Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 222

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Lobo solitario, de vuelta al amor
  4. Capítulo 222 - Capítulo 222: Cuando amar es soltar
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 222: Cuando amar es soltar

**Embry**

Salí de la casa de Leah cuando el cielo apenas comenzaba a aclararse, con los zapatos en la mano y el corazón golpeándome el pecho como si quisiera salirse. El aire frío de la madrugada no logró calmarme. Al contrario, me atravesó como una advertencia.

Lo que había pasado…

No podía sacarlo de mi mente.

No me arrepentía.

Eso era lo único claro.

Tenerla entre mis brazos había sido algo que nunca me permití imaginar del todo, ni siquiera cuando la imprimación me atravesó por primera vez. Había aprendido a quererla desde la distancia, a respetar cada límite, a conformarme con verla bien. Y aun así, esa noche… esa noche había sido real. Profunda. Intensa. Humana.

Pero el amanecer traía otra cosa: miedo.

¿Qué iba a decidir ella ahora?

¿Pensaría que había cruzado un límite imperdonable?

¿Que aquello había sido un error, un retroceso, una trampa más de ese vínculo que tanto detestaba?

La idea de que se fuera —de que decidiera marcharse de la reserva, de su casa, de su vida aquí— me apretó el pecho con una fuerza casi física. Y aun así, sabía que, si eso era lo que ella necesitaba, tendría que aceptarlo.

Porque eso era la imprimación, aunque muchos no lo entendieran.

No era posesión.

No era exigir.

Era procurar el bienestar del otro, incluso cuando dolía.

Llegué a mi casa sin haber tomado una decisión clara, pero con una necesidad urgente de silencio. Tomé el teléfono y marqué el número de Sam.

—Necesito pedirte algo —le dije apenas contestó.

No hizo falta explicar demasiado.

—¿Tiene que ver con Leah? —preguntó, con esa voz serena que siempre parecía saber más de lo que uno decía.

Cerré los ojos un segundo.

—Sí.

Hubo un breve silencio al otro lado.

—Quédate fuera de patrulla hoy —respondió—. Ocúpate de lo que tengas que resolver.

—Gracias.

Colgué sintiendo una mezcla extraña de alivio y peso. El día avanzó lento. Demasiado lento. Pensé en ella constantemente: en su risa cuando por fin se relajaba, en su mirada cuando bajaba las defensas sin darse cuenta, en la forma en que me había buscado esa noche con una decisión que todavía me desarmaba.

Al caer la tarde, lo entendí con una claridad que dolía:

No podía retenerla más tiempo en una situación que la hacía sentirse atrapada.

Si ella quería irse, yo no iba a interponerme.

Si necesitaba distancia, se la daría.

Aunque eso significara aprender a vivir sin verla cada día.

La noche ya estaba avanzada cuando sentí su presencia. No hizo falta escuchar pasos ni verla acercarse. Simplemente lo supe.

Leah apareció frente a mi casa, firme, seria, con esa expresión que siempre usaba cuando estaba luchando consigo misma.

—¿Podemos hablar? —preguntó.

Asentí sin decir nada.

Nos internamos en el bosque, buscando un lugar apartado, uno de esos claros donde el silencio pesa distinto. Allí me detuve y respiré hondo antes de mirarla.

—Antes de que digas nada —empecé—, necesito decirte algo yo.

Ella frunció levemente el ceño, sorprendida, pero no me interrumpió.

—No me arrepiento —dije con honestidad absoluta—. De nada. De lo que pasó, de haberte tenido cerca, de haber estado contigo. Para mí fue… especial. Algo que jamás imaginé que pudiera vivir.

Tragué saliva.

—Pero también necesito que sepas que no quiero retenerte aquí por eso. Si decides irte, si sientes que necesitas empezar en otro lugar, yo lo voy a respetar. No voy a ponerte más peso encima del que ya cargas.

La vi tensarse, como si mis palabras la hubieran desarmado.

—Prefiero perderte a saber que te quedas por obligación —continué—. Mi felicidad no puede construirse a costa de la tuya.

Leah me miró en silencio largo rato. En sus ojos había confusión, cansancio, algo parecido al miedo… y también algo más, algo que no supe nombrar.

—No me pidas una decisión ahora —dijo finalmente, con la voz más baja—. No es tan fácil.

Asentí despacio.

—Lo sé. Tómate el tiempo que necesites. Solo… dime cuando lo tengas claro. Para saber desde dónde sigo yo también.

El bosque volvió a envolverse en silencio. No hubo promesas. No hubo reproches. Solo dos personas enfrentándose a algo que ninguno había planeado.

Y mientras la veía alejarse entre los árboles, entendí que amar, de verdad, a veces significaba aprender a soltar sin saber si el otro volvería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo