Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 221

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lobo solitario, de vuelta al amor
  4. Capítulo 221 - Capítulo 221: La mañana después
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 221: La mañana después

**Leah**

Desperté con una claridad incómoda.

La luz de la mañana se colaba por la ventana y lo primero que sentí fue el aire frío sobre la piel. Demasiado frío. Abrí los ojos del todo y el cuerpo me dio la respuesta antes que la mente: no tenía ropa.

—Mierda… —murmuré, llevándome una mano a la frente.

Los recuerdos llegaron en oleadas. No fragmentos borrosos ni vacíos culpables: recuerdos completos. El fuego, la arena, el mar oscuro. Colin ofreciéndose a acompañarme. La conversación. La puerta. Mis palabras. Mi mano sobre su pecho. Mi decisión.

No estaba completamente ebria.

Y eso lo hacía todo más real.

Me giré despacio y ahí estaba él, dormido a mi lado, apenas cubierto por la sábana. El pecho amplio subiendo y bajando con una respiración tranquila, el cabello oscuro desordenado, el rostro relajado como rara vez lo había visto. Los lobos siempre habían tenido cuerpos imponentes, pero verlo así, vulnerable, desarmado por el sueño… me atravesó algo que no quise nombrar.

Por un instante —solo uno— sentí ternura.

Luego llegó el golpe.

¿Qué he hecho?

Me incorporé de golpe, agarrándome el pelo con ambas manos. Había complicado todo. Había cruzado una línea que llevaba años evitando. El vínculo ya era suficiente carga como para añadir esto.

Y entonces escuché ruido en la casa.

Voces. Pasos. La puerta principal.

—No… no, no… —susurré, el pulso disparándose—. No ahora.

Me giré hacia él y lo sacudí con urgencia.

—Colin. Colin, despierta.

Abrió los ojos desorientado, y al verme así, pálida, tensa, comprendió al instante.

—¿Qué pasa? —susurró.

—Mi mamá y Seth llegaron —dije rápido—. Tienes que irte. Ahora.

Se incorporó de inmediato, sin discutir, pero en su rostro había una mezcla de culpa y algo más… herida.

—Leah… yo intenté— empezó.

—Lo sé —lo interrumpí, bajando la voz—. Lo sé. Y no te estoy culpando.

Se quedó quieto, mirándome, buscando algo en mi expresión.

—Tú… tú me buscaste —dijo con cuidado, no como reproche, sino como verdad.

Asentí.

—Sí. Yo también soy responsable. Por eso mismo… por favor, vete ahora. No quiero que te encuentren aquí. Me da vergüenza. No porque tú estés aquí… sino porque no tenemos una relación, y no quiero explicaciones hoy.

Sus labios se apretaron en una línea tensa.

—¿Vamos a hablar de esto? —preguntó—. Dime que no vas a huir.

Lo tomé del brazo para que me mirara.

—Mírame. No estoy huyendo. Solo… necesito tiempo. Esto cambia muchas cosas. Y no quiero decir algo de lo que me arrepienta.

Respiró hondo.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo. Más tarde te busco. Hablamos con calma. Los dos.

Dudó un segundo, luego asintió.

—¿Y… hoy? —preguntó—. ¿Patrulla?

—Habla con Sam —le pedí—. Dile que no entres en fase hoy. Por favor. No quiero que esto se filtre antes de que podamos hablar.

—Está bien.

Se vistió a toda prisa, tomó los zapatos en la mano y, antes de irse por la ventana, se volvió hacia mí.

—No me arrepiento —dijo en voz baja—. Pero voy a respetar lo que necesites.

Y se fue.

Me quedé sola, el corazón golpeándome las costillas.

Me vestí rápido, respiré hondo y salí del cuarto con el gesto más neutro que pude. Mi madre me miró con esa atención silenciosa que siempre había tenido. Seth me observó un segundo más de la cuenta.

—¿Todo bien? —preguntó él.

—Sí —mentí—. Solo… cansada.

El día pasó como una neblina. Cuando al fin estuve sola otra vez, me senté en la cama y dejé que los pensamientos hicieran lo suyo.

No podía culparlo. El vínculo no era solo emocional; era físico, instintivo. Para un lobo, el deseo también confirma pertenencia, cuidado, unión. Yo lo sabía. Siempre lo había sabido.

Y tampoco podía cargarme con una culpa que no correspondía. No era una niña. Había amado antes. Había elegido antes. Sabía lo que significaba decidir.

Pero esto… esto era distinto.

No por el sexo.

Sino por el vínculo.

Suspiré, mirando la luz del atardecer colarse otra vez por la ventana.

Esto cambia muchas cosas.

Y aunque iba a tomarme un tiempo para pensar, sabía una verdad incómoda:

ese tiempo no podía ser eterno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo