Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 223
- Inicio
- Todas las novelas
- Lobo solitario, de vuelta al amor
- Capítulo 223 - Capítulo 223: Aceptar sin desaparecer
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 223: Aceptar sin desaparecer
**Leah**
El mar siempre ha sido honesto conmigo.
No intenta consolarme, no me promete nada, no me dice que todo va a estar bien. Solo está ahí, vasto, inmenso, recordándome que el mundo sigue incluso cuando una se siente detenida en el mismo punto por años.
Por eso vine aquí.
Sabía que Jacob vendría. Él siempre lo hace. No como alfa, no como líder, sino como alguien que conoce lo que es amar algo que no puede sostener.
Lo sentí antes de escucharlo. Su presencia es así. Firme. Tranquila. Inamovible.
—Sabía que vendrías —le dije sin mirarlo.
—Y aun así te quedaste —respondió sentándose a mi lado, sin invadir—. Eso dice más de lo que crees.
No contesté. No estaba lista para hablar… pero tampoco para seguir callando.
—No entiendo por qué esto me supera —dije al fin—. He sobrevivido a cosas peores.
Jacob guardó silencio. Me dejó continuar.
—No me imprimé de Sam —dije con la voz firme, casi como si necesitara recordarlo—. Nunca pasó. Yo lo amé siendo humana. Lo amé antes de que todo esto existiera. Antes de las fases, antes de las manadas, antes de los malditos destinos escritos en la sangre.
Sentí cómo algo en mi pecho se apretaba.
—Y luego… él se transformó. Y se imprimó de Emily. Y yo tuve que verlo. Todos los días. Tuve que escucharlo pensar en ella. Sentir cómo la amaba sin poder evitarlo. Y yo… yo seguía ahí. A su lado. Invisible.
Jacob no me interrumpió. Nunca lo hace cuando hablo así.
—Eso fue lo que me destrozó —continué—. No fue perderlo. Fue quedarme atrapada. Fue saber que el hombre que amaba no me eligió… pero tampoco podía dejar de amar a otra. No había un villano. No había una decisión que reprochar. Solo… biología. Destino. Instinto.
Me reí sin humor.
—¿Sabes lo cruel que es eso? No poder odiar a nadie. No poder irte. No poder quedarte. Solo existir en medio de algo que te borra.
Jacob respiró hondo.
—Por eso odias la imprimación —dijo al fin.
—No la odio —corregí—. Le tengo miedo.
Lo miré por primera vez.
—Porque vi lo que hace. Vi cómo arrasa con todo lo que una cree que es. Vi cómo convierte a las personas en satélites de alguien más. Vi cómo el amor deja de ser elección y se vuelve condena.
Mi voz tembló, pero no lloré.
—Y ahora… ahora hay un hombre que no hizo nada malo. Que no me prometió nada. Que no me exige nada. Que no me presiona. Y aun así… su sola existencia despierta todo eso otra vez.
Jacob me observó con una mezcla de comprensión y algo más profundo.
—Collin no es Sam —dijo con suavidad.
—Lo sé —respondí enseguida—. Y eso es lo peor.
Fruncí los dedos en la arena.
—Porque no puedo odiarlo. No puedo culparlo. No puedo decir “esto es su culpa”. Y aun así, siento que si doy un paso más… voy a perderme. Otra vez.
—¿O quizá —dijo Jacob con cuidado— estás temiendo dejar de pelear?
Esa pregunta me desarmó.
—He vivido peleando contra esto —susurré—. Contra mi cuerpo. Contra la manada. Contra el destino. Contra la idea de que una fuerza externa decida por mí. Y ahora… ahora estoy cansada.
Me pasé una mano por el rostro.
—Veo a todos. A ti con Emma. A Paul con Rachel. A Jared con Kim. A Sam con Emily. Veo a personas que sobrevivieron a la imprimación… y encontraron algo bueno. Algo real. Y yo sigo aquí, nadando contra la corriente, preguntándome por qué no puedo simplemente… soltar.
Jacob no sonrió. No intentó convencerme.
—Porque nadie te enseñó que podías soltar sin desaparecer —dijo.
Eso fue un golpe limpio.
—Tal vez —añadió— no se trata de aceptar la imprimación. Tal vez se trata de aceptar que lo que te pasó fue una herida, no una verdad absoluta.
El mar rugió un poco más fuerte.
—No te estoy diciendo que elijas a Collin —continuó—. Ni siquiera que te quedes. Solo te digo esto, Leah: no estás rota por resistirte. Pero tampoco estás traicionándote si un día decides dejar de hacerlo.
Me quedé mirando el horizonte.
Por primera vez en mucho tiempo, no sentí ganas de huir.
No sabía qué iba a hacer.
Pero sabía algo con claridad dolorosa y honesta:
No era Collin quien me daba miedo.
Era la posibilidad de volver a creer… sin perderme en el intento.
Y esa, comprendí al fin, era una herida que todavía estaba sanando.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com