Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 225
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Capítulo 225: Donde el silencio espera respuesta
**Embry**
Habían pasado ya casi dos semanas desde la última vez que hablé con Leah. Dos semanas largas, silenciosas, cargadas de pensamientos que no siempre sabía ordenar. Contra lo que había temido, no hubo murmullos, ni risas malintencionadas, ni comentarios soterrados en la manada. Sam—siempre tan firme cuando hacía falta— había puesto orden. El tema no se tocó. No por miedo, sino por respeto. Y eso, aunque no lo solucionaba todo, me dio un respiro.
Aun así, fiel a mi costumbre —y a algo más profundo que no sabía apagar—, había pasado varias veces cerca de su casa. No para verla, no para incomodarla. Solo para asegurarme de que estaba bien. Ver la luz encendida, sentir su presencia, saber que seguía ahí… eso bastaba. Había mantenido la distancia que ella pidió, permitiéndole pensar, decidir, respirar.
Me estaba preparando para cualquier desenlace. Incluso para el que más me dolía.
Estaba dispuesto a hablar con los ancianos, con los alfas, a pedir formalmente que se le permitiera irse del territorio si eso era lo que ella necesitaba. Ya había dejado caer la idea frente a Sam. Él me pidió esperar. “Deja que Leah hable primero”, me dijo. Y tenía razón.
Aquella noche regresaba de patrullar. Iba descalzo, con pantalones cortos, la piel todavía tibia por la transformación reciente. El aire salado de la costa me despejaba la cabeza cuando la vi.
Una figura sentada en el porche de mi casa.
Mi corazón golpeó con fuerza, como si quisiera salirse del pecho. La reconocí incluso antes de verla bien. No había duda. Leah.
Me detuve un segundo. Respiré hondo. Era el momento. Me acerqué despacio, consciente de cada paso.
—Hola, Leah —dije, con la voz más firme de lo que me sentía.
—Colin —respondió ella.
Nada más. Nos miramos a los ojos. Y sin decir nada más, entramos a la casa.
Mi madre no estaba. Trabajaba esa noche en el hospital de la reservación. El silencio nos envolvió por un instante incómodo. Fui a mi habitación, me puse una camiseta, unos zapatos, y regresé. Nos sentamos frente a frente.
Fue ella quien habló primero.
—He estado pensando —dijo—. Mucho.
Asentí, sin interrumpirla.
—Quiero que sepas algo —continuó—. He sido dura. Tal vez injusta contigo en algunos momentos. Siempre supe que tú no elegiste esta imprimación. Mis miedos no nacen de ti… nacen de perderme a mí misma. De sentir que la naturaleza decide por mí.
Bajó la mirada un instante, luego volvió a alzarla.
—Eso tú ya lo sabías.
—Sí —respondí con suavidad—. Siempre lo supe.
Tomó aire, como quien se lanza al agua fría.
—He decidido quedarme.
Sentí cómo algo dentro de mí se aflojaba de golpe. El peso en el pecho, la rigidez en los hombros… todo cedió.
—¿Estás segura? —pregunté, necesitándolo oír de nuevo.
—Sí. No me voy a ir. Voy a seguir aquí, como estoy. Creo que he empezado a encontrar un orden. Hay cosas que aún tengo que sanar… y podría hacerlo lejos, tal vez. Pero elijo quedarme.
Suspiré, esta vez con alivio verdadero.
—Y hay algo más —añadió—. Quiero que vayamos con calma. Te pido que vayamos con calma. Que nos conozcamos, más allá del vínculo. Que salgamos como cualquier pareja. Que nos descubramos. Tal vez podamos entendernos, construir algo… pero sin prisas.
No pude evitar sonreír.
—Leah —dije—, te juro que cada día que estemos juntos procuraré que te sientas bien. Que estés tranquila. Que seas feliz. Me gusta lo que dices. De verdad.
Nos miramos. Había algo distinto en el aire. No era tensión, era posibilidad.
Ella se levantó. Y por primera vez sentí que podía dar un paso al frente.
—¿Qué te parece si mañana vamos al cine? —propuse—. Podemos ir hasta Port Angeles, pasar la tarde, ver una película.
Me miró, sorprendida… y sonrió.
—Está bien —dijo—. Me parece un buen principio.
Dentro de mí algo explotó en silencio. Una felicidad contenida, profunda, casi incrédula. Sabía que para Leah no había sido fácil llegar a esa decisión. Por eso mismo, iba a cuidar cada paso.
Con paciencia.
Con respeto.
Con amor.
Porque al final, no se trataba de apresurar el vínculo.
Era cuestión de tiempo.
Solo de tiempo.
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