con lo tuyo —respondí—. Lo que hiciste hoy… fue increíble.

Fuimos caminando hasta la playa sin decir mucho. La noche estaba tibia, el mar tranquilo, como si también estuviera escuchando.

Y entonces decidí que no podía seguir escondiéndome detrás de gestos o silencios.

Le hablé.

Le conté quién soy, de verdad. No la versión bonita. No la que se cuenta en rumores. Le hablé de mis impulsos, de mis errores, de la arrogancia con la que creí poder vivir sin consecuencias. De lo cerca que estuve de perderlo todo. De lo que todavía me cuesta. De las decisiones que ahora tomo todos los días para no volver a ser esa versión de mí.

Ella escuchó sin interrumpir.

No preguntó con morbo. No buscó detalles innecesarios. Sus preguntas eran otras: *por qué*, *qué sentía*, *qué aprendí*. Eso me desarmó más que cualquier reproche.

Intenté saber más de ella.

No dijo mucho. Solo lo necesario.

—Soy huérfana desde muy niña.

Nada más.

Y entonces entendí.

Entendí esa sombra de tristeza que había cruzado su rostro en mi casa, frente a las fotos, frente a mis padres, frente a esa historia que para mí siempre había sido normal. Por primera vez sentí el peso real de lo afortunado que soy: tener una madre que me cuida, un padre que me sostiene incluso cuando fallo, un hermano que nunca se ha ido.

La madrugada llegó sin que ninguno de los dos lo notara.

Pensé que era momento de irnos. De respetar los límites.

—Si quieres, me voy ya —le dije—. No quiero incomodarte.

Ella negó suavemente.

—¿Y si vemos el amanecer?

No supe qué responder.

Me senté a su lado. El cielo empezaba a aclararse apenas. Entonces ella se inclinó un poco. Muy poco. Su cabeza descansó en mi hombro.

Me quedé completamente quieto.

No sabía qué hacer. No sabía si abrazarla, si moverme, si decir algo. Así que no hice nada. Dejé mis manos entrelazadas. Dejé que el corazón me golpeara el pecho como si quisiera escapar.

Y me quedé.

Así vimos salir el sol.

Desde ese momento, algo cambió entre nosotros.

No hubo promesas. No hubo palabras grandes. Pero hablamos más. Caminamos juntos. Compartimos silencios que ya no eran incómodos. Se instaló una tensión suave, nueva, desconocida.

Yo, que nunca me había vinculado emocionalmente con nadie.

Ella, que nunca había permitido siquiera pensarse en ese lugar.

Estamos aprendiendo.

Yo a tener paciencia. A respetar los tiempos. A no dejarme arrastrar por impulsos que antes me definían.

Ella a permitir, apenas, que algo exista sin tener que nombrarlo.

No es una relación.

Pero ya no es lo que había antes.

Y aunque no lo dijimos en voz alta, los dos sabemos que algo está pasando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo