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Lobo solitario, de vuelta al amor - Capítulo 226

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Capítulo 226: Jardín de promesas

**Elliot**

Cumplimos un año.

A veces me parecía irreal pensarlo así, con palabras tan simples para algo que había cambiado tanto mi manera de estar en el mundo. Renesmee estaba a mi lado, su mano encajada en la mía con la naturalidad de quien pertenece a ese gesto, y yo me sentía… en paz. No eufórico, no desbordado. En paz, que era una forma más profunda de felicidad.

El jardín de mis padres lucía distinto esa tarde. No ostentoso, no excesivo, sino lleno de una belleza serena: flores blancas y verdes, luces cálidas colgando entre los árboles, el murmullo del océano cercano mezclándose con las voces de quienes amábamos. Era una ceremonia sencilla, íntima, pensada para recordar algo que no necesitaba demostrarse: que el amor de Jacob y Emma seguía eligiéndose, diez años después.

Los vi de pie, frente a frente, renovando votos que nunca se habían debilitado. Mi madre hablaba con la voz firme, pero con esa emoción contenida que siempre la delataba. Mi padre la miraba como si todavía le sorprendiera tenerla ahí. Como si el destino, ese que tanto había jugado con nuestras vidas, le hubiera dado algo que aún no terminaba de creer merecer.

Lo vi bailar al ritmo de la canción que ambos consideraban como la banda sonora de su historia de amor, la preferida de la abuela de mamá y ahora, la que siempre sonaría recordando lo mucho que se amaban.

Ví a papá cantarlo en el oído de mamá y aunque tengo muchos referentes de historias de amor extraordinarias, sin duda la de Jacob y Emma es mi favorita.

*Can’t take my eyes off you*

Apreté un poco más la mano de Renesmee.

Alrededor estaban todos. Edward y Bella, tranquilos como una certeza antigua. Emmett haciendo esfuerzos visibles por no interrumpir con algún comentario fuera de lugar. Rosalie observando con esa mezcla de distancia y ternura que solo ella sabía manejar. Carlisle y Esme, serenos, como si ese momento también fuera una extensión de su propia historia.

Más allá, los lobos. Paul y Rachel, Jared y Kim, Embry con la calma que había aprendido a cultivar, Leah y Collin ya sin esconderse, todavía cautelosos, pero juntos. Anthony con Quetzaly, avanzando a su ritmo, con esa complicidad silenciosa que se les había instalado sin pedir permiso.

Todo parecía encajar.

Cuando mis padres anunciaron que se irían dos semanas de luna de miel a la Riviera Maya, hubo aplausos, bromas y comentarios celebratorios. Emmett, por supuesto, no dejó pasar la oportunidad.

—Cuidado —dijo con una sonrisa amplia—, que la última vez que ustedes se fueron de luna de miel volvieron concibiendo a estos muchachones.

Señaló a Anthony y a mí con teatralidad exagerada.

Las risas estallaron. Mamá disimuló la vergüenza llevando la copa a los labios. Papá se encogió de hombros, orgulloso, con esa expresión suya que decía claramente: *no me arrepiento de nada*.

Yo negué con la cabeza, sonriendo, mientras Renesmee reía a mi lado.

Más tarde, cuando la música había bajado un poco y la noche comenzaba a envolver el jardín, Anthony se me acercó. Tenía esa sonrisa ladeada que siempre anunciaba algo.

—Esta semana tenemos receso en la universidad —dijo—. Quetzaly y yo vamos a ir a California, a su antiguo territorio. Una semana.

Asentí sin pensarlo demasiado.

—Perfecto. Entonces me quedo a cargo de la casa.

Anthony alzó una ceja, divertido.

—¿Seguro? —me dio un pequeño golpe en el hombro—. ¿No vas a aprovechar que tendrás la casa sola para pasar el rato un poco más… privado con Nessie?

Parpadeé, confundido.

—¿De qué hablas?

Me miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo y puso los ojos en blanco.

—Olvídalo. No dije nada.

Se alejó riendo, dejándome ahí, procesando.

Y entonces lo entendí.

Negué con la cabeza casi de inmediato, como si pudiera sacudirme la idea antes de que tomara forma. No. Eso no estaba en mis planes. No ahora. No así. Yo y Renesmee lo teníamos claro… ¿o eso creía?

Miré hacia donde ella conversaba con mi madre, su sonrisa suave, su presencia luminosa, y sentí una calma profunda al pensar que no había prisa. Que algunas cosas merecían tiempo. Que el amor también sabía esperar.

No tenía idea de cuán equivocado estaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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